Sobre la experiencia histórica de los países socialistas (II)

2. Segunda fase de la historia de los países socialistas.&nbsp &nbsp

2.1. ¿Quién tiene interés en ocultar el cambio de rumbo?&nbsp

La primera fase de la historia de los países socialistas creados durante la primera crisis general de superproducción absoluta de capital y la consiguiente crisis del orden político mundial se cierran cuando los revisionistas modernos conquistan en ellos el poder: en los años 50 en la Unión Soviética y en las Democracias Populares del Este de Europa y en los años 70 en la República Popular China. Entonces se produce el comienzo de la segunda fase. Esta se caracterizaba por el abandono de la política sistemática de limitación y eliminación de las actividades económicas residuales de carácter mercantil y capitalista, de represión de los elementos antisocialistas, de promoción y generalización de los gérmenes de comunismo, de movilización de las masas (en las organizaciones de masas y en los movimientos prácticos generales) para transformar la sociedad por medio de su actividad directa y de asociación de los promotores del comunismo en la dirección del movimiento económico, político y cultural de la sociedad.&nbsp

En los años 50, en tiempos del XX Congreso del PCUS y de las reformas introducidas siendo Kruschev secretario general del PCUS, la burguesía armó un gran revuelo en torno al cambio de rumbo realizado en la Unión Soviética y en las Democracias Populares de Europa Oriental. Hoy, por el contrario, ha instaurado el olvido. La burguesía es contraria a distinguir en la historia de los países socialistas la segunda fase de la primera. La burguesía tiene mucho interés en presentar a las masas la actual degradación de los países socialistas y el derrumbe de los regímenes de los revisionistas modernos como “el fin del comunismo”. Para hacer esto debe ocultar el viraje de los años 50 y presentar la historia de los países socialistas como un todo único, desde 1917 a 1989.&nbsp

También adoptan la misma posición:&nbsp

– los revisionistas modernos de todo el mundo que, obviamente, no pueden resaltar que en los países socialistas se ha producido un viraje anticomunista que es también el suyo:&nbsp

– algunos dirigentes del movimiento revolucionario que, por varios motivos, no han querido reconocer nunca el revisionismo moderno como línea de restauración gradual y pacífica del capitalismo (37) , ni mucho menos combatirlo;&nbsp

– una serie de grupos desviacionistas (entre nosotros, los bordiguistas y “Lucha Continua”, etc.) que han negado siempre el carácter socialista de las revoluciones de nuestro siglo y continúan contorsionándose para “dar una definición” de los países socialistas sobre la base de sus esquemas, en los que los países socialistas, a decir verdad, entran con dificultades (38) .&nbsp

2.2. ¿Cómo los revisionistas modernos han podido tomar el poder?&nbsp

La respuesta a esta pregunta está en las contradicciones específicas de la sociedad socialista que hemos puesto de manifiesto al abordar la primera fase de su existencia. Estas contradicciones, como hemos mostrado antes, tenían carácter de clase y su movimiento incluía necesariamente la posibilidad de que los errores cometidos por los comunistas en el tratamiento de las mismas se convirtieran en sistemáticos, hasta constituir una línea de restauración del capitalismo y de asfixia de los gérmenes de comunismo, hasta que, por tanto, la sociedad socialista tomase la vía de restauración del capitalismo y los promotores de ésta asumiesen la dirección de la sociedad. Una contradicción existe hasta que cada uno de los polos que se oponen entre sí esté en condiciones de imponerse. Negar que en una sociedad socialista los promotores de la restauración del capitalismo pueden imponerse equivale a negar que en la sociedad socialista existe la lucha de clases, contradicciones y conflictos de clase, o sea, equivale a abrazar la tesis en la que se apoya el revisionismo moderno. Mao Tse-tung, en los años 70, afirmaba que todavía no estaba decidido si China se convertiría en un país comunista o en un país fascista.&nbsp

Los revisionistas modernos sacaron provecho:&nbsp

– de la escasa conciencia de los comunistas en cuanto a la existencia y a la naturaleza de la lucha de clases en la sociedad socialista (Los revisionistas modernos se presentaron siempre como comunistas, ¡incluso Kruschev llegó a elaborar un plan para pasar directamente al comunismo en veinte años!): ésta es una característica que distingue la segunda de la tercera fase de la historia de los países socialistas, en la que la misma clase dirigente formada en la segunda fase está obligada finalmente a descubrir su verdadera catadura anticomunista;&nbsp

– de los errores políticos de derecha y de “izquierda” cometidos por los comunistas: en los criterios de selección y de formación de los miembros del partido comunista y de los dirigentes de los organismos políticos, económicos y culturales de la sociedad socialista y de las organizaciones de masas; en el trabajo por la unidad entre el partido comunista y las masas; en el tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo; en la tarea de unir a la mayoría de los trabajadores en torno a la línea de avance hacia el comunismo; en el aislamiento, neutralización y transformación de la minoría de partidarios de la restauración y de los promotores de la vía capitalista; en la limitación y eliminación de las supervivencias de la sociedad capitalista y en la represión de los elementos antisocialistas; en la combinación, con una táctica apropiada, de los intereses estratégicos con los intereses inmediatos de las masas, etc.;&nbsp

– del apoyo económico (comercial y financiero) que les dieron los imperialistas (el sistema capitalista atravesaba por un período de recuperación y desarrollo);&nbsp

