Sobre la libertad y el cambio social

Libertad es la condición básica de toda existencia. Dios nos creó libres y nos dio el libre albedrío por el que tenemos la opción de ir a favor o en contra de Sus propias leyes.Tamaña libertad no es fácilmente comprensible para nuestra mentalidad humana atrapada normalmente en el intelecto, el ego inferior y sus necesidades, por lo que lejos de considerar nuestra libertad espiritual como esa condición básica de nuestra existencia y garantía de nuestra evolución hacia estados superiores de conciencia, que nos llevarían finalmente a la construcción de sociedades evolucionadas, nos enfrascamos úmicamente en luchas&nbsp políticas &nbsp por un mundo perfecto donde se respete la libertad olvidando que nosotros mismos no somos libres. Tenemos esta legítima &nbsp necesidad , pero en lugar de asumir en primer lugar la responsabilidad por nuestra libertad personal, la proyectamos hacia el mundo exterior donde queremos ver realizado en nuestras sociedades aquello que hemos sido incapaces de realizar en nosotros: la liberación de nuestro programa del ego: del mío, mí, para mí, del deseo de ser reconocidos y admirados, de la envidia, los celos, la ambición, el odio y todas esas lacras personales que son los carceleros de la libertad original que nos fue regalada por Dios, y de la que el libre albedrío es uno de sus principales aspectos. Ese es el motivo por el que nuestro consciente ni subconsciente no soporta las cadenas de las tiranías o del dominio de otros si hemos alcanzado el suficiente nivel de libertad interior. Pero a quien no ha alcanzado ese nivel, puede importarle poco dejarse arrastrar por las circunstancias y hasta puede manifestarse a favor de los opresores, de los dictadores y de todos aquellos que objetivamente le ponen la bota en el cuello.

Es legítimo y tan necesario como urgente para la actual humanidad aspirar a un mundo de humanos libres e iguales, donde se ejerza la justicia; a un mundo libre en definitiva, pero ¿quién forma un puzle perfecto con piezas defectuosas? ¿Qué salud puede tener un cuerpo con muchas células enfermas? Por tanto es inevitable preguntarnos ¿pueden formarse sociedades libres sin individuos libres?

Contemplando nuestro mundo personal nos damos cuenta de la cantidad de resistencias que tenemos que vencer a menudo para luchar con los defectos que nos hacen infelices y son fuentes de problemas con nuestro entorno familiar y social. ¿Obviamos esto como parte de la tarea revolucionaria?
¿No nos hacemos a veces &nbsp propósitos en lo más íntimo de nuestro corazón, propósitos que estimamos buenos y adecuados para nuestra felicidad y que sin embargo nunca terminamos de realizar o lo hacemos en una pequeña medida? Del mismo modo, algo nos impide cumplir leyes divinas con las que en principio podemos estar de acuerdo (Por ejemplo, los Diez Mandamientos son reconocidos como válidos por casi todo el mundo), pero a la hora de la verdad se nos olvidan o directamente actuamos en su contra.

¿Porqué nos suceden estas cosas si nuestra voluntad consciente desearía cumplir lo que siente como bueno? Es visible que tropezamos con un obstáculo: el ego, el rey del mundo inferior personal y colectivo; el verdadero rey de este mundo, que es el mundo del mío, mí, para mí, yo, yo: el mundo del tener, que se opone al mundo del ser, que es el mundo de la libertad. Así sucede que el querer tener ata. Y si la mayoría de la gente quiere tener y anda atada a sus prejuicios, sus miedos, sus dependencias emocionales,&nbsp las ideas limitantesn de su ego&nbsp y en general a defectos personales sin superar que le impiden ser libre y desinteresado ,¿a qué libertad social podemos aspirar? ¿Dónde están los hombres libres que deben formar una sociedad libre?

Con nuestro pensar egoísta durante millones de años hemos creado energías poderosas que han sido reforzadas cada vez que hemos actuado contra las leyes divinas, que son las leyes de la libertad. Y cada vez que actuamos contra estas leyes nos ponemos en contacto a la vez con energías de vibración semejante que por medio de la telepatía acceden a nuestro subconsciente, pues en el mundo de la energía al que pertenecemos como almas inmortales de energía, &nbsp igual atrae a igual. Esta es la doble razón por la que somos influenciados por un lado mientras que por otro encontramos tantas dificultades a la hora de intentar cambiar y cumplir las leyes divinas o simplemente eliminar algún defecto que nosperturba la existencia.

La fuerza del campo de energía contraria a nuestros deseos de evolución nos revela nuestro grado de libertad. Y esa energía, como tal, no necesita ser visible. Cuando dejamos este mundo podemos seguir actuando en él influyendo en otros que se encuentren en nuestra o­nda vibratoria, y de este modo seguimos influyendo en los acontecimientos&nbsp sociales y mundiales. Las almas&nbsp atadas a la Tierra trabajan acrecentando las energías negativas por su influencia sobre otros y de este modo se convierten en obstáculos de evolución para los que son influidos en particular y para el colectivo humano.

La humanidad actual, en su mayor parte atrapada en el materialismo y la necesidad de satisfacción de sensaciones y emociones primarias, apenas tiene conciencia del significado de ser libres. Asocian su grado de libertad con la posibilidad de poder satisfacer todo eso&nbsp que forma parte del mundo del mío, mí, para mí.
Esclavizados por el tener, sólo se puede aspirar a sociedades del tener, lo que obliga a la lucha de unos contra otros por alcanzar más y más de aquello que se desea poseer. Una lucha de esclavos no puede formar más que sociedades de esclavos belicosos, que son las sociedades de nuestro mundo. ¿Y desde cuando los esclavos pueden formar sociedades libres? Tal pretensión es puro idealismo. Para formar sociedades verdaderamente libres y verdaderamente democráticas precisamos una humanidad que persona a persona se libere de sus ataduras.Cada uno que no lo consigue ve al resto como sus enemigos y se convierte en un lastre .

Durante millones de años hemos practicado el querer empezar esta Casa Humanidad por el tejado. Tal vez es hora de empezar a considerar que primero se ponen los cimientos y luego, uno a uno, ladrillos fuertes y bien acabados si queremos que esta Casa tan deficientemente construida, cambie y dure en buenas condiciones.
¿Es esto lo que queremos?

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