Stanislaw Lem: el mismo y el otro ( I )

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Por Iñaki Urdanibia

Si opto por un título entre-dos es debido a que Stanislaw Lem ( Lvov, hoy Ucrania, 1921 – Cracovia, Polonia, 2006) aun siendo uno solo: un gran escritor, en su escritura asoman -digamos que- dos rostros, dos registros, al menos en apariencia, a primera vista. Se une generalmente su nombre encasillándole en el género de la ciencia-ficción, del que sin la más mínima duda es una de las figuras más relevantes; género, el nombrado, que lleva sin poder evitarlo a considerar que éste, al menos en el caso de algunos autores ( Philip van Dick, Ursula K. Le Guin, Roy Bradury, muy concretamente ), va unido inevitablemente con la literatura utópica o distópica; tal aseveración incluye al autor del que hablo, y ello ya que la división entre sus obras de ciencia-ficción y las que escapan de tal catalogación, apócrifas diría él, resulta en cierta medida inadecuada o ficticia, de límites borrosos, y me explico.

No está de más para aclarar la cuestión , señalar algunos avatares biográficos del escritor, que definieron su futuro y más en concreto su escritura. Durante la segunda guerra mundial se vio obligado a abandonar sus estudios de medicina y ponerse a trabajar de mecánico en una fábrica de automóviles alemana, su oficio le sirvió para resistir al enemigo invasor…no pocos de los coches de los nazis que pasaron por sus manos resultaron con diferentes averías, por decirlo de manera más directa y clara: saboteados vamos ( Lem ha mantenido a lo largo de su obra que el problema no reside en la tecnología o la ciencia en sí, sino en el uso que de ella se haga, siempre, eso sí, que no se eleven al rango de la divinidad, sustituyendo al Dios muerto, de dónde se sigue la necesidad de una ciencia con conciencia que diría Edgar Morin). Esta colaboración con la resistencia hizo que sus posiciones contra el fascismo germano marcasen su vida y su carrera. Finalizada la contienda, se trasladó a Cracovia en donde cursó estudios de psicología , ejerciendo también de ginecólogo durante un año, tras un veto a seguir estudiando por sus orígenes burgueses, cierta apertura le permitió retomar los estudios de medicina que abandonó momentáneamente pues se le ofrecía un futuro de médico militar, lo que le hizo que le condujo a rechazar tal puesto, lo que hizo que postergarse la finalización de sus estudios… además de su dedicación a la escritura, hubo de compartirla con la tarea que le encomendaron las autoridades soviéticas como traductor del inglés de revistas científicas. La impronta de la infamia generada por los industriales de la muerte, le empujó a publicar en su primera obra, El hospital de la transfiguración ( anteriormente a los veinticinco años había escrito El hombre de Marte, en donde ya irrumpían alienígenas) , sobre los desmanes del nacionalsocialismo, tema al que volvería años después, desde otro enfoque en su Provocación ( 1984) como ya de manera tangencial había hecho en su Vacío perfecto ( 1971). He citado tres de las que quedan fuera de cualquier registro ciencia-ficcional ( el escritor las encuadraba, reitero, bajo la etiqueta de apócrifos ), incursiones que fueron completadas por su publicación en 1971 de su Diarios de las estrellas, en donde nos llevaba al espacio. Esto podría interpretarse como un viraje radical en su escritura, lo que en cierta medida resulta justo, mas se ha de añadir la causa que produjo este aparente giro: los tiempos en que comenzó a escribir tenía serias limitaciones en lo que hace a la libertad de expresarse, lo que explica que decidiese extender su mirada hacia otros mundos, como quien recurriese a un mecanismo de despiste, que hiciese que hablando de lejanos horizontes o planetas de hecho estuviese hablando de la tierra que pisaba, con sus corsés e imposiciones. Este es el punto de unión entre las caras diferentes de su quehacer: de la tierra y sus males al espacio interestelar que no es más que caricaturesco reflejo de lo que hay en el suelo que se pisa y en el que se es pisado; « cuando imaginamos intentar entrar en contacto con el radicalmente Otro, no hacemos en realidad más que mirarnos en un espejo y buscamos una imagen ideal de nuestro propio mundo», se lee en su Solaris. En resumidas cuentas, y por no excederme, diré que Lem era un gran escritor que en no pocas ocasiones recurría a la sátira delirante de los sistemas totalitarios, en clave de ciencia ficción, lo que llevó a algunos a compararle con Jonathan Swift, Lewis Carroll, Ítalo Calvino o Borges…otros lares, otros mundos que se hallan en el corazón de éste, y la ciencia, sus laboratorios, como manifestación del hombre como animal simbólico, lo que le hace mirar al futuro, no solo al presente que pisamos, utilizando metáforas y suposiciones. Stanislaw Lem se explica en un texto, Un visionario entre charlatanes, en el que elogia a su colega Philip K. Dick y se enfrenta a los guardianes de las esencias académicas : « No se puede descartar que sea un anacronismo la descripción que Joseph Conrad hace de la literatura , según la cual ésta interpreta la verdad más elevada en el universo visible y la demanda pueda desaparecer de la ciencia-ficción, y entonces lo que coseche aplausos inmediatos por sus elevadas ventas se identifique con lo bueno»…dejando de lado la verdad referida a la dictadura del mercado, Lem se dedicó a hurgar en lo visible y también en lo invisible, en una indisimulada denuncia de las nuevas maravillas encarnadas por el dominio de la técnica y la inexorable marcha de la historia. En los libros de Stanislaw Lem penetramos en una potente escritura que hace que sea considerado , en Alemania, como un filósofo, en Rusia, como un científico y en su tierra natal como un escritor de libros infantiles, por usar las palabras de David Torres en su Prólogo a Provocación. Sus viajes celestes le valieron en su últimos tiempos en ser incluido en la Sociedad Polaca de Austronaútica.