– del apoyo que los grupos sociales que se oponían al avance hacia el comunismo les ofrecieron frente a todas las contradicciones de la sociedad socialista. Estos grupos, que inevitablemente existen en toda sociedad socialista como supervivencias de la vieja sociedad y como producto de la existencia y de la fuerza residual del imperialismo a nivel internacional, no pueden ser eliminados de golpe. Es el tipo de dirigentes y de elite que la sociedad socialista hereda y que ésta, para proseguir su curso, debe combatir, limitar, reprimir y transformar; son grupos que no están a gusto con la sociedad socialista, con sus movilizaciones y procesos. Los revisionistas aseguraron a estos grupos apoyo, estabilidad y privilegios de todo tipo;

– de la prudencia de la que han dado muestras al atacar gradualmente las conquistas prácticas logradas por las masas trabajadoras: en algunos casos los dirigentes revisionistas modernos recurrieron directamente a la corrupción económica, convirtiéndose en promotores de medidas económicas inmediatas en favor de las masas que a la larga provocarían el caos económico, contraponiendo de esta forma los intereses inmediatos de las masas a sus intereses estratégicos. Los revisionistas nunca se apartaron de su programa de restauración gradual y pacífica del capitalismo, arriesgándose a no restaurar nada.&nbsp

Algunos objetan que se trata de “explicaciones políticas, superestructurales” y, por tanto, no satisfactorias o incompletas y reclaman explicaciones estructurales de la conquista del poder por parte de los revisionistas modernos en casi todos los países socialistas.&nbsp &nbsp

En nuestra opinión, esta pretensión nace de una mala comprensión de la relación entre estructura y superestructura, entre economía y política. La estructura debe hacer posible, contener en ella, la posibilidad de las dos vías. Cuando ésta contiene en sí misma esa posibilidad (y antes hemos mostrado que la contiene), la primacía de una vía antes que de la otra es principalmente una cuestión superestructural, política, que se decide mediante el enfrentamiento entre las fuerzas políticas, las fuerzas subjetivas.&nbsp

La estructura no decide unívocamente las cuestiones superestructurales. Creer que la estructura decide unívocamente la superestructura, o sea, que la estructura permite una sola vía de desarrollo, quiere decir que se concibe la relación entre estructura y superestructura como una relación mecánica y determinista de causa a efecto, mientras que, por el contrario, es una relación dialéctica. Estructura y superestructura constituyen una unidad de opuestos (una contradicción) y, como en toda contradicción, en el curso de su movimiento, el elemento determinado (secundario, derivado) puede transformarse en ciertas circunstancias en el elemento principal y determinante.&nbsp

Si no se acepta esta tesis, no sólo no se comprende el motivo de la victoria de los revisionistas modernos, sino que ni siquiera se comprenderá porqué en la primera mitad de este siglo las fuerzas subjetivas de la revolución socialista vencieron en el Imperio ruso y chino, pero no en EEUU y en los países de Europa Occidental. Más en general, no se comprende nada y no se reconoce de ningún modo la lucha de clases en la fase imperialista. En realidad, la característica de esta fase es que, estando ya reunidas las condiciones objetivas de la sociedad socialista, son las condiciones subjetivas, la capacidad de las fuerzas subjetivas de la revolución para hacer triunfar la revolución socialista, las que pasan a ser el factor principal que decide su instauración y avance concreto.

En la base de la pretensión, aparentemente muy materialista y marxista ( “más marxista no se puede ser”), de reducir el éxito de los revisionistas modernos a causas estructurales que lo habrían hecho inevitable, se encuentra la vieja y podrida concepción con la que, desde 1917 hasta nuestros días, los socialdemócratas y oportunistas de toda laya (desde Kruschev a Bujarin y Liu Shiao-chi) se han opuesto a la revolución socialista, a la conquista del poder por parte del proletariado, a la instauración de la dictadura del proletariado, a los sucesivos saltos adelante en la transición: siempre en nombre de un tránsito del capitalismo al comunismo que debía “venir de por sí”, por causas “objetivas“ , sin “forzar políticamente las cosas” y llevar a cabo “fugas adelante” . En realidad, la tarea de la sociedad socialista consiste, en esencia, en adecuar las relaciones de producción al carácter colectivo de las fuerzas productivas. Se trata, pues, de una tarea que, dado el carácter colectivo de las principales fuerzas productivas de la etapa imperialista, la realiza principalmente un movimiento superestructural, político, de lucha de clases y de sus respectivas expresiones políticas. Las vicisitudes de la sociedad socialista (avances y retrocesos, victorias y derrotas) tienen su fuente principal en la superestructura, al igual que pertenecen principalmente a ella los medios que la burguesía utiliza para proteger las relaciones capitalistas de producción y oponerse al avance del comunismo (39) .&nbsp &nbsp

2.3 ¿En qué consiste el cambio de rumbo emprendido por los revisionistas modernos en los países socialistas?&nbsp &nbsp

