Sin acuerdo en las horas críticas de la investidura de Sánchez: negociaciones rotas

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Dos días después de la primera votación, y tras horas de incertidumbre, las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos para la investidura de Pedro Sánchez están rotas, según ha comunicado La Moncloa. El palacio presidencial considera “inasumibles” las propuestas de los de Pablo Iglesias y han dado un documento a El País en el que explican las peticiones de responsabilidad de Unidas Podemos, peticiones que desde el partido morado se consideran preliminares a la búsqueda de un acuerdo.

Pasado un día desde el “no” de la Cámara a Sánchez, el pacto no se había movido de las mismas posiciones que denunció Iglesias en la cámara. En una llamada de Sánchez a Iglesias, el candidato a la investidura hacía una última oferta y establecía un cordón sanitario dentro del Consejo de Ministros a Podemos. El candidato no estaba dispuesto, a las 20:20 de la tarde del 24 de julio, a ofrecerles dentro de un gobierno de coalición competencias ni en Trabajo, ni en Hacienda, ni en Transición Ecológica, ni en Igualdad. La humillación al futuro socio ha estado a punto de ser televisada: Telecinco ha anunciado una entrevista en el telediario de la noche. Minutos después, la cadena ha borrado el tuit y la noticia web. Moncloa reculaba.

 

NI UN MINISTERIO

Relajado, retador, el candidato del PSOE a la investidura presidencial, Pedro Sánchez, indicaba el pasado martes antes de la primera votación del pleno del Congreso, que estaba a pocos votos de convertirse en el primer político que es derrotado en dos investiduras. Sánchez anticipaba que las negociaciones con Unidas Podemos corrían el riesgo de naufragar. Pocos minutos después, el grupo que encabeza Pablo Iglesias en el Parlamento se abstenía en la primera votación y abría la puerta a un posible acuerdo en las 48 que quedan hasta la segunda y definitiva votación, en la que Sánchez tiene que obtener más votos a favor que en contra.

La mayoría del Congreso esperaba la negociación. El lunes 22 de julio, Iglesias explicaba al conjunto de la cámara que las propuestas de Sánchez hasta ese momento eran casi inexistentes y denunciaba los vetos de Sánchez en las negociaciones de Gobierno: ni los ministerios de Estado (Defensa, Economía, Exteriores, Interior, Justicia) ni Trabajo, ni Hacienda, ni Igualdad, transición ecológica o ciencia estaban encima de la mesa. “Ni un ministerio, solo segundos puestos en la Administración”, explicaba Sato Díaz en Cuarto Poder, citando fuentes de la dirección morada.

El indignado último turno de réplica de Iglesias, mal acogido por el PSOE (como todo lo que viene de Podemos), señalaba que la negociación apenas había dado comienzo tres meses después de las elecciones generales. El martes amaneció con un gesto de la vicepresidenta, Carmen Calvo, que desde entonces entró en contacto con el equipo negociador de Unidas Podemos, Pablo Echenique. El run rún, la lectura de los arúspices más cualificados de las tripas del posible pacto, incluso los rumores en las sedes ministeriales —rumores fundamentadas en movimientos de papeles—, indicaba que el pacto era posible.

 

EL SÍNDROME DE LA MONCLOA

Pocos minutos después de la noticia de la falta de acuerdo, la etiqueta #PedroNoQuiere ascendía a segundo trending topic en Twitter. Un dato menor, si se quiere, pero que muestra cómo la conversación ha cambiado de tono desde la renuncia de Pablo Iglesias el pasado viernes. La impresión de que el pacto dependía de una “lucha de egos” entre Iglesias y Sánchez se desmontó tras la salida del candidato de Unidas Podemos de las negociaciones de entrada en los Ministerios.

El veto en el que se manejaba el Gobierno se caía y desvelaba un temor más profundo. Unidas Podemos, a pesar de la crisis que comenzó en 2016-2017, disputa al PSOE desde su nacimiento en 2014 el voto de la izquierda pero, más allá de eso, los socialistas —como recalcó reiteradamente Sánchez en el debate del pasado lunes— consideran peligrosa la entrada de nuevos partidos en el funcionamiento del Estado. Las reiteradas invitaciones de Sánchez a la abstención del PP de Pablo Casado —con el que fue mucho más insistente que con Rivera—, mostraron al presidente en funciones más persuasivo. Un par de horas después, retador y con ademán pasota, Sánchez aseguraba que si no había coalición con Unidas Podemos, el partido morado tendrá que facilitar más adelante su investidura, ya fuera de la fórmula de Gobierno.

 

El Salto

 

 

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