Sudáfrica: En tres semanas de lucha, los estudiantes han frenado la subida de las tasas

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Esta victoria histórica contra el neoliberalismo sudafricana ha sido el resultado de tres semanas de la mayor movilización militante desde la liberación del apartheid en 1994. Los estudiantes universitarios, indignados, han hecho resonar en los campus y las sedes del poder político del país su consigna: ¡Las tasas deben caer! Los gobernantes del Congreso Nacional Africano (ANC) se han enfrentado a una presión socioeconómico y a una resistencia sin precedentes. Sudáfrica es el más desigual de todos los países grandes [1], con una clase obrera que el Foro Económico Mundial el mes pasado consideró la más militante de la Tierra, por cuarto año consecutivo [2], y una élite empresarial desregulada que goza de las terceras ganancias más altas del mundo [3], pero que tiene, sin embargo, la intención de saquear la economía a un ritmo más rápido que cualquier otra [4]. Todo ello se ha incrementado desde que el ANC llegó al poder en 1994. Sudáfrica, que tiene una tasa oficial de pobreza del 53%, ha tenido 2.300 protestas registradas como “violentas” por la policía este año, un 20% más que el año pasado.

Patrick Bond 28/10/2015 La chispa de la desesperación este mes ha sido el anuncio de un aumento de dos dígitos de las tasas universitarias. Los estudiantes se han manifestado no sólo contra las administraciones universitarias en más de una docena de campus, sino que sus organizaciones hicieron frente común, cualquiera que fuera su espectro ideológico, socialistas, nacionalistas, incluso el ala estudiantil del principal partido de la oposición de centro derecha Alianza Democrática, y sus reivindicaciones han sido nacionales.

Comenzaron asaltando el recinto parlamentario en Ciudad del Cabo el 21 de octubre, y luego se manifestaron ante las sedes del ANC en Johannesburgo y Durban el 22 y 23 de octubre y, finalmente, decenas de miles de personas se concentraron ante la oficina del Presidente Zuma en los Edificios de la Unión en Pretoria el 23 de octubre.

Allí, los activistas tiraron la barrera de vallas y quemaron neumáticos y letrinas portátiles,y la policía respondió haciendo uso de granadas de aturdimiento, balas de goma y cañones de agua. Zuma, en lugar de dirigirse a la multitud, celebró una conferencia de prensa en la que inesperadamente aceptó la principal reivindicación de los estudiantes: no aumentar las tasas académicas el próximo año (a pesar de una inflación general de precios en torno al 5%).

De la raza a la clase

El movimiento actual comenzó a finales del mes pasado con actos esporádicos de indignación. En la Universidad de KwaZulu-Natal, en Durban, pequeños grupos de estudiantes quemaron un edificio administrativo y varios coches, y se impidió a los estudiantes traer excrementos humanos al campus, una táctica que se utilizó con éxito seis meses antes para obligar al desmantelamiento de la odiada estatua del fundador de la Universidad de Ciudad del Cabo (UCT) y ejemplo de imperialistas, Cecil Rhodes.

Así triunfo el movimiento #RhodesMustFall (Rhodes debe caer). A las pocas semanas de la “protesta fecal”, en la que se arrojaron excrementos a la estatua del gran impulsor de la minería colonial del siglo XIX Cecil Rhodes, miles de estudiantes aplaudieron su retirada del pintoresco campus de la UCT. Pero sus otras reivindicaciones de transformación y “descolonización” de la universidad: equidad racial, una cultura de campus diferente, reforma curricular, más profesores africanos indígenas (hay sólo cinco de más de 250 profesores senior en UCT), no fueron satisfechas.