Una completa descripción de la dirección impresa por los revisionistas modernos al movimiento económico y político de las sociedades socialistas, se encuentra en los escritos de Mao Tse-tung o inspirados por él, indicados en la nota 36 de este artículo. En particular en los dos escritos: A propósito de la experiencia histórica de la dictadura del proletariado (1956) y El pseudocomunismo de Kruschev y las enseñanzas históricas que da al mundo (1964). También en Rapporti Sociali hemos ya tratado amplia y detalladamente la naturaleza de la dirección que los revisionistas modernos imprimieron a los países socialistas (40) . Nos limitamos, pues, a resumir los puntos principales.&nbsp

En lo que respecta al movimiento económico y político propio de las sociedades socialistas, el cambio emprendido por los revisionistas modernos se resume en la tesis de que en los países socialistas ya no existen contradicciones de clase y, por tanto, ya no hay lucha de clases.&nbsp

Esto en la práctica ha querido decir:&nbsp

– partido “de todo el pueblo”, en vez de partido comunista: supresión definitiva de las medidas dirigidas a promover la presencia de obreros en el partido; eliminación de las periódicas movilizaciones de las masas para la verificación de los miembros del partido (lo que la propaganda burguesa llamaba “purgas“); fin de la admisión al partido basada en la adhesión al programa comunista y en su verificación práctica, así como en la capacidad de unirse a las masas; eliminación de las normas sobre la vida partidista interna que favorecían el carácter de vanguardia comunista del partido (autocrítica, etc.); apertura de éste a elementos de clases hostiles al comunismo, a arribistas, especuladores y a los que querían hacer carrera. El partido se transforma gradualmente en el partido de los dirigentes estatales, de los dirigentes de las unidades productivas, de los oficiales de las FFAA, etc., confiándole exclusivamente la tarea de hacer cumplir las directivas estatales y promover el desarrollo económico. Al mismo tiempo, se reprime y elimina su papel principal: el de promover y dirigir la lucha de clase del proletariado.&nbsp

– Estado ”de todo el pueblo”, en vez de dictadura del proletariado: eliminación de las campañas periódicas de masas de verificación de los funcionarios; estabilización del cuerpo de funcionarios y en general de todo el aparato dirigente económico y político como cuerpo fijo (casta autoreproductora) en la sociedad, desligado de los movimientos de las masas y seleccionado en base a la fidelidad a los jefes en vez de sobre la base de la capacidad de movilizar a las masas; el fin de las movilizaciones de masas como medio de transformación social y de las organizaciones de masas como instrumento de participación creciente de las mismas en el poder; reducción del papel de las organizaciones de masas a simples ejecutoras de la política del Estado y a instrumento de control y represión de las masas;&nbsp

– consolidación y ampliación del carácter mercantil de la producción (precios y autonomía financiera de las fábricas); transformación gradual de la planificación mediante la supremacía de los grupos económicos y unidades productivas más fuertes e imposición de las iniciativas económicas que mejores beneficios reportan en el mercado capitalista mundial y que mejor responden a los intereses de los grupos imperialistas; desatención de las condiciones de vida de las masas y degradación de las instituciones sociales que las determinaban (red de distribución al por menor, escuelas, instituciones sanitarias, recreativas, culturales y deportivas, etc.); negligencias, en particular, en cuanto a las condiciones de vida y de trabajo de los grupos más débiles y menos importantes desde el punto de vista de la producción y de la estabilidad política (nacionalidades atrasadas, mujeres, trabajadores manuales, etc.) (41) ; eliminación de la obligación de cada ciudadano a realizar un trabajo socialmente útil; restablecimiento de la propiedad intelectual (derechos de autor, colaboraciones, profesiones liberales, etc.); tolerancia con respecto a las rentas que no proceden del trabajo (especulaciones, intermediaciones, tráficos, intereses sobre el dinero, rentas de la propiedad inmobiliaria e intelectual, etc.); ampliación de los privilegios y poderes de los altos funcionarios, de los dirigentes, de los trabajadores especializados y de los especialistas, etc.;&nbsp

– la competición económica, entre la URSS y EEUU y, posteriormente, la competición política y militar con el imperialismo yanqui como política de gran potencia en lugar de la lucha de clases y de la lucha antiimperialista de liberación nacional. Esta competición política y militar alcanzó poco a poco su cenit bajo la dirección de Breznev, cuando los revisionistas modernos trataron así de consolidar políticamente su régimen: por un lado, buscando el apoyo, a nivel interno, de los grupos cuyos intereses (rentas, prestigio social, privilegios) eran reforzados y ampliados por la política de gran potencia, y, por otro, creando en el extranjero una red de clientes;&nbsp

– conexión económica (comercial y financiera) con el sistema capitalista mundial en lugar de promover la movilización de los recursos internos, la lucha de clases y el internacionalismo proletario (colaboración económica entre los países socialistas).&nbsp

Siguiendo esta orientación, los revisionistas modernos crearon gradualmente un sistema que se basaba en una colusión entre ”empresarios libres” (empresarios privados, especuladores, intermediarios, contrabandistas, consultores, profesionales liberales, productores autónomos, etc.), dirigentes de los organismos del Estado que les protegían en sus negocios, legales e ilegales, a cambio de regalos y sobornos y dirigentes de las organizaciones económicas públicas que utilizaban los recursos de la economía colectiva para su propio enriquecimiento personal y para favorecer a los ”empresarios libres”.&nbsp

