Siria: ninguna solución es posible con Assad en el poder

Por Gabriel Huland

El conflicto sirio (revolución y guerra civil) está lejos de acabar, pareciendo complicarse cada vez más, a pesar del delirante anuncio de Putin y Assad de que habían ganado la guerra y el país entraría a partir de ahora en una fase de reconstrucción. La escalada de bombardeos contra áreas civiles en diferentes puntos del país y la reciente ofensiva turca en Afrin, entre otros episodios, añaden más leña a un fuego que arde incesantemente hace más de seis años.

Por Gabriel Huland

En medio de un completo descontrol, la población civil (sobre todo en áreas no controladas por el régimen como Afrin, Idlib y el Ghouta Oriental) es la que paga el precio de un conflicto que asume dimensiones cada vez más grotescas y parece no tener fin. En los últimos días incluso las Naciones Unidas, que ha brillado en los últimos años por su total ineficacia y por la “normalización” de la figura de Bashar al-Assad, se ha sumado a las voces que denuncian la indiscriminada matanza de civiles en Siria. La indignación al ver las imágenes de niños muertos quemados o a causa de bombardeos es difícil de soportar.

Distintos periódicos de gran circulación, que cubren la guerra siria desde una perspectiva nada objetiva ni neutral, reproduciendo muchas veces los discursos de los grupos dominantes, han tenido que reconocer que la situación en Siria ha empeorado y que no hay una solución política a vista en el corto plazo.

En los últimos días, la aviación rusa ha intensificado los bombardeos sobre zonas civiles de Idlib, la única provincia controlada por grupos que siguen reclamándose de oposición al régimen de Bashar al-Assad, como respuesta a un avión ruso derribado por los grupos que controlan la zona. Además, los cascos blancos – también conocidos como Defensa Civil Siria – denunciaron el uso de armas químicas en la ciudad de Saraqeb, en los suburbios de Damasco, el último día 4 de febrero. En total, más de 230 civiles han muerto en Siria en poco más de una semana, según el periódico inglés The Guardian.

El Ghouta Oriental, ubicado en los suburbios de Damasco, también ha sufrido con la intensificación de bombardeos y del asedio por parte del régimen y sus aliados. En esta zona, que se encuentra casi completamente aislada del resto de país hace más de cinco años, más de cien personas han muerto en los últimos días.

Por otra parte, desde que el ejército turco invadió la región de Afrin -ciudad ubicada cerca de la frontera sirio-turca-, con la excusa de combatir a grupos terroristas, el número de víctimas (civiles y militares) es desconocido. Previsiblemente, la invasión turca no se tratará de una breve incursión, como han alardeado las autoridades turcas, y puede convertirse rápidamente en un verdadero pantano para Erdogan. Las milicias curdas no se dejarán doblegar fácilmente, tienen experiencia de combate, conocen el terreno y recibirán seguramente gran solidaridad internacional.

La geopolítica del terror

La revolución y posterior guerra civil en Siria –siempre merece la pena recordar que empezó como un levantamiento popular de carácter pacífico en contra de un régimen dictatorial que lleva casi 50 años en el poder– ha extrapolado hace mucho sus fronteras nacionales. En Siria se expresa con enorme crudeza la falencia de un orden internacional dominado por potencias capitalistas dispuestas a dejar agonizar a todo un pueblo para evitar que una revolución popular triunfe y amenace el orden internacional vigente en el Medio Oriente y el Norte de África.

La última conferencia de Sochi organizada por Rusia, al igual que todas sus versiones anteriores, ha fracasado rotundamente. El llamado Alto Comité Negociador, el grupo reconocido por la ONU como representante de la “oposición moderada” siria se dividió y votó mayoritariamente por no participar de la conferencia. Los grupos curdos tampoco participaron en Sochi. La conferencia se convirtió en un espacio obsoleto en el que los gobiernos de Rusia, Irán y Turquía hablaron para sí mismos.

La principal medida acordada en Sochi fue la formación de un “comité constitucional” liderado por la  ONU para redactar una nueva constitución para Siria. No obstante, el régimen sirio, en más una demostración de soberbia, afirmó recientemente que no aceptará ni reconocerá ningún comité formado “por grupos extranjeros cualquiera que sea su nombre o función” (Agencia Reuters). El bloqueo de las negociaciones internacionales expresa la indefinición militar y política sobre el terreno y la imposibilidad actual de cualquier solución negociada.

El régimen sirio, a su vez, está muy lejos de reunir las condiciones para unificar el país bajo su control. Assad no dispone de legitimidad política y, hoy en día, depende completamente de fuerzas extranjeras para mantener sus actuales posiciones. Con la economía siria completamente destruida, Assad necesita el apoyo financiero de sus socios mayoritarios (Rusia e Irán). El discurso de reconstrucción no pasa de un delirio de un dictador que hace mucho se ha desconectado completamente de la realidad de su pueblo y del mundo.

El PYD-YPG (Kurdos) se ha convertido en uno de los factores claves en este momento. Por un lado, han recibido apoyo de Estados Unidos y otras potencias occidentales para llevar a cabo la lucha contra el Estado Islámico. Por el otro, solo han podido fortalecerse al principio de la revolución y conquistar territorios a partir de pactos de no-agresión con el régimen de Assad y de sofocar cualquier oposición interna. Una vez que la lucha contra el Estado Islámico dejó de ser la principal prioridad de EEUU y la UE, Turquía –uno de los principales miembros de la OTAN y clave para la contención migratoria a Europa– dio inicio a una ofensiva contra los kurdos con el objetivo de debilitarlos y separarlos geográficamente de los kurdos de Turquía.

EEUU y Rusia parecen tener un punto de desacuerdo importante en relación al papel de Irán en el proceso post-guerra sirio. La política de Trump, de aislar el régimen de los Ayatolás, priorizando la relación con Israel y Arabia Saudí, lo demuestra. Tanto Israel como Arabia Saudí, que aparentemente avanzan en políticas de cooperación en la región, ven a Irán como el enemigo prioritario a derrotar.

Fuera Assad y todas las milicias extranjeras de Siria

Aunque la posibilidad del fin de la guerra en Siria, que dentro de poco entrará en su octavo año, se encuentre muy lejos, la población siria sigue resistiendo como puede. Assad sigue cometiendo crímenes contra la humanidad a diario, con el visto bueno (no explícito, pero implícito) de la comunidad internacional y de las Naciones Unidas. El gran acuerdo que parecen tener tanto Rusia como EEUU y la UE tiene que ver con la permanencia del mayor criminal de guerra del siglo XXI en el poder, con el discurso del mal menor y de que no hay alternativa – ambos argumentos completamente falaces.

Cualquier solución realista para la tragedia siria debe partir de la base de que Assad no puede permanecer en el poder y debe pagar por sus crímenes. Eso es lo más importante y la principal reivindicación principal defendida por la enorme mayoría de los colectivos y organizaciones sirias que siguen actuando sobre el terreno, dentro y fuera del país. Además, cualquier negociación debe abordar el tema de los presos políticos, de los refugiados y de los desplazados internos y externos.

La unificación de los grupos opositores también es exigida por distintos agrupamientos dentro y fuera de Siria, así como la retirada inmediata de todas las milicias extranjeras (como el Hezbolá, pero hay varias otras) que luchan junto al régimen sirio. Por último, los grupos “fundamentalistas” tampoco tienen legitimidad para hablar en nombre del pueblo sirio ni de representar a la oposición en ninguna conferencia de paz.

 

Siria: ninguna solución es posible con Assad en el poder

 

 

 

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