Después de un respiro, las protestas estudiantiles volvieron a estallar en octubre en la UCT y la Universidad de Witwatersrand (“Wits”) de Johannesburgo, los dos lugares de reproducción tradicionales de clase de la élite dominante del país. De la docena de conflictos que se desataron en las instituciones académicas universitarias, estos dos fueron los mejor organizados, más prolongados y no violentos, haciendo uso sobre todo de la táctica de bloqueo de las entradas al campus, y organizando manifestaciones en las carreteras principales cercanas. Los dirigentes estudiantiles hicieron hincapié en la necesidad de disciplina y desobediencia civil no violenta. La brutalidad policial y los enfrentamientos ocasionales con algunos conductores que intentaban saltarse los bloqueos no hicieron desfallecer a los activistas.

El 21 de octubre, en el parlamento, el grupo Economic Freedom Fighter (EFF), en la oposición, mostró su apoyo a los estudiantes, con una serie de mociones antes del discurso de balance semestral del presupuesto del ministro de Finanzas Nhlanhla Nene, que intentaron posponer por todos los medios hasta que fueron desalojados a la fuerza. En el exterior del precinto parlamentario, los estudiantes casi consiguieron romper valientemente la barrera que les impedía el acceso al edificio en el que intervenía el ministro Nene.

Pero aunque todavía hay un amplio margen de expansión fiscal [5], el presupuesto de Nene no tuvo piedad: ningún aumento presupuestario para las universidades (solo condenas a las protestas estudiantiles “poco constructivas”), y una simbólica subida de 0.75 $ al mes para las subvenciones a los jubilados más pobres y las personas con discapacidad (que actualmente reciben $ 105 / mes). Aunque este último aumento es inferior al 1%, Nene afirmó cínicamente que este aumento, junto con uno pequeño en febrero, están “en línea con la inflación a largo plazo”. (La tasa de inflación para los pobres es mucho mayor de lo normal, debido al mayor peso en sus gastos de los alimentos, la vivienda y la electricidad que aumentan mucho mas que otros factores en la bolsa de la compra utilizada para calcular la inflación).

Nene si encontró fondos para un programa trianual de $ 63 mil millones para infraestructuras para promover, en primer lugar, las exportaciones de carbón, excepcionalmente destructivas, de las empresas multinacionales; en segundo lugar, la ampliación del complejo portuario petroquímico de Durban; y en tercer lugar, las exportaciones de mineral de hierro. Sin embargo, hay en todo el mundo un gran exceso de producción de carbón, transporte marítimo y acero; y el segundo mayor productor de acero de Sudáfrica acaba de evitar la bancarrota el mes pasado por los pelos. Pero estos mega-proyectos, que son en realidad “elefantes blancos”, siguen obteniendo la parte del león de la financiación del Estado, y de las instituciones paraestatales y privadas.

La influencia de las grandes empresas en el equipo técnico presupuestario de Nene es flagrante: por ejemplo, la compañía minera más grande del mundo, BHP Billiton, todavía recibe electricidad a una décima parte del precio que pagan los consumidores habituales, y son públicos y notorios su fraudes a la hora de pagar el impuesto de sociedades y sus continuos flujos financieros ilícitos. Otra inversión pro-multinacionales sospechosa, y cada vez más cuestionada públicamente, es el nuevo banco BRICS, que debe ser operativo el año que viene, cuyo objetivo capitalización (dividido entre los cinco países del grupo emergente) es de 100 mil millones de dólares.

 

Las agencias de calificación crediticia y el ministro “comunista”

Desde el punto de vista de los estudiantes, los trabajadores, los pobres, las mujeres y los ambientalistas, el presupuesto de Nene es una invitación a intensificar la lucha social. Sin embargo, es la primera vez desde 1991 -cuando el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) fue introducido bajo el apartheid a instancias del Fondo Monetario Internacional-, que se produce una importante protesta espontánea dirigida contra el ministro de Finanzas, en un momento tan delicado. El único objetivo de Nene pareciese ser apaciguar a las agencias de calificación crediticia de los bancos.

Según informó Reuters, Nene “minimizó el efecto que pudiera tener en la calificación crediticia de la economía más desarrollada de África el asalto de los estudiantes universitarios al parlamento. “Lo que les importa a las agencias de calificación es la capacidad del gobierno para hacer frente a estos desafíos”, dijo refiriéndose a las reivindicaciones de los estudiantes de que no aumenten las tasas de matrícula.