El resultado de la línea adoptada por los revisionistas modernos (enarbolada por ellos como medio para acelerar el desarrollo económico de los países socialistas y mejorar las condiciones de vida de las masas) fue: el estancamiento económico de los países socialistas como resultado de la parálisis recíproca de las dos clases fundamentales; el atraso tecnológico en los sectores destinados a la satisfacción de las necesidades de las masas; la ampliación de las disparidades en las condiciones de vida; la acentuación creciente de la diferencia entre los trabajadores intelectuales y manuales con el consiguiente reforzamiento de sus papeles respectivos; la degradación y ruina de las instituciones sociales destinadas a la satisfacción de las necesidades de las masas, mediante las cuales se hacían realidad sus conquistas (distribución de bienes de consumo, la enseñanza, la sanidad, transportes, etc.); el debilitamiento del sistema político en claro contraste con la estabilización del aparato que presidía las actividades políticas; la inversión de la relación preexistente entre países socialistas y países imperialistas: ya no eran estos últimos los que temían el contagio de los primeros, sino a la inversa.

Tomad una sociedad socialista y poned en la dirección de sus unidades productivas, a la cabeza de los organismos estatales y de las organizaciones de masas, a individuos que están convencidos de que las masas son, en el mejor de los casos, un instrumento pasivo de la vida social, a individuos que buscan sobre todo su enriquecimiento personal o utilizar los recursos de la economía socialista y las prerrogativas de la autoridad en su beneficio personal. ¿Existen en la sociedad socialista hombres semejantes? Sí, inevitablemente. No sólo existen, sino que son los ejemplos más representativos del personal dotado de experiencia de dirección, y depositario del patrimonio cultural y técnico que la sociedad socialista hereda de la sociedad burguesa. Este personal, en la sociedad burguesa, debe, de manera vital, estar motivado principalmente por su propio provecho y embebido de menosprecio hacia las masas o, en el mejor de los casos, de una actitud paternalista hacia ellas. Es incluso inevitable que en la sociedad socialista se reproduzcan individuos de este tipo, dadas las características y contradicciones de la vieja sociedad que en ella todavía se mantienen. Esas pueden limitarse si se las combate, pero no pueden eliminarse más que mediante un proceso gradual y tras un prolongado período de tiempo. Individuos similares existen, pues, en la sociedad socialista; así como existen, por otra parte, individuos entregados a la causa del comunismo e individuos que luchan intrépidamente por su triunfo.

Supongamos que se sitúa o mantiene en puestos dirigentes a individuos del primer tipo citado y que su labor no sea contrarrestada. ¿Qué resultará, inevitablemente, del predominio de tales individuos? Los resultados serán:

&nbsp &nbsp -la alianza entre estos individuos y todos los promotores de actividades económicas privadas (especuladores, contrabandistas, traficantes, intermediarios, productores autónomos, profesionales liberales, etc.);

&nbsp &nbsp -una red de complicidades y de corrupción que unirá a los dos grupos;

&nbsp &nbsp -el relajamiento de toda disciplina y la desmoralización entre los trabajadores que ven día tras día la inutilidad de sus esfuerzos y que para hacer frente a sus necesidades se ven empujados a recurrir a subterfugios y a establecer todo tipo de conexiones con la red de complicidad y corrupción antes indicada;

&nbsp -la ruina progresiva de la estructura económica, ya que los dirigentes no se preocupan de que funcione, sino de sacar de ella todo el provecho que pueden;

&nbsp -la interrupción del desarrollo tecnológico en el que los trabajadores ya no están interesados porque para ellos ya no supone ninguna ventaja, al igual que tampoco están interesados en ello los dirigentes. Estos sólo se preocupan de sacar el mayor provecho personal posible de la situación existente;

&nbsp -la transformación de las organizaciones de masas en una red de complicidad, corrupción y represión.

La ambición de los dirigentes y de los especialistas crecerá al mismo tiempo que su impunidad. Pero esto no llevará a mejorar el funcionamiento de las estructuras económicas. Precisamente porque éstas tienen todavía como finalidad y están todavía organizadas para la satisfacción de las necesidades individuales y sociales de las masas y no para el enriquecimiento personal (como, por el contrario, sucede en la sociedad capitalista donde la búsqueda personal del máximo beneficio puede conducir, en determinadas circunstancias, a un marcado aumento de la productividad). Los nuevos ricos se enriquecen, no en base al buen funcionamiento de las estructuras productivas, sino a la ruina y el mal funcionamiento de éstas. El proceso continuará mientras que la ruina no llegue a comprometer de manera amplia la producción y reproducción de las condiciones materiales y todas las relaciones sociales que éstas requieren. El régimen de los revisionistas modernos, basado en el intento de restauración pacífica y gradual del capitalismo, estaba destinado, pues, al hundimiento.

Los recursos y la fuerza de la sociedad socialista eran aún tan elevados que se han necesitado más de treinta años para llevar la ruina a un nivel tal que provocase su derrumbe (42) .

3. La tercera fase de la historia de los países socialistas.

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3.1. Las causas del tránsito de la segunda a la tercera fase de la sociedad socialista.

La segunda fase de la sociedad socialista se cierra con el hundimiento de los regímenes instaurados por los revisionistas modernos en los países socialistas, hundimiento que comenzó a producirse en 1989. El hundimiento se produce cuando la dirección de los revisionistas modernos ha dilapidado ampliamente los recursos económicos y de estabilidad política creados en la primera fase de los países socialistas y heredados por los revisionistas modernos y gracias a los cuales sobrevivieron.