Cualquiera que se haya acercado al quehacer del polaco habrá observado su desmesurada afición a escribir sobre libros imposibles y a escribir críticas de obras inexistentes, con tal tipo de detalles que uno se halla ante la duda de si realmente, tales críticas y reseñas, serán fruto de la ingeniosa imaginación de Lem o si realmente las obras tratadas tienen existencia real: así se pueden nombrar Vacío perfecto. Biblioteca del siglo XXI ( Impedimenta, 2008) en donde presenta dieciséis reseñas, una de ellas firmada por él mismo que es la que da título al volumen, o su Summa Tecnologiae ( Godot, 2018) cuyo propósito inalcanzable es reunir en un solo volumen todo el conocimiento técnico de cada época de la humanidad con la propuesta perspectivista de predecir el futuro al que llevarían tales inventos, o todavía los textos presentados en su Provocación en los que trata de los análisis de un tal Aspericus sobre el genocidio nazi y cuestiones relacionadas con la violencia y la muerte, y también del empeño de un par de supuestos sabios que intentaban dar cuenta simultánea de lo que sucedía en un segundo en todos los lugares habidos y por haber del mundo mundial. Obras en las que la crítica no se oculta sino que ponen en solfa la posibilidad de conocer el futuro ( el azar juega un papel esencial y definitivo en el desarrollo de la evolución), la de reunir todos los saberes y los descabellados empeños, en sus megalomanía, por ser capaz de dar cuenta de Todo…Sería como si a través de esos escritos que desbordan todo sentido de la medida y de la prudencia pretendiese reducir al absurdo la soberbia de la ciencia y la de sus cultivadores, los humanos, en un desenfadado balanceo entre la homeostasis y el principio de entropía, y la búsqueda del equilibrio que aleje las tendencias al caos, es como aquella tensión permanente y dinámica que ya presentaba Empédocles entre el Amor y el Odio, con la neta diferencia de que el polaco considera que el artificio también pertenece a la naturaleza, que en sus orígenes evolutivos fue dando lugar a la invención a las herramientas, que con el paso del tiempo va abriendo el paso a una mayor sofisticación y perfeccionamiento que debe traspasarse igualmente a los humanos, mas sin suponer que se puede atisbar cuál va a ser el futuro ya que quién en tiempos pasados podría haber imaginado los adelantos de los tiempos posteriores; «somos proclives a alargar las perspectivas de las nuevas tecnologías mediante líneas rectas hacia el futuro, pero la historia hay que pensarla con los zigzagueos de una evolución no lineal».

