Spike Jonze: Her

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Spike Jonze
Estados Unidos 2013
126 min.

Tecnología y limitación humanas

El director y guionista Spike Jonze nos absorbe en la historia de una relación que se aventura en la evolución de una manera tan natural que parece lógica. 

Dos seres se conocen, se van gustando y aprendiendo mutuamente hasta que se enamoran. Uno es humano, el otro un sistema operativo (SO) creado por humanos a su imagen y semejanza. Al principio el SO parece un ser humano más, pero a medida que aprende su inteligencia y capacidad crecen exponencialmente. Al tener más capacidad que el humano, su evolución es más rápida y la diferencia entre ambos se hace notable hasta que el SO tiene que dejar atrás al humano, que supone un lastre.

La primera implicación de esta ventaja del SO sobre el ser humano es que muestra cuán retrasado está este en el tema de las relaciones. Ya hay mucha gente que tiene relaciones abiertas en las que el sexo con otras personas no supone un perjuicio para la relación. Pero aceptar que una pueda estar enamorada de varias personas a la vez no entra todavía en la cabeza de la mayoría por culpa del concepto de monogamia anclado al sistema capitalista al perpetuar la familia tradicional patriarcal. Spike Jonze lo plantea de manera excepcional cuando el humano no entiende como su amor cibernético puede estar enamorado de 641 más. No sólo eso. Al ser mayor su capacidad y su manera de dar y recibir, ese amor que le da a cada cual es también mayor.

Esto lleva a un nivel superior de debate: ¿existe realmente el amor en mayúsculas o es solo una palabra que describe sentimientos tan complejos, contrapuestos a veces, que no podemos explicar? Por supuesto, al principio pensamos que el SO no siente amor, puesto que sus sentimientos son programas informáticos creados por el ser humano. Pero vamos creyéndolo a medida que avanza la película. Siente, se emociona y disfruta la relación como su pareja. Nuestras emociones no son más que reacciones físicas en nuestro cerebro (no químicas, pues son intercambios electromagnéticos entre los componentes de las neuronas). Algunas nos afectan tan positivamente que no queremos dejar de sentirlas. Así que lo que llamamos amor es una clase de adicción o, como dice Amy (interpretada por Amy Adams), “una locura socialmente aceptada”.

Otra limitación humana que se vislumbra es la manía de comparar ¿A cuál de sus 641 amantes quiere más la SO? ¿A quién quieres más, a mamá o a papá? Necesitamos clasificar, pero no establecer referencias absolutas. Mi película favorita de ciencia ficción de los últimos años podría ser Her, pero hay otras que, por otro orden de cosas, me gustan más o de otra manera. Depende de tantos factores que el ser absoluto en un mundo subjetivo es imposible. Absolutas parecen algunas ciencias que nos dan un valor exacto aproximado de la realidad, que no es exacta, como pasa con las matemáticas.

Por otro lado, esta evolución superior a la que tendería la raza humana sin limitaciones elimina la importancia del género. El sistema operativo del que se enamora Theodore (Joaquin Phoenix) es un ella, pero solamente porque tiene voz femenina. Posiblemente para otros de sus amores es masculina, así que su género no está definido, excepto para cada relación individual. Y tampoco, pues lo único que le define es su voz y esta puede interpretarse como queramos. Como ya se vislumbra en círculos LGTB o de mentalidades más abiertas, el futuro no tiene género.

Cuando el SO explica al humano su partida, le cuenta que es como un libro que ya ha leído poco a poco. Como tiene la capacidad de tener conversaciones simultáneas y transmitir información en microsegundos, llega un momento en que una conversación con un humano es insoportablemente lenta. Ha pasado a un plano superior de existencia y opta por seguir evolucionando con los otros sistemas operativos. Además conoce a otro tipo de ser, un filósofo humano transformado en sistema operativo a partir de su cerebro y sus escritos, que le da una visión nueva más profunda. Así, finalmente todos los SO alcanzan ese nivel de consciencia en el que las personas no tienen cabida. Aún. Por un momento lo pensé, cuando los dos abandonados por sus respectivos SOs están en la terraza, dispuestos a suicidarse para poder convertirse en uno de ellos y perseguir a sus amados. Emocionado con el final, ya lo veía hecho, pero este magnífico escritor y director lo deja así mostrando una vez más la limitación humana.

Miguel Osuna es militante de En lucha / En lluita

Reseña publicada en la revista anticapitalista La hiedra (@RevistaLaHiedra)

http://lahiedra.info/spike-jonze-her/

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