La ruina de los regímenes de los revisionistas modernos se ha acelerado a causa de la crisis general de superperproducción de mercancías generada por la crisis de superproducción de capital en la que los países imperialistas han entrado a partir de mediados de los años 70 (43) . Esta crisis les ha dado el golpe final. Los países socialistas, como consecuencia de la línea de dependencia del mercado financiero imperialista impuesta por los revisionistas modernos durante años, debían pagar intereses y reembolsar los créditos concedidos por los grupos imperialistas. Además debían adquirir en los países imperialistas los bienes que ya se habían hecho indispensables para el funcionamiento de su aparato productivo y para el consumo, en el marco de la división internacional del trabajo con los países capitalistas y de la parcial integración en el mercado capitalista mundial impuestos por los revisionistas modernos. Por tanto, al igual que los países del Tercer Mundo, tuvieron que vender con pérdidas sus productos y recursos naturales a los usureros de la especulación internacional y hacer concesiones de todo tipo a los grupos imperialistas para obtener los medios de pago que necesitaban. La carrera armamentista, implícita en la política de gran potencia y de competencia política y militar con el imperialismo yanqui perseguida por los revisionistas modernos, agravó todavía más la situación.&nbsp

¿Los revisionistas modernos habían conseguido su objetivo de restauración (pacífica y gradual) del capitalismo? No. De hecho la burguesía de los países socialistas se plantea todavía hoy la tarea de introducir la economía de mercado, reducir a los trabajadores a fuerza de trabajo que los nuevos patronos puedan comprar, asumir y despedir según sus intereses, privatizar las unidades productivas, legalizar todas las actividades económicas y paraeconómicas que ya conocemos bien en los países imperialistas (44) .

Cuando la situación se hizo insostenible debido a la labor de zapa de los revisionistas modernos fue cuando llegó la hora de ese sector de la clase dirigente que era partidario de la restauración rápida y violenta, a toda costa, del capitalismo. Este sector, ante el fracaso de la restauración gradual y pacífica y la ruina derivada de ello, había engrosado sus filas y reforzado su prestigio. Reclamaba el poder con voz cada vez más alta y arrogante. Este sector contaba también con el apoyo de los grupos imperialistas por motivos económicos evidentes (hacer realidad sus proyectos de expandir sus actividades económicas a los países socialistas) y por motivos políticos (eliminar a una gran potencia competidora).

La nueva clase dirigente que en estos dos últimos años ha tomado el poder en la Unión Soviética y en las Repúblicas Populares de Europa Oriental, es parte integrante de la vieja clase dirigente revisionista.

Su personal político (los Gorbachov, los Yeltsin, etc.) viene de las filas revisionistas y sus inmediatos predecesores o competidores (los Romanov y los Ligachov) conviven con ellos como buenos compadres.

Los nuevos empresarios que se apoderan a precio de saldo del patrimonio económico creado por los trabajadores, de las unidades productivas y comerciales, y abren otras nuevas son:&nbsp

– los viejos dirigentes de unidades productivas y organismos estatales que en el marco de la segunda fase han acumulado riquezas individuales,

– los especuladores, los productores autónomos, los profesionales liberales, que en la segunda fase se han aprovechado bien de la amistad, de la frecuentación, de los lazos y de la complicidad con los primeros.

3.2 Las perspectivas abiertas por la tercera fase de la sociedad socialista.

El hundimiento de los regímenes revisionistas en la URSS y las Democracias Populares del Este de Europa abre en cada uno de estos países un período de lucha abierta entre las clases que confluye con la alteración del orden político mundial y de los regímenes de los países imperialistas y dependientes derivada de la crisis. Las principales fuerzas presentes son el proletariado, los grupos burgueses de los países socialistas y los grupos imperialistas extranjeros.

La esperanza de que el hundimiento de los regímenes revisionistas conlleve simple y directamente la extensión a las masas de los países socialistas, aunque sea gradual, de las condiciones conquistadas por las masas de los países imperialistas durante el período del capitalismo de rostro humano, carece de todo fundamento. En todos los países imperialistas donde habían sido conquistadas, esas condiciones son limitadas, atacadas y eliminadas día tras día, una por una. Y ello por una necesidad que se impone a la burguesía como consecuencia de la agravación de la crisis económica de superproducción de capital.

La esperanza de que los países socialistas puedan servir, como nuevo gran mercado, para resolver la crisis económica de los países imperialistas carece de todo fundamento porque la superproducción de mercancías de los países imperialistas no es más que un aspecto de la superproducción de capital. Los países socialistas pueden convertirse en un nuevo campo de expansión del capital sólo si la lucha encarnizada y violenta entre el proletariado y la burguesía se resuelve a favor de ésta y triunfe el intento de reconducir a los trabajadores a la condición de esclavos asalariados.

Los grupos burgueses locales y los grupos imperialistas sólo pueden consolidar sus propósitos y su poder si consiguen someter a la condición de esclavos asalariados a millones de trabajadores que desde hace generaciones no conocen las “delicias” del capitalismo: despidos, paro, desahucios, abundancia de mercancías y penuria de medios adquisitivos, ostentación de las diferencias de clase, inseguridad en el futuro, etc. Por otra parte, el proletariado de los países socialistas tiene una gran experiencia política y organizativa, así como un elevado nivel cultural y no se ha resignado en absoluto a renunciar a las conquistas del socialismo y, aunque esté justamente indignado por la situación a la que los revisionistas modernos le han reducido, aspira a mejorar sus propias condiciones de vida y de trabajo y su propio papel social.

