Stefan Zweig, lector

No cabe duda de que el escritor vienés ( Viena, 1881- Petrópolis, Brasil, 1942) fue un autor prolífico y de indudable éxito en vida y después: como muestra ahí están La novela de ajedrez, Confusión de sentimientos, La impaciencia del corazón, y muchas más, sin obviar sus certeras biografías de políticos, descubridores, escritores, sus ensayos…acerca de los momentos estelares de la humanidad. Si abundantes fueron , como digo, sus obras, igualmente lo fueron sus lecturas, como queda expuesto en el libro suyo que acaba de publicarse: « Encuentros con libros », publicado como prácticamente toda su obra por Acantilado. Treinta y cinco textos en los que se presentan lecturas y asimismo la concepción acerca de los libros y de la lectura que tenía Stefan Zweig.

Los libros como acercamiento al mundo , como acceso a él, y al conocimiento de otras vidas y situaciones con las consiguientes rumias reflexivas, que en no pocas ocasiones pueden servirnos como forma de establecer un balance o un examen acerca de nuestras propias existencias. La aparición del soporte libro supuso una gigantesca ampliación de la realidad, lo cual qué duda cabe que también tuvo un reflejo en la inteligencia de los seres humanos. Precisamente este libro se abre con el relato de una experiencia vivida por el escritor en un viaje desde Italia a Argel y Túnez, cuando a la sazón contaba con veintiséis años. Un joven marinero italiano le propuso que le leyese las cartas que le enviaba su amada, ya que él no podía hacerlo ya que no sabía leer. Este hecho le llevó a reflexionar sobre la importancia de la lectura y de los libros, en concreto; « Quien percibe el inmenso valor de lo escrito, de lo impreso, de lo heredado, ya sea a través de un libro, ya sea a través de la tradición, sonríe compasivo ante la pobreza de ánimo que manifiestan hoy tantas y tantas personas, algunas de ellas ciertamente inteligentes». Frente a las profecías que ya en su tiempo auguraban el pronto fin de los libros , él apuesta por ellos y no se corta a la hora de realizar un encendido elogio de ellos.

Las lecturas propuestas por Zweig, algunas de ellas son presentaciones o prefacios que él realizó a algunas de las obras analizadas, no tienen desperdicio y nos las habemos con Goethe al que se dedican tres artículos, con su amigo Joseph Roth al que dedica dos, otros dos a Thomas Mann, y otros a poetas ( Rilke – al que dedica dos ensayos-, Jean Paul, Walt Whitman o Paul Claudel), a obras clásicas ( de Rousseau , Balzac y Flaubert) y a algunas que inexplicablemente han sido ignoradas u olvidadas ( Witiko, libro que según mantiene viene a ser un retrato del pueblo checo, siendo similar a la Ilíada o al Cantar de los nibelungos en sus respectivos países). Se nota la implicación del autor de estos textos a la hora de leerlos e invitar a que sus artículos puedan servir para que otros accedan a los libros leídos y comentados, si bien tampoco se priva de mostrar su falta de agrado ante algunos escritores de prosa rebuscada hasta el empalago ( muy en concreto, Jean Paul y también Jeremías Gotthelf), « ambos resultan demasiado prolijos, demasiado extensos y demasiado farragosos», con un ritmo de coche de caballos que no era apropiado a los tiempos del ferrocarril , lo que no quita para que afirme a continuación que no dejará de intentar su lectura ya que es consciente de que la lectura a veces exige esfuerzo; igualmente salta a la vista su prosa cuidada que es marca de la casa .

Con respecto a Goethe subraya la unidad que posee su obra a pesar de la amplitud de los temas tratados y los registros adoptados, lo que no significa, sino al contrario, de que cada cual ha de buscar su Goethe ( « me divido, queridos míos, pero sigo siendo único») ya que en la obra del alemán hay como en botica, de todo pero delicatessen, para ese gran escritor que mantenía que « la sustancia poética es la sustancia de la propia vida »; tampoco faltan recomendaciones sobre las biografías más aconsejables para conocer la trayectoria de este poeta y pensador, en el que confluían como un guante ambas facetas. De analizar tales aspectos tratan los textos en los que se rastrea la poética de aquel que trataba de « articular lo infinito, abarcar lo inabarcable».

