¡SOCIALISMO O BARBARIE!

La catástrofe capitalista se cobra decenas de miles de vidasen el sur de Asia
Los últimos datos sobre los muertos han alcanzado la cifra de 135.000 y se calcula que seguirá creciendo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo desde Ginebra, donde tiene su sede, que teme una catástrofe humanitaria: lo peor puede estar aún por venir debido a que las enfermedades y epidemias por la descomposición de cuerpos y la falta de agua potable podrían matar a miles más. Ciudades enteras de pescadores fueron arrasadas en Sri Lanka, donde fueron arrasadas el 75% de las playas y donde no quedaron sobrevivientes. Las aldeas, los puertos quedaron devastados. La energía y las comunicaciones continúan cortadas, y miles de casas y edificios fueron destruidos. A esto hay que sumar que la mayoría de las víctimas mortales son niños, lo que en opinión de los expertos podría significar para esta región del sureste de Asia la pérdida de casi una generación. La OMS declaró que ya suman más de cinco millones el número de desplazados, los cuales carecen de los suministros básicos para sobrevivir. En la isla de Sumatra (Indonesia) cerca de 1.000.000 de personas se encuentra sin hogar.

En la ciudad de Aceh, los edificios se vinieron abajo por la fuerza de las olas y hay reportes de saqueos generalizados, pues la población está desesperada por la falta de alimentos.

Las consecuencias podrían haber sido evitadas

El temblor en Sumatra, de una magnitud de más de 9 puntos en la escala Richter, se produjo este domingo a las 07.58 locales y su epicentro se situó en el Océano Índico, unos 260 kilómetros al sudoeste de Meulaboh, en la costa oeste de Aceh. Desde la tierra, el azote devastador se trasladó al mar, cuyas olas gigantes (tsunamis) golpearon las costas de países vecinos.

La mayoría de los medios y de los analistas burgueses han presentado a la catástrofe como un problema de la naturaleza. Los científicos, norteamericanos y australianos sabían con anticipación, que la zona iba a ser arrollada por un tsunami. A sólo 16 minutos del terremoto el Centro de Alerta de Tsunamis en Hawai lo detectó y envió alertas a 26 países, pero no a los que serían los más afectados. El centro norteamericano en Hawai tuvo tiempo sin embargo de advertir a una base militar propia cerca de la zona. Según Sara Flounders y Dustin Langley del Centro de Acción Internacional de New York “El NOAA (Administración Oceánica y Atmosférica Nacional) advirtió inmediatamente a la Estación Naval de EEUU en Diego García, la cuál sufrió daños muy pequeños del tsunami. Es curioso que la NOAA pudo enviar la advertencia a la base de la Marina de guerra de los EEUU en el área, pero no cogió el teléfono para llamar y advertir a las autoridades civiles en la región. Se cercioraron de que una base militar de los EEUU fuera notificada y no hicieron casi nada para publicar una advertencia a los habitantes civiles que estaban en la trayectoria directa de la ola –una advertencia que pudo haber salvado millares de vidas”. Han podido avisar a su marina de guerra pero no a las naciones pobres a las que trata con arrogancia imperial como súbditos sin importancia. Incluso horas más tarde se podría haber prevenido a las poblaciones de Sri Lanka y Tailandia, que recibieron el impacto casi cuatro horas después del origen. Según escribió Ian Herbert en The Independient y publicado en Página 12 “Los científicos han estado instando a los países de la región que protegieran a sus enormes y densas poblaciones, preparándolas. En una reunión en la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de las Naciones Unidas en junio, los expertos concluyeron que el “Océano Indico tiene una amenaza significativa de tsunamis locales y distantes” y deberían tener una red de alerta. Pero no se llegó a ningún acuerdo”. En realidad los países ricos como Australia, Japón o el mismo Estados Unidos tienen sistemas de alarmas que permiten detectar tsunamis con tres horas de anticipación y evacuar a la población de inmediato. Los sistemas de prevención son económicos, pero los gobiernos y las clases dirigentes de esos países no han visto en la protección de millones de personas una causa válida para “derrochar dinero”. Según los mencionados Sara Flounders y Dustin Langley “El Dr. Eddie Bernard, director del Laboratorio Ambiental de la Marina del Pacífico NOAA en Seattle, dije que apenas unas cuantas boyas pueden hacer el trabajo. Los científicos querían poner dos tsunámetros más en el Océano Índico, incluyendo uno cerca de Indonesia, pero el plan no ha sido financiado, dijo Bernard. Los tsunámetros cuestan solamente $250.000 cada uno. Sólo la mitad de un millón de dólares hubiera podido proporcionar un sistema de detección temprana que habría podido salvar millares de vidas”. Un costo infinitesimal si se lo compara con los gastos militares de EEUU en su aventura imperialista en Irak. Sólo la desidia y la indiferencia criminal de la clase dirigente de los países de la región, pero también de las principales potencias, impidieron que estas naciones tengan acceso a sistemas de alarmas y prevención.

