Subregión Andina y Venezuela entran a un proceso electoral, donde el elector es anónimo.

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Estamos llenos de spots políticos que supuestamente son nocivos porque no alientan a la nación a un resurgimiento de sus políticas económicas. ¿Han visto la cantidad de barbaridades que han dicho algunos diputados y los del frente que se solidarizaban con Juan Guaido? Entonces ¿De qué se trata? ¿Por qué perdemos el tiempo si las redes son incontrolables? Mañana cualquier partido hace un meme, audio, spot o lo que sea, la cuelga en las redes y se acabó el payaso. Hay que ocuparnos de las cosas importantes, no de las estupideces especialmente si no son controlables.

Ahora, a esperar por la toma de decisiones del gobierno y el Gran Polo Patriótico, a su vez, como se va a confeccionar las listas electorales al nuevo congreso. Necesariamente, todos debemos volcarnos a las actividades políticas y replantear las últimas novedades en el campo agrícola, todos, hablan de influencia política, pero, nadie expresa absolutamente nada.

Todos, desean un pedazo de jamón o una porción de pernil, más allá de las sanciones económicas y, la futura bancada tiene que reflexionar muy bien para seguir de obstáculo a la justicia, ya basta de cuestionamientos y el activismo ideológico y político les espera a muchos que se han mostrado de una manera irregular con su partido de origen.

Es el momento de la gran toma de decisiones.

Más allá de las restricciones vigentes en los distintos regímenes y niveles institucionales porque el gobierno no es socialista, sino militar, esta modesta columna cree que, salvo excepciones, un condenado que está preso pierde el derecho a la libertad de circular, pero no a otras actividades.

Lo que se debiera impedir es que un preso siga delinquiendo; por ejemplo, que dirija una banda de secuestradores desde el penal o rija la corrupción, pues eso es ilegal. Pero no debería perder el derecho a opinar –lo cual debiera permitirle dar entrevistas periodísticas– ni a influir en decisiones políticas de su agrupación, como confeccionar una lista de candidatos.

Cada vez son más frecuentes los llamados a que la ciudadanía vote bien. En principio tiene que ver con un dominio de la mecánica del acto electoral mismo. Pero también se usa para pedirles a las votantes decisiones más meditadas. Sin duda la reflexión preelectoral servirá de poco si el acto de votar se chispojea, y el voto parte en cualquier dirección. Hay un desconocimiento de como sufragar de parte del elector y la oposición en un acto de malcriadez no levanta un informe de sus representantes en las mesas de electorales, porque no los tiene, es una realidad y, todo se limita a las redes sociales y, no hay una base de campaña desde las barriadas., sencillamente las elecciones funcionan como una Tinka Política.

Necesitamos candidatos orientadores de la realidad nacional y que estén emparentados en una sola línea de lucha y con carácter de resistencia para activarse en la acción política de base.

El asunto de la meditación sobre por quién votar ya es más complicado, e involucra una petición de principio, consistente en la idea que puede haber decisiones electorales intrínsecamente mejores o peores que otras. En otras palabras, un acto de propaganda electoral subterránea que no apunta en una dirección, aunque esta viene implícita en quién hace la recomendación.

Así, la idea de meditar bien el voto viene siendo usada también para llamar al ciudadano a no repetir el error de elegir un mal Congreso u Asamblea. Como casi 80 % vio en el Parlamento disuelto un mal Congreso o Asamblea, la invocación puede ser políticamente correcta, pero electoralmente está al filo del nombre propio. La mayoría disuelta no usa el argumento de votar bien. Es una confusión. Lo que aún no está dilucidado es hacia dónde se dirige el vasto contingente que todavía no tiene opinión, o no desea revelarla. Es decir, ¿qué significa para ellos votar bien?

Perú y Chile son los países de la Sub Región Andina que echaron mano con más eficacia a sus mecanismos institucionales para encarar la crisis y producir un salto adelante, aunque el proceso chileno ha sido más corto, fulminante y audaz, seguramente por el efecto de las masivas movilizaciones y la autonomía de los movimientos sociales.

El Perú elegirá un nuevo Congreso el 26 de enero y espera una sentencia del Tribunal Constitucional sobre la disolución del anterior Congreso, en tanto Chile acudirá a un referéndum el 26 de abril. La diferencia reside en que el nuevo Parlamento peruano iniciará una etapa incierta, mientras que en Chile las reglas asoman más claras. Es probable que la diferencia se explique, además de la fuerza de la demanda de cambio, en el hecho de que en el país vecino la deliberación es más intensa, en tanto que en el nuestro – Venezuela- falta debate y grandes ideas/salidas.

Hay más; en Chile la crisis fue abrupta y violenta, dejando en posición retrasada a todos los actores oficiales, dibujando inicialmente un solo escenario dominado por la calle y el protagonismo del ciudadano anónimo. Desde ese escenario, la recuperación de las instituciones (incluyendo a los partidos políticos) ha sido , con un rasgo nítido: los partidos un paso adelante del Gobierno.

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