Sobre la experiencia histórica de los países socialistas (III)

NOTAS

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(1)&nbsp La gestión colectiva sólo puede avanzar al mismo tiempo que avanza la responsabilidad individual. En esto consiste también, pues, el proceso de creación del hombre nuevo. Transformando el mundo nos transformamos a nosotros mismos. Cambiar el mundo es, al mismo tiempo, cambiarse uno mismo. “Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, la dictadura de clase del proletariado como paso necesario para la abolición de las diferencias de clase en general, para la abolición de todas las relaciones de producción en las que éstas se fundamentan, para la abolición de todas las relaciones sociales que corresponden a estas relaciones de producción y para la subversión de todas las ideas que germinan de estas relaciones sociales” (K. Marx. Las luchas de clases en Francia, cap. 3, 1850).

(2)&nbsp El estado actual de las fuerzas productivas y el desarrollo actual del proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de la existencia empujan irresistiblemente a los hombres hacia la transformación expresada por ese programa. Esto lo confirma el hecho de que en los últimos ciento cincuenta años hayan surgido en todos los países movimientos que, de manera más o menos consecuente y con métodos más o menos eficaces, se proponían la realización de dicho programa (movimientos que, cada vez que han sido golpeados o derrotados, han resurgido de sus cenizas). Al igual que lo confirman también las transformaciones que irresistiblemente se han desarrollado en la misma sociedad burguesa en base a la misma relación de capital (las formas antitéticas de la unidad social). Con relación a esto véase Rapporti Sociali nº 4, pág. 15 y siguientes.

(3) Obviamente, el estudio de los primeros y toscos intentos de creación de una sociedad socialista permite también comprender más profunda y completamente la sociedad capitalista; al igual que el estudio de la sociedad capitalista ha permitido comprender más profunda y completamente la sociedad feudal. Cada cosa se conoce a sí misma sólo frente a la negación de sí misma.

(4)&nbsp En la sociedad burguesa, existe propiedad individual (las empresas de un solo propietario, la propiedad individual de acciones y, en general, de cuotas de capital social) y también propiedad colectiva, de grupos y asociaciones de capitalistas (las sociedades anónimas, las sociedades por acciones, los trusts, los entes económicos, etc.). La propiedad individual es un carácter fundamental y esencial de la sociedad burguesa. La propiedad colectiva es un aspecto derivado de la primera, una “superestructura” de la primera (y esto niega todo tipo de fantasías sobre el capital único mundial, el ultraimperialismo, el Estado imperialista de las multinacionales: el capital se concentra y se divide continuamente). En la sociedad burguesa, la primera puede existir sin la segunda, pero la segunda no puede existir sin la primera. En ella tanto la propiedad individual como la propiedad colectiva son propiedades privadas, o sea, se relacionan entre ellas y con los propietarios no capitalistas (productores autónomos, propietarios de la fuerza de trabajo, etc.) mediante el mercado y en ello consiste el carácter privado de toda propiedad burguesa, incluso cuando el titular es una asociación colectiva general de los capitalistas, como el Estado. Véase Rapporti Sociali nº 4, págs. 15 y siguientes.

En la sociedad burguesa existen, además de distintos tipos de propiedad capitalista (individual y colectiva), la propiedad no capitalista (productores autónomos, empresas familiares, empresas cooperativas, etc.) y la propiedad de la fuerza de trabajo (individual, de los trabajadores).

(5) Este sector de las fuerzas productivas ya es, en la sociedad actual, el sector dirigente, el que determina el movimiento del resto.

(6). Véase Rapporti Sociali nº 4, pág. 15 y siguientes.

(7)&nbsp En las unidades productivas de la sociedad socialista, como en general en toda la sociedad socialista (en particular en la relación Estado/ciudadanos, en las organizaciones de masas, en la relación partido comunista/masas, en el seno del partido comunista) se desarrolla una contradicción real dirigentes/dirigidos (que veremos más adelante) que no puede ser resuelta principalmente con la buena voluntad y la buena orientación ideológica y política de los dirigentes. Esta contradicción puede llegar a solucionarse sólo a través de un proceso práctico, en el que el polo inicialmente secundario (los dirigidos) se convierte en principal transformándose por sí mismo mediante la lucha contra el polo inicialmente principal (la emancipación de la clase obrera sólo puede ser obra de la clase misma).

