Split in their faces

Allá ellos, caro diario. Tú ignoralos y Split in their faces. Eso sí, con respeto.  

Caro diario

Me he quedado seco como un higo, no tengo ningún leitmotiv para escribir. Instintivamente, lo único que me pide el cuerpo es mirar por la ventana y leer mis apuntes de filosofía o algo de poesía con hilo musical de fondo. Hace unos días la ha palmado Diego Armando Maradona, para mí sorpresa me he encontrado con millones de idiotas arrancándose las máscaras para ir a adorar al fallecido y a otros tantos millones deshilachando puritanamente su vida desde las redes por putero, violador, mafioso, borracho, maltratador y mala persona. Sólo les ha faltado diseñar un gorro de cucurucho con papel celofán y encender antorchas virtuales en streaming quemando fotos del pelusa.

Si era un putero, era su problema. No le voy a aplaudir por ello. Que fuese un violador y un mafioso, me van a tener que demostrarlo. Tampoco le aplaudiría por ello. Si era un borracho, era su problema, podría acompañarlo circunstancialmente, pues me encanta pillarme un buen pedo de vez en cuando. Si era un maltratador, era su problema, el de la maltratada y el de la justicia. Tampoco le aplaudiría por ello.

Si era mala persona, no lo sé: por putero no le llamaré mala persona, por borracho, tampoco, por violador y maltratador, no puedo hacerlo, pues no sé si lo fue en verdad y con qué frecuencia ni engo pruebas ni conozco su caso. Si era un mafioso, ¡fantástico!, siempre he querido ser un gángster para compensar mi ausencia de poder, defenderme de las arbitrariedades del poder oficial o hacerme respetar cuando algún subnormal de la plebe pretende tomarse la justicia por su mano. Eso sí, sin hacer daño a nadie, sólo como estrategia coyuntural. En caso contrario, paso de mafias. Bastante tengo con el partido popular de Galicia.

Entre mitómanos incapaces de ver las aristas éticas del pateti-tragi-cómico-esperpento de Dieguito, desde que dejó de ser Diego Armando Maradona para convertirse en un freak mediático viviendo de sus glorias pasadas, e ignorantes borrachos de puritanismo just in time produciendo una cantidad de basura inmensa sobre el fallecido sin conocer los detalles de su vida y obra, he optado por masturbarme dos veces después de fumarme un cigarro, pues ya sabes que existe un erótico término medio entre la mitificación ansiosa de los seres y el despellejamiento moral de los mismos sin conocimiento de causa.

Hace unas décadas, en España – cuando España era católica, claro -, la mitomanía beata y el escarnio del otro solía hacerse durante y después de la misa de Domingo, después de comulgar, pero ahora ha cambiado el mediador, el altar y el calendario: ya no hay curas, sino cientos de millones de imbéciles retroalimentando su estupidez de modo instantáneo, ya no hay iglesia, sino pantalla digital, y ya no se hace sólo los Domingos, sino de Lunes a Domingo.

Pensaba yo ingenuamente que cuando España dejase de ser católica habría una especie de avance político, ético y cultural en la península, pero ya voy convenciéndome de que a la hegemonía cultural del catolicismo carpetovetónico del Franquismo – y a su macabro y monstruoso brazo político y judicial – se le ha superpuesto una extraña amalgama de analfabetismo digital y puritanismo decimonónico que se dedica a hacer de su “derecho a la opinión” una especie de barra libre para condenar moralmente al otro sin pruebas o incluso despellejarlo físicamente, si hace falta, si existe una sentencia judicial contra el escarnecido.

Una persona razonable debería estar siempre dispuesta a reconocer que si no hay pruebas muy, muy, muy firmes y concluyentes contra una persona, lo mínimo que debiera hacer cualquier persona es callarse la boca y seguir tranquilamente su vida. Y esto va para ecologistas, feministas, comunistas, liberales, pacifistas, progres tardíos o avant la lettre, fascistas clásicos, fascistas 2.0, tontos del haba de extremo-centro, nacionalistas con seny o sentidiño, nacionalistas heterodoxos, nacionalistas del cuerno x, y, z o p de la península, nacionalistas románticos, nacionalistas ilustrados, nacionalistas integrales, activistas new-age y ecofriendly, activistas canallas, activistas sin actividad mental y un largo etcétera de cuyo atributo sociológico no me apetece ahora acordarme porque me están entrando ganas de masturbarme.

Mira tú por dónde, yo, que siempre he pasado por ser el rojo tolerante, culto, antidogmático, cortés, amable y cien mil hostias en vinagre, carísimo diario, he sufrido estos años una liberadora metamorfosis. La más liberadora de todas. Como ya no me importa casi nada – y el casi no lo voy a desvelar, para no mostrar mis debilidades – y a nadie hago daño, me importa cada vez menos, por añadidura, mi imagen social, con lo cual puedo escoger, estratégica y circunstancialmente, qué demonios me apetece decir, ser y actuar en según qué momento con el noble ideal de armarla gorda sin tener que dar 15.000 giros retóricos ni pronunciar 15000 eufemismos ante psicólogos, psiquiatras, periodistas, políticos, periódicos, curas, padres, madres, hijos, amigos, amantes, parejas, rollos y demás familia.

Y como, en fin, caro diario, me importa todo un pimiento, menos me va a importar llamar imbécil a cualquier persona que considere que una sentencia judicial que determina que una persona es culpable es motivo suficiente para poder someterla a un linchamiento moral en público a través de las redes. Las mismas personas que, seguramente, si tuviesen un espejo ético en su santa habitación, reconocerían en sí mismos los mismos defectos del escarnecido.

Si no conoces de primera mano las pruebas y no las has estudiado. Cállate. Si no conoces de primera mano las pruebas y no te has molestado siquiera en analizarlas. Cállate. Si no conoces de primera mano las pruebas y no te has molestado siquiera en reflexionarlas. Cállate. Si no has tenido experiencia directa de las pruebas y de los hechos reconstruídos por los jueces y sabes que no puedes concluir nada sólido porque-no-has-podido-examinar-todas-las-pruebas incriminatorias ni tener en cuenta las absolutorias. Cállate. Si consideras que un juez es la reencarnación de la verdad así en la tierra como en el cielo. Cállate. Si consideras que un juez es inapelable. Cállate. Si desconoces la complejidad de la trama. Cállate. Si consideras que un proceso judicial es siempre impoluto y la administración de justicia no mete a inocentes en una cárcel sin tener hechos probatorios realmente, realmente, realmente, sólidos. Cállate. Si piensas que es suficiente con la deducción lógica para incriminar a alguien aún faltándote los sucesos reales, cállate.

Dicho esto, caro diario, es el momento de masturbarme por tercera vez antes de matar a mi vecino, así que cállate, pues la única prueba que tienes en tu favor es lo que yo te he escrito y dicho, no lo que he hecho.

Es, verdaderamente, una pena, que los que sí apreciamos belleza y fealdad en todas las manifestaciones de la vida, así el fútbol como la literatura, la ciencia o la poesía y otros deportes, tengamos que seguir aguantando a estos progres, tan anacrónicos y tan sensibles, que consideran que en las bellas artes existe belleza y que en el acto de degollar a un tirano o de hacer un triple salto mortal con tirabuzón incluido no

Allá ellos, caro diario. Tú ignoralos y Split in their faces. Eso sí, con respeto.  

 

 

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS