Siria. Guerra social y telaraña imperialista – Parte II

Por Comunidad

Segunda parte del folleto que los compañeros de Proletarios Internacionalistas sobre los acontecimientos en Siria entre 2011 y 2015.

II Descomposición del ejército y estructuración de la lucha

Las contradicciones de clase serán tan potentes que comenzarán a afectar al propio ejército donde una parte importante será carcomida por las deserciones. Será cada vez más difícil para los oficiales hacer que sus soldados cumplan las órdenes. Numerosos proletarios en uniforme se negarán a continuar siendo esbirros y cumplir las órdenes de masacrar.

«Recibimos órdenes de matar a los manifestantes. Algunos militares rechazaban dichas órdenes y eran disparados con armas cortas. Dos de ellos fueron asesinados frente a mí, por un teniente.»i

Las deserciones y motines en el ejército se sucederán. Muchos soldados tirarán sus uniformes y si bien en los primeros momentos algunos tratarán de huir a Turquía, pronto comenzarán a unirse a sus hermanos de clase, arma en mano, iniciando un proceso de descomposición de uno de los aparatos represivos fundamentales del Estado. Muchos de los que hasta ese momento formaban los batallones de choque sanguinarios de la burguesía, giran sus armas apuntando a sus antiguos oficiales y demás representantes del Estado sirio, se identifican con sus hermanos de clase en lucha y se incorporan a la revuelta.

«Conmigo, hubo grupos que desertaron. No disponíamos nada más que de armas ligeras y minas. Pusimos trampas al Ejército sirio para retrasarlo y permitir a los civiles que huyeran y abandonaran la ciudad […] Nuestro plan por el momento es emprender una guerra de guerrillas.»ii

El rechazo de los soldados a reprimir siempre ha sido un salto de calidad en todo movimiento proletario. Para la burguesía supone el cuestionamiento de uno de sus pilares de dominación, con todo lo que eso conlleva; para el proletariado significa justo lo contrario. Hay confraternización, identificación de clase, unidad basada en intereses comunes, se percibe esa necesidad de organizarse juntos contra una sociedad en la que el proletariado es mera masa de trabajo destinada a reventar trabajando, morir en la miseria o ser mera carne de cañón en el frente.

Esta situación llevará a la burguesía en el poder a desconfiar cada vez más de sus soldados, incrementando el uso para la represión de cuerpos más fiables como la Guardia Republicana, la Cuarta División Armada y otros cuerpos y brigadas, especialmente la shabiha, cuerpo paramilitar fiel al gobierno.

Por otra parte, se intentará liquidar a los desertores allí donde se puede antes de que se incorporen a la revuelta. En la provincia de Isle fueron masacrados casi un centenar de soldados que se habían negado a seguir las órdenes y emprendían la marcha decididos a unirse a la revuelta; en Treimse grupos paramilitares asaltaron casas de desertores asesinando a los que allí había y a sus familiares; en Al Rastan tanques y vehículos armados del ejército se lanzaron contra un numeroso grupo de desertores que se habían negado a reprimir en esa ciudad; en Yisr al–Shagur 120 personas, en su mayoría desertores fueron masacrados… y así una larga serie de episodios de represión que lejos de frenar la descomposición del ejército, provocará que el movimiento de deserción se organice y arme, junto a los otros proletarios alzados contra el poder burgués.

Al mismo tiempo que el movimiento de deserción de los soldados avanza y se generaliza, nuestra clase generará estructuras masivas desde las que organizar su lucha. Es así como emerge y se desarrolla un extenso y complejo proceso asociacionista del proletariado en el que las denominadas tansiqyat son las estructuras más importantes. Se trata de comités locales de coordinación que se estructuran en villas, barrios y ciudades. Se formarán centenares de ellos asumiendo un papel fundamental como forma de organización del proletariado. En el seno de estos organismos se prepararán manifestaciones y acciones, se organizará la autodefensa, se discutirán aspectos del movimiento, circularán datos de represores, se lanzarán consignas… Sin duda la experiencia de los shoras en Irak en el 91, transmitida entre otras formas por refugiados provenientes de ese país, tuvo gran influencia en estas estructuraciones.iii

A medida que se desarrollan los acontecimientos surgirán más necesidades que estos comités intentarán asumir. Serán los principales impulsores en la creación de centros sanitarios clandestinos, de redes de abastecimiento de alimentos y alojamientos, en el ocultamiento de proletarios perseguidos, o en la detección de colaboradores y soplones.

Sin embargo, pese al salto de calidad que suponen todas estas estructuras de clase, toda esa descomposición del ejército, pese a las desestabilización social que se expande con el cuestionamiento de toda una gran cantidad de aspectos de la sociedad mercantil y la desestabilización creciente del poder burgués, es decir, pese a la irrupción de la insurrección proletaria, esto no es ni mucho menos suficiente sin una clara dirección revolucionariaiv y un contexto mundial favorable, sin una perspectiva de autonomía de clase, fundada en la delimitación con todas las expresiones del enemigo (especialmente con todas las alternativas de “oposición” burguesa). Las características generales de las luchas en la época que vivimos, que hemos analizado en algunos de nuestros materiales,v siguen obstaculizando y pesando en el proceso de autonomización, en el proceso de constitución del sujeto revolucionario. Las debilidades que arrastra aún nuestra clase a nivel mundial son tan brutales que facilitan que tal o cual fracción de la burguesía puedan canalizar el descontento y la actividad de nuestra clase en su favor. Toda una serie de ideologías y prácticas como el democratismo, la religión, el frentismo… se abrirán paso y debilitarán las diferentes estructuras del proletariado.

