Spinoza au milieu de la mêlèe

Por Iñaki Urdanibia

Interesante enfoque acreca de la pertinencia de la mirada de Spinoza en el análisis de la actualidad y sus luchas

Por Iñaki Urdanibia

« De todas las reticencias que inspira espontáneamente el desconcierto spinozista, no resulta el más difícil de superar por las ciencias sociales la afirmación intransigente de la entera naturalidad del hombre, el rechazo de acordarle extra-teritorialidad alguna en el orden de las cosas, la negación radical de todo estatus de excepción en el orden común de la naturaleza[…]. De la distorsión imaginaria que los hombres hacen padecer a las relaciones institucionales en base a sus afecciones individuales, y de la conciencia alterada que adoptan entonces, se puede decir que ellas son constitutivas de una ideología. Como todas las afirmaciones de valor, formadas a partir de la experiencia de potencias muy altas, la legitimidad, es la ideología de lo divino »

                                                                ( Fréderic Lordon ( 1))

El bueno de Baruch, Benito, Benedictus-según la situación, geográfica e ideológica, por la que atravesase su perseguida existencia- Spinoza siempre ha sido visto con buena cara por las corrientes materialistas en filosofía ( Jean-Pierre Moreau ha dado buena cuenta de esta interpretación) ; se pueden recordar al respecto las valoraciones que sobre dicho filósofo-pulidor de lentes se vertían en los manuales de marxismo-lenininismo de los Otto Kusinen, Konstantinov, Afanasiev y compañía al catalogarle como panteísta y hasta de ateo, coincidiendo en ello con los rabinos que le excomulgaron expulsándole de la sinagoga de Ámsterdam, o de La Haya, tanto monta; y también coincide con la exacta interpretación de su obra. No sólo era bien visto desde dichos horizontes filosóficos, sino que al fin ya al cabo quizá pase con Spinoza aquello que dijese certero Henri Bergson: en toda filosofía hay dos, una es la de Spinoza y además hay otra; o lo que poetizase Borges retratando a un judío, de piel cetrina y ojos tristes, construyendo a Dios en la penumbra con una geometría delicada… añadiré que construyendo un Dios que era intercambiable con , o lo mismo, que la naturaleza: Deus sive Natura.

Si comenzaba, no obstante, aludiendo a las corrientes marxistas es debido a que ha habido cierto conjunto de pensadores que han tratado de unir a los dos filósofos, a Max y a Spinoza. Esta tendencia adquirió carta de naturaleza de la mano de Louis Althusser y sus discípulos( Etinenn Balibar, Pierre Macherey, …) en torno a los años cercanos a mayo del 68 que vieron florecer innovadores estudios sobre el autor de la Ética (de quien dijese Althusser precisamente: «la filosofía de Spinoza introdujo una revolución teórica sin precedentes en la historia de la filosofía, posiblemente la mayor revolución filosófica de todos los tiempos»), ensayos que suponían nuevas miradas como los de Alexandre Matheron o Gilles Deleuze que afirmaba precisamente que desde tal acontecimiento podía leerse a Spinoza de otra manera, a la vez que tal filósofo ayudaba a comprender tal acontecimiento con una perspectiva más amplia. Podrían añadirse a los nombrados , varios Multitud autores italianos han tomado al filósofo holandés del que hablamos como eje importante de su reflexión. Remo Bodei en su geometría de las pasiones, Paolo Virno en su gramática de las multitudes o Antonio Negri en su estudio sobre la anomalía salvaje del subversivo Spinoza cuya obra venía a suponer un enfoque de indudable interés de cara al estudio de la política en la actualidad.

Puede, y de debe, incluir en este conjunto al filósofo que provoca estas líneas, Frédéric Lordon quien ocupando el puesto de investigador en el Centro de Sociología Europea ( CSE), trabajando en proyectos de sociología económica pasó posteriormente al CNRSS como director de investigaciones, en primer lugar en el campo económico para pasar más adelante a dedicarse en el el mismo centro al campo de la filosofía, recorriendo así una trayectoria que se dio entre los estudios de economía ( financiera) a la economías de los afectos, inspirado por la obra de Spinoza. Lordon no se mueve en exclusiva en los ambientes académicos y propios de la investigación sino que se implica en abiertas posiciones críticas: formando parte del grupo de los economistas aterrados, y criticando el aplastante dominio de la economía del sector financiero, participando activamente en el movimiento Nuit debout, oponiéndose a los recortes de la libertad en su país y llamando a manifestarse a pesar , o por ello precisamente, de las prohibiciones que siguieron a los atentados islamistas; apoyo indiscutible a las reivindicaciones estudiantiles tratando de que las movilizaciones se ampliasen y se coordinasen con otros sectores, levantando así la ola de protestas contra el gobierno para los ricos de Macron y contra el centralismo de los organismos europeos que limitaban la soberanía de los diferentes países. No es extraño así que este colaborador habitual de Le Monde diplomatique ( y otras publicaciones rebeldes) sea considerado como la voz, estudioso y dinamizador, de los medios altermundialistas y radicales de izquierda…ahora de los gillets jaunes.

