Sobre el Ingreso Mínimo Vital

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Enfoque Crítico pone voz al excelente artículo del compañero Duval. Artículo que encontrarás en esta dirección https://cronicadeclase.wordpress.com/2020/05/30/minimo-vital-de-que-presumis/ ;

 

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MÍNIMO “VITAL”, ¿DE QUÉ PRESUMÍS?

3.000 millones de euros es el valor de los bienes y servicios que generaba España el año pasado cada 21 horas. Como el año pasado no fue ningún año de prosperidad especial, esto quiere decir que con las capacidades de que disponemos a estas alturas del siglo XXI, a nuestro país no le cuesta ningún esfuerzo especial producir todo ese valor en menos de un día.

Pues bien, con 3.000 millones de euros van a tener que conformarse dos millones trescientas mil personas para vivir siete meses, desde junio hasta diciembre de 2020. Ello supone que van a disponer cada uno de unos 186 euros de media al mes. ¿Alguien me puede explicar por qué sacan pecho estos caraduras del gobierno al poner en marcha lo que ellos llaman un Ingreso Mínimo Vital?

Por supuesto que cualquiera de los que en estos momentos están sufriendo problemas reales para subsistir lo recibirán como caído del cielo. No seré yo quien afirme que no haré cola algún día para solicitar esa ayuda si me quedara sin trabajo y hubiera llegado a las condiciones que exigen para ser perceptor. Pero una cosa es que no me queden más recursos y otra muy distinta que le tenga que estar agradecido a estos gestores del capitalismo por hacernos vivir a casi dos millones y medio de trabajadores durante más de medio año con lo que nuestra sociedad produce en menos de un día. Ya dejó la advertencia hace 80 años Miguel Hernández: tened presente el hambre.

PSOE e IU presumían hace un año de querer situar el salario mínimo de un trabajador a jornada completa en 1.000 euros al mes. Ahora 1.000 euros va a ser la cantidad máxima a la que podrá aspirar una familia de tres adultos y dos niños que no consigan encontrar trabajo. Y no hablamos solo de un problema con el salario presente, sino también de la ruina del salario futuro de los trabajadores afectados. En el caso del trabajador activo, éste está cotizando para su pensión y para un posible desempleo. Sin embargo, el perceptor de una ayuda no contributiva no cotiza para su futuro. La patronal debe estar encantada: hemos pasado de pelear el nivel salarial como valor social de reproducción de la fuerza de trabajo, a conformarnos con que tengan a bien asignarnos el nivel de subsistencia más ramplón. La clase trabajadora ha retrocedido un siglo.

Y encima hay que aguantar el oírles refunfuñar con el supuesto “fraude” que estas ayudas van a generar. Hasta hace tres meses -cuando había trabajo- los trabajadores y trabajadoras demostraban no tener ningún escrúpulo para aceptar cualquier trabajo duro, temporal o estacional, que les permitiera llevar un ingreso suficiente a su casa. Aquellos cuyo trabajo no ofrecía la posibilidad de tele-trabajar han arriesgado su salud y la de su familia durante la pandemia con objeto de no perder sus ingresos. Ahora que los despidos masivos nos privan del trabajo, encima vamos a tener que aguantar sus estúpidas acusaciones sobre nuestra preferencia por vivir a la sopa boba de un subsidio de mierda. Pondrán como ejemplo de nuestra vagancia que no queremos ir a la recogida de no sé qué cosecha en la que nos van a tener viviendo en un barracón y meando en una lata.

