Sindemia y Coca-colonización mundial

No somos ciegas, ignoramos inanemente nuestro reflejo.

Toda enfermedad se debe a una compleja relación entre genes y medio ambiente/cultura.

El genotipo humano no ha cambiado, más sí el medio en que se expresa el fenotipo (resultado de la interacción entre el genoma y medio ambiente). El 25% de los factores que repercuten en la salud humana están en el dominio del medio ambiente (OMS 2018), donde se incluye la cultura (en pocas palabras, hábitos y conductas: alimenticios y motrices).

No nos deberían preocupar simplemente las enfermedades infecciosas (VIH, C-19, Ébola; 70% de su universo son el resultado de interacciones zoonóticas anti-naturales), sino las enfermedades no transmisibles (cardiovasculares, obesidad, mentales: ansiedad somática, depresión, trastornos del sueño y del apetito). Enfermedades de la civilización comorbida, como algunas las han llamado; producto, entre otras cosas, de la globalización de los mercados de alimentos, la Coca-colonización.

Comorbilidad: existencia simultánea de 2 o más trastornos que coexisten con la enfermedad primigenia (por ejemplo: salud mental y drogadicción; enfermedades cardiovasculares y depresión): se ha pronosticado que para 2030, los trastornos depresivos unipolares se convertirán en la principal causa de carga de morbilidad en los países de ingresos altos, y la segunda y tercera en los países de ingresos bajos y medios (OPS, 2017).

Coca-colonización: responsable de la actual crisis fiscal-sanitaria global Diabetes tipo II (entre 85% y 95% de casos totales mundiales de diabetes), cuyo motor primordial es la obesidad.

8 de cada 10 de los casos de Diabetes tipo II son prevenibles, mediante la adopción de una dieta saludable y el aumento de la actividad física regular, hábito motriz que reduce hasta en un 80% la posibilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares; cáncer de colon, mama y próstata; depresión (…).

Aún así, 1 de cada 5 personas en el mundo es inactiva, hábito post-sedentario urbanita responsable del 10% de todas las muertes por enfermedades no transmisibles en el mundo (OMS, 2019).

Con la prudencia se me permita, ójala tales efectos se limitan a la vida de quien decide no hacer algo por su salud. Lamentablemente, recaen en su descendencia de primer, segundo y hasta cuarto grado. No sólo por la herencia de hábitos culturales auto-destructivos, sino por predisposiciones epigenéticas a enfermedades hereditarias.

Empero, ello no se vislumbra como una crisis médico-humanitaria local ni global; lo que hace sonar las alarmas rojas en el mundo son las enfermedades trasmisibles. Pues, sus efectos son inmediatos.

C-19

La atención del mundo parece centrarse ahora en la prometida accesibilidad universal a las temporales vacunas que contendrían la propagación de la mutación del virus coronavirus 2019; es legítimo y entendible; más aún luego de la tripartita epopeya como respuesta al VIH-SIDA (la cuestión de los precios asequibles gracias al acceso a genéricos y la protección población mediante estándares de propiedad intelectual social se ha debatido principalmente a partir de tal epidemia).

Por ejemplo, no fue sino luego de la crisis emergente del VIH-SIDA que existen las licencias farmacéuticas obligatorias: un instrumento que el gobierno puede utilizar si el titular de una patente farmacéutica no desea conceder voluntariamente su propiedad intelectual a otros competidores (posibilitando la existencia de genéricos, como las “Farmacias Similares del Dr. Simi”).

Los genéricos, sin embargo, no son un elixir.

Aproximadamente el 50% del presupuesto de salud en los países de bajos ingresos se destina a gastos en medicamentos. Y este porcentaje del presupuesto general de salud lo pagan en gran medida, de hecho, los pacientes.

Sería demasiado fácil culpar solo a las empresas farmacéuticas, cuando el acceso a lo que llamamos medicamentos de segunda o tercera línea es deficiente. Pero, no deberíamos anhelar una respuesta dicotómica bipolar lineal a las enfermedades de la civilización. Enfermedad – vacuna – cura. Menos aún al ser demostrable que la existencia de la mutación viral causante del C-19 es producto de una relación humano depredadora y destructiva con la biota con que coexiste.

Pues, a pesar de lo que nos dice el bombardeo simbiótico diario al que estamos expuestas, C-19 no es una pandemia, sino una sindemia.

Sindemia: coexistencia de 2 o más epidemias en una población.

Antesala de una crisis mayor que la posibilidad exponencial de múltiples sindemias concurrentes: el colapso ecológico mundial.

Pascal Soriot / AstraZeneca
Pascal Soriot, CEO AstraZeneca (empresa farmacéutica líder en investigación y producción + Oxford de vacuna C-19 ); imagen: Pawo Wróbel

No somos ciegas, ignoramos voluntariamente los diferentes matices

…..Y, sin embargo, hoy, como todos los días, murieron +800 mujeres al parir.

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