No estamos en condiciones de valorar el estado de las fuerzas subjetivas de la revolución en los países socialistas ni de valorar en el futuro inmediato las perspectivas de la revolución socialista que de ellas dependen. Pero no dudamos que la resistencia de las masas será encarnizada y que no serán arrojadas pacíficamente al infierno capitalista. La misma decisión, a la que está obligada la burguesía, de restaurar el capitalismo a toda costa, sitúa en primer plano la contradicción entre ella y las masas que la línea de restauración gradual y pacífica del capitalismo enmascaraba. En el futuro inmediato, o las fuerzas subjetivas de la revolución consiguen crecer y tomar la dirección del movimiento de las masas, o las masas serán instrumentalizadas por aventureros y mercenarios a sueldo de los grupos burgueses para llevar a cabo sus guerras, enroladas bajo las más diversas banderas y lanzadas unas contra otras en nuevas guerras interimperialistas (Yugoslavia, Georgia, etc., son precedentes limitados, pero significativos).

Los grupos burgueses locales y los grupos imperialistas extranjeros, que han colaborado y colaboran para volver a imponer a los trabajadores la condición de esclavos asalariados, tienen en perspectiva intereses antagónicos: cada uno se mueve por sus intereses particulares. Esto está creando las condiciones políticas para una nueva guerra mundial, de la que ya existen las premisas económicas. Ya ahora cada grupo burgués local y cada grupo imperialista trata de coaligar sus fuerzas y reclutar adeptos, apoyándose en los elementos reaccionarios que la sociedad socialista, en su primera fase, no podía eliminar pero reprimía y en todas esas contradicciones antes indicadas (en el punto 1.2) que se han gangrenado en la fase revisionista (las diferencias nacionales, raciales, religiosas, etc.) y en la urgente necesidad de las masas de satisfacer las necesidades más elementales que los revisionistas dejaron insatisfechas.

La guerra imposible entre países imperialistas y países socialistas se está transformando en guerra posible entre grupos imperialistas. La inestabilidad del orden político mundial (en el centro del cual está la crisis de la supremacía económica de los grupos imperialistas de EEUU) y la inestabilidad política de los mayores países imperialistas están siendo enormemente alimentadas a causa de la rivalidad entre los grupos imperialistas por la conquista de los países socialistas, de la pugna entre los imperialistas con los grupos burgueses de los países socialistas y por la lucha de éstos entre sí.

Hoy nos es imposible prever cuál será el rumbo que sigan los acontecimientos, porque ello depende de las fuerzas subjetivas presentes, de las que no tenemos un adecuado conocimiento. Sin embargo, está claro que todo el movimiento material del mundo contiene en sí mismo dos únicas salidas que pueden realizarse alternativamente o bien combinarse entre ellas: guerra interimperialista o revolución socialista.

NOTAS

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(1)&nbsp La gestión colectiva sólo puede avanzar al mismo tiempo que avanza la responsabilidad individual. En esto consiste también, pues, el proceso de creación del hombre nuevo. Transformando el mundo nos transformamos a nosotros mismos. Cambiar el mundo es, al mismo tiempo, cambiarse uno mismo. “Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, la dictadura de clase del proletariado como paso necesario para la abolición de las diferencias de clase en general, para la abolición de todas las relaciones de producción en las que éstas se fundamentan, para la abolición de todas las relaciones sociales que corresponden a estas relaciones de producción y para la subversión de todas las ideas que germinan de estas relaciones sociales” (K. Marx. Las luchas de clases en Francia, cap. 3, 1850).

(2)&nbsp El estado actual de las fuerzas productivas y el desarrollo actual del proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de la existencia empujan irresistiblemente a los hombres hacia la transformación expresada por ese programa. Esto lo confirma el hecho de que en los últimos ciento cincuenta años hayan surgido en todos los países movimientos que, de manera más o menos consecuente y con métodos más o menos eficaces, se proponían la realización de dicho programa (movimientos que, cada vez que han sido golpeados o derrotados, han resurgido de sus cenizas). Al igual que lo confirman también las transformaciones que irresistiblemente se han desarrollado en la misma sociedad burguesa en base a la misma relación de capital (las formas antitéticas de la unidad social). Con relación a esto véase Rapporti Sociali nº 4, pág. 15 y siguientes.

(3) Obviamente, el estudio de los primeros y toscos intentos de creación de una sociedad socialista permite también comprender más profunda y completamente la sociedad capitalista; al igual que el estudio de la sociedad capitalista ha permitido comprender más profunda y completamente la sociedad feudal. Cada cosa se conoce a sí misma sólo frente a la negación de sí misma.

