Publicado en: 22 octubre, 2015

Sobre la transición española, la crisis del régimen borbónico, el derecho de autodeterminación y el expolio de Galicia

Por Xosé Manuel Beiras

Intervención de Xosé Manuel Beiras en el debate del ‘estado da nación’ gallega, celebrado en el Parlamento de Galiza el pasado 14 de octubre.

Por Xosé Manuel Beiras

I. Un fin de ciclo

Es bien sabido que, tras la caída de Roma en manos de los llamados ‘bárbaros’ y la descomposición del Imperio Romano de Occidente -el de Bizancio perduraría hasta mediados del s. XV- la cultura y la civilización de la Europa abarcada por ese imperio atravesaron un largo período plurisecular de profunda y tenebrosa obscuridad, de la que en rigor no acabarían de salir hasta el primer Renacimiento europeo, que el medievalista Georges Duby sitúa en el s. XII -curiosamente, el conocido como ‘siglo de Xelmírez’ en la historiografía gallega. Entre las explicaciones ofrecidas por los historiadores de tan brutal y prolongado ‘retroceso histórico’, una de las tesis formuladas señala como una de las causas primordiales la siguiente. Roma había heredado el universo cultural creado por la Grecia clásica, que abarcaba desde la filosofía, las artes y las ciencias hasta sus proyecciones en la civilización técnica. Mas, durante la fase de declive del Imperio, el cultivo y transmisión del conocimiento filosófico y científico habían sido progresivamente descuidados, hasta confinarse casi exclusivamente en los ‘conocimientos útiles’ para la reproducción de las condiciones materiales de existencia de su civilización, que no de su cultura. Es decir, se descuidó la formación en aras del adiestramiento, se abandonó la ‘investigación básica’ en favor de la ‘tecnológica’, se sustituyó el saber por las destrezas. Así, cuando cayó el Imperio, al derrumbarse la organización política, desintegrarse la organización social, e incluso destruirse en buena medida la realidad material de la civilización técnica, en el caótico mundo resultante emergió, imperante, la ‘barbarie’ que ya había carcomido por dentro el anterior, y la carencia de las indispensables bases filosóficas, científicas y artísticas impidió durante siglos la reconstrucción no sólo de la cultura, sino de la propia civilización material fundamentada en esas bases. Tuvieron que llegar los árabes a Al-Ándalus para reintroducir en el extremo sudoccidental de Europa los saberes de la Grecia clásica, y tendría después Alfonso X ‘el sabio’, al descubrir la fabulosa biblioteca árabe de Córdoba, que fundar la Escuela de Traductores de Toledo para que los Alberto Magno, Tomás de Aquino y demás primeros ‘intelectuales’ del occidente europeo medieval, pudiesen re-descubrir a Aristóteles, Platón, Arquímedes, Pitágoras, Hipócrates y demás: es el Renacimiento de los siglos XII-XIII. La crisálida de la ‘barbarie’ empirista cobijada en las estructuras del poder de la decadencia imperial, había operado como la carcoma en aquel régimen y había costado, después, siglos de ‘longa noite de pedra’ cultural, económica, política y social.

La ‘barbarie’ de ahora, en el actual fin de ciclo histórico, la encarnan ustedes. Y no me refiero sólo ni primordialmente a los ocupantes de la Xunta en singular, sino a la urdimbre de la que ustedes son un diminuto apéndice terminal: desde sus jefes en el poder central del Estado, a su vez títeres de sus amos instalados en Berlín, Bruselas y Wall Street. Cuando Ray Bradbury escribió, en 1953, la novela ‘distópica’ titulada Fahrenheit 451 -por la temperatura a la que arden los libros, aunque Manolo Rivas demostraría queOs libros arden mal– estaba formulando la premonición de la deriva embrutecedora que ustedes, es decir, la urdimbre de poder materialista al servicio de la plutocracia, iban a iniciar medio siglo más tarde, en el sistema-mundo a las órdenes del inefable bruto llamado Bush IIº, y en la UE del IVº Reich con la abolición fáctica de la ciudadanía como expresión social de la cultura democrática y republicana. Desde el infame ‘Plan Bolonia’, que aniquila un sistema universitario europeo construido a lo largo de novecientos años, hasta la anulación totalitarista de la soberanía democrática de los pueblos que, como el griego, cometen el dislate de ‘votar mal’, o sea, à rebours de los dictados del omnímodo ‘rey Midas’ berlinés -léase Schäuble- y del devoradorMinotauro global. Alguien científicamente tan solvente e ideológicamente tan poco sospechoso de extremismo alguno, como es James Galbraith, escribía, cuando la UE echó al fuego la voluntad democrática griega expresada rotundamente en referéndum e hizo un auto-de-fe con su gobierno, que los poderes fácticos encarnados en el famoso ‘eurogrupo’ -que carece de bases jurídicas ni reglamento ninguno- habían logrado engendrar un híbrido monstruoso de ‘estalinismo en moldes neoliberales’. Pero ya se sabe que, si cada vez que el resultado de unas elecciones en un país se desvía del road to hell o camino hacia el infierno impuesto por los autócratas, hubiese que rectificar ese itinerario, la ‘eurozona’ y por tanto, para ellos, la UE, sería ingobernable -Schäuble dixit. Mas ‘un fantasma recorre Europa’ de nuevo, como diagnosticó Varoufakis: sólo que esta vez no se trata del comunismo, sino de la lucha de los ciudadanos y los pueblos europeos para rescatar la democracia secuestrada por los sátrapas de la UE.