No obstante , en ciertas condiciones, esa contradicción no es antagónica y puede tratarse por medios pacíficos. Es la capacidad de permanecer dentro de estas condiciones lo que la sociedad socialista pide a los dirigentes de las unidades productivas como condición irrenunciable para designarlos y mantenerlos en su puesto. E incluso así es inevitable que en cada unidad productiva exista una relación conflictiva que periódicamente madura hasta resolverse por saltos (nuevos métodos de organización y de dirección, nuevos dirigentes, nuevos papeles de los trabajadores, turnos, grupos mixtos, etc.). La historia de los países socialistas aporta un riquísimo material sobre el movimiento de la contradicción dirigentes/dirigidos, trabajadores intelectuales/trabajadores manuales, trabajadores especializados/trabajadores simples, salarios superiores/salarios inferiores, etc., en las unidades productivas. El más reciente y explícito es el producido durante la Revolución Cultural en China (en parte publicado en Italia por Ediciones Oriente en periódicos como Los cuadernos y Viento del Este).

(8)&nbsp Un proceso es un acontecimiento que se efectúa en el tiempo, mediante fases sucesivas. El tránsito traumático (discontinuo) de una fase a la siguiente sucede cuando el nivel de la transformación cuantitativa en el ámbito de la fase anterior llega a un determinado punto (por ejemplo, la vida del hombre y el paso del hombre desde la infancia a la adolescencia). Un tratamiento amplio de las características del desarrollo como proceso se encuentra en Mao Tse-tung: Sobre la contradicción, en Obras de Mao Tse-tung vol. 5, Ediciones Rapporti Sociali.

(9)&nbsp En todas las revoluciones socialistas hemos podido y podemos constatar las dos cosas que hemos dicho (aumento de la participación activa de los trabajadores en la gestión de las unidades productivas y los resultados de esta participación desde el punto de vista de la producción).

(10) Una gran y ejemplar experiencia de autogestión fue la llevada a cabo por los trabajadores de la empresa LIP de Besançon (Francia) a partir del 12 de junio de 1973. Esta experiencia está descrita en el libro de C. Meldolesi: Rapporto con la LIP, ed. Lavoro Liberato. En el mismo libro son mencionadas experiencias similares, a menor escala, realizadas en esos mismos años en Italia (en Milán, Bari, Savona y Brescia).

(11) En la sociedad burguesa ya se ponen varios límites a la propiedad individual de la fuerza de trabajo: políticas demográficas, políticas educativas (de formación profesional), políticas de empleo (colocación, jubilación, límites de edad, etc.), políticas salariales (mínimos salariales, relaciones salarios/tareas, etc.), concertaciones sindicales (contratos de trabajo), legislación laboral (normas profesionales, condiciones de trabajo, etc.).

(12) Sobre el carácter de mercancía de la fuerza de trabajo y su gradual eliminación, véase Rapporti Sociali nº 0 (Don Quijote…), pág. 20 y siguientes.

(13) Como veremos mejor más adelante, la contradicción dirigentes/dirigidos en la sociedad socialista no es directamente la contradicción burguesía/proletariado. Aún así, si la sociedad socialista no desarrolla esta contradicción, no trata de manera apropiada su movimiento, no moviliza a los dirigidos para que se transformen en dirigentes, está destinada inevitablemente a conservar y reforzar el carácter mercantil de la relación entre las unidades productivas y los trabajadores (propietarios de la fuerza de trabajo), así como entre las mismas unidades productivas. Esto trae como consecuencia, como su desarrollo necesario, la conservación y desarrollo de la relación de capital y el alumbramiento de una nueva burguesía. Y viceversa, desarrollar la contradicción, tratarla apropiadamente y movilizar a los dirigidos para que se transformen en dirigentes supone llevar adelante la transición hacia el comunismo. Por consiguiente, la contradicción dirigentes/dirigidos está ligada a la contradicción burguesía/proletariado y en el tratamiento de esta con tradicción se enfrentan las dos clases (proletariado y burguesía), las dos vías (la vía hacia el comunismo y la vía hacia el capitalismo) y las dos líneas (la línea que promueve el tránsito al comunismo y la línea que promueve la restauración del capitalismo).

En cuanto al tratamiento apropiado de la contradicción, no se deduce de un deseo piadoso y vacío, sino que se atiene al hecho de que el movimiento de esta contradicción está ligado concretamente al movimiento de las demás contradicciones de la sociedad (en particular a la contradicción hombre/naturaleza y trabajo intelectual/trabajo manual). El tratamiento de esta contradicción no puede prescindir de esta conexión, a pesar de todas las aspiraciones y todos los vacíos discursos de “izquierda”.

