Sobre ambiciones y estafas

Vuelvo encontrarme un mensaje, es decir, que ahora me ha llegado éste, al cual, por ser de quien viene, sabiendo hacia dónde va, sin importarme el porqué del persistente motivo que avale tanta insistencia, procuraré contestar, según a mí me conviene.

Esto no es una crisis, es una estafa

Javier Caso Iglesias <javier.caso.iglesias@gmail.com>; Sep 20 12:53AM +0200
Fuente: Convergencia por Extremadura (CEx Plasencia)

http://cexplasencia.blogspot.com.es/2012/09/esto-no-es-una-crisis-es-una-estafa.html

En el día de hoy nos hemos informado, a través de la prensa, que las instituciones públicas han dispuesto desde cifras de la Comisión Europea, de al menos 240.000 millones de euros (entre ayudas directas, avales…) para auxiliar a las entidades bancarias españolas.

Mientras el crédito destinado a hogares y empresas ha caído en 136.356 millones durante los últimos tres años, el crédito total en el conjunto del país, en ese mismo período, ha crecido hasta situarse actualmente en 2,8 billones de euros.

Esto es, que pese a los miles de millones gastados en recapitalizar a entidades –Catalunya Caixa y BFA-Bankia entre otras– y a la espera de comprobar el efecto del rescate de 100.000 millones aprobado por la UE, los datos demuestran que tanto las familias como las sociedades cada día lo tienen más complicado para acceder a financiación.

Si se han empleado tantos miles de millones de euros del erario público en auxiliar a las entidades financieras para lograr restablecer el crédito, los economistas se preguntan ¿dónde ha ido el dinero?

La respuesta a esta pregunta es clara, a la vista de los datos: una gran parte de los fondos públicos utilizados para rescatar –e incluso nacionalizar– a las entidades se ha empleado en adquirir la propia deuda pública con las que las administraciones han financiado sus déficits desde el inicio de la crisis.

Si a mediados de 2009 el nivel de deuda de las administraciones rondaba los 504.000 millones de euros, desde entonces se ha incrementado más de un 52% y ya supera los 768.000 millones, equivalente a más de tres cuartas partes del PIB. 

En opinión de analistas tan prestigiosos como el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, se ha alimentado un «círculo vicioso» ya que las entidades bancarias son rescatadas por el Estado, que a su vez tiene en los bancos españoles a sus principales compradores de deuda pública, que no deja de aumentar para poder hacer frente, entre otras obligaciones, al auxilio de las entidades.

En fin, que, ciñéndome a la letra para respectar prestigios tan elevados, mi visión sinóptica del contenido del texto, y ahorrándome las cifras, sería ésta (el círculo vicioso, que se está dando; estrictamente, según el texto de arriba):

1.Dinero del Estado (endeudado) —> 2.Financiación Deuda Bancos Españoles —> 3.Compra Deuda Pública  o financiación de gastos del Estado.

(Y vuelta a empezar de nuevo.)

Pero eso no es real, sino sólo la apariencia, pues el círculo no es tal, sino camino lineal, conforme a sus elementos, hacia el fin, inevitable, de la lógica implacable sometida por las leyes del Capital que los mueve, en cada estadio. Por lo cual, mi explicación sinóptica, sin presumir de economista de nada, sino que, precisamente, inspirándome en los mismos, aunque no en seguidismo de sus conductas políticas, sería ésta otra, diferente:

Impuestos deficitarios + Crédito europeo —> Dinero –deficitario en aumento– del Estado —> Financiación Deuda Bancos Españoles (por medio de nuevos créditos europeos, y  mayor aumento del déficit del Estado) —> Compra Deuda Pública (o refinanciación del déficit –en aumento exponencial, imparable– del Estado —> Ruina del Estado controlado por la banca (es decir, por el capital que lo sostiene por medio de su instrumento– o bien ruina del prestamista extranjero. 

Y puesto que hay un final, ya podremos elegir, una de las dos ruinas, porque el capital español, si es que no encuentra remedio, seguro que no querrá la primera, ni que nadie se la imponga, ni con albarda para que cargue con ella, pero tampoco el prestamista extranjero, querrá cargar con la suya. Esto hará el Capital, ¿y nosotros,  mensajero y compañeros, como clase y como pueblo, cómo reaccionaremos? ¿O es que acaso esperaremos, para hacernos más de “izquierdas”?

Sin embargo, de momento, junto a otros, mi pensamiento me dice, de otra manera, que:

Lo que debe prevalecer no son las observaciones, y menos las conclusiones, derivadas de la opinión economicista de ningún premio nobel burgués. Porque:

 La estrategia actual de las clases dominantes se orienta a establecer los mecanismos de legitimación social que les permitan avanzar hacia una nueva forma de poder, plasmada en un estado autoritario con consenso social. Las campañas contra la política, los partidos, los sindicatos, las autonomías etc. se apoyan en los problemas reales, pero trabajan para crear la subjetividad necesaria para ese golpe de mano. La misma convocatoria que se extiende por la red sin convocantes identificados del 25 S frente al Parlamento hace de comparsa de esa estrategia al tiempo que confronta con el movimiento obrero y con las estrategias de lucha de mayor combatividad.

Cada momento histórico, en el desarrollo de la lucha de clases, tiene su programa y su estrategia de fuerza para conquistar posiciones que corresponden al desarrollo concreto de la contradicción capital- trabajo.

La clase obrera y los sectores populares, en la situación de crisis estructural que transita el capitalismo español, tiene que priorizar aquellos elementos políticos que más pueden fortalecer su posición frente a las clases dominantes, gestionadas hoy por el PP y ayer por el PSOE en el gobierno central, y por lo gobiernos autonómicos en los que participan diversas formaciones políticas que trabajan –todas ellas– en la misma dirección de obediencia al capital.

La convocatoria de CC.OO y UGT para el 15 de septiembre, en Madrid, no va en esa dirección necesaria para el momento actual. Recurrir a la categoría de la “ciudadanía” para reclamar el añorado “estado de bienestar” a través de un idealizado referéndum supone un paso atrás en las movilizaciones ascendentes de los últimos meses…” (De Unidad y Lucha, nº 295)

Y lo mismo podría decirse de quienes en el ámbito político antisistémico, ilusoria o falsamente, proponen la unidad electoral de las nuevas progresías, de las supuestas “izquierdas alternativas” biempensantes para reconquistar el deseado, igualmente, “estado de bienestar”. O sea: La estafa sólo la sufre (la siente) la ambición que la desea.

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