La respuesta del Gobierno ha sido una combinación de brutalidad policial -ampliamente condenaday de fracaso seductor del flanco izquierdo de la alianza gobernante, especialmente del Partido Comunista, cuyo líder Blade Nzimande es también ministro de Educación Superior. Fue abucheado por los manifestantes frente al Parlamento, cuando trató de explicar por qué su reivindicación era poco realista y que se contentasen con un aumento del 6%.

El Comité Ministerial de 2013 para la Revisión de la Financiación de las Universidades encontró que “la aportación de fondos del gobierno no es suficiente para satisfacer las necesidades del sistema universitario público … El gobierno debe aumentar la financiación de la educación superior, para situarse en línea con los niveles internacionales presupuestarios en esta materia”. Pero Nzimande se había negado a hacer público un estudio previo encargado que defendía la idea de una educación terciaria gratuita.

 

Un impulso a la lucha contra la austeridad

Los estudiantes simplemente se negaron a aceptar la subida del 6% de las matrículas ofrecida por Nzimande, dado que la inflación es actualmente inferior al 5%. Así que la manifestación en Pretoria dos días más tarde – y la amenaza de un asalto a los ministerios en los Union Buildings – deben haber sido el factor decisivo a la hora de la revisión de la posición del gobierno. Aunque el coste de no aumentar las matrículas sólo será de $ 150 millones, al hacer esta concesión Zuma está alentando muchas más protestas y marchas a Pretoria en el futuro.

Para quienes desde la sociedad civil observaban y apoyaban a los estudiantes, se trata de un momento crítico, tal vez tan importante, en última instancia, como la campaña por el tratamiento gratuito y universal del SIDA hace quince años. Porque como Nene ha apuntado, lo que esperas país es más austeridad.

El crecimiento del PIB en Sudáfrica será sólo del 1,5% este año y probablemente lo mismo el año próximo, inferior al crecimiento de la población. Gracias a la tacañería de Nene, habrá un pequeño déficit presupuestario (3,3% del PIB) en 2015, pero los analistas financieros no hacen más que amenazar con un escenario para Sudáfrica similar a Brasil, cuyos bonos han sido rebajados al nivel de de bonos basura por parte de Fitch, Standard & Poors y Moodys, las crueles agencias de calificación de los acreedores.

La lucha de clases continúa. Otras reivindicaciones estudiantiles siguen pendientes: educación terciaria gratuita para la gente pobre y trabajadora como objetivo general, y el fin de la precarización laboral y la subcontratación de los trabajadores de bajos salarios en los campus. Muchos de estos trabajadores apenas reciben $ 100 / mes, y con una línea de pobreza fijada en $ 60 /persona / mes, mantener a una familia con esos salarios de hambre es imposible.

La tarea de hacer pervivir esta visionaria alianza de estudiantes y trabajadores en las próximas semanas, así como su perfil nacional, será tan difícil como avanzar en el “Frente Unico” multiclasista que ya está en marcha [6]. Difícil sí, pero ahora nada parece imposible en esta coyuntura excepcional de la lucha de clases en Sudáfrica.

 

Notas:

[1] http://data.worldbank.org/indicator/SI.POV.GINI

[2] http://reports.weforum.org/global-competitiveness-report-2015-2016/

[3] https://www.imf.org/external/pubs/cat/longres.aspx?sk=40971.0

[4] http://www.timeslive.co.za/thetimes/2014/02/19/world-fraud-champs

[5] https://theconversation.com/only-pressure-on-south-africas-elites-can-ease-university-fee-stress- 49376

[6] Ver en FEES (artículo 35245), las tareas de Las tareas de la izquierda en Sudáfrica: una explosión de rabia llena de potencial socialista.

 

Patrick Bond: Profesor y director del Centro para la Sociedad Civil de la Universidad de KwaZulu-Natal en Durban, Sudáfrica.  

Traducción: Enrique García

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