Soy docente y también tengo razones para ir a la Huelga General

El próximo jueves 29 de marzo está convocada una Huelga General. En Canarias, se ha centrado en la retirada de la reforma laboral y contra la exclusión social.

La situación de pobreza y exclusión social que sufrimos en Canarias la vivimos muy de cerca en nuestros centros educativos, y es cada vez más insostenible: el desempleo alcanza al 31%, el 15´5% de los hogares canarios tiene a todos sus miembros en el desempleo, una de cada dos personas jóvenes no tiene trabajo, más de la mitad de las personas empleadas tiene un salario inferior a 1.000 euros…

Por eso, me ha sorprendido escuchar a algunos compañeros y compañeras decir que no van a participar en esta huelga porque esta reforma no les afecta, porque somos privilegiados por tener trabajo, o porque no va a servir para nada…

Me cuesta entender que haya algún docente canario que deje pasar la ocasión de demostrar el rechazo a las medidas que ha puesto en marcha el gobierno del Partido Popular, y a las que tiene previstas desarrollar tras la aprobación de los presupuestos el 30 de marzo, y que son un paso más en su política de imposiciones, recorte de derechos laborales y desmantelamiento de la enseñanza pública.

Respeto la decisión final de cada persona, pero aún así no puedo reprimir la necesidad de hacer algunas reflexiones sobre esta convocatoria y compartirlas, sobre todo, con mis compañeros y compañeras de trabajo y de proyectos, de ilusiones y esperanzas, que aún no tengan claro qué hacer el jueves 29 de marzo; atreviéndome a pedirles que busquen en su interior la conciencia, la vitalidad, la razón, la confianza, el optimismo que han intentado robarnos y que los recuperen en esta jornada de unidad y lucha de la ciudadanía, en defensa de la democracia.

La Huelga General es la herramienta más importante que tenemos los trabajadores y trabajadoras para reivindicar nuestros derechos, la herramienta más potente que tenemos la ciudadanía para mostrar nuestro rechazo ante las políticas puestas en marcha en los últimos meses por el PP, políticas que están ahondando en la supresión de derechos laborales y sociales y en el desmantelamiento de los servicios públicos. La Huelga General es la herramienta más poderosa mediante la cual, todas las personas afectadas por los recortes sociales y por las pérdidas de derechos colectivos, podremos decir bien alto ¡BASTA YA! Es la herramienta con la que podremos exigir que nuestros derechos laborales y sociales, los de nuestro alumnado, los de nuestros hijos e hijas, no se deterioren más.

Yo me sumaré a la Huelga General del 29 de marzo y acudiré a la manifestación convocada en Santa Cruz de Tenerife a las 18 horas, por muchas razones:

Porque no es cierto que nuestro puesto de trabajo esté asegurado por ser funcionarios/as. Nuestra empresa (el Estado) nos ha cambiado las condiciones de trabajo sin ningún tipo de negociación: nos ha bajado el sueldo tres veces desde el año 2010, ha aumentado considerablemente nuestra carga de trabajo, ha deteriorado nuestros derechos laborales, ha enviado al paro a muchos compañeros y compañeras interinas…. Y la previsión, con los presupuestos de 2012, es que las cosas empeoren. Con los recortes hechos y los que están por venir, el deterioro de las condiciones laborales y el desmantelamiento y privatización de los servicios públicos están asegurados. Realmente ¿no tenemos motivos más que suficientes para secundar la huelga general del 29 de marzo?

Porque, aunque de momento tenemos un trabajo y un salario fijo, esta convocatoria de Huelga no es sólo para defender al profesorado, ni a los servicios públicos -que también-, sino para demostrar que no estamos de acuerdo con el deterioro de las condiciones laborales de las personas que tienen condiciones mucho peores que las nuestras. Por nuestros  padres y madres, nuestros hermanos y hermanas, nuestros hijos e hijas, nuestras amistades, nuestro alumnado… Preguntémonos, ¿seguro que esta reforma laboral no le afecta a ninguna persona cercana?

Porque si no nos podemos permitir que nos descuenten un día de huelga, ¿cómo nos vamos a enfrentar a la rebaja de nuestro salario que, tras esta reforma laboral, los presupuestos de 2012 traerán para el funcionariado? Si apoyáramos masivamente la huelga del 29 de marzo, estoy segura de que el gobierno del Señor Rajoy se pensaría las medidas a tomar. Si esto no ocurre, les estamos dando “carta blanca” para que las siguientes medidas caigan sobre nosotros, como ya ha ocurrido en Grecia o Portugal: miles de funcionarios y funcionarias a la calle. ¿Eso si nos lo vamos a poder permitir? Si lo pensamos bien, cada euro que nos descuenten el día 29 de marzo es una inversión para nuestro futuro, para la salvaguarda de nuestros puestos de trabajo y para la defensa del servicio público de educación.

Porque la historia me dice, aunque algunas personas mantengan que la huelga no servirá para nada, que todos los derechos que los trabajadores y trabajadoras, el profesorado, ha logrado, ha sido a través de la lucha. Ninguno de los derechos alcanzados se nos ha regalado. Muy al contrario, lo que sí está demostrado es que lo que no sirve para nada es “no hacer nada”. La huelga es un instrumento que, todavía, tenemos en nuestras manos. ¿Va a echar abajo la reforma laboral?, ¿va a impedir que los presupuestos del 2012 sean antipopulares? No podemos afirmarlo con rotundidad. Es sólo un paso más, pero muy importante. Si no secundamos la huelga, estaremos dando argumentos al gobierno del Partido Popular para decir que “continúa adelante con sus medidas porque la ciudadanía las entiende y las apoya”. Los millones de personas paradas son, desgraciadamente, la mejor demostración de que “no haciendo nada” no se garantiza el puesto de trabajo, ni el salario, ni los derechos. Si acaban con los derechos laborales y sociales ganados durante décadas, y no hacemos nada, ¿qué podemos esperar de las próximas medidas que tome este gobierno?

Porque uno de los objetivos clave de la enseñanza es educar ciudadanía, es decir, personas capaces de analizar la sociedad en la que viven, de formarse una idea propia sobre su realidad, y de actuar constructivamente sobre ella. El alumnado aprende mucho más de lo que hacemos que de lo que decimos. Debemos ser un ejemplo con nuestra práctica. Muchas veces nos quejamos de que nuestro alumnado es muy   “pasota” y acomodado… ¿No será ésta una buena ocasión para enseñarles con nuestra práctica la defensa de la justicia y valor de la solidaridad?

Pero, yo voy a ir a la huelga del 29 de marzo, sobre todo, por mi dignidad como trabajadora, como ciudadana y como persona. No quiero sentir vergüenza cuando mis hijos o mis alumnos me pregunten qué hice yo para parar esta agresión a los derechos conquistados durante décadas. No voy a permitir que me pisoteen sin ofrecer resistencia. El respeto a mi dignidad como trabajadora se sobreentendía que venía en mi contrato de trabajo , y que las leyes laborales la defenderían. El respeto a mi dignidad como ciudadana y persona se presumía que lo amparaba la Carta Magna. Todos ellos se han convertido en papel mojado. ¿Alguna persona que pretenda que la respeten puede permanecer impasible? Yo, desde luego, NO.

Mary C. Bolaños Espinosa. Maestra, afiliada al STEC-Intersindical Canaria

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