Y es que estamos viviendo la fase final de un ciclo histórico, y por lo tanto una etapa de transición, coincidentemente en tres ámbitos superpuestos: el del sistema-mundo, el de la UE, y el del régimen español malparido en la famosa ‘transición’. He ahí el contexto en el que es necesario enmarcar cualquier debate ‘de política general’ en cualquier cámara de representantes que se precie de ser tal cosa -contexto en el que, además, conviene señalar que aquí, en el Liliput autónomo gallego, este debate es el último de la actual legislatura. Pues entonces, como en toda fase de transición, se entrecruzan y colisionan las dinámicas de los procesos que están extinguiéndose  con la de los que están gestándose y naciendo. Son aguas revueltas y arremolinadas, que tornan arriesgada y peligrosa la navegación, como las desembocaduras de los ríos que forman una hoz al verterse en el océano: la corriente y nivel del río, según la estación; la de la marea, en ascenso o descenso, viva o muerta; el viento de tierra o de fuera, de nortada o de travesía -y los bajíos y arenales, con el riesgo de acabar varado. Ya imaginan. Pues así es: resulta difícil pilotar con acierto.

A nivel del sistema-mundo, estamos en la fase de ‘caos sistémico’ causado por la crisis de hegemonía de la potencia dominante, que solo domina todavía en los ámbitos monetario-financiero y bélico. La equivalente fase históricamente precedente duró los ‘treinta años de guerras euroasiáticas’, en palabras de Inmanuel Wallerstein, desde 1914 a 1945. Bélicamente, engendró dos guerras mundiales. Financieramente, reventó con el crack de 1929 y la quiebra del patrón-oro. Socialmente, aplastó al común ciudadano con la losa de la Gran Depresión. Y políticamente, parió la tiranía de los nazifascismos europeos -musoliniano, hitleriano y franquista- y asiáticos -japonés. Lindo balance apocalíptico sin sagradas escrituras. No voy a ofender su bagaje de información enunciándoles sus equivalentes actuales. Solo señalarles dos de las analogías.

Primera, la huida hacia adelante hiper-belicista inaugurada por Bush IIº con sus genocidas ‘guerras preventivas’ contra ‘el eje del mal’ -sin que nadie le pusiese un espejo ante los ojos- que destruyeron Oriente Medio y buena parte de África, y engendraron primero la riada emigratoria que convirtió las aguas del Mediterráneo en el mayor cementerio europeo de ahogados, y ahora el éxodo sirio traducido en ‘crisis’ de los refugiados que no obtienen refugio en la ‘eurozona’, porque eso no da réditos ni plusvalías, mientras los gobiernos andan regateando en el reparto de ‘cuotas’ como en la subasta a la baja en las lonjas del pescado. Y entonces, los derechos humanos, ¿dónde están? En el papel mojado de los tratados de la Unión, y basta con eso, que quien transgrede esos derechos es la Venezuela que escolarizó y dio sanidad gratuita y seguridad social a los nadies de Eduardo Galeano. No la Hungría de gobierno xenófobo que cierra las puertas y maltrata a los refugiados. No el México del narco-presidente Peña y masacres como la de Atzotinapa, ni el Paraguay de gobierno golpista que procesa a los campesinos indígenas en lugar de a los policías que los agredieron, ni el ex-presidente colombiano Uribe, comandante oculto de los paramilitares y máximo responsable de las fosas comunes que se están descubriendo por fin, ni el racista Estado de Israel contumaz en crucificar a los palestinos. Por supuesto, tampoco el Schäuble  tan gélidamente impertérrito ante la crisis humanitaria griega como su antecesor ministro hitleriano Walter Funk con el trabajo esclavo impuesto por él a losuntermenschen o ‘sub-humanos’ -entonces judíos, gitanos, comunistas y demás ‘ralea’, ahora los perezosos trabajadores de la Europa periférica del Sur. Ni tampoco, en fin, el gobierno golpista y declaradamente nazi de Ucrania, a quien Schäuble & CÍA concedieron este verano la condonación de deuda que un mes antes le habían negado al gobierno socialdemócrata griego de Syriza. Porque el impago por Ucrania no nos va a costar dinero como nos costaría el de Grecia, ¿no es cierto? Claro está: para Schäuble y Rajoy, los ‘extremistas’ lo son los demócratas socialistas o demócratas tout court, no los nazis de ahora, que son ‘de la familia’. Y ustedes colaboran en esas infamias, mientras imponen a los adolescentes el estudio de la religión católica de la Contrarreforma en lugar del latín, la filosofía, la literatura… y el gallego, claro. Las ‘humanidades’, para qué, si ustedes se afanan en fabricar un mundo de androides, a imagen y semejanza suya.

La segunda analogía nos traslada al segundo nivel: el de la UE. El edificio de la UE se está derrumbando, bombardeado por la artillería de los ‘mercados’, desde fuera, y, desde dentro, por el estallido de fraudes como el de la Volkswagen, fundada por Hitler -que por lo visto tampoco nos va a costar cuartos a los demás, como nos costaron los agujeros negros de la banca alemana. Y ese edificio fue subrepticia y nocturnamente sustituido por una hueca escenografía en cartón-piedra, al modo de los ‘poblados Potemkin’, los simulacros de viviendas del ministro zarista famoso por eso mismo y que, además de darle involuntariamente nombre al acorazado también famoso por la sublevación de su tripulación y el film de Einsenstein, seguramente ha sido fuente de inspiración para los políticos aznaristas y rajoyanos promotores de obras megalomaníacas nunca utilizadas para sus pretendidos destinos, desde aeropuertos desiertos a ciudades de la in-cultura, hoy puestas en saldo por cuatro perras o desintegrándose a pedazos por culpa de la intemperie. Mas, en rigor, la verdad es que la construcción de la UE nunca se comenzó siquiera. En el tránsito del MCE-CEE a una UE, la construcción de una auténtica unión política anfitriona de una articulación económica, social, cultural y cívica de la diversidad europea, y que por tanto requería un proceso democrático de abajo-arriba, análogo al de la construcción de un edificio con-federal, fue suplantada por una simple unión monetaria, ni tan siquiera económica, la ‘eurozona’, montada desde arriba al dictado del ultraliberalismo por entonces ya rampante, con la castración de los bancos de estado de los países miembros y sin ser sustituidos por una institución comunitaria análoga, por caso, a la Reserva Federal estadounidense y por lo tanto al servicio de la Unión y sus estados y sometida a control político democrático. Razón lleva el ex-ministro italiano de finanzas y profesor, decano de constitucionalistas, Giuseppe Guarino al afirmar, en un reciente ensayo, que la implantación del euro había sido un auténtico golpe de estado, por tanto un acto totalitario ya en origen, mucho antes del cometido ahora contra el estado griego, o en el 2011 contra la soberanía tributario-presupuestaria de las Cortes españolas.

Pues bien: en ese contexto encaja la segunda analogía que quería señalarles con el ‘caos sistémico’ del período de entre-guerras del s. XX. Así como el crack del 29 aconteció por obstinarse en mantener un patrón-oro incompatible con la realidad del sistema-mundo de entonces, y como asimismo la subsiguiente reacción suicida de obstinarse en no cambiar el modelo provocó la Gran Depresión, así también el impacto del infarto de Wall Street en 2008 en la ‘eurozona’ resultó letal por culpa del aberrante diseño institucional de esa unión monetaria, y el obtuso empeño de los dirigentes políticos y economistas zombies en sacrificarlo todo a la misión imposible de sostener el euro y su engendro institucional al servicio de una trama financiera irresponsable y corrupta, fue el culpable de que la crisis financiera derivase en la espantosa gran depresión que están pagando desde entonces las clases trabajadoras y ciudadanía del común en toda la UE, convertida en auténtica tragedia humana en toda su periferia, desde el Báltico al Meditarráneo y los finisterres atlánticos -donde estamos nosotros, los ex-ciudadanos y ciudadanas gallegas. De nada valió que las cabezas pensantes más honestas y solventes del planeta en las ciencias sociales denunciasen argumentadamente la locura de ese camino hacia el infierno. Tampoco ha valido hasta ahora que la ciudadanía más lucida o más agredida entrase en esforzado combate democrático de legítima defensa. La ‘barbarie’ que ustedes encarnan no atiende a razones, ni intelectuales ni éticas, ni científicas ni morales, ni democráticas ni humanitarias. Ustedes, como todos los mercenarios de la historia, como todos los ‘asoldados’, solo cumplen órdenes de los jefes, caudillos, duces o führers, y cuando es preciso las aplican manu militare. Ustedes no piensan -o, a lo sumo, solo piensan ‘en metálico’. Es el sempiterno combate de la fuerza de la razón contra la razón de la fuerza -y no voy a mentarles una frase que les sorprendería del pacifista Camus en sus famosas Cartas a un amigo alemánbajo la ocupación nazi de Francia.

II. Las taras congénitas del régimen actual

Todo lo antedicho viene a ser un simple boceto de urgencia del contexto en el que se sitúa la acción supuestamente ‘de gobierno’ de su partido, el PP, tanto en el poder central del Estado cuanto en la flamante Comunidad Autónoma gallega -como gustan ustedes de denominar a las castradas instituciones actuales de la nación gallega. Es el contexto que determina la aplicación de mortíferas políticas que invierten la relación normal entre el poder -cuando pretende ser democrático- y los ciudadanos: en vez de actuar con criterios de ‘interés general’   al servicio del bienestar de las gentes del común, practican la sistemática agresión en contra de ellas con el criterio del‘interés de (sus) amigos/amos’ -llegando a violar inclusive los más elementales derechos humanos, reitero.

Ciertamente, esa deriva perversa del Régimen a nivel del Estado y de la Autonomía gallega ha resultado agravada por determinadas taras congénitas, a las que ya me he referido en algún debate análogo precedente, de modo que les voy a ahorrar reiterarlas, y solo haré algunas anotaciones recordatorias.

La primera se refiere a la gestación del régimen actual. Conviene recordar que el Estado español es el único caso en Europa en el que, al finalizar un régimen totalitario fascista, no se abrió un proceso constituyente democráticoex novo, sino una ‘reforma política’ -de lo irreformable- pactada por arriba con los jerifaltes del criminal régimen precedente. Es decir, un fraude ético y político a toda la ciudadanía, y especialmente a los que se habían jugado libertad y vida en la lucha contra la tiranía -que mató hasta última hora: así el impune asesinato de los abogados antifranquistas de Atocha, o el de los cinco últimos luchadores antifascistas -dos de ellos gallegos- fusilados mientras el viejo marrano agonizaba entubado en cama, y del que acaban de cumplirse cuarenta años el pasado 27 de septiembre. Por encima, la aberrante ley de amnistía del 77 no amnistió solo a los condenados por la tiránica ‘legalidad’ franquista -faltaría más- sino también y sobre todo a la caterva de criminales políticos, torturadores y asesinos mercenarios del régimen parido por el genocidio franquista. Dirán ustedes que es agua pasada que ya no viene a cuento, pero aún hace pocos meses que esta cámara votó en contra de la propuesta de reforma de esa ley formulada por el BNG, ciscándose así en el informe del relator de las NU que lo requería y declaraba imprescriptibles los delitos de aquellos criminales amnistiados. En contraste, en la Argentina que ustedes desprecian, la ‘Ley de punto final’ fue derogada ya hace años durante la presidencia de Kirchner: aprendan, si son capaces.

La segunda atañe a la restauración de la monarquía borbónica, puesto que el pacto constitucional declaró monarca a un Borbón que había sido ilegítimamente investido como rey por las cortes franquistas en aplicación nada menos que de la Ley de Sucesión de 1946 -una de las Leyes Fundamentales del Movimiento Nacional fascista español que, en la transición, los promotores de Alianza Popular pretendían mantener vigentes -‘reformadas’, eso sí. La misma ley que, por cierto, ya entonces declaraba a España Reino, con un regente vitalicio, y que la constitución también asumió -sin regente, claro, por difunto. Tampoco eso es agua pasada, porque ese fraude acaba de tener segunda edición en la subrepticia sustitución de Juan Carlos I por Felipe VI  sin consulta del, por lo visto, ‘pueblo soberano de la nación española única e indivisible’.

La tercera consiste en el injustificable rechazo a reconocer constitucionalmente el derecho a la autodeterminación proclamado por los más altos organismos de la comunidad internacional, y documentalmente asumido por todas las fuerzas políticas democráticas clandestino-ilegales en el tardo-franquismo -Felipe González incluido, como me consta por haber sido yo miembro de la Conferencia Socialista Ibérica, convocada por iniciativa de Pablo Castellano, en representación del ya histórico Partido Socialista Galego (PSG). La cosa fue un grave contrasentido antidemocrático en un Estado sociopolíticamente plurinacional como es el español, y tuvo funestas consecuencias, desde la violencia de ETA -que de haber sido reconocido ese derecho no habría existido- hasta el callejón constitucionalmente sin salida del potente proceso cívico independentista catalán de ahora. Tampoco esto, por tanto, es agua pasada, sino otro de los ‘pecados originales’ -en léxico de su catolicismo de cartón-piedra- que, conjugados con los ‘pecados capitales’ de la constante involución iniciada ya a partir del madrugador golpe de estado del 23-F 1981, solo fallido a medias, y después agravada y acelerada por el impacto devastador del huracán ultraliberal procedente de Mitteleuropa sobre las cláusulas constitucionales garantistas de las libertades cívico-políticas y los derechos laborales y sociales del común ciudadano, explican suficientemente el proceso de descomposición institucional y social del actual régimen, que alcanza estadio de putrefacción en este fin de ciclo histórico en el ‘corral nublado’ por la pandémica corrupción, en el que se está representando aquel premonitorio Celtiberia Show de la extinta revista Triunfo, amén de la reposición de la Corte de los milagros y alguno de los esperpentos más sonados de don Ramón María del Valle-Inclán.

III. Los estragos de la brigada de demoliciones y exterminio en la autonomía gallega

Por supuesto que, en el contexto de la Restauración borbónica, la Autonomía gallega también padeció taras congénitas o ‘pecados originales’ -que también he señalado en ocasión anterior y no voy a reiterar. Entre el raquitismo de las competencias realmente exclusivas atribuidas en el Estatuto, la progresiva e impune invasión de todas ellas por el poder central, y que por encima, aquí -a diferencia de Euskadi y Catalunya- las fuerzas ‘alóctonas’ de la derecha reaccionaria española han ocupado Xunta y Parlamento todo el tiempo, excepto  legislatura y media, las taras congénitas multiplicaron la especie y anquilosaron la capacidad de la Autonomía para servir a Galiza, hasta convertirla en simplemente aparente o virtual. Incluso durante los mandatos del ‘hombre de estado’ que se decía ser el presidente Fraga Iribarne, a quien por lo visto le cabía ese estado en la cabeza -la tenía bien grande, sin duda. Pero llegaron ustedes con su brigada de demoliciones e hicieron lo que ni Fraga había pretendido hacer y parecía inconcebible: dieron el ‘salto cualitativo’ de utilizar las instituciones de la Autonomía contra el autogobierno de los ciudadanos y las ciudadanas gallegas; las pusieron al servicio de la metrópolis ultraliberal teutona y de su sucursal carpetovetónica de la Moncloa. Primero, desde la oposición, boicotearon la reforma ampliadora y fortalecedora del Estatuto promovida por el ‘bipartito’ y claramente apoyada por la sociedad civil, como resultó manifiesto en la ronda de comparecencias celebrada por entonces en esta cámara. Después, encaramados en la Xunta, procedieron a convertir el Estatuto en un esqueleto sin músculos, ni nervios, ni sangre -y lo peor de todo: sin cerebro.

Durante las dos legislaturas que llevan ustedes en la Xunta, la tarea inicial de demolición se transmutó en una estrategia de exterminio material, cultural y político del territorio denominado Galiza y del pueblo llamado Galego hace ya más de dos mil años, cuando las primeras legiones romanas osaron cruzar el río del olvido, el Leteo, o Limia/Lima. Con ocasión de su investidura, señor Núñez, le había señalado el espolio que estaba padeciendo Galiza, con la intención de exhortarlo a impedir que continuase. Ingenuo de mi. Hizo usted exactamente lo contrario: se dedicó a reduplicar ese espolio en los diversos niveles y dimensiones de la realidad del país: materias primas, formación de capital, fuerza de trabajo, potencial demográfico, creación científica y técnica, patrimonio cultural, patrimonio natural y medioambiental. No les voy a hacer aquí el ‘inventario’ de sus estragos: se lo hará mi compañera Yolanda Díaz en la defensa de nuestras propuestas para intentar remediarlos. Solo recordaré escuetamente las formas primordiales de ese espolio, ilustradas con algunas de las muestras más llamativas: 1. el espolio energético. 2. el espolio financiero. 3. el exterminio del campesinado y de la gente marinera. 4. la esclavización de las clases trabajadoras y expatriación forzosa de las generaciones mozas. 5. el desmantelamiento y privatización-mercantilización de los servicios públicos y sociales. 6. el etnocidio cultural y lingüístico. 7. el ecocidio o agresión criminal a los ecosistemas y el medioambiente. He ahí sus siete ‘pecados capitales’. Tal vez convendría añadir un octavo, para completar la versión primigenia de San Casiano en el s. IV, y sería el feminicidio (34 mujeres gallegas asesinadas desde 2009), esa lacra indignante para cualquiera dotado de la sensibilidad de la que ustedes carecen, producto de la violencia machista ínsita en el sistema patriarcal, pero agravada por la destrucción de los valores éticos en la sociedad y la degradación de las condiciones de existencia de las gentes causada por las políticas materialistas e inhumanas de su ultraliberalismo.

