Somos los invisibles. Somos los invencibles. Venceremos

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El ambiente en Caracas es sombrío. Parece que el intento de golpe de Estado contra el gobierno, que comenzó el 23 de enero, ya ha terminado (como me dice el Canciller venezolano Jorge Arreaza). El Cartel de Lima está dividido. Los europeos se están echando atrás. Al mes de este intento, una gran multitud de pobres se reunió en el centro de Caracas para demostrar su apoyo a la Revolución Bolivariana. Una pareja de ancianos llevaba un cartel que captaba el ambiente: Somos los Invisibles. Somos los Invencibles. Venceremos.

Es difícil estimar el número de personas en la manifestación. Una foto de un dron sugiere que es una gran multitud, pero es engañosa. La mayoría de los programas para conteo de multitudes asumen un cierto tamaño corporal y una cierta cantidad de espacio entre las personas en una multitud. Estas suposiciones no se aplican en este caso. Los partidarios del gobierno de la Revolución Bolivariana llevan en sus cuerpos las marcas de la historia. Son pequeños y delgados, de piel más oscura y desgastados por décadas de trabajo en el que han ganado apenas lo necesario para sobrevivir. La razón por la que adoran a Hugo Chávez – su imagen está por todos lados –, y por la que se llaman chavistas es que fue la llegada de Chávez en la década de los 90 la que les dio esperanzas e inspiró su actividad política. No es con ellos la acusación de que el actual gobierno – liderado por Nicolás Maduro – es el responsable de su hambre. Saben que su Revolución Bolivariana es un proceso y que ellos están activos en ese proceso.

Este miércoles, hace 30 años, miles de las y los pobres de Venezuela se sintieron estafados por el aumento de las tarifas de autobús. Recorrieron el país, su ira captada en el desorden que producían. Este evento se llama el Caracazo. Es este evento el que inaugura la Revolución Bolivariana. Unos pocos días antes del aniversario, visité a Mariela Machado, una mujer pobre, negra, trabajadora, que lidera una comunidad en uno de los muchos proyectos de vivienda auto organizados en Caracas. Fueron el Caracazo y Chávez los que le dieron la fuerza para superar los siglos de desprecio y pobreza que le pesaban. Ella y sus vecinos han hecho todo lo posible por construir una comunidad, con una cocina común, una panadería, una sala de reuniones, y un espacio compartido limpio y decente. La mayoría de los líderes de estas comunidades son mujeres, todas son pobres, la mayoría son trabajadoras, muchas afrovenezolanas. Le pregunté a Mariela que podría sucederle a ella y a su vecindario si este gobierno cayera. «Nos desalojarían», me dijo. La feroz defensa de los chavistas contra el posible derrocamiento de su gobierno está ligada a su temor de que cualquier cambio que se ha producido en sus vidas sean revertido. Las viejas humillaciones volverían.

Aunque el intento de derrocar al gobierno de Caracas ya casi ha terminado, el gobierno venezolano es frágil. Una fragilidad compartida por la mayoría de los países del tricontinente de África, Asia y América Latina. Las finanzas públicas en todo el mundo se han visto deterioradas por la salida de billones de dólares de las actividades productivas y del alcance de los gobiernos. Se estima que entre 21 y 32 billones de dólares están en paraísos fiscales. El mercado financiero global juega con más de 200 billones de dólares. Esto es riqueza social desviada para usos improductivos. Con este dinero no se construyen escuelas. Con este dinero no se construyen hospitales. Las ganancias por las inversiones financieras se destinan a los ricos, que han dejado de pagar impuestos y han dejado de arriesgar su riqueza en inversiones productivas. Los multimillonarios están en huelga de impuestos y de inversiones. Estos dos tipos de huelga – la huelga tributaria y la huelga de inversiones – son sus armas de la lucha de clases. Debido a estas huelgas y a la frágil cadena global de mercancías, casi mil millones de personas no pueden encontrar un trabajo que las sustente, mientras que a aquellas que tienen trabajo, este les quiebra su humanidad.

Hay fragilidad en la dependencia de Venezuela del petróleo y su falta de soberanía alimentaria. Hay algunos problemas fundamentales a largo plazo de la economía venezolana desde mucho antes de la llegada de Chávez y que continuarán por algún tiempo aún. Estos son problemas comunes a muchos países, como Nigeria, que tienen grandes poblaciones, que dependen de que las exportaciones de petróleo financien las importaciones de casi todo lo demás. Las vulnerabilidades son muchas. Thomas Sankara, el líder de Burkina Faso dijo, «quien te alimenta, te controla». Es un recordatorio importante. Es importante y urgente hablar de aumentar la producción de alimentos en Venezuela (hagan un viaje rápido con Ricardo Vaz a Mérida, donde se está rescatando la papa nativa). Todo esto requerirá una reforma agraria más profunda, pero también cambios en la cultura de consumo producida por la llegada de la renta petrolera. Juan Pablo Pérez Alfonso – uno de los grandes ministros de petróleo de Venezuela – llamó al petróleo el “excremento del diablo”. Sigue teniendo razón.

Asamblea Internacional de los Pueblos, Caracas (Venezuela), Febrero 2019.

En el transcurso de la semana pasada, casi 500 personas de 87 países representando a movimientos populares y agrupaciones políticas llegaron a Caracas para la Asamblea Internacional de los Pueblos, una nueva iniciativa que tiene como objetivo crear una plataforma para la solidaridad y para conectar mejor a sectores de la izquierda. Los informes de las deliberaciones, que fueron inteligentes e imperativos, no llegaron a la gran prensa. Los reporteros de People’s Dispatch y de ALBA, así como de otros medios populares, cubrieron las discusiones que abarcaron desde la solidaridad con el pueblo venezolano hasta serias consideraciones de la forma en que el dinero y las fake news han subvertido la democracia electoral. Tomará tiempo digerir las implicaciones de estas discusiones y tomará tiempo ver qué tipo de acciones comunes se desarrollan. Ciertamente, la primera acción común es asegurarse de que no haya ninguna intervención militar en Venezuela y presionar para que se ponga fin al estrangulamiento de la economía venezolana.

Los gobiernos de la India y Pakistán están jugando con fuego. Los ataques aéreos mutuos amenazan con ampliar el conflicto. La mayoría de los indios y de los paquistaníes – como la mayoría de los venezolanos –, no se beneficiarán con una guerra. Sufrimiento será todo lo que consigan. Hay tantos problemas reales que afligen a los países del sur de Asia, entre ellos el hambre. Justo antes de que el avión disparara al otro lado de la frontera, cientos de trabajadorxs marcharon al Parlamento indio para exigir mayores salarios y pensiones e impedir la privatización de los centros de cuidado infantil. Entregaron una petición al gobierno con 40 millones de firmas.

La protesta de los trabajadores de la guardería (anganwadi) trajo a la mente el poema de Wislawa Szymborska, El fin y el principio (traducido en Arcadia):

Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

Tricontinental

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