Si aquí hay fraude es el de ustedes, empresarios “patriotas”. Ustedes que están enviando a los trabajadores a trabajar desde casa haciéndoles pagar todo de su bolsillo. Ustedes para los que toda actividad es imprescindible y nunca encuentran los EPI con los que proteger a sus empleados. Ustedes que han forzado a los trabajadores a coger un ERTE y seguir trabajando ocho horas. Y, si nos detenemos en este último fraude, debemos preguntarnos si no será el Ingreso Mínimo Vital la manera legal de prolongar esta sobre-explotación a perpetuidad y legalmente. Debemos aclarar que el Ingreso Mínimo Vital se puede seguir cobrando mientras trabajas, siempre que la suma no supere el total de ingresos que te descualifican. ¡Qué conveniente para el empresario! Ahora que sabe que el Estado me puede pagar, digamos, doscientos euros, ¿por qué no bajarme el salario esos doscientos euros y hacerme trabajar el mismo tiempo? Total, yo con doscientos euros no puedo vivir, y necesito que me mantenga empleado para llegar al nivel de supervivencia real. Pero no, esta forma de actuar no se va a considerar un fraude; es la manera en la que se están utilizando este tipo de ingresos vitales en todos los países en los que se han instaurado. No son una garantía de libertad para el trabajador, en realidad son una libertad para que el empresario baje los salarios por debajo del nivel de subsistencia, socializando el colchón que evita el estallido social. Son su libertad para aumentar la explotación y los beneficios en momentos de crisis.

Y es que trasladar la discusión desde el ámbito de los derechos de los trabajadores al ámbito de la beneficencia, pone las condiciones para que aún vayamos a peor. El emocionado vicepresidente Pablo Iglesias lo ha dejado claro de forma involuntaria cuando ha comparado el “hito” que han logrado al implantar el Mínimo Vital con la promulgación de la Ley de Dependencia por parte de Zapatero en 2006. ¡Menuda comparación! Se está refiriendo a una ley que se promulgó un año antes de una crisis y que no tenía ninguna financiación definida, lo que permitió al propio Zapatero y a su sucesor Rajoy pasar de ella sin necesitar siquiera su derogación. Ese es el sutil, pero transcendental cambio mental que todos ellos pretenden provocar mediante la transformación de los derechos arrancados por la clase trabajadora en meros derechos humanos. Cuando el trabajador tiene claro que está peleando por su salario, por el fruto de su trabajo, lo hace desde la reivindicación convencida, y parte desde la confrontación de clase. No importa que la pelea del momento sea por el salario directo que se lleva a casa mientras trabaja o por el salario diferido que hasta ahora percibía cuando se quedaba en paro o se jubilaba. Sin embargo, cuando piensa que solo está optando a una ayuda que le han otorgado como medida de gracia, si cierran la ventanilla delante de sus narices y le dicen que se han acabado los fondos, se da la vuelta resignado y va a mirar si queda algo en Cáritas o en el banco de alimentos. Este es el contexto en el que estas “izquierdas” están situando a los trabajadores en los primeros compases de una crisis que se percibe profunda y prolongada.

No, el Ingreso Mínimo Vital no es ningún hito en la historia de los derechos; todo lo contrario. El Ingreso Mínimo Vital es un paso más, lógico y necesario, en un proceso de degradación y desmontaje de los derechos de los trabajadores que comenzó hace cuarenta años y en el que los socios del ilusionado Pablo Iglesias han sido ejecutores cum laude. El Ingreso Mínimo Vital es lo que queda cuando te has cargado el despido nulo, has bajado las indemnizaciones por despido, has acortado y reducido la prestación por desempleo y has suprimido los salarios de tramitación; es lo que queda cuando has convertido a los fijos en temporales, has autorizado las ETTs y el tercer nivel de subcontratación; cuando has aumentado los años para calcular la pensión y elevado la edad de jubilación en un país con desempleo crónico; etc. El Ingreso Mínimo Vital es una vuelta de tuerca más en el aumento de la explotación del trabajo asalariado, ese aumento de la explotación que transforma cada vez más salario en beneficios empresariales. Esta vez con veintiuna miseras horas de trabajo social mantenemos a casi dos millones y medio de trabajadores a disposición del capital durante siete meses. Y lo peor es que no será la última vuelta de tuerca, en los próximos meses sufriremos más.

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