Algunas muestras recientes. 1. El espolio y bloqueo de la energía eólica y demás alternativas, con la sumisión a los estafadores conglomerados de las eléctricas, la expatriación de FENOSA, la agresión a la autogeneración culminada ahora por su ministro Soria con el nuevo ‘trabuco’, el escándalo del falso ‘déficit tarifario’ y la falsificación de contadores, amén de SOGAMA y la brutal contaminación por las termo-eléctricas.

2. El robo de las Caixas -regaladas por 900 millones solo en parte desembolsados, después de haberlas ‘saneado’ con 9.000 millones pagados por los ciudadanos para que los nuevos propietarios hiciesen 1.500 de beneficios en el primer año -y el secuestro de su Fundación: y aún les besan la mano ahora por una limosna de 18 millones.

3. El exterminio de los ganaderos, sometidos a extorsión por las industrias y las distribuidoras, fomentada por la Xunta sin haber movido un dedo en su defensa ni en previsión de la supresión de las cuotas lácteas anunciada por la UE hace bien tiempo. Y en el mar, el acoso a las flotas de altura y bajura, indefensión de los marineros gallegos estafados por Noruega, el escándalo del mejillón de fuera envasado en conserva aquí como ‘producto gallego’, o la nueva ofensiva en ciernes de las piscifactorías ‘de enclave’.

4. La reducción de las gentes trabajadoras a la esclavitud e inseguridad, casi 200.000 parados sin subvención, virtual desaparición de los puestos de trabajo estables, generalización de los contratos en precario, a veces ni siquiera ‘temporales’, solo ‘episódicos’, y pagados por equis horas par trabajar el doble de ellas, sin cotizar los amos a la seguridad social, o sin tiempo para adquirir derechos al paro ni a la jubilación. Y, como consecuencia, el éxodo de la juventud de este país envejecido que pierde habitantes cada año. Por encima, a los retornados que trabajaron fuera toda la vida, les cobran impuestos por las jubilaciones que ya tributaron en los países que se las pagan.

5. La conversión de la enseñanza y la sanidad en mercancías para quienes puedan pagarlas, constante reducción de plantillas de personal docente, médico y sanitario, servicios e incluso hospitales del SERGAS entregados como negocio financiado con fondos públicos a especuladores privados que por encima cometen fraude, como en el de Vigo; cobro de fármacos a enfermos graves, crónicos o ancianos, o atentados a sus vidas como en el caso de la hepatitis-c: son auténticos crímenes contra los derechos humanos; lo mismo que el desmantelamiento de los servicios sociales, a dependientes y disminuidos, el escarnio de la RISGA, etcétera.

6. El etnocidio, criminal abandono o incluso agresión a la cultura, el patrimonio y el idioma propios del pueblo gallego, pero también a toda actividad cultural, creación e investigación científica -es decir, inoculación de la ‘barbarie’ en la sociedad.

7. El ecocidio, agresión a los ecosistemas y el medioambiente y desprotección de los espacios naturales -desde todos los frentes de la ‘barbarie utilitarista’: eucaliptización, pandemia de los incendios, cultivos energéticos y transgénicos, exterminio de las semillas autóctonas, contaminación de las rías, los ríos y la atmósfera, minería salvaje. Todo agravado por sus leyes de montes, del suelo, de aguas, de costas, sus planes de actividades extractivas, de acuicultura litoral: una batería preparada para acometer un nuevo macro-espolio si acaso se acaba la ‘crisis’ -pero para entonces, por fortuna, no estarán ustedes en el poder.