(14) Los medios técnicos para la planificación de las actividades económicas en el ámbito local, estatal y mundial, ya son preparados en la sociedad burguesa. La planificación burguesa, ya aplicada hoy por los grandes complejos industriales entre secciones de una misma unidad productiva y entre unidades productivas que dependen de un mismo grupo financiero a pesar de que estén esparcidas por los cuatro ángulos de la tierra, ha preparado todo lo que es necesario para la planificación propia de la sociedad socialista. En general, en las formas antitéticas de la unidad social, la sociedad burguesa ha preparado todo lo que necesita la sociedad socialista para proyectar y coordinar sus actividades económicas. Estos medios deben ser liberados de las cadenas que la relación de capital les impone (están limitados por su carácter de instrumentos auxiliares de la propiedad individual y privada capitalista, como superestructuras de ésta) y deben desarrollarse en el ámbito favorable de las nuevas relaciones de la sociedad socialista. Véase Rapporti Sociali nº 0 (Don Quijote…), pág. 20 y siguientes, y Rapporti Sociali nº 4, pág. 5 y siguientes.

(15) Sobre la supresión del carácter de mercancía de los productos, véase Rapporti Sociali nº 0 (Don Quijote…), pág. 20 y siguientes.

(16) La cultura burguesa sostiene que quitando el carácter de mercancía a los productos y a la fuerza de trabajo, o sea, con la eliminación del mercado, la sociedad socialista no dispone de un índice global del coste relativo de cada uno de los recursos y de cada uno de los productos. En la planificación burguesa, ese coste relativo está constituido por su precio de mercado.

Desde 1957 (año de las primeras reformas económicas del período Kruschev) en adelante, los revisionistas modernos de los países socialistas, han apoyado constantemente la reintroducción de los precios de mercado como índices del coste relativo de los recursos y de los productos, en el ámbito de la sustitución del sistema de “dirección administrativa” heredado de la fase anterior por un sistema de “dirección económica” y “contabilidad económica” de cada una de las unidades productivas (véase este folleto, págs. 5-18). Al no poder introducir la economía de mercado, a causa de las relaciones de fuerza entre las clases, los revisionistas basaron su planificación en los precios heredados de la fase anterior, en la cual desempeñaban un papel social distinto al del índice de los costes de producción (véase J. Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS, 1952; reproducido en parte en Rapporti Sociali nº 3, pág. 22 y siguientes). Este compromiso entre intereses de clase contrapuestos ha contribuido no poco al marasmo económico al que la dirección de los revisionistas modernos ha arrojado gradualmente a los países socialistas.

¿Es el precio de mercado un índice real de los recursos naturales y humanos empleados en la producción, determinado por el concurso impersonal de una multitud de actores independientes entre sí? ¡No, absolutamente no! En la sociedad burguesa actual, el precio de mercado de un producto y de un recurso natural tiene su origen en su valor de cambio (la cantidad relativa de tiempo de trabajo humano simple empleada en la producción – véase El Capital, libro 1, secc. 1. , que describe la producción mercantil simple) a través de la mediación de la renta (ver El Capital, libro 3, secc. 6), del capital que produce interés (ver El Capital, libro 3, secc. 5), de la nivelación de la tasa general de ganancia (ver El Capital, libro 3, secc. 2, cap. 10), del capital financiero, del monopolio, del capitalismo de Estado (que es la condición en que el Estado, o sea, los capitalistas asociados bajo la dirección de los más fuertes, a través de medidas fiscales, aduaneras, monetarias, crediticias, comerciales, de gasto público y de servicios públicos, “crea” con instrumentos políticos el ambiente económico en el que los capitalistas “libres” operan para realizar la valorización de su capital) y de la competencia. El precio de mercado es un índice real para el capitalista que emplea su dinero para multiplicarlo. La evaluación de cuánto dinero debe avanzar y de cuánto ganará sólo puede basarse en los precios de mercado, pero éstos tienen poco que ver con la cantidad de recursos empleados. Tanto es así que cada vez que quiere modificar la asignación de los recursos en términos materiales (cuánto material energético, cuánta materia prima, etc.) el Estado debe intervenir con los impuestos de consumo -aún hoy un litro de gasolina (recurso no renovable) tiene un precio de mercado inferior a un litro de vino (recurso renovable). Así, por ejemplo, cosas que implican una utilización nula o insignificante de recursos (el dinero tomado a préstamo, la protección de la mafia organizada, la contratación de un matón, los favores de un funcionario estatal, la concesión de un puesto de trabajo, etc.) tienen un precio de mercado. En cambo, no tienen precio de mercado recursos preciosos (el aire, etc.). Por poner otro ejemplo, el desastre ecológico provocado por el modo de producción capitalista es una amarga experiencia para todo el mundo.

El precio de mercado, pues, lejos de ser un índice “objetivo“ y neutro de los recursos sociales empleados, es un índice que engloba las relaciones de clase: el respeto de la propiedad de los recursos naturales, la cuota que retorna a los propietarios del dinero (tasa de interés), la posición de fuerza de los monopolios, el respeto de la propiedad intelectual, etc. La destrucción de los recursos naturales (agua, aire, suelo, bosques, etc.), determinada por la evaluación de los costes y beneficios de las iniciativas económicas desde el punto de vista de los precios de mercado, es una consecuencia inevitable del uso de este índice de evaluación de los recursos. Los índices materiales de los recursos sociales empleados en la producción (cuánta cantidad de combustible, cuántos kilogramos de acero, cuántas horas de trabajo, etc.) introducidos por la planificación socialista, por más aproximados e históricamente determinados que sean (en cuanto al tipo de recursos considerados, etc.), son la base infinitamente mejorable sobre la que los hombres asociados pueden construir gradualmente y por saltos la ciencia de la planificación de las actividades económicas a su servicio.

(17) La sociedad socialista dispone durante todo el tiempo que le sea necesario:

&nbsp – de las aportaciones de la producción mercantil: individuos y grupos que producen para vender y que adquieren los recursos y los bienes de consumo necesarios;

&nbsp – de las aportaciones de la dirección financiera en la actividad económica de cada unidad productiva y de cada individuo, a través de los instrumentos ya desarrollados por la política económica de la sociedad burguesa: precios, impuestos, créditos, etc., que la autoridad establece o controla y dentro de cuyos límites cada individuo decide lo que cree más ventajoso para él.

Allí donde la planificación todavía no puede aplicarse de manera eficaz, la sociedad socialista recurre a los procedimientos que la sociedad capitalista ha desarrollado ampliamente, hasta su máximo nivel (el capitalismo de Estado y el sistema monetario internacional) y hace un uso limitado, controlado y controlable de ellos.

Obviamente, en la medida en que en los países socialistas sobreviven actividades económicas privadas (individuales o de grupo), los productos deben tener un precio de venta. Este precio está sometido a algunas leyes objetivas. Pero esto se genera una contradicción entre el papel desempeñado por los precios y el hecho de que éstos se reducen a ser un instrumento de regulación de la circulación de los bienes de consumo individuales realizada en el marco de la economía planificada.

Además, el intercambio entre países, en tanto se realiza sobre la base de las relaciones comerciales y no todavía en el marco de una planificación mundial, introduce también una contradicción suplementaria en la economía socialista planificada.

A este respecto, véase J.V. Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS, 1952; reproducido en parte en Rapporti Sociali nº 3, pág. 22 y siguientes.

(18) Cada decisión, por tanto cada cuestión sujeta a error, es objeto de lucha entre las dos clases, las dos vías y las dos líneas, por cuanto favorece u obstaculiza más o menos la transformación. Los errores son inevitables. Cada error obstaculiza la transformación (¡por ello es un error!); sin embargo, sólo acumulando los errores y convirtiéndolos en un sistema orgánico es como se convierten en una línea contraria a la transformación y favorable a la restauración.

(19) Sobre las limitaciones al desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo humano y de las fuerzas productivas en general, véase Rapporti Sociali n. 3, pág. 13 y siguientes, y Rapporti Sociali nº 9/10, pág. 3, nota 2.

(20) La historia de la construcción del socialismo en la Unión Soviética se compone de las siguientes fases sucesivas y distintas en la lucha de clases:

– las revoluciones de 1917;

– la guerra civil y la lucha contra la agresión de los Estados de la Entente (1918- 1921), la Nueva Política Económica (NEP) y la reconstrucción (1921-1927);

– la colectivización de la agricultura (1927-1933);

– los planes quinquenales (el primero de 1928-1932, el segundo de 1933-1937, el tercero iniciado en 1938 y después interrumpido por la agresión de los Estados nazi-fascistas);

– la guerra antifascista (1941-1945);

– la reconstrucción (1946-1952).

La construcción del socialismo en la República Popular China se compone de las siguientes y sucesivas distintas fases:

– la fundación de la República Popular China (1949);

– la colectivización de la tierra (1949-1955);

– el primer plan quinquenal (1952-1956);

– el segundo plan quinquenal (1957, posteriormente interrumpido);

– el gran salto adelante y las Comunas (1958-1959);

– el reajuste (1959-1965);

– la revolución cultural proletaria (1966-1976).

(21) Sólo quien tiene una concepción idealista (la comunicación de ideas e imágenes puede determinar el movimiento de la sociedad en lugar de los factores económicos y materiales), o militarista (la represión policial puede mantener en pie una sociedad, en vez de los factores materiales), como la propaganda interesada de la burguesía imperialista, puede ocultar y ocultarse los factores objetivos que conciernen al carácter de clase de la sociedad socialista y que han determinado el desarrollo económico y la victoria sobre las agresiones externas. En su breve historia, los países socialistas lo han demostrado a todo el mundo.