Propone volver a los cuentos, y ve a unos niños leyendo los viajes de Gulliver lo que le lleva a recordar que él los había leído cuando tenía la edad de ellos, lo que le arrastra a recordar Robinson Crusoe, y la Biblia, de la que aclara que se puede dar dos lecturas: la meramente literaria y la de los creyentes que toman el texto como verdad revelada; subraya el hecho de que no pocas personas al dejar de creer arrinconan tal texto, lo cual es un craso error, según su punto de vista, pues desentenderse de sus valor literario e histórico. Relatos que nos hacen alejarnos de nosotros mismos al conocer otras experiencias y sentimientos que guardan una potente fuerza y luz interior.

Tampoco faltan sus incursiones por los pagos de la psicología / psicoanálisis, en el diario de una adolescente o en el análisis de El malestar de la cultura de Sigmund Freud, no se ha de olvidar que fue Zweig quien leyó el discurso fúnebre en el entierro de su amigo; o los elogios de los versos de un poeta en busca de Dios, refiriéndose a Angelus Silesius y a Rainer Maria Rilke, considerando a este último el mejor poeta y aclarando que el significado de Dios en este es la «celebración del gozo de la vida que alcanza la plenitud en la palabra».

Hay otros autores y obras que por acá no resultan tan conocidos, pero el que sí que resulta conocido es Joseph Roth, al que define como un tenaz buscador de sentido, como un deraciné, que escribe para «nómadas que conocen el extranjero pero no conocen una patria», libros de una generación que acababa de volver de la guerra ; no me extenderé en el análisis que realiza de la novela Job de Roth, narración conmovedora de la historia bíblica que hará que « por una vez, no tendremos que sentir rubor por emocionarnos con una verdadera obra de arte que conmueve el corazón».

No faltan tampoco los elogios hacia Thomas Mann, en cuya prosa sincera de sus textos « no hay nada que se pase por alto, nada que no sea exacto, nada aproximado, nada sobre lo que se guarde silencio, nada que se oculte cobardemente, todo es determinación, rectitud e integridad, todo es diáfano, no queda lugar para la interpretación, para la conjetura», elogiando el vigor de su prosa.

Tampoco es pura filfa el repaso que hace de Las mil y una noches, que le sirve para contextualizar su lectura y la recepción del Oriente en la geografía occidental desde el Renacimiento, el viaje a la, entonces desconocida, América, y…las discordancias entre Shahriar y Sherezade, con incursiones en el don Juan o las hazañas de Barba Azul… dejando claro que « Las mil y una noches combina la ligereza del cuento con el colorido de las leyendas , fraguándose, no obstante en su interior, una sangrienta tragedia, la lucha de los sexos por el poder, la lucha del hombre por la fidelidad, la lucha de la mujer por el amor, un drama inolvidable, construido por un gran poeta, cuyo nombre ignoramos».

Y más tarde accederemos al Emilio de Jean-Jacques Rousseau, en el que « hay mucha verdad pasada y futura, mucha verdad presente y eterna, porque es un libro que enfrenta al hombre con lo inmortal» y en el que se hace elogio del derechos, de los derechos humanos, a la libertad de movimiento…elogios que no le hacen ocultar aquellos que considera aspectos caducos -debido fundamentalmente a las traducciones a las que se refiere- , destacando que « una educación verdaderamente moderna ha de empezar por el principio, por lo más básico, por reconocer las fuerzas que se agitan en el interior del hombre, y debe culminar, no en el ciudadano, sino, de nuevo, en el propio hombre, un hombre libre ».

Y elogios a Byron, Flaubert, Balzac, Whitman o James Joyce, de cuyo Ulises dice que es « un auténtico aquelarre, una misa negra en la que el diablo se burla de nosotros imitando al Espíritu Santo, haciéndose el inocente; algo único. Irrepetible, rabiosamente actual». Y un sabroso acercamiento a Oblómov de Goncharov en El triunfo de la inercia, y como colofón unas pinceladas a la obra de Gorki, subrayando el tránsito « desde las capas mas bajas del proletariado hasta la cumbre de la literatura nos habla de la fuerza elemental de la naturaleza que se refleja en nuestras letras, que se transforma en espíritu, ciencia y conocimiento. Por eso me parecen tan admirables la obra y la heroica figura de este novelista».

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS