Sudáfrica. ¿una revolución consentida?

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp La inesperada muerte de Oliver Tambo llevó en 1991 a Mandela la presidencia del CNA, el partido que acabó gobernando Sudáfrica, además con una mayoría absoluta, con el apoyo de un sector impresionante de blancos.&nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Mandela parecería haberse estado preparando toda su vida para una ocasión por la que ninguno de los políticos "realistas" del mundo habría dado unos ochavos.&nbsp En sus últimos años como prisionero,&nbsp era en realidad más libre que sus torturadores, era admirado por gente dispuesta a morir y por la gente solidaria de todo el mundo. La cárcel templó su fuerza interior, sin ella habría convencido a sus compañeros obviamente radicalizados por la violencia racista. Su seguridad se había forjado viendo como a pesar de las indecibles barbarida­des padecidas, la libertad se abría camino, irrumpía cada día en los noticiarios que ya no podían ocultar la verdad de un pueblo en marcha, y a finales de los años ochenta, Mandela ya había vencido, y también convencido. ¿De qué?, de una auténtica "ruptura pactada" que &nbsp afectaba a la mitad de la cuestión. O sea que sí bien rompía radicalmente con el apartheid, al tiempo&nbsp que se detenía en&nbsp &nbsp el umbral de lo socioeconómico; es más, el CNA tenía que guardarse algunos de los puntos más avanzados socialmente de la Carta de la Libertad por los cuales había movilizado a millones de personas . Lo primero fue fruto ante todo de una lucha democrática; lo segundo del poder mortífero que mantenían los "señores", así como de una coyuntura histórica internacional que convertía hasta el programa socialdemócrata más moderado en un "extremismo". El acuerdo fue refrendado por todo el mundo, y Estocolmo –como ya había hecho al final de la guerra del Vietnam–concedió por igual a los representantes de las víctimas y de los verdugos, a Mandela y a De Klerk, el Premio Nobel de la Paz.&nbsp

.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Sobre el alcance de la "revolución democrática" hablaba el hecho de que presos y exiliados como Nelson Mandela y Joe Slovo, que hasta hace poco tiempo eran considerados auténticos “malditos”,&nbsp pudieran negociar&nbsp cambios radicales&nbsp de Estado con el gobierno, y que finalmente,&nbsp accedieran a tareas de gobierno, y desde aquí imponer una serie de leyes a favor de una Sudáfrica multirracial y democrática; el alcance era más prosaico, el CNA no podía abordar ningún proyecto de reconstrucción social; este compromiso no le impidió al CNA ganar elecciones, ni le llevó a desmovilizar a sus simpatizantes, muchos de los cuales piensan que se encuentran en una etapa que dará lugar a otra cuando cambie el curso de la historia. Nadie puede subestimar esta "revolución" que (como dirá el escritor Tom Sharpe, el célebre autor de la delirante Wilt, y una de las plumas más certeras contra el racismo institucional), todavía se asesinaba en las calles, ahora lo hacían&nbsp los únicos que legalmente pueden hacerlo.&nbsp Un testigo muy atento del significado de este cambio, Edward B. Saïd, lo describió como sigue:&nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp "Viajé a Sudáfrica por primera vez en mayo de 1991; un período sombrío, húmedo, invernal, en el que todavía regía el apartheid, aunque el CNA y Nelson Mandela habían&nbsp sido puestos en libertad. He regresado diez años más tarde, esta vez con un tiempo veraniego, a un&nbsp país democrático en el que el apar­theid ha sido derrotado, el CNA está en el poder y una sociedad&nbsp civil enérgica y conflictiva se afana en completar la tarea de traer la igualdad y la justicia social a este país que sigue dividido y pasa apu­ros financieros. Pero la lucha de liberación que puso fin al apartheid e instituyó el primer Gobierno elegido democráticamente el 27 de abril de 1994, sigue siendo una de las grandes hazañas humanas registradas en la historia. A pesar de los problemas actuales, Sudáfrica es un lugar que incita a ser visitado y en el qué pensar, en parte porque tiene mucho que enseñarnos a los árabes sobre la Iucha, la originalidad y la perseverancia­"

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Dicha "sociedad civil enérgica" se componía de un extenso movimiento de masas de obreros y ciudadanos extraordinariamente politizados y radicalizados, conscientes de que sí bien ya se han superado los peores obstáculos queda todavía mucho por hacer. En este cuadro se insertan los sindicalistas más combativos, los sectores más vivos del CNA, amén de otras organizaciones nacionalistas como el PAC o el Furor, más minoritarias pero con unas fuerzas significativas, como no podía ser menos el SACP ha sufrido una crisis muy fuerte de la que se ha desprendido un importante sector de izquierdas ("trotskista" según la prensa), etc.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp A pesar de haberse erigido en el máximo símbolo de esta "revolución consentida", el propio Mandela no ha desaprovechado las ocasiones para hacerse eco de las resonancias críticas que se cuestionan la disciplente actuación de los líderes del CNA en las reuniones de los "amos del mundo" como las de Davos mientras aumentan las diferencias entre la cima y la fosa social, una fosa en la que el SIDA y la delincuencia aparecen como plagas poco menos que apocalípticas. En esta crítica subsiste un análisis del significado del apartheid&nbsp más profundo que quien quieren verlo como un edificio construido por la cortedad de miras del zafio afrikánder, que hace más de medio siglo evolucionó desde las granjas a los despachos. El apartheid fue, como ya hemos indicado, la culminación de todo el proceso de desarrollo capitalista que estructura, simultáneamente, las relaciones entre las razas y las relaciones de clase. A los blancos les corresponden todos los beneficios de la propiedad bur­guesa, a los negros todos los estigmas de la condición proletaria (o lumpen), solo un pequeño sector podía considerarse como una clase media. El apartheid era la última fase de lo que algunos comentaristas han definido como "capitalismo racial", eliminó las bolsas de pequeña bur­guesía negra y convirtió al pueblo africano en una fuente inagotable de mano de obra barata. El color era un pretexto, los racistas no tuvieron problemas cuando en algunos momentos de su existencia necesitaron mantener buenas relaciones con los nativos y sobre todo con sus mujeres. Los llamados "colored", los mestizos, son un testimonio de esta relación que abominaban en sus reuniones calvinistas.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Esta forma de regulación social parecía perfecta, y ciertamente rindió sus "beneficios", la minoría blanca se convirtió en una de las elites más ricas y poderosas del mundo, hasta los sindicalistas blancos (desde la huelga general "soviética" de 1922, apoyada por el SACP) estaban tan bien pagados que raramente se preocuparon de sus compañeros de clase. No obstante, cada fueron más los blancos lú­cidos que sabían que vivían sentados en un volcán. Las contradicciones in­ternas del sistema permanecieron ocultas hasta que, con el desarrollo capitalista del país, se hizo necesario ampliar el mercado interior y aumentar la mano de obra cualificada. Entonces la coherencia del "poder blanco" se rompió, y el movimiento social antiapartheid ya se había hecho Imparable.. Lo que tuvo que acabar haciendo ahora el presidente de Klerk era algo de lo que ya proponían los liberales desde décadas atrás, y lo que había impulsado a muchos grandes empresarios a negociar con el CNA fuera de Sudáfrica. .