(22) Un ejemplo de estos arqueólogos es Rudolf Bahro, ex-dirigente de la República Democrática Alemana (RDA), que en los años 70 tuvo su momento de gloria en los ambientes de la cultura burguesa de izquierda al publicar (en 1977) La alternativa. Contribución a la crítica del socialismo realmente existente. En este libro, sostenía la tesis de que el sistema social de los países socialistas (en cuya historia no hacía ninguna distinción de fases) era… despotismo asiático. ¡Lástima que no pudiera reconocer elementos esenciales y reconocibles de ese modo de producción, como las innumerables pequeñas economías locales cerradas y casi autosuficientes!

Otro ejemplo es el de los defensores del lugar común que presenta a los países socialistas como países de capitalismo de Estado. ¡Extraño capitalismo de Estado sin capitalistas! En efecto, si a la categoría de capitalismo de Estado le seguimos dando un contenido científico (o sea, históricamente determinado) y rechazamos transformarla en una categoría moral equivalente, a grandes rasgos, a una “sociedad autoritaria y malvada“, ¿cuál es la esencia del capitalismo de Estado? La sociedad burguesa alcanza el estadio del capitalismo de Estado cuando éste, con su política económica (fiscal, aduanera, monetaria, crediticia, comercial, de gastos y de servicios públicos, etc.) “dirige” a los empresarios capitalistas, cada uno de los cuales es libre de buscar la mejor valorización de su capital en el ámbito del ambiente económico creado, al menos en parte, por el Estado con las medidas antes indicadas. Una sociedad en la que se verifica esto presupone evidentemente la existencia de capitalistas como propietarios de los medios de producción y detentadores de la iniciativa económica y la existencia del Estado como “capitalista colectivo”, o sea, la asociación de capitalistas o, mejor, de los grupos capitalistas dominantes que así defienden e imponen sus propios intereses. El capitalismo de Estado se ha formado históricamente como “superestructura” del capitalismo. ¿Tiene esto algún parecido, por ejemplo, con la Unión Soviética tras el período de la NEP y de la colectivización del campo o con otros países socialistas? Si así fuese, la introducción de la economía de mercado y del capitalismo no sería la empresa difícil, si no desesperada, que se presenta aún hoy a los capitalistas después del hundimiento de los regímenes revisionistas.

Si se estudia la historia de algunos países cuya estructura económica había alcanzado el estadio del capitalismo de Estado en el momento en el que la superestructura del capitalismo de Estado se hundió junto a sus respectivos Estados (como Alemania, Francia e Italia al finalizar la II Guerra Mundial), se puede entender con claridad el carácter de esa superestructura llamada capitalismo de Estado y su relación con el capitalismo tradicional. Comparando esas situaciones con la actual de la Unión Soviética y de los países de Europa Oriental, se revela claramente la diferencia sustancial de situaciones. En las primeras, el derrumbe de la superestructura (del capitalismo de Estado) ha puesto al descubierto la base sustentadora del viejo capitalismo, que ha retomado su trabajo de reconstrucción de las superestructuras que le eran necesarias. En las segundas, el derrumbe de los regímenes revisionistas ha puesto al desnudo ante las narices de los que mantienen la ecuación “países socialistas-capitalismo de Estado” el problema de construir un capitalismo que no existe.

El origen real de esta comparación está en la psique de sus formuladores. Ellos han hecho el siguiente trayecto “lógico”: 1. la actual sociedad de los países socialistas es malvada, por tanto, no es socialista sino capitalista; 2, sin embargo, puesto que no existen capitalistas y los medios de producción son propiedad pública, sólo puede ser capitalismo de Estado. Dejemos que el lector juzgue la calidad científica o la seriedad de este “razonamiento”.

(23) No entran aquí, pues, las diferencias de fuerza, de inteligencia, de sexo, etc., con las que algunos tratan de sembrar la confusión y presentar como una caricatura o utopía nuestra lucha por la igualdad, la cual no sólo se plantea y hace posible sino es necesaria para el carácter colectivo de las fuerzas productivas y para el carácter unitario, a nivel mundial, del proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de existencia.

El hecho mismo de que sea el trabajo que los trabajadores efectúan el que les sitúa colectivamente en una condición social antes que en otra, el que crea, pues, la desigualdad social, confirma que esta condición no está determinada por las características físicas, intelectuales y morales de cada individuo. Por ejemplo, el aislamiento de un pastor de las relaciones sociales, es consecuencia de su trabajo y no de sus cualidades personales. La división no se establece entre individuos robustos y débiles, entre individuos inteligentes e individuos tontos, etc., sino entre los trabajadores que efectúan un determinado tipo de trabajo y los que realizan otro.