En lo que hace a la inspiración spinozista del ensayista, la cosa viene de lejos, más concretamente desde el momento que dio el giro antes señalado, así, la obra que dirigió junto a Yves Citton: « Spinoza et les sciences sociales. De la puissance de la multitude à l´économie des affects» ( Éditions Amsterdam, 2008) era todo un programa( en su introducción que se iterrogaba acerca de Un devenir spinoziste des sciencies sociales, se concluía señalando su pretensión: «…construir un puente por medio del que que los investigadores en ciencias sociales y filósofos interesados por las cuestiones sociales de actualidad – spinozistas y no-spinozistas- puedan subir sin dificultad, y encontrarse para intercambiar sus puntos de vista, sus intuiciones y los resultados de sus reflexiones ») quedaba reafirmado y ampliado en su posterior « Capitalisme, désir et servitude. Marx et Spinoza»( La fabrique, 2010) en donde se extendía en las relaciones de complementariedad que debía emplearse entre los dos pensadores nombrados, teniendo en cuenta que a nivel de la inmanencia y la finitud se movían las obras de Marx y de Spinoza. Frédéric Lordon se sitúa en tal nivel y va desentrañando los aspectos en que los postulados de ambos filósofos se complementan en la tarea de hacer funcionar los mecanismos del capital. Si Marx analizaba la estructura constituida por las diferencias entre patronos y proletarios, Spinoza iluminaba los afectos que hacen que los hombres admitan, en apariencia hasta de buen grado, la servidumbre a la que se ven sometidos; servidumbre voluntaria de la que hablase clarividente Etienne de la Boétie. Lordon se detiene en la voluntariedad o no de tal sometimiento para concluir señalando la importancia de las tecnologías de subjetivización empleadas por la maquinaria capitalista( el coaching y otras formas de violencia eufemizada). Técnicas que el neoliberalismo instaura con el fin de que se acepte la dominación y la explotación por parte de los dominados y explotados, pero que encima lo hagan contentos, y así… rendirán más.

Es en la combinación de la estructura social y económica analizada y criticada por el autor de El Capital y la antropología de las pasiones de Spinoza en donde halla el autor un espacio para repensar el capitalismo y mostrar su horizonte de superación por otro régimen más acode con los intereses generales. Y en cada uno de los ángulos del triángulo detiene su mirada el autor: alienación, dominación y explotación; el deseo de uno, la potencia de los otros y los afectos originados por las relaciones sociales; concluyendo :« si la idea de progreso tiene un sentido, no puede ser otro que el enriquecimiento de la vida en afectos gozosos, y destacando entre ellos, los que amplían el campo de posibilidades ofrecidas a nuestras puestas en práctica de potencia y las conducen a orientarse hacia “ el verdadero bien”: “entiendo por tal una vida humana».

Ahora, con un equívoco título, « La condition anarchique», recién editado por Seuil, vuelve a la carga, moviéndose en medio de la más rabiosa actualidad. Si señalo el carácter engañoso del título es debido a que frente a lo que se pudiera dar a entender la obra no habla de la doctrina de los Bakunin, Proudhon, Stirner, Reclus, Malatesta, Emma Godmann y epígonos, sino que se refiere a cierto principio de an arquía ( an arkhé = sin fundamento )a la hora de hallar los valores decisivos en los comportamientos sociales; los principios no van de soi, y así este concepto de carencia de fundamento se convierte en el eje de una teoría de los valores crítica que adopta pretensiones de generalidad en la medida que los valores son aplicables a esferas bien diferentes del quehacer humano: economía, moral, estética y a todos aquellos sectores a los que se pretenda aplicar uno, y crítica en el sentido que no erige ninguna escala de valores como determinante, lo que conduce de manera ineludible a ver cómo comportarse en una situación en la que no se da una firme e indiscutible brújula que indique el buen camino, postura, esta última, que hacen suya no pocos de quienes viven de la gestión los asuntos públicos.