(4)&nbsp En la sociedad burguesa, existe propiedad individual (las empresas de un solo propietario, la propiedad individual de acciones y, en general, de cuotas de capital social) y también propiedad colectiva, de grupos y asociaciones de capitalistas (las sociedades anónimas, las sociedades por acciones, los trusts, los entes económicos, etc.). La propiedad individual es un carácter fundamental y esencial de la sociedad burguesa. La propiedad colectiva es un aspecto derivado de la primera, una “superestructura” de la primera (y esto niega todo tipo de fantasías sobre el capital único mundial, el ultraimperialismo, el Estado imperialista de las multinacionales: el capital se concentra y se divide continuamente). En la sociedad burguesa, la primera puede existir sin la segunda, pero la segunda no puede existir sin la primera. En ella tanto la propiedad individual como la propiedad colectiva son propiedades privadas, o sea, se relacionan entre ellas y con los propietarios no capitalistas (productores autónomos, propietarios de la fuerza de trabajo, etc.) mediante el mercado y en ello consiste el carácter privado de toda propiedad burguesa, incluso cuando el titular es una asociación colectiva general de los capitalistas, como el Estado. Véase Rapporti Sociali nº 4, págs. 15 y siguientes.

En la sociedad burguesa existen, además de distintos tipos de propiedad capitalista (individual y colectiva), la propiedad no capitalista (productores autónomos, empresas familiares, empresas cooperativas, etc.) y la propiedad de la fuerza de trabajo (individual, de los trabajadores).

(5) Este sector de las fuerzas productivas ya es, en la sociedad actual, el sector dirigente, el que determina el movimiento del resto.

(6). Véase Rapporti Sociali nº 4, pág. 15 y siguientes.

(7)&nbsp En las unidades productivas de la sociedad socialista, como en general en toda la sociedad socialista (en particular en la relación Estado/ciudadanos, en las organizaciones de masas, en la relación partido comunista/masas, en el seno del partido comunista) se desarrolla una contradicción real dirigentes/dirigidos (que veremos más adelante) que no puede ser resuelta principalmente con la buena voluntad y la buena orientación ideológica y política de los dirigentes. Esta contradicción puede llegar a solucionarse sólo a través de un proceso práctico, en el que el polo inicialmente secundario (los dirigidos) se convierte en principal transformándose por sí mismo mediante la lucha contra el polo inicialmente principal (la emancipación de la clase obrera sólo puede ser obra de la clase misma).

No obstante , en ciertas condiciones, esa contradicción no es antagónica y puede tratarse por medios pacíficos. Es la capacidad de permanecer dentro de estas condiciones lo que la sociedad socialista pide a los dirigentes de las unidades productivas como condición irrenunciable para designarlos y mantenerlos en su puesto. E incluso así es inevitable que en cada unidad productiva exista una relación conflictiva que periódicamente madura hasta resolverse por saltos (nuevos métodos de organización y de dirección, nuevos dirigentes, nuevos papeles de los trabajadores, turnos, grupos mixtos, etc.). La historia de los países socialistas aporta un riquísimo material sobre el movimiento de la contradicción dirigentes/dirigidos, trabajadores intelectuales/trabajadores manuales, trabajadores especializados/trabajadores simples, salarios superiores/salarios inferiores, etc., en las unidades productivas. El más reciente y explícito es el producido durante la Revolución Cultural en China (en parte publicado en Italia por Ediciones Oriente en periódicos como Los cuadernos y Viento del Este).

(8)&nbsp Un proceso es un acontecimiento que se efectúa en el tiempo, mediante fases sucesivas. El tránsito traumático (discontinuo) de una fase a la siguiente sucede cuando el nivel de la transformación cuantitativa en el ámbito de la fase anterior llega a un determinado punto (por ejemplo, la vida del hombre y el paso del hombre desde la infancia a la adolescencia). Un tratamiento amplio de las características del desarrollo como proceso se encuentra en Mao Tse-tung: Sobre la contradicción, en Obras de Mao Tse-tung vol. 5, Ediciones Rapporti Sociali.

(9)&nbsp En todas las revoluciones socialistas hemos podido y podemos constatar las dos cosas que hemos dicho (aumento de la participación activa de los trabajadores en la gestión de las unidades productivas y los resultados de esta participación desde el punto de vista de la producción).

(10) Una gran y ejemplar experiencia de autogestión fue la llevada a cabo por los trabajadores de la empresa LIP de Besançon (Francia) a partir del 12 de junio de 1973. Esta experiencia está descrita en el libro de C. Meldolesi: Rapporto con la LIP, ed. Lavoro Liberato. En el mismo libro son mencionadas experiencias similares, a menor escala, realizadas en esos mismos años en Italia (en Milán, Bari, Savona y Brescia).

(11) En la sociedad burguesa ya se ponen varios límites a la propiedad individual de la fuerza de trabajo: políticas demográficas, políticas educativas (de formación profesional), políticas de empleo (colocación, jubilación, límites de edad, etc.), políticas salariales (mínimos salariales, relaciones salarios/tareas, etc.), concertaciones sindicales (contratos de trabajo), legislación laboral (normas profesionales, condiciones de trabajo, etc.).

(12) Sobre el carácter de mercancía de la fuerza de trabajo y su gradual eliminación, véase Rapporti Sociali nº 0 (Don Quijote…), pág. 20 y siguientes.