Quizá su obra más conocida es Solaris , en la que somos conducidos a un planeta extraño, cuya materia fundamental es un océano formado de protoplasma. La novela fue llevada a la pantalla por los soviéticos Nikolái Nirenburg en 1968 y Andréi Tarkovski en 1972, y por el estadounidense Steven Soderbergh en el 2002 con George Clooney como el doctor Chris Kelvin, versiones que sirvieron para ampliar más el eco del escritor y su obra.

Los premios y condecoraciones literarios y científicos le llovieron a lo largo de su existencia (Medalla al mérito cultural Gloria artis, Cruz del comendador en la Orden Polonia Restitura, Cruz de oro del Mérito de la república de Polonia, condecorado en la Orden del Águila blanca, doctor honoris causa de la Escuela politécnica de Wroclaw, de la universidad Jagellónica, de la universidad de Bielefeld y de la universidad de Ivan-Franco de Lvov; condecorado con la orden de la Bandera del Trabajo…Mención aparte merece el nombramiento de miembro honorario de la SFWA – Asociación Americana de Escritores de Ciencia Ficción-) siendo expulsado al poco tiempo debido a unas declaraciones en las que criticaba la ciencia ficción estadounidense, afirmando que era de baja calidad y plagada de finales victoriosos que nunca podrían ser creados por un escritor europeo y que iban dirigidas a gentes vulgares y conformistas, consumidores de pulps, salvando únicamente de la quema a Philip K. Dick [ quien por cierto atravesando una de sus profundas crisis paranoicas denunció ante el FBI a Lem por ser una identidad falsa que ocultaba a un agente de la KGB…¡cosas del LSD, o de su diagnosticada esquizofrenia!] ; precisamente la escritora Ursula K. Le Guin rechazó el Premio Nébula – uno de los más prestigiosos de los que se otorgan a obras de ciencia ficción y fantasía, junto al Hugo o al World Fantasy- , fallado a partir de la nominación del público y una posterior votación secreta de los miembros de la Asociación nombrada, se negó, digo, a aceptar dicho galardón como protesta por la forma en que la SFWA había tratado al que ella consideraba el crítico más ácido de la ciencia ficción occidental, decisión que honra a la autora de Los desposeídos [ sea dicho al pasar que el galardón rechazado por la mujer libertaria sui generis, fue a parar a Isaac Assimov, que sí acepto el premio]. No resulta extraño así que en sus exploraciones sobre la Obsolescencia del hombre, el fenomenólogo de la técnica Günther Anders elogiase sin ambages , junto a Julio Verne, a H.G. Wells, a Aldous Huxley y a George Orwell, y de manera muy especial a Stanislaw Lem, ya que « acredita incluso ser , en ciertos aspectos, más filósofo que muchos filósofos modernos[…]cada época tiene los profetas que merece»…considerando que Lem pertenece al conjunto de los seres que no llegan ni demasiado pronto, ni demasiado tarde sino a tiempo.

Tal vez pueda decirse del escritor aquello que escribiese Pierre Klossowski en Disgressions à partir d´un portrait apocryphe in l´Arc nª 49 dedicado a Gilles Deleuze, página 13: « ¿ La ciencia, en su prodigioso esfuerzo, no obedecería más que a fantasmas? Con toda evidencia: sí, pero no le corresponde a ella confesarlo. ¿ Sus cálculos o sus experimentaciones no serían más que simulacros? Sí, ¡ pero ella no debe saberlo! Su fantasma es la seriedad a la cual su finta la condena. ¿ Se sigue de ello que frente a este hechizo necesario de la ciencia, pertenece en tal situación a la filosofía solamente presentarse como una ciencia-ficción? ».

Ciertamente en la escritura de Lem se entreveran la fantasía y las reflexiones filosóficas, críticas con el progreso y la ciencia ( materia en la que por cierto el polaco era un hombre muy ilustrado), con tintes hondamente pesimistas, forjados por sus duras experiencias existenciales….Desde luego no es lectura para creyentes en porvenires gloriosos y en un futuro que se plasme en « una tierra buena y espaciosa, una tierra que mana leche y miel» que prometiese Jehová ( Éxodo, 3:8).