IV. Hacia un nuevo ciclo político

Recuerden. Hace ahora dos años, el 15 de octubre de 2013, en el debate equivalente al actual en esta misma cámara, este portavoz enunciaba una diagnosis del “estado de ánimo y la actitud de los diversos sectores ciudadanos”. Desglosaba dos tipos: “los que se sienten impotentes, desesperan y se resignan, y los que se rebelan, auto-organizan y combaten frente a tanta barbarie del poder”. Definía después a los segundos: son “los que con todo coraje ejercen como ciudadanos libres, por muy improbable que consideren vencer y por muchas batallas cívicas que pierdan”. Y me arriesgaba a pronosticar: “De ésos está viniendo la marea de rebelión cívica que acabará con el poder ignaro y autocrático de ustedes”.

Me tomaron otra vez por loco. Alguien incluso me apostrofó acusándome deutópico –sin percatarse  de la involuntaria lisonja, pues hace años que aprendí de Galeano, en Porto-Alegre, que la utopía es la que nos guía y da impulso para caminar en el sentido de la Historia, aunque nunca la alcancemos, tal como el espejismo al caminante en el desierto. Mas, en la primavera siguiente, esa marea de la rebelión cívica emergió a nivel del Estado en las elecciones europeas, cuando Podemos acertó a traducir en alternativa electoral el espíritu transgresor del 15-M de 2011. Y un año después, en la primavera pasada, con las elecciones municipales, la ‘marea de la rebelión cívica’ se tradujo, en Galiza literalmente, en las grandes Mareas que inundaron con una vivificante crecida democrática los castillos roquedos de los tres grandes feudos que ustedes todavía dominaban en el arco que va del golfo Ártabro a la cabecera del Sar. Menudo éxito del señor Núñez, que había puesto ‘digitalmente’ a su mejor Conselleiro al mando del también suyo esperpento compostelano, que había declarado a Ferrol ‘base naval’ inexpugnable de su armada, e incluso había proclamado a ‘su’ alcalde de A Coruña como el mejor alcalde de Galiza. Pues además de esas tres grandes, las mareas entraron también en las corporaciones de las restantes ciudades -incluida mi materna Vigo del arrasecaballeresco donde, por cierto, su gentil ‘conselleira’ de Hacienda se marcó el peor resultado del PP en toda la historia de la ciudad. En conjunto, hubo por toda Galiza adelante hasta setenta candidaturas municipales de esa misma o análoga índole, con protagonismo ciudadano en fórmulas variables de unidad popular. Al día siguiente de las municipales, en el mapa del Estado, las victorias de la rebelión cívica en clave de unidad popular tenían nombres de localidades singulares: Barcelona y Badalona en Catalunya, Madrid en el centro del Estado, Zaragoza en Aragón, o Cádiz en Andalucía. Sólo con respecto a Galiza se conjugaban en plural con rótulo gentilicio: eran las Mareas gallegas. Asombro general: mira tú, en el consabido feudo del PP, ¡quien te lo iba a decir! Como años atrás con Nunca Máis: como si fuese generación espontánea e instantánea. No se había reparado en el largo proceso previo de luchas en defensa de la Galiza campesina, de la obrera, de la educación, del idioma, de las rías -y así seguido. Es lo que tiene el ‘presente como historia’: si no se sabe leer, es difícil predecir.

Esas formas emergentes de participación directa en la confrontación político-electoral de una ciudadanía harta de que los representantes electos para defenderla en las instituciones políticas incumpliesen su mandato -recuerden la acusación: no nos representan- constituyeron una nueva expresión da la cultura cívico-política de la izquierda social y de los valores republicanos –incluso sin que los hiciesen explícitos ni, por lo general, invocasen la república. Fueron ellas el auténtico motor del salto adelante que se operó con ocasión de las municipales en el proceso de la rebelión cívica -primordialmente en Galiza, insisto. Y su triunfo contra pronóstico -insólito triunfo de la infantería civil frente a la artillería del PP y a la ‘Brunete mediática’- marcó un punto de clara inflexión hacia adelante en la dinámica del agotamiento y descomposición de esta segunda Restauración borbónica. Una dinámica acelerada y reforzada en los últimos años por lo que el constitucionalista Gerardo Pisarello ha definido como auténtico proceso deconstituyente que opera como las tijeras o las tenazas. Propulsado desde abajo, y legítimamente, por la dinámica acumulativa de la rebelión cívica, traducida ahora en fórmulas de unidad popular. Pero también desde arriba, solo que espuriamente, por la actuación del PP en las cámaras legislativas -y, en varios lances decisivos, por los dos partidos dinásticos del Régimen mano a mano. Actuación que ha derogado de facto los postulados, normas cardinales y cláusulas garantistas del ‘Estado democrático y social de derecho’ y de la ‘Economía social de mercado’ proclamados en la Constitución de 1978 -y suplantando así el modelo de constitucionalismo (parcialmente) democráticoinicial por el de constitucionalismo (prácticamente) oligárquico actual. La ‘deconstituída’ constitución actual, en vez de servir a los derechos del demos, es decir el pueblo, la han convertido en una herramienta manipulada por la oligarquía financiera precisamente contra el pueblo -ese demos que los ignaros oligarcas parecen confundir con el demo [en gallego, demonio].