La No Ayuda Humanitaria
EEUU, en principio enviaría 15 millones, luego anuncio que entregaría un plus de 20 millones más. El anuncio fue hecho pocas horas después que un alto funcionario de la Organización de Naciones Unidas asegurara que algunos países ricos se han mostrado «tacaños» en su respuesta. Este presupuesto no llega ni al 1% de lo que llevan gastado en su ocupación a Irak. El comisario europeo de Ayuda Humanitaria, Louis Michel, anunció que se destinarán otros 20 millones de euros. El Vaticano enviará 6 millones más. En realidad la reconstrucción implicarían unos 13.500 millones de dólares, el Vaticano, la UE y EEUU sólo suman 61 millones.

Por miedo a la desesperación, al hambre y a nuevos maremotos, muchos analistas consideran probable el comienzo de levantamientos populares y de saqueos por parte de los sobrevivientes indignados. Es el temor de los gobiernos a la ira popular la que impulsó a algunos gobiernos ha imponer el estado de sitio.

¡Socialismo o Barbarie!

Los científicos de distintos países han anunciado peores catástrofes debido a la contaminación ambiental y a los cambios climáticos del efecto invernadero. Estados Unidos ni siquiera ha aceptado los acuerdos de Kyoto que serían un paliativo menor a la destrucción de los recursos naturales debido al capitalismo. El argumento esbozado por Bush, presidente del país que produce el 26% de la contaminación mundial, es sencillamente que afectaría los balances de las empresas norteamericanas. Desidia, arrogancia imperial, responsabilidad criminal e indiferencia ante el dolor y el sufrimiento humanos. Esa es la verdadera cara del dominio imperial capitalista: el dinero y el poder allí donde hay ganancias e intereses que defender, no dónde lo necesita la gente. La lógica del interés privado, y de las naciones más poderosas es la expresión corriente del capitalismo de nuestros días. La catástrofe natural ellos la han convertido en una catástrofe social de proporciones gigantescas.

Las consecuencias del maremoto seguirán impactando por mucho tiempo. No sólo por el posible aumento exponencial de los muertos, si es que se propagan enfermedades infecciosas. La reconstrucción de la infraestructura y de las viviendas demandará arriba de los 15 mil millones de dólares. Están en peligro millones de puestos de trabajo y la caída de los ingresos de otros millones más. Como siempre ha sucedido, los costos de la catástrofe que azotó a los pobres más que a nadie, recaerá nuevamente sobre ellos, esta vez a consecuencia de los ajustes que vendrán. Las organizaciones obreras y populares de la zona no deberían aceptar las soluciones capitalistas. En la capacidad de los sindicatos y organización es de la clase trabajadora está la opción de una solución distinta, que ponga el peso sobre las corporaciones y sobre los acreedores internacionales. Es imperioso que los países afectados dejar de pagar la deuda externa y destinen esos fondos para la reconstrucción de los pueblos devastados. Además, es necesario que los sindicatos y las organizaciones populares ejerzan un control estricto sobre los actos de gobierno y de organismos internacionales en torno a las cuestiones sanitarias, de vivienda y de distribución de alimentos.

Al mismo tiempo es fundamental evitar que se utilice la catástrofe en función de los conflictos civiles que atraviesan tanto Sri Lanka como Indonesia. En fin, más allá de tal o cual tarea específica, lo fundamental es que las organizaciones de la clase trabajadora y el pueblo de los países afectados adopten en esta crisis una política activa como actores independientes de los gobiernos capitalistas, preparándose para las consecuencias que sobrevendrán y que indudablemente intensificarán la lucha de clases en la región, porque con el correr de losa días y las semanas las medidas y los métodos capitalistas serán impugnados, rechazados y quizá combatidos por el pueblo.

La clase trabajadora y sus destacamentos más avanzados debemos dar todo nuestro apoyo a las medidas que los sindicatos y el pueblo de la región adopte contra los diversos gobiernos capitalistas. Los socialistas revolucionarios no sólo participamos de la solidaridad material con nuestros hermanos de clase afectados por el maremoto. Nos preparamos para apoyar las iniciativas que surjan desde abajo en la lucha de clases de todo el sur y el sudeste asiático y esperamos que todo reagrupamiento internacionalista y revolucionario por el que abogamos contribuya a ofrecer una perspectiva socialista a las mismas.

Una Conferencia Mundial Abierta de los socialistas revolucionarios, podría discutir entre todas las organizaciones una campaña activa, proletaria, comunista e internacionalista en solidaridad con las masas asiáticas.

Mientras el mundo siga en manos de los capitalistas, estamos condenados a esperar más catástrofes, más nocivas, más muertes, más guerras, hambre e incluso el peligro de la extinción definitiva del género humano. Por eso hoy como siempre decimos ¡Socialismo o Barbarie!

Argentina, 31 de diciembre del 2004

» Para salvar a la sociedad no es necesario detener el desarrollo de la técnica, cerrar las fábricas,… transformar a un tercio de los trabajadores en mendigos, ni llamar a los maníacos para que hagan de dictadores… Lo que es indispensable y urgente es separar los medios de producción de sus actuales propietarios parásitos y organizar la sociedad de acuerdo con un plan racional. Entonces será realmente posible por primera vez curar a la sociedad de sus males. (…) Las necesidades de todos los miembros de la sociedad encontrarán la posibilidad de una satisfacción creciente. Las palabras “pobreza”, “crisis”, “explotación”, saldrán de circulación. La humanidad podrá cruzar finalmente el umbral de la verdadera humanidad». León Trotsky

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