«El hospital de la transfiguración» ( 1948)

« El loco no es reconocido como tal porque una enfermedad le ha hecho descender hacia los márgenes de lo anormal, sino porque nuestra cultura lo ha situado en el punto de encuentro entre decreto social del internamientos y el conocimiento jurídico que discierne las capacidades del sujeto de derecho. La ciencia “positiva” de las enfermedades mentales, y los sentimientos humanitarios que han promovido al loco al rango de ser humano, no han sido posibles más que cuando esta síntesis ha sido sólidamente establecida […].La locura que se encierra, y por el mero hecho de que se encierra, es locura destinada a plantear el problema de su desencierro: Será preciso tres siglos para que venga a estallar. Pero en conjunto, estaba inscrito en el gesto que ha separado al loco del común de los mortales»

                                           ( Michel Foucault, Histoire de la folie )

El escritor polaco nos guía por los pagos de la barbarie, y ningún lugar quien mejor refleje los males de una sociedad que un psiquiátrico ( «Los manicomios siempre han destilado el espíritu de la época. Todas las deformaciones, las jorobas psíquicas y las excentricidades están tan diluidas en la sociedad que resulta difícil percibirlas, pero aquí, concentradas, revelan claramente el rostro de los tiempos que vivimos. Los manicomios son los museos de las almas…»), podría darse por buena aquella afirmación de Félix Guattari de que en los márgenes se encuentra el corazón del sistema.

La barbarie organizada al por mayor por el nacionalsocialismo era un ejemplo al límite del uso de la técnica y la ciencia a la hora de aplicarla a la fabricación de cadáveres , ciencia que podía alcanzar niveles abominables, y fue recién finalizada la segunda guerra mundial cuando Stanislaw Lem se puso, en Cracovia, a la tarea de describir la locura que podía alcanzar la carrera científica en sus nefastas aplicaciones , tarea que inició finalizando la tarea en 1948 si bien los problemas de la censura impuesta por los nuevos dueños del país, que consideraron la novela como contrarrevolucionaria y reaccionaria, hizo que la novela no viese la luz hasta siete años después; en los lager, como señalaba alguien que tuvo la desgracia de probarlos, Primo Levi, se replicaba a niveles micro, y al límite, el funcionamiento de la sociedad entera: la obediencia, el castigo, la vigilancia, el maltrato…organizado con una locura geométrica que decía el italiano recurriendo a un flagrante oxímoron; en la novela la locura exterior y la interior se filtran y contagian como vasos comunicantes .

Le empresa higienista que puso en marcha la maquinaria nazi, comenzó con la limpieza de la faz del país de los enfermos mentales , los considerados no normales cuya reproducción debía impedirse por todos los medios que debían aplicarse o bien por la castración o , en el mayor de los casos, por la aplicación de la eutanasia. Política que más tarde se amplió a las que ellos consideraban razas parasitarias cuya presencia era un riesgo para la raza pura, la aria; en tal camino el punto más bestial y elevado fue la solución final que se proponía acabar con los judíos, los gitanos, y…otros indeseables. Todo un dispositivo fue puesto en marcha de cara a la justificación de tal política asesina ( antropólogos, historiadores, juristas…) y una cohorte de especialistas médicos para su aplicación y experimentación ( Mengele mediante).