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp ¿Qué fue lo que negociaron el CNA y el PN? En el ámbito constitucional las discusiones se centraron primordialmente en el sufragio universal, nada por debajo de una persona, un voto. Esta fue una divisa común de todo el movimiento de oposición, incluido, como hemos dicho, amplios secto­res de raza blanca. Como esto ya era imposible de negar, el PN planteó las cosas al revés: buscó la manera que la minoría blanca "no se sintiera oprimida", esto se traducía por unas normas que le concedan un derecho especial de control y veto, con todo el fin del significaba acabar con cualquier subdivisión racial, con cualquier exclusión como la de los "bantunstanes", esas naciones que no quieren serlo. El desmantelamiento real de los "homelands"&nbsp sería históri­camente el fin de unas "reservas" a en la que permanecía censadas veinte millones de personas. Su desaparición como entidades socio económicas particulares inherentes al apartheid. Hacían imprescindible una reforma agraria radical, que daría al traste con la dualidad entre la agricultura capitalista de las zonas "blancas" y la microagricultura de subsistencia de los "bantunstanes" dando paso a una justa redistribución de las tierras, sin embargo, esta cuestión quedó aplazada. A estas medidas corresponderían igualmente la desaparición de los sistemas políticos particulares, los gobiernos "peleles que han dado nacimiento a formaciones sociales y administracio­nes públicas específicas.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp A lo largo de este trabajo hemos podido anotar las serias conexiones de Mandela con los ideales revolucionarios y socialistas, expresados tanto por su identificación con los primeros años de revoluciones como la argelina y la cubana, sus lecturas apasionadas le “Che” Guevara, un personaje con el que es ampliamente comparado (y con el que comparte fotos en innumerable murales y “affiches” en todo el mundo), por sus lecturas marxistas, y sobre todo por la convicción, expresada claramente en la Carta, de que la extrema miseria del pueblo sudafricano tendría que ser reparada.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp A pesar de la prudencia en sus planteamientos, Mandela no habría dudado en afirmar, sobre todo en los momentos en que acentuaba cierto parecido físico con la imagen del “Che”, en dar por buenas la frase de Marx según la cual se trataba de expropiar a los expropiadores. Sin embargo, diversos factores le han llevado atenuar estos planteamientos. Entre ellos se encuentran sin duda la ruina de las expectativas socialistas en las antiguas colonias portuguesas, provocada sobre todo por la estrategia “contra”, la descomposición de los regímenes estaliniano, y el estancamiento (y retroceso) de las tendencias&nbsp socialistas en China o en Cuba, así como la comprensión de lo que esto podía significar en Sudáfrica considerando que, “a las malas”, el gobierno de Pretoria no era como el de Somoza, y que una política por nivelar a blancos y negros significaría, más que probablemente, un dantesco baño de sangre. Todo esto además se insertaba en una época en que la restauración conservadora parecía carecer de oponentes, de manera que Mandela llegó al poder con una promesa de revolución “democrática”, pacífica y negociada.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Desde esta perspectiva se puede entender porque, por más que Mandela en su primer discurso en Ciudad del Cabo, reafirmara los objetivos contenidos en la Carta de la Libertad, un programa que los africanos conocen y siente como poca gente en el mundo lo hace con su Constitución, a la hora de las negociaciones la parte "social" de la Carta quedara cuanto menos postergado por las negociaciones. Esto era evidente con uno de sus puntos claves de la Carta es, como se refirió Mandela, el de la nacionalización de las minas y otros sectores determinantes de la economía. Cuando la aspiración fue archivada, los neoliberales del mundo respiraron tranquilo,&nbsp ellos también "votaban" por Mandela por aceptar un compromiso que no tocaba una economía monopolizada&nbsp en un 70 por ciento por la minoría blanca expoliadora. Tampoco se abordaba la cuestión de un nuevo ejército y una nueva policía&nbsp aunque&nbsp se abría la&nbsp puerta de una composición multirracial bajo los mandos ya existentes. Uno de los escándalos mayores sufridos por el gobierno de CNA sería la reedición de "razzias" policíacas orquestadas por el viejo lenguaje del apartheid.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp En realidad, muchas de las grandes cuestiones de fondo se aplazaban hasta una nueva fase histórica.

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