Sin ningún plan para el control del Covid-19, España acumula 4.580 nuevos contagios en un solo fin de semana

Tal y como anunciábamos que iba a suceder, allá por el mes de mayo, (1) el alarmante incremento de casos de coronavirus que se están registrado en todo el Estado desde el final del Estado de alarma ya se ha achacado a la «imprudencia de los ciudadanos y a la falta de responsabilidad individual».

   Y es que, ciertamente, no resulta difícil asumir esta explicación, cuando los medios de comunicación reproducen las imágenes de inconscientes que se amontan en fiestas nocturnas, celebraciones futboleras y otras actividades de ocio, en las que se saltan a la torera las más elementales normas sanitarias de seguridad.

   Sin embargo, lo cierto es que, como también afirmábamos desde hace meses, ha sido la actuación de los responsables políticos estatales, autonómicos y locales la que ha estimulado, y continúa estimulando, la irresponsabilidad de muchos ciudadanos.

   Un análisis somero de los mensajes y las políticas institucionales permite constatar, en efecto, que han sido éstos los que, por anteponer los intereses económicos de las patronales a las recomendaciones estrictamente sanitarias, han contribuido a evaporar el sensato temor de la población ante el Covid-19.

   ¿Acaso no fue el propio Gobierno “progresista” de PSOE y Unidas Podemos el primero que envío a millones de trabajadores al tajo y a apelotonarse en los transportes públicos, sin las más elementales medidas de protección, siguiendo el dictado de la clase empresarial que no quería ver mermada su cuenta de resultados?

   Y, tras el confinamiento, ¿cómo se pretendía que la población mantuviera la debida precaución ante el virus, al mismo tiempo que el Gobierno central y los ejecutivos regionales enviaban el mensaje de que millones de turistas ya podían volver a visitarnos, con toda tranquilidad, porque nuestros destinos son  «absolutamente seguros» (2)?

   ¿Alguien puede reclamar a la población más joven, y por tanto más inconsciente, que mantenga estrictamente las distancias y se ponga siempre una mascarilla, cuando el máximo responsable de combatir la epidemia, el doctor Fernando Simón, afirmaba hasta comienzos de abril que «llevarla para prevenir no sirve absolutamente de nada» (3) y los propios miembros del Gobierno solo han comenzado a utilizarlas en público muy recientemente?

   ¿Con qué legitimidad  puede pedir precaución un ejecutivo como el canario, después de que su director del Servicio Canario de la Salud, Antonio Olivera, se atreviera a afirmar en mayo «que el virus ya no está en las calles» de nuestras islas (4) ?

   ¿Son fruto de una «irresponsabilidad individual” rebrotes como los que ya se están produciendo en el Archipiélago canario, cuando se han producido por la llegada de viajeros por los aeropuertos a los que nadie realiza test (5) para saber si están infectados, ni cuando los propios pasajeros los piden expresamente por venir de países muy afectados por la pandemia (6) ?

   La realidad es, en definitiva, que si bien no es posible negar la imprudencia, e incluso la temeridad de ciudadanos que arriesgan la vida de otros muchos, cualquier análisis objetivo de la gestión de la pandemia permite concluir que la principal negligencia (7 )la que ha costado miles de vidas, es la atribuible a quienes, siendo responsables de la salud pública, fueron incapaces durante meses de imponer normas básicas de prevención que desde esta misma publicación ya recomendabamos en enero  (8) y  continúan hoy sin tener una estrategia coherente para afrontar la pandemia.

UNA DESESCALADA SIN NINGÚN PLAN PARA EL CONTROL DEL VIRUS

    En el momento en el que escribimos estas líneas en el Estado español existen un total de 201 brotes activos de coronavirus y el ministerio de Sanidad ha comunicado 4.581 nuevos contagios en los últimos tres días. Se trata, objetivamente, de cifras mucho más graves que las registradas en los últimos días del Estado de alarma.

   Pese a ello, el Gobierno español sigue sin tomar medidas efectivas y no ha puesto en marcha un  plan sistemático para el control del virus, cuyas características básicas están claramente establecidas desde hace años por los epidemiólogos y solo requiere movilizar los recursos necesarios para implementarlo.

    Este plan, que según los expertos debe formar parte de cualquier «desescalada», consiste en aplicar  la estrategia de las tres T, familiar en epidemiología, que hace referencia a ‘test, track and trace’.  Es decir, testar, localizar y hacer seguimiento de los contactos estrechos de cada positivo para así romper la cadena de transmisión, aislando preventivamente a los posibles afectados. Es lo que se conoce como rastreo de contactos y es la única forma de salir con éxito de los confinamientos.

   Esto es justo lo que países como Chiba o Corea del Sur llevan haciendo durante años tras el SARS y el MERS, y ahora han perfeccionado con el coronavirus, con la utilización de nuevas tecnologías como las que incorporan las aplicaciones de los teléfonos móviles.

    El Estado español, no solo carece de este protocolo básico, imprescindible para evitar la propagación comunitaria que ya se está dando en varias comunidades, sino que ni siquiera ha invertido los recursos mínimos necesarios para contratar a   los miles de rastreadores que serían necesarios.

   Así las cosas, no resulta difícil predecir el desarrollo de una nueva ola del coronavirus que, contrariamente a lo que nos harán creer los grandes medios de comunicación, y será fácil asumir por la dificultad para componer una visión de conjunto sobre la situación más allá de los inmediatos impactos visuales, no será resultado de la «irresponsabilidad individual» de algunos descerebrados, sino de la irresponsabilidad institucional de aquellos que nos gobiernan.

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Coronavirus en Canarias: La irresponsabilidad institucional provoca la imprudencia ciudadana.

(2) Al diablo el coronavirus: El Gobierno quiere reactivar el turismo internacional el próximo mes.

   El disparatado plan del Gobierno canario para volver a llenar las islas con turistas extranjeros.

(3) La magia de las mascarillas en España: El Gobierno, de repente, dice que sí sirven contra el coronavirus.

(4) Coronavirus en Canarias: La irresponsabilidad institucional provoca la imprudencia ciudadana.

(5) La falta de test en los aeropuertos canarios provoca los primeros rebrotes de coronavirus.

(6) El «paciente cero» del rebrote canario pidió un test PSR, pero se lo negaron.

(7) La gestión española del coronavirus: Una negligencia criminal que renta a la extrema derecha.

(8) ¿Qué deberíamos saber para evitar el contagio del coronavirus?

 

https://canarias-semanal.org/art/28210/sin-ningun-plan-para-el-control-del-covid-19-espana-acumula-ya-5000-nuevos-contagios-este-fin-de-semana

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