Slim y la solución final

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Por Rafael Cid “Se puede prever que un niño varón nacido en 2012 en un país de altos ingresos vivirá hasta la edad de 76 años aproximadamente” (Estadísticas Sanitarias Mundiales 2014.OMS) Hace mucho tiempo que los poderosos de este mundo llevan dando vueltas al tema de cómo lograr seguir dominando sin que los sometidos se […]

Por Rafael Cid

“Se puede prever que un niño varón nacido en 2012 en un país de altos ingresos vivirá hasta la edad de 76 años aproximadamente” (Estadísticas Sanitarias Mundiales 2014.OMS)

Hace mucho tiempo que los poderosos de este mundo llevan dando vueltas al tema de cómo lograr seguir dominando sin que los sometidos se les indispongan. Las guerras mundiales, con sus millones de desaparecidos, ya no son solución porque hoy la destrucción puede alcanzar a cualquiera y lo que mal empieza nunca se sabe cómo puede terminar. Han ensayado con la pobreza y la extrema desigualdad, pero llenar las calles de pordioseros es un marketing que a la postre desmerece la radiante imagen del negocio. Y tras la última crisis financiera, se ha demostrado que los movimientos migratorios complican en exceso la vida a los gobiernos de los países receptores que aseguran el orden establecido. Así que parece haberse abierto un concurso de ideas porque las grandes fortunas no pueden permitirse desafíos brutales como el que protagonizó el norteamericano Warren Bufett con aquello de “hay una guerra de clases y la estamos ganando nosotros”. Escupir sobre el cadáver ajeno puede cebar desagradables respuestas indiscriminadas a medio plazo.

Por eso que no sea raro ver a Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo y un prominente activo de ese elitista 1 por 100 que posee el 50 por 100 del patrimonio del planeta, en el aula magna de la Universidad de Alicante (UA) exponiendo su opinión sobre el problema que más acucia a su gremio. El mexicano es un tipo de probada experiencia y su criterio siempre es de recibo. Al fin y al cabo, fue su exquisito olfato para hacer dinero rápido lo que facilitó que se encaramara al pódium del gotha cuando el gobierno de Carlos Salinas Gortari le entregó las privatizaciones de algunas de las principales infraestructuras de la nación. De ahí la importancia de su lección magistral en el alma mater donde acuden tantos jóvenes para triunfar y tan pocos para saber.

¿Y qué ha dicho Slim? Primero y como prólogo, que los continuos avances tecnológicos hacen imposible que en el futuro haya trabajo para todos. Que es tanto como afirmar que primero están las máquinas y luego la gente, si procede. O que tenemos que acostumbrarnos a que cada vez haya un sobrante mayor de humanidad. Algo anti-económico, porque lo producido por los artefactos tienen que consumirlo los individuos. Por tanto, habrá que buscar un óptimo para que las inversiones sean rentables sí o sí. Y ahí es donde el genio del muy bimillonario se ha activado. “Hay que repartir el trabajo para que haya para todos”, ha dicho con una convicción que recuerda aquella solución final que pregonaba “el trabajo os hará libres”.

Pero para comprender en toda su dimensión la oferta del magnate mexicano contra el paro que él y los de su rango provocan, hay que establecer un cierto contexto. Y ese marco exige relacionar su propuesta con las políticas aplicadas por los gobiernos para abordar la crisis financiera. Hablamos de esa inmensa trasferencia de renta de los contribuyentes a las clases acomodadas, que en el plano concreto de lo laboral supuso un arsenal de medidas antisociales impuestas al alimón por conservadores y socialdemócratas. A saber: desregular y abaratar el despido; precarizar los contratos; alargar la edad de jubilación y agravar las condiciones para acceder a su disfrute, tanto respecto al mínimo de años cotizados para tener derecho a la percepción como en cuanto al tiempo requerido para el recibir el máximo de pensión. Sobre estos supuestos ha desgranado Slim su solución final código 33X3X75.

Quiere el dueño del Real Oviedo Club de Fútbol que se trabaje 33 horas a la semana, durante tres días y que la edad de jubilación se establezca en los 75 años, “porque retirarse a los 62 hace insostenible el sistema”. No se pronunciado Slim sobre si los salarios se reducirían en similar cuantía, seguramente porque da por hecho que los minijlobs serán el estándar legal en un universo de autónomos y emprendedores donde el empleo fijo resultará un lujo a extinguir (aunque extrañamente reconoce que así “el que quiera podrá tener dos trabajos”). Solo desde esta certeza se explica lo de la jubilación a los 75. Sin apenas cotizaciones sociales ni prestaciones no quedarán clases pasivas, y los trabajadores y trabajadoras que consigan arrastrar sus huesos hasta edad tan provecta apenas tendrán tiempo para gozar del merecido jubileo. Muerto el perro se acabó la rabia.

Felipe González, presente en la selecta conferencia, apostilló que “dentro de diez años no se discutirá tu propuesta de jubilación a los 75 años”, para poner en valor a Slim y su programa de solución final. Una materia ésta en la que el Señor X es una autoridad.

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