(24) Sobre el carácter de clase de las divisiones después mencionadas, véase también la nota 13 de este artículo.

(25) Esta tesis excluye la tesis de las “naciones proletarias“, así como toda otra formulación y nuevo planteamiento de esta tesis. La contradicción burguesía/proletariado divide a cada país en dos. Como la experiencia histórica ha demostrado, no obstante esta contradicción, que es la contradicción principal desde el punto de visita de la época, puede transformarse, en determinadas fases concretas del proceso de desarrollo de un país concreto, en contradicción secundaria, cediendo a otra el puesto principal. El ejemplo clásico es el paso de la contradicción burguesía/proletariado a contradicción secundaria en China durante el período 1936-1945 en el que cedió el papel de contradicción principal a la contradicción pueblo chino/imperialismo japonés.

Esta tesis se opone a las líneas adoptadas por algunos grupos políticos de los países imperialistas que definen como contradicción principal la contradicción entre el proletariado y los trabajadores autónomos (por ejemplo, la “línea anti-tenderos” de Lucha Comunista) o la contradicción entre trabajadores del sector privado y trabajadores del sector público (como en estos meses hacen aquí los sindicatos del régimen).

(26) Por esto, debemos hablar, en el caso de cada una de estas contradicciones, aunque ninguna de ellas se identifique con la contradicción burguesía/proletariado, de lucha entre dos clases, dos vías y dos líneas (es decir, entre burguesía y proletariado, entre vía al capitalismo y vía al comunismo, entre línea burguesa y vía proletaria). Véase al respecto también la nota 13 de este artículo.

(27) Los que no reconocen que la sociedad socialista es una sociedad plagada de contradicciones se dividen en dos grupos:&nbsp

– los desviacionistas de derecha, que afirman que no existe división de clases ni lucha de clases. Estos tratan de consolidar en cada contradicción el polo dominante y son partidarios de la consolidación de la fase alcanzada en lugar de su desarrollo y superación sucesivos. Por consiguiente, trabajan consciente o inconscientemente en favor de la restauración de las relaciones capitalistas de producción.

– los desviacionistas “de izquierda“, niegan también que exista división de clases y lucha de clases. Estos pretenden saltar el proceso de superación por etapas de las contradicciones y rechazan seguir y dirigir el movimiento concreto de las contradicciones. Rechazan dirigir la lucha que es, sin embargo, el único medio a través del cual el polo hoy más débil puede transformarse en el más fuerte. Son partidarios del igualitarismo absoluto e inmediato, de la abolición inmediata del Estado y de los cargos dirigentes, de la emancipación de las clases oprimidas “desde arriba” gracias a dirigentes iluminados, a “héroes”.

Un ejemplo que sirve de gran enseñanza y que muestra el error de los desviacionistas de “izquierda” es el hecho de que, cuando en 1950 el Ejército Popular de Liberación chino liberó el Tibet, el nuevo poder no abolió de golpe y por decreto la esclavitud en la que monjes (también propietarios terratenientes) mantenían a los trabajadores. En lugar de esto se dedicó a promover las condiciones para que los esclavos desarrollasen la lucha de clase contra sus amos hasta derrotarles. Los desviacionistas “de izquierda” no entienden que a veces un paso imprudente hacia delante puede llevar a retroceder o, viceversa, que a veces un paso atrás es la base necesaria para avanzar.

En la práctica, las dos desviaciones debilitan la lucha que es necesario llevar a cabo para hacer avanzar la transición del capitalismo al comunismo.

(28) Véase Mao Tse-tung: Sobre la justa solución de las contradicciones en el seno del pueblo (1957).

(29) Sobre el movimiento de las contradicciones, véase Mao Tse-tung: Sobre la contradicción, en Obras de Mao Tse-tung vol. 5, Ediciones Rapporti Sociali.

(30) Se trata de contradicciones que, en la sociedad burguesa, son muchas veces secundarias y están latentes. En la sociedad burguesa, se da por descontado que el personal dirigente de una fábrica sea una categoría distinta y enfrentada a los trabajadores: en la sociedad socialista, esta oposición se convierte en una aguda contradicción. Igualmente se da por descontado, que los dirigentes de las actividades económicas no respondan de sus decisiones ante los trabajadores y que éstas sean su asunto personal: en cambio, en la sociedad socialista se convierte en una aguda contradicción. Que en el ámbito del mercado capitalista el que posee recursos naturales perciba una renta de quien los quiera usar se da por descontado: en la sociedad socialista se convierte en una aguda contradicción. La lista podría continuar.

