Sobran unas fichas y faltan otras en el rompecabezas cubano de la prensa extranjera

La intervención del Dr. Jaime Suchlicki, Director del ICCAS de la Universidad de Miami, en el evento organizado por el Foro de Promoción Democrática Continental el sábado 28 de junio (2014) en el Edificio Rafael Díaz-Balart de la Escuela de Leyes de Florida International University (FIU), tuvo un inolvidable momento patético.

Patético en el sentido de encontrar una salida realmente ridícula para una situaciónaparentemente trágica.

En agosto del 2006 en una notilla titulada “Cuba patética” aventuraba que “… lo patético (pathetikos), que resulta un sentimiento de pesadumbre producido por un imprevisto.” Y como en este evento en FIU se trataba de cotejar la posición “dialoguera” liderada por Carlos Saladrigas con la posición “intransigente” del académico Jaime Suchlicki, vale repetir después de repasar el expediente de las intervenciones, publicado en el sitio Masonería Libertaria: “Desde el mismo instante en que el Coro veronés anuncia: De la entraña fatal de estos rivales / nacieron unos amantes malhadados, la suerte de Romeo y Julieta está echada. Se trata del sentimiento de lo trágico, un pesar carteado en la (ante) mano de la historia, o del poema.

Considerando esta caracterización, lo patético tuvo su clímax cuando el Dr. Suchlicki dijo en aquella reunión: “Yo sé que hemos esperado 56 años, yo llevo 56 años en esta cosa, yo también estoy cansado; pero hay que esperar. Los rusos esperaron 70 años para que el comunismo acabara. Los europeos del Este, esperaron 45 años, los judíos esperaron 2000 años para tener un estado libre y democrático.”

Trapear el piso con la “misión”, llamar con hastío “esta cosa” a lo mismo que otros compatriotas de Suchlicki identifican como “causa sagrada” de la democracia en Cuba, roza el obstine, la negligencia y la esterilidad política.

 Sin contar la indiscreta solicitud de un plazo de 2000 años para lograr lo que el exilio cubano de Miami sigue sintiendo como el “inminente” fin del castrismo.

Con esa moratoria milenaria el Dr. Suchlicki saca del justo tiempo humano la idea de “regreso”. Algo (el “regreso”) que exceptuando el caso de Jorge Mas Canosa, ha sido en los políticos cubanos de Miami un cliché demagógico antes que un concepto con fuerza práctica. Porque: ¿Cuántos en Miami abrieron una cuenta o siquiera una alcancía (una lata con una raja en la tapa) con la advertencia de: “Para el día del regreso”?

Se podrá decir que Jaime Suchlicki es un judío cubano que culturalmente tiene una sensación dilatada del tiempo. Pero también son judíos cubanos Eddie Levy y Max Lesnik, que con más impaciencia no esperaron para “regresar” la apertura de los mares o el quiebre de las dunas.

Lo que consigue el profesor Jaime Suchlicki con sus palabras del 28 de junio es incitarnos a encarar un reto inaplazable para la meditación cubana: ¿Cómo lograr que lo que hasta ahora se ha presentado como enigmático, se convierta en algo obvio? ¿Cómo lograr una representación de la longevidad del socialismo en Cuba como algo previsible, congénito, y no accidental? ¿Cómo afrontar con realismo la sencilla evidencia de que lo extraño no es lo que ha sucedido sino lo que no fue?

Para obtener este resultado, además de la mirada histórica, se necesita asumir el presente en lo que es, en su Ser, y empezar a considerar las fichas Reales en el tablero de juego.

Porque hasta el momento se han querido forzar en el puzle jugadores que no van. Fichas que agradan pero que no encajan. Razón por la que el mapa o paisaje no se acaba de evidenciar.

La prensa extranjera, y hasta parte de la academia rendida a la publicidad que se logra a través de ella, han dejado caer en el cartón cubano piezas falsas. Empujan y empujan para que encajen, pero luego el tiempo y la cultura las rechazan. Lo de Marcelino Miyares en el citado evento del 28 de junio, tratando de endorsar historiadores donde no van (con una cita banal que abarca un tercio de su intervención; la mitad si descontamos el saludo), fue realmente pujado y vergonzoso. Tan risible como haber accedido a rubricar aquella carta junto a personas influyentes en Washington DC y multi millonarios, donde comparativamente luce como un indigente. 

No es en el caso del periodismo una decisión arbitraria sino sujeta a la creencia filosófica de que “existir es ser noticiado”. Esa epistemología, que estuvo de moda hace unas décadas, se ha convertido hoy en una perspectiva museable; limitada a clases y recuentos históricos del devenir de las ideas. Pero inservible especialmente en un contexto donde la Filosofía debe jugar a la “epistemología dura” para conseguir credibilidad, estatuto científico y sobrevivir.

La “construcción” y la “deconstrucción” vuelven a ser cosas de los albañiles, no de los periodistas o los filósofos.

Los periodistas convierten (“construyen”) a habaneros de su agrado en reformistas, constitucionalistas, historiadores y artistas de renombre; los hacen fulgurar unos meses, a veces unos años, y luego desaparecen reabriéndose nuevamente los vacíos en el puzle. Entonces preguntan qué ha pasado, por qué parece que todo sigue igual.

Pues porque han estado jugando con fichas erradas; queriendo cambiar de antemano un rompecabezas que deben comenzar por armar. (tomado del blog de Emilio Ichikawa)

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