Por consiguiente, las estructuras emanadas de la lucha como los comités locales o las milicias armadas, arrastrarán terribles contradicciones que son el reflejo del estado actual del proletariado. En ese sentido, no es de extrañar el alto nivel de heterogeneidad existente entre los diversos comités desde el primer momento, lo que conlleva incluso a que coexistan varios en la misma localidad y al mismo tiempo, llegando no sólo a superponerse sino a contraponerse en cuanto a objetivos, prácticas, tareas y posiciones. Habrá comités donde dominen posiciones e ideologías burguesas que, lejos de responder a las necesidades de nuestra clase, serán vehículos organizativos para el encuadramiento de proletarios. Por lo que no es de extrañar que estos últimos sean los más promocionados y conocidos en todo el mundo gracias a los medios de información del capital. En la ciudad de Homs, por ejemplo, durante los primeros enfrentamientos, coexistieron por lo menos tres comités locales: uno que asumió la defensa armada contra la represión, así como la distribución de víveres y organización de otros servicios básicos, otro que organizó manifestaciones, y otro que se colocó en un terreno claramente burgués al reivindicar la defensa de los derechos “humanos”, de las libertades democráticas, la “no–violencia” y centrarse en denunciar «la violación de estos derechos y libertades ante la comunidad internacional».vi

La propia dinámica de la mayoría de los comités, enclavados en una perspectiva local, de barrio o como mucho de ciudad, arrastrará en poco tiempo a muchos de ellos a la simple gestión y administración de la miseria local en plena guerra, lo que, como veremos más adelante, facilitará su posterior encuadramiento como un simple órgano de gestión al interior del capital.

Todos estos aspectos harán que muy pronto la confrontación de clases se vea modificada. El factor decisivo de esta transformación va a ser el desplazamiento del eje de la lucha del proletariado: la lucha por imponer las necesidades de clase va dejando su sitio a una lucha cuya meta exclusiva es derribar a al–Assad. La confrontación de clases entre la burguesía y el proletariado deja así su lugar a un frente interburgués anti al–Assad. El proletariado acabará luchando en barricadas que no son las suyas, terminará defendiendo proyectos e intereses que responden no a sus necesidades vitales, sino a las del capital, todo porque acaba por aceptar que todos los males se encuentran en un administrador burgués que hay que derribar y no en la totalidad de las relaciones sociales.

Por lo tanto, a pesar de la rápida formación de comités y la creación de milicias formadas por desertores y voluntarios armados con el fruto de los asaltos a las comisarías y cuarteles, en general el desconcierto estratégico ocupará el primer plano.

Efectivamente, los proletarios se lanzan a la calle para defender sus condiciones, responden a la represión, desestructuran parte del ejército, se organizan y se arman. Pero es importante destacar la debilidad programática de las estructuras de nuestra clase y la enorme desorientación en la que se encontrarán, incluso los sectores que se presentan más combativos sobre el terreno, lo que facilitará arrastrar a los proletarios a una lucha exclusiva contra el régimen de Assad, como si el problema fuera simplemente un gobierno en particular, un administrador en concreto. Es normal que el proletariado en su lucha se enfrente contra los represores directos que en ese momento tiene en frente, pero sin la perspectiva revolucionaria, limitando todos los males a esos gestores y sin romper con las diversas manifestaciones de nuestro enemigo, la oposición burguesa tiene el camino despejado para presentar una falsa comunidad de intereses entre los que luchan y las alternativas burguesas.

La falta de militantes y combatientes que impulsen una perspectiva que rompa con lo local, que actúen por la coordinación y centralización de las estructuras proletarias, que se enfrenten a las ideologías y fuerzas del enemigo, que cristalicen la alternativa revolucionaria, provocará que la oposición burguesa vaya adquiriendo mayor protagonismo tomando la dirección del movimiento. La burguesía irá ganando terreno, transformando así el enfrentamiento en una lucha entre poderes burgueses. Pero veamos cómo nuestro enemigo de clase logró imponer este nuevo escenario para destruir la sublevación proletaria en ese país tan importante del capitalismo mundial.vii

NOTAS

iIbidem.

iiTestimonio de un desertor a la AFP (Agencia France–Presse).

iiiVer el apéndice dedicado a la insurrección en Sulemania.

ivSiempre que hablamos de dirección revolucionaria nunca lo hacemos en un sentido formalista, sino histórico, en el sentido de asumir en la lucha las posiciones revolucionarias de nuestra clase, más allá de las diversas expresiones organizativas del proletariado en las que esta dirección se materialice. Lo mismo pasa cuando hablamos del programa del proletariado, nunca nos referimos a un programa formal o conjunto de ideas con los que se trata de amoldar el movimiento, sino al conjunto de consecuencias prácticas a las que conducen las determinaciones contenidas en el movimiento revolucionario del proletariado: las posiciones revolucionarias.

vRecomendamos nuestro libro La llama del suburbio acerca de las revueltas en los suburbios de París y otras ciudades de Francia en el año 2005, donde realizamos un análisis sobre de las revueltas como expresión actual, y de las últimas décadas, de la lucha del proletariado.

viEn muchos lugares esta contraposición se dará a diferentes proporciones en el seno de un mismo comité. Evidentemente esto generará más pronto que tarde procesos que decantarán hacia un lado u otro esa organización. Como veremos el proceso de encuadramiento del proletariado traerá el dominio de las ideologías y fuerzas del enemigo, convirtiendo a estas organizaciones en órganos de la oposición burguesa.

viiLa importancia de Siria a nivel geoestratégico en Medio Oriente es lo fundamental, pero no hay que menospreciar lo que supone para el mercado mundial los grandes recursos petroleros y gasíferos que también alberga.

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