Teniendo esto en cuenta se entiende la causa material del estado de agitación y perturbación, de la heterogeneidad de ordenamientos y soluciones, de la superposición de papeles, de la permanente inestabilidad de las instituciones y de las normas, de los persistentes movimientos de masas que han caracterizado a la sociedad socialista en la primera fase de su historia, en singular contraste con la estabilidad y capacidad de resistencia demostrada ante las agresiones, el sabotaje y el bloqueo, debida a su carácter de clase, a la gran capacidad de la clase obrera de unirse y unir en torno a ella a los demás trabajadores.

En este terreno, está claro el contraste entre la primera y la segunda fase de la historia de los países socialistas. En efecto, la segunda fase se caracteriza por la búsqueda de orden, de consolidación y estabilidad, por la clara y creciente diferenciación de papeles y competencias, por la reaparición de una detallada y abarcadora definición de normativas y la uniformidad de reglamentos y soluciones, por la estabilidad de las instituciones y por la ausencia de movimientos de masas. Esto mismo en singular contraste con la ruina que estaba produciendo y el derrumbe que se gestaba.

(31) C. Marx: Crítica del programa de Gotha (1875); F. Engels: Anti-Dühring, parte 3, cap. 5 (1877).

(32) V.I. Lenin, entre otras, las obras:

Estado y revolución (1917); Las tareas inmediatas del poder soviético (1918); La revolución proletaria y el renegado Kautsky (1918); Economía y política de la época de la dictadura del proletariado (1919); Prefacio a la edición del discurso Como se engaña al pueblo con las consignas de libertad e igualdad (1919); El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo (1920); Informe sobre la sustitución del cobro de los excedentes por el impuesto en especie; Décimo Congreso del PC(b) de Rusia (1921).

(33) J.V. Stalin: Sobre el Proyecto de Constitución de la URSS (1936).

(34) J.V. Stalin: Informe al XVIII Congreso del PCUS (1939).

(35). J.V. Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS (1952), reproducido en parte en Rapporti Sociali nº 3, pág. 22 y siguientes.

(36) Véanse al respecto, entre otras, las siguientes obras: A propósito de la experiencia histórica de la dictadura del proletariado (1956); Sobre las diez grandes relaciones (1956); Sobre la justa solución de las contradicciones en el seno del pueblo (1957); El pseudocomunismo de Kruschev y las enseñanzas históricas que da al mundo (1964); La clase obrera debe ejercer su dirección en todos los campos (1968); Celebremos el Cincuentenario del Partido Comunista de China (1971); Las bases sociales de la camarilla antipartido de Lin Piao (1975); La dictadura completa sobre la burguesía (1975).

La base teórica (filosófica) para comprender justa y fácilmente estas obras se encuentra en: Sobre la contradicción (1937), en Obras de Mao Tse-tung vol.5, Ediciones Rapporti Sociali.

(37) El caso más ilustre es el de Fidel Castro. Sin embargo, a este grupo pertenecen también algunos otros dirigentes de los movimientos revolucionarios de países del Tercer Mundo. Para algunos de ellos, uno de los motivos de su alineamiento junto a los revisionistas modernos es el de aprovechar las oportunidades que la política (burguesa) de gran potencia mundial, llevada a cabo por el Estado soviético y por sus aliados del COMECON en competencia con el Estado imperialista norteamericano y sus aliados, parecía ofrecer a los movimientos revolucionarios de las semicolonias. Hoy, éstos se encuentran ante los efectos del derrumbe de esa política de gran potencia y están particularmente expuestos a los renovados ataques del imperialismo en el plano económico, político y militar.

Para evitar malentendidos subrayamos que el reconocimiento de este papel negativo, de apoyo a los revisionistas modernos en el contexto del movimiento revolucionario mundial, no anula el papel positivo que el movimiento revolucionario de las semicolonias ha tenido en el movimiento revolucionario mundial y, ni mucho menos, el papel positivo que tiene la resistencia actual de estos movimientos revolucionarios ante la renovada y cada vez más arrogante agresión del imperialismo. Ahora que el revisionismo moderno está en crisis y con ello su política de gran potencia, los movimientos revolucionarios de las semicolonias se encuentran objetivamente ante una encrucijada ineludible: ceder ante el imperialismo o resistir y llevar adelante la revolución, basándose en sus propias fuerzas, en el movimiento revolucionario mundial y en las contradicciones del campo enemigo.

