Sobre la «Tournee» de Gorki por Yanquilandia

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La fortaleza de cualquier causa puede medirse por la fuerza de los símbolos que toma de referencia. Cuando una causa tiene figuras como Gandhi, Ho Chi Min, Mandela, El Ché y muchos mas, impacta de tal modo en la mente y los corazones de los seres humanos, que de nada sirven el poder de los imperios (incluyendo el mediático) y las toneladas de lodo con que intentan embarrar sus figuras ó esconder sus mensajes; finalmente prevalecen y a la larga triunfan.

Cuando, por el contrario, una causa no tiene símbolos que mostrar, cuando sus figuras representativas son tan poco fiables y tienen tanta bajeza, tanta mediocridad y tanto egoísmo enredado en sus pelajes, no es posible presentarlos; y nadie los seguirá. Están condenados al fracaso, tarde o temprano.

La Contrarrevolución Cubana ha sido un ejemplo histórico de la falta absoluta de símbolos y de héroes (además de ser reconocido por el Libro de Récord Guinnes, el que poseen el récord mundial de hacer y deshacer maletas). Ninguna de las figuras que han pretendido erigir como referencia ha resistido el embate del tiempo, ni el choque con las realidades. Y esto ha sido sobre todo por la ausencia de un mensaje propio, y la subordinación mas completa jamás vista al imperio yanqui. Al menos los cipayos indios tuvieron el valor de rebelarse contra los británicos en 1857, aunque quedó el nombre como símbolo de sumisión.

Los contrarrevolucionarios cubanos se alistaron bajo la banderas de las barras y las estrellas, y en su afán de que sus amos les devolvieran la “tierra mas fermosa que ojos humanos han visto”, emularon (sobrepasando en ocasiones) a los propios yanquis en la defensa de los intereses imperiales.

Lucharon contra las guerrillas en América Latina; torturaron y enseñaron a torturar en casi toda Latinoamérica, e incluso en la célebre Escuela de las Américas; ejecutaron sabotajes y atentados por encargo de la CIA ó de gobiernos “gorilas”; ejecutaron acciones terroristas por todo el planeta. Como es sabido, difícil es hallar paladines entre sicarios y asesinos.

Muchos, no obstante, siguiendo la enseñanza de sus amos, también aprovecharon la ocasión para labrar fortunas nada despreciables (combinando el deber con el placer), y hoy en día ya son parte del establishment miamero; otros se han dedicado a la politiquería más espuria. Ninguno es presentable para el título de prócer.

Algunos decidieron dedicarse a otras vías mas lucrativas y menos riesgosas (quien empuja no se da golpes, reza un viejo refrán muy popular en Cuba); y ha dedicado 50 años a exhortar a la rebelión y al sabotaje desde radios, tv, y cualquier otro medio, pero sin exponer su pellejo. Tampoco en esa fauna han encontrado figura alguna presentable para convertirla en icono.

En el plano artístico, algunas figuras han alcanzado determinada notoriedad; no siempre la calidad artística es equivalente a la persona que elabora la obra; Balzac detestaba tanto a los burgueses como amaba a la decadente nobleza francesa (difícil decir cual de las dos era peor), pero hizo una obra literaria fenomenal; Rosseau no educó a sus hijos, pero elaboró documentos magníficos sobre educación; Mozart era un bohemio y un mujeriego (en esta época hubiera sido un Jim Morrison cualquiera), pero su música es sublime; las novelas de Mario Vargas LLosa son magníficas, aunque el pensamiento político del mismo sea abominablemente reaccionario.

En dependencia del gusto de cada cual, escritores como Reinaldo Arenas, cantantes como Celia Cruz, músicos como Sandoval; etc, tienen una mayor o menos calidad. Es posible disfrutar de su arte aunque uno no comparta sus ideas políticas.

En estos días, por los lares de Miami anda exhibiéndose una de la mas recientes adquisiciones de la fauna contrarrevolucionaria, casualmente casi la mismo tiempo que Juanes y sus allegados dieron el célebre concierto. Se trata de Gorki Águila, presentado como un “roquero disidente”. Nadie explica como semejante “peligro” para la Revolución haya podido salir ileso de las terribles garras del G-2; si ven la facha del mismo en las fotos del Nuevo Herald, hasta gordito se ve el nene.

El elevado contenido estético de su mensaje puede deducirse del nombre del grupo musical que organizó: Porno para Ricardo. El que los fanfarrieros medios contrarrevolucionarios de Miami hayan tenido que echar mano a la pornografía y la aberración de tales “músicos” es demostración de lo perdida que está su causa, y lo desesperados que están ante la posible pérdida ó reducción de las generosas subvenciones del gobierno yanqui (dólares son amores y muy buena$$ razones).

El susodicho Gorki, por mucho tiempo ha sido lo que se conoce en Cuba como “un tipo de relajo”, que por lo único que se ha destacado es por drogarse, vivir del cuento y otras lindezas, en medio de alguna que otra bacanal, etc. Pero resulta que el “niño” descubrió una mina de oro; sabe que su supuesta música es algo intrascendente, falta de imaginación, talento e inspiración, un pésimo remedo de lo peor de la música funk; pero si le pone mensajes contrarrevolucionarios a sus textos, entonces, aunque siga siendo el mismo bodrio, llama la atención de los “disidentes” y de los ultrarreaccionarios de Miami. Así comenzó a fabricarse el mito.

Así está siendo presentado en marcha triunfal por Miami y próximamente por New York, compartiendo con Willy Chirino y otros personajes de la farándula de Miami (tanto la dedicada a la música como a la del negocio de la contrarrevolución).

Con tales héroes y paladines, bien servida está la causa de los yanquis y su cohorte de resentidos dinosaurios de Miami. No necesitan enemigos