La respuesta a los interrogantes abiertos la respuesta reside en los afectos colectivos siendo estos los que sostienen cierto tipo de valores, que no funcionan como leyes ( de la naturaleza ) sino que responden a las pasiones, lo que hace que las tareas de interpretación de las conductas sociales y los valores que se muestran en alza, hayan de moverse en un terreno móvil e incierto, sin pensar que la fuerza de la razón ( limpia de polvo y paja) señale el camino y la meta a lograr.

La posición de Lordon es neta y clara, en su oposición a los aspectos que juzga que no funcionan debidamente en nuestras sociedades, mas no quedándose en los límites de la queja sino que su intención es crear una revisión de los estudios y pensamientos de izquierda, avanzando hacia una refundación de tales estudios y de los consiguientes comportamientos. Con tal fin, juzga necesaria la profundización en el continente spinozista, trabajando para que Spinoza sea tenido en cuenta a la hora de enfrentarse al mundo contemporáneo. Lordon no habla en el vacío ni desde las nubes sino que sus indagaciones van absolutamente ligadas a su compromiso, que se sitúa de manera inequívoca por los pagos de lo que la sociedad bien pensante califica de radical e insumiso.

El proyecto que, como queda ya señalado, es de largo aliento, avanza hacia la renovación de la axiología en una sociedad guiada por ciertos valores, proponiendo que en una sociedad de valores, los afectos han de ser el ingrediente fundamental, ya que al fin y a la postre éstos brotan del dominio de una política basada en los valores; partiendo de tal constatación parece necesario intentar hallar una renovación de los valores, como suelo de sustitución. En tal camino Lordon llama la atención que ha de prestarse a Spinoza , recurriendo para ello a ciertos sociólogos como Duheim ( en lo que hace a la teoría de los valores) o Bourdieu -representante de la gauche de la gauche-y a alabar la tarea en lo que hace a los estudios spinozistas, por la senda del conatus, de los Alexandre Matheron o Laurent Bove.

No resulta exagerado indicar como hay momentos en que siendo el ensayista un hombre comprometido, hasta las cachas, con las luchas actuales, lo teórico se deja llevar por ciertos aires activistas que, por momentos, adoptan unos tonos cercanos a lo inexorable y que dejan asomar ciertas puertas abiertas hacia un cierto relativismo interpretativo ( conste que no lo afirmo en plan negativo) en el que la historia parece quedar fuera de juego, al no ser tenida en cuenta como debiera, o de hacerlo se hace con cierto balanceo que conduce a situaciones de cierta indeterminación o contradicción. Estos crujidos que pueden ser incluidos en el capítulo de las deficiencias, no impiden que el centro de gravedad de la obra sea digna de elogio, entre otras cosas por el tirón de orejas que con potencia que pega a la izquierda institucional… cuestiones que, por cierto, no resultan inmunes a la lógica de los afectos.

Se lee en la IV parte de la Ética de Spinoza: « lo que llamo esclavitud, en las impotencia del hombre para gobernar y contener sus afectos. El hombre en efecto, cuando es sometido a sus afectos, deja de dominarse; entregado a la fortuna , es dominado hasta tal punto que viendo todo como si de un bien se tratase, a menudo se ve forzado a hacer lo peor»…Frédéric Lordon en base a las aseveraciones del filósofo, nos hace penetrar en los cruces que surgen entre deseos y valores, que se originan, más allá de las visiones economicistas y causalistas, entre los niveles propios de las emociones y sentimientos con los relacionados con la producción , el mercado y las formas de organización social, y lejos de cualquier forma de determinismo o fundamento absoluto ya sean económicos, trascendentes, pues no existe una necesidad absoluta que primen unos valores como los óptimos y de una vez por todas…ya que los valores nacen , se desarrollan y mueren, jugando en este proceso un papel esencial los deseos colectivos tanto en lo político, lo moral, lo estético, lo institucional en sus diferentes expresiones, etc., etc., etc.

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( 1 ) La cita está tomada de Derrière l´idéologie de la légitimité, la puissance de la multitude in « La multitude libre. Nouvelles lectures du “Traité politique”», sous la direction de Chantal Jacques, Pascal Sévérac et Ariel Suhamy. Éditions Amsterdam, 2008; pp. 105 et 129.

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