En el pasado, algunos movimientos revolucionarios de las semicolonias han creído que podían manejar al revisionismo moderno; por el contrario, ha sido el revisionismo moderno el que los ha manejado ellos para engañar a los trabajadores. En nuestro caso, basta ver la energía que se ha restado a la actividad revolucionaria para llevar a cabo estériles y supuestas operaciones de apoyo a esos movimientos revolucionarios.

(38) Un caso ilustre de este grupo es C. Bettelheim. Este, en su obra Lucha de clases en la URSS (escrita entre 1974 y 1980), llega a la conclusión que la Revolución de Octubre era una revolución… burguesa y que el régimen social de la Unión Soviética era capitalismo de Estado. Con respecto a esta tesis nos remitimos a todo lo dicho en la nota 22 de este artículo.

En cuanto a los grupos partidarios de Bordiga hasta Lucha Comunista, etc., para estos presuntos leninistas y seguidores del Lenin (que elaboró la teoría general y universal, según la cual, las revoluciones antiimperialistas de liberación nacional de la época imperialista forman parte de la revolución proletaria mundial y la línea de alianza del proletariado con el campesinado en los países imperialistas y con los pueblos de los países oprimidos), todas las revoluciones de nuestra época son…, según ellos, burguesas: ¡amén!

(39) En el bagaje ideológico de la burguesía, además del idealismo, también se encuentra el materialismo mecanicista. Según los teóricos de esta escuela, la estructura de la sociedad determina de manera unívoca y directa todo lo que sucede, paso tras paso. Si el revisionismo moderno ha tenido éxito es que sólo podía ser así. O sea, que el avance hacia el comunismo era imposible. Esta concepción, aparentemente tan “marxista”, revela su estrecha afinidad con la tesis que los burgueses proclaman exultantes: “¡El comunismo ha fracasado porque es contrario a la naturaleza humana!”. Efectivamente, el comunismo es contrario a la naturaleza humana… del capitalista. En cuanto a la naturaleza humana del proletario, al menos se debería observar que ésta se encuentra desgarrada y es esquizofrénica: si es cierto que no avanza hacia el comunismo, es igualmente cierto que se rebela persistentemente contra el capitalismo. Los marxistas afirman que lo que los metafísicos (tanto idealistas como materialistas) llaman naturaleza humana está históricamente determinada por las relaciones de producción a las que los hombres están ligados y refleja en sí mismo el carácter contradictorio de las mismas relaciones de producción.

(40) Véanse al respecto:

&nbsp – en Rapporti Sociali nº 5/6: Il crollo del revisionismo moderno y Contribución al balance de la experiencia de los países socialistas en pags. 5-18 de este folleto;

&nbsp – en Rapporti Sociali nº 7: Ancora sul bilancio dell’esperienza dei paesi socialisti y Democrazia y socialismo;

&nbsp – en Rapporti Sociali nº 8 y en las pags.19 -31 del presente folleto: La restauración del modo de producción capitalista en la Unión Soviética.

(41) Vale la pena señalar que los revisionistas modernos descuidaron de forma particular y descarada la reducción del trabajo manual permitida por el desarrollo tecnológico, con absoluto desprecio por la fatiga y las condiciones de trabajo insalubres a los que seguían condenados millones de trabajadores de los países socialistas.

(42) En la República Popular de China, la conquista del poder por parte de los revisionistas es relativamente reciente (de hace casi quince años) y es probable que aún transcurra mucho tiempo antes de que su dirección malgaste los recursos económicos y de estabilidad política creados en la fase precedente de la sociedad socialista, hasta el punto de llevar su régimen al derrumbe. Esto explica la singularidad del rumbo actual de la RPCh que la distingue claramente de otros países socialistas.

(43) La superproducción de capital genera superproducción de mercancías porque disminuye el porcentaje de capital destinado a cumplir el proceso D-M-T-M’-D’ (Dinero-Mercancías-Trabajo-Nuevas Mercancías-Más Dinero), y, por consiguiente, la demanda de nuevos medios de producción por parte de los capitalistas y de bienes de consumo por parte de nuevos obreros (empleados para hacer funcionar los nuevos medios de producción) no está en condiciones de absorber toda la oferta en la que está materializado el capital como resultado del proceso productivo. De hecho, una manifestación característica de la crisis de superproducción absoluta de capital es el crecimiento exagerado del uso financiero del capital. En cada empresa las actividades financieras (operaciones de cartera) se convierten en el sector regulador de la vida de la empresa. En la actividad económica global a nivel mundial, las operaciones financieras asumen totalmente un papel dirigente.

(44) Con relación a este tema, se puede ver en particular Rapporti Sociali nº 8, pág. 24 y siguientes y las págs.19 -31 del presente folleto

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