Derrotar a esa oligarquía, desalojarla del poder, reinstaurar la democracia, abrir de una vez un nuevo ciclo: he ahí el reto que tenemos delante, la batalla que es necesario librar ya en las próximas elecciones a las Cortes del Estado. Pero, para alcanzar ese objetivo, es preciso articular entre si los diversos actores que están por esa labor, y definir conjuntamente los ejes vertebradores de una estrategia acertada para que el pueblo gallego irrumpa como sujeto político soberano en el escenario de esas próximas elecciones a las Cortes. He ahí el primer requisito: la presencia y participación del pueblo gallego como sujeto político en ese combate a favor de la regeneración democrática de la sociedad. Porque un pueblo sometido a espolio colonial, como el gallego, solo puede confiar en una mudanza de ciclo político en la que él mismo sea decisor soberano de sus actos: nada recibió nunca el pueblo gallego de la ‘España eterna’, y bien demostrado está ya que la autonomía otorgada hace un tercio de siglo no le ha servido para resolver ninguno de sus problemas endémicos, sean sociales, ambientales, económicos, culturales o lingüísticos. Menos aún  para emanciparse Galiza de su sempiterna condición de sierva. Todos los que decimos asumir y defender el derecho a la libre decisión de los pueblos/naciones del ámbito del Estado debemos, congruentemente, asumir ese postulado.

La nación gallega la integramos todos los ciudadanos y ciudadanas que somos gallegos y gallegas de nación -que no de nacimiento, pues quien vive y trabaja integrado en  Galiza es tan gallego como quien nació en ella. El pueblo gallego es una ‘comunidad de origen’ y una ‘comunidad de cultura’ gestadas y forjadas a lo largo de la historia desde hace más de dos milenios: como cantan Mini y Mero, xa estabamos por aqui cuando llegaron los romanos. Pero, en moldes democráticos, la nación gallega es el conjunto de la ciudadanía que la integra, y ése es el sujeto político titular de la soberanía nacional. Y ése es el que tiene que protagonizar el combate en la palestra política. Mas ese conjunto no es un saco de arena. Es plural e internamente diverso, desde la estructura de clases hasta el espectro ideológico. Por lo tanto, la nación desborda el espacio social del nacionalismo, aunque las formaciones políticas y cívicas nacionalistas han sido históricamente y siguen siendo ahora las herramientas primordiales de la construcción efectiva de la nación gallega como sujeto soberano -o de la conversión de la nación querida en nación nacida, en lenguaje de Habermas. De modo análogo, la izquierda socialmente existente desborda el espacio de las diversas fuerzas políticas que se reclaman de izquierda. He ahí, por lo tanto, las llaves para articular a los diversos actores que están participando en el antedicho proceso deconstituyente asumiendo la nación en clave de izquierda y mayoría social, o sea, clases populares y común ciudadano. Cada uno de ellos tiene su etiología, su espacio de lucha y su perspectiva sobre el conjunto, pero todos son necesarios: las mareas municipales, las plataformas y movimientos cívicos y sociales activos en la sociedad civil, y las fuerzas políticas confrontadas con los poderes que agreden a los ciudadanos del común.

Es preciso, por tanto, que ciudadanos auto-organizados y fuerzas políticas leales a ellos, luchemos conjuntamente en una estrategia de unidad popular para dar remate a este fin de ciclo, es decir, para acabar con ese corrompido y agónico régimen político, e iniciar, tanto en Galiza como en el ámbito completo del Estado, un ciclo nuevo. Es preciso rescatar la democracia, hoy secuestrada como ya he dicho por los sátrapas de la UE y sus lacayos en Madrid y San Caetano. Es preciso, sí, reinstaurar y reinstituir la democracia hoy fácticamente abolida en toda la UE, y hacerlo en matriz solidariamente republicana: “non che hai outra” [‘no hay otra salida’], como dicen mis vecinos del rural -y yo suscribo y os exhorto a poner en obra.

Compostela, 14 – X – 2015

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