(13) Como veremos mejor más adelante, la contradicción dirigentes/dirigidos en la sociedad socialista no es directamente la contradicción burguesía/proletariado. Aún así, si la sociedad socialista no desarrolla esta contradicción, no trata de manera apropiada su movimiento, no moviliza a los dirigidos para que se transformen en dirigentes, está destinada inevitablemente a conservar y reforzar el carácter mercantil de la relación entre las unidades productivas y los trabajadores (propietarios de la fuerza de trabajo), así como entre las mismas unidades productivas. Esto trae como consecuencia, como su desarrollo necesario, la conservación y desarrollo de la relación de capital y el alumbramiento de una nueva burguesía. Y viceversa, desarrollar la contradicción, tratarla apropiadamente y movilizar a los dirigidos para que se transformen en dirigentes supone llevar adelante la transición hacia el comunismo. Por consiguiente, la contradicción dirigentes/dirigidos está ligada a la contradicción burguesía/proletariado y en el tratamiento de esta con tradicción se enfrentan las dos clases (proletariado y burguesía), las dos vías (la vía hacia el comunismo y la vía hacia el capitalismo) y las dos líneas (la línea que promueve el tránsito al comunismo y la línea que promueve la restauración del capitalismo).

En cuanto al tratamiento apropiado de la contradicción, no se deduce de un deseo piadoso y vacío, sino que se atiene al hecho de que el movimiento de esta contradicción está ligado concretamente al movimiento de las demás contradicciones de la sociedad (en particular a la contradicción hombre/naturaleza y trabajo intelectual/trabajo manual). El tratamiento de esta contradicción no puede prescindir de esta conexión, a pesar de todas las aspiraciones y todos los vacíos discursos de “izquierda”.

(14) Los medios técnicos para la planificación de las actividades económicas en el ámbito local, estatal y mundial, ya son preparados en la sociedad burguesa. La planificación burguesa, ya aplicada hoy por los grandes complejos industriales entre secciones de una misma unidad productiva y entre unidades productivas que dependen de un mismo grupo financiero a pesar de que estén esparcidas por los cuatro ángulos de la tierra, ha preparado todo lo que es necesario para la planificación propia de la sociedad socialista. En general, en las formas antitéticas de la unidad social, la sociedad burguesa ha preparado todo lo que necesita la sociedad socialista para proyectar y coordinar sus actividades económicas. Estos medios deben ser liberados de las cadenas que la relación de capital les impone (están limitados por su carácter de instrumentos auxiliares de la propiedad individual y privada capitalista, como superestructuras de ésta) y deben desarrollarse en el ámbito favorable de las nuevas relaciones de la sociedad socialista. Véase Rapporti Sociali nº 0 (Don Quijote…), pág. 20 y siguientes, y Rapporti Sociali nº 4, pág. 5 y siguientes.

(15) Sobre la supresión del carácter de mercancía de los productos, véase Rapporti Sociali nº 0 (Don Quijote…), pág. 20 y siguientes.

(16) La cultura burguesa sostiene que quitando el carácter de mercancía a los productos y a la fuerza de trabajo, o sea, con la eliminación del mercado, la sociedad socialista no dispone de un índice global del coste relativo de cada uno de los recursos y de cada uno de los productos. En la planificación burguesa, ese coste relativo está constituido por su precio de mercado.

Desde 1957 (año de las primeras reformas económicas del período Kruschev) en adelante, los revisionistas modernos de los países socialistas, han apoyado constantemente la reintroducción de los precios de mercado como índices del coste relativo de los recursos y de los productos, en el ámbito de la sustitución del sistema de “dirección administrativa” heredado de la fase anterior por un sistema de “dirección económica” y “contabilidad económica” de cada una de las unidades productivas (véase este folleto, págs. 5-18). Al no poder introducir la economía de mercado, a causa de las relaciones de fuerza entre las clases, los revisionistas basaron su planificación en los precios heredados de la fase anterior, en la cual desempeñaban un papel social distinto al del índice de los costes de producción (véase J. Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS, 1952; reproducido en parte en Rapporti Sociali nº 3, pág. 22 y siguientes). Este compromiso entre intereses de clase contrapuestos ha contribuido no poco al marasmo económico al que la dirección de los revisionistas modernos ha arrojado gradualmente a los países socialistas.

¿Es el precio de mercado un índice real de los recursos naturales y humanos empleados en la producción, determinado por el concurso impersonal de una multitud de actores independientes entre sí? ¡No, absolutamente no! En la sociedad burguesa actual, el precio de mercado de un producto y de un recurso natural tiene su origen en su valor de cambio (la cantidad relativa de tiempo de trabajo humano simple empleada en la producción – véase El Capital, libro 1, secc. 1. , que describe la producción mercantil simple) a través de la mediación de la renta (ver El Capital, libro 3, secc. 6), del capital que produce interés (ver El Capital, libro 3, secc. 5), de la nivelación de la tasa general de ganancia (ver El Capital, libro 3, secc. 2, cap. 10), del capital financiero, del monopolio, del capitalismo de Estado (que es la condición en que el Estado, o sea, los capitalistas asociados bajo la dirección de los más fuertes, a través de medidas fiscales, aduaneras, monetarias, crediticias, comerciales, de gasto público y de servicios públicos, “crea” con instrumentos políticos el ambiente económico en el que los capitalistas “libres” operan para realizar la valorización de su capital) y de la competencia. El precio de mercado es un índice real para el capitalista que emplea su dinero para multiplicarlo. La evaluación de cuánto dinero debe avanzar y de cuánto ganará sólo puede basarse en los precios de

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