Precisamente es un joven médico , Stefan Trzyniecki ( ¿ alter ego de Lem?) es presentado en un ambiente rural que era el lugar más apropiado como reserva de los valores ligados a la tierra y la sangre, y de las tradiciones y mitos germanos, y para que calasen con favorable humus las ideas reaccionarias extendidas por el hitlerismo. Los alemanes acaban de invadir Polonia , en 1939, y el médico nombrado asiste al entierro de un tío, sin boato ni mayores rituales, entre los asistentes se echa en falta a diferentes parientes debido a que han sido detenidos por las fuerzas invasoras. En tales circunstancias, el médico desanimado y no sabiendo hacia dónde encaminar su futuro, se encuentra con un antiguo compañero de estudios que le propone entrar a trabajar en un sanatorio de Bierzyniec, siniestro y aislado lugar en el que el trato a los internos destaca, como en tales lugares era lo habitual, por unas terapias de choque. La toma de contacto con el sanatorio le sorprende al ver que los límites que separan locos y cuerdos parecen haberse invertido ( conoceremos a cirujanos que están de atar, a una doctora alterada donde las haya); allá no reina ninguna ley sino aquella que imponen con violencia los responsables del infame hospital, carentes de cualquier sentido de humanidad [ tal vez no sea casualidad que la obra de Thomas Mann , La montaña mágica, se desarrollase igualmente en un sanatorio de montaña, si bien en este caso se tomaba el pulso a los tiempos de decadencia, mientras que en caso del polaco ya había prendido el incendio pardo]; Stefan Trzyniecki penetra en los entresijos del manicomio, y conoce a los variopintos médicos y a los no menos variopintos pacientes con alguno de ellos va a establecer unos lazos de debate permanente, Sekulowski se llama el sujeto y cada día sorprende más al médico con sus posiciones acerca de lo divino y lo humano , y el continuo anuncio de inspiración y creatividad poética, obra que al final en el texto hallado, tras la muerte de Sekulowski, no hay nada escrito, solos se trataba de horas en blanco y vacías de cualquier signo …como si confirmase aquello que dijese Wittgenstein en la última proposición, la séptima, de su Tractatus: de lo que no se puede hablar, mejor es callar.

Son los tiempos de la extensión hacia el Este de cara a ampliar el espacio vital que los nazis juzgaban necesario tanto desde le punto de vista de los ciudadanos arios como desde la óptica de frenar la peste bolchevique que anidaba en la URSS y construir un muro de contención a la invasión de las ideas comunistas, también impuras; y allá se daban los inicios de la solución final ejecutada por medio de fusilamientos en masa, previa excavación por parte de las víctimas de las fosas en las que iban a ser arrojados. Pueblos diezmados en su totalidad, que servía además como forma de intimidación y amenaza para las poblaciones cercanas de la zona y para los emboscados que pueblan el bosque. Una de dichas patrullas de SS llega al hospital para someter a una operación de limpieza de los residentes para dar paso a su dominio sobre aquella institución….

En la lectura nos vemos sumergidos en medio de la tensión que se establece entre la normalidad y la patología, entre el bien y el mal, y las capas dispares que anidan en la mente de los humanos, y la imposibilidad de la razón para dar cuenta cabal de los secretos de los humanos, pues como decía Pascal hay razones del corazón que la razón no alcanza. Y el joven protagonista , hombre tímido, retraído, prudente y benévolo ve atónito la crudeza de unos seres que aplican técnicas brutales los celadores y otros empleados a los pacientes con tal de mantener el orden. únicamente mantiene una comunicación fluida y – digamos que- normal con un poeta allá recluido.

Además de con el nombrado Sekulowski, con quien mantiene una relación fluida y por los límites de la razón metafísica, antes de la llegada de la banda de la bestia parda, también conoce en sus paseos por las cercanías a algunos extraños empleados en una instalación eléctrica cercana…que luego resultará que son emboscados que luchan contra el invasor[ acerca de la lucha partisana en tierras polacas, pueden verse: https://kaosenlared.net/en-el-maqui-contra-los-nazis/ ; https://kaosenlared.net/polonia-la-falta-de-olfato/ ].

Este comenzará a mostrarse en el manicomio con la pretensión de convertir el lugar en una sanatorio para ellos para lo que habrán de eliminar a los internos y expulsar a los médicos…Tal horizonte hace que las tensiones entre los médicos acerca de qué postura adoptar con los pacientes ( ¿ escapar con ellos? ¿ dejarlos en mano de los nazis?…), viéndose un abanico que se despliega desde las opciones desalmadas a otras que presentan mayores signos de humanidad.

El hospital se transforma, la locura y la cordura se transforman la una y la otra y viceversa, las zonas intermedias que se transfiguran de la falta de sentimiento a la ternura mas desbocada, de la bestialidad a las fronteras de la santidad, y fuera de los muros la transfiguración del mundo en un escenario dominado por el crimen, la sangre, la muerte. Y todo ello narrado, sin abalorios ni morbo alguno, a través de una lúcida mirada de un escritor que no oculta su escepticismo, su ateísmo, su fata de creencia en la comunicación transparente entre los humanos, y de las serias dudas acerca de la posibilidad de relación armónica entre éstos y el mundo…provocando la reflexión sobre lo divino y lo humano, lo demasiado humano.

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