Son estas las horas en las que hablan los cuerpos y las comunidades marcadas por el racismo fundante de la civilidad que nos gobierna

Por Ceci Galcerán

19 de noviembre de 2019

Día de visibilidad contra el abuso sexual en la infancia

Al día siguiente de haber ganado la fórmula Fernández-Fernández, recibo un mensaje de mi madre diciendo lo mucho que sufrió cuando Perón dividió a la familia. Y que ahora era importante tratarse como hermanxs, ayudándonos económicamente y que, sobre todo lo demás, era necesario hacer un silencio profundo. Que ella lo haría y que invitaba a todxs a hacerlo. [A mí, sobre todo.] Ella me dice eso y yo pienso en quienes seguimos pagando el precio de los silenciamientos, en nuestros cuerpos.

La historia de las resistencias en los cuerpos de quienes fuimos abusadas en nuestra infancia es la historia de las comunidades/territorios que resisten a la recolonización de esta latinoamericaribeña que arde en gritos de hartazgo de tanto pretender enterrar la raíz profunda de las opresiones: el racismo constitutivo de los estado-nación.

Por eso, mi madre salta a pedir que no se rompa la unidad de la familia que está rota hace rato. [Mi voz la rompió.] Y pide, por enésima vez, que no hable de cuando fui abusada. Que no hable de cuando fuimos abusadas. Que no hable de las complicidades necesarias. Del entramado severo de las relaciones de poder que producen los abusos sobre el cuerpo de las infancias. Un llamado a la reconciliación que hace la Iglesia Católica y otras iglesias, los dueños de la lógica apropiadora de fuerzas y formas de subsistencia, lxs defensorxs del orden y progreso, y hasta las mismísimas vidas que vienen de la precarización y están hartas de lucharla. La misma reconciliación que piden abusadores y que jueces siguen otorgando para reanudarlos con quienes están en inferioridad de condiciones para poder decidir dónde situarse y de qué modo.

El golpe de estado a la Bolivia plurinacional -corazón de nuestra latinoaméricaribeña- resuena sobre este cuerpo abusado. Compartimos las marcas primarias de toda opresión. Las marcas fundantes de la subjetividad que opera la colonización como política de patriarcalización de los cuerpos y los deseos. Política racializante, indefectiblemente, para establecer la jerarquización que toda dominación necesita. Y como en degradé –término oportuno- desde abajo hacia arriba, desde los cuerpos abusados por el regimen de marcaje del heteropatriarcado racializante hasta los territorios ultrajados por las mineras y el monocultivo y la retórica de la creación de empleo legítimo a base de más explotación, legitimando guerras y violaciones y trata de niñxs y mujeres y seres reducides a carne por coger… en degradé, venimos diciendo ¡BASTA!

Son tiempos de reparaciones profundas e incisivas. De restitución de las tierras a las comunidades originarias. Como para empezar. Y de ahí para acá, son tiempos de hacer todo lo necesario para sanar nuestros cuerpos/territorios/formas de relacionarnos.

Son estas las horas en las que hablan los cuerpos y las comunidades marcadas por el racismo fundante de la civilidad que nos gobierna. Para subvertir decisivamente el orden simbólico y material de nuestras lenguas y sensibilidades en una economía política de reparación histórica. En el interior de las casas, de las camas, de las mentes. En las venas de toda interdependencia subsistente. Reventar la lógica del Poder depredador desmarcándonos profundamente de las prácticas y políticas que invisiblicen la demanda profunda que está tronando en nuestros sentidos históricamente silenciadxs. Estos son esos tiempos.

 A mi madre le responderé con furia y ternura. Sobre todo para no repetir. Y des-colonizar las palabras-cuerpos-acciones que tejen nuestro vínculo. Territorios. Porque esta revolución, las feministas lo sabemos, se hace de adentro hacia afuera. Al interior de las familias, las casas, las camas, las interdependencias económicas.

Esta cuerpa sobreviviente de abuso se abraza a la Bolivia y la Chile, la Brasil, la Haití.. a toda la  ardorosa comunitariedad de nuestra latinoamericaribeña que viene agitando hace tiempo: “libres y vivas nos queremos!”

ceci galcerán

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