Publicado en: 15 diciembre, 2018

Simone de Beauvoir cuenta su niñez y juventud ( II)

Por Iñaki Urdanibia

Si el anterior artículo lo dediqué a presentar a la escritora y filósofa, en éste me detendré en la lectura de la primera entrega de su autobiografía: « Memorias de una joven formal », publicada en 1958.

Por Iñaki Urdanibia

« Memorias de una joven formal » ( 1958)

                         « Mi vida conducirá a alguna parte »

                               « Encaraba la vida como una aventura feliz»

                              « Mi obra más importante es mi vida »

Antes de nada no está de más señalar como antes de que el libro fuese publicado, a la escritora le precedía una notable mala fama tanto por su vida como por sus obras, lo que hace que ya el propio título del libro pueda tomarse como un cierto guiño irónico y provocador; « se ha forjado de mí dos imágenes: soy una loca, una medio loca, una excéntrica[…]. Zapatos llanos, moño estirado, soy una mandona, una dama con vocación de patrona, una institutriz ( en el sentido peyorativo que la derecha otorga a esta palabra), […] Nada ha impedido conciliar los dos retratos. Se puede ser una desvergonzada cerebral y una drama patrona pervertida»

Si desde sus años tempranos a Simone de Beauvoir le rondaba en la cabeza la idea de escribir sobre sí misma, fue una cuestión , aunque amarga la verdad…, que le señalase Jean- Paul Sartre la que le desvió de esta vía momentáneamente : usted – sabido es que durante toda su vida se trataron de este modo utilizando el vous– no ha sido educada como si fuera un muchacho, esto es lo que la impulsó a dedicarse a hurgar en la cuestión femenina en su El segundo sexo; fue más tarde cuando inició la escritura de su vida; « ese mundo era un mundo masculino, mi niñez había sido forjada en base a modelos masculinos…Me sentí interesada de tal manera por esa revelación que abandonaba el proyecto de una confesión personal para ocuparme de la condición femenina en su generalidad», confiesa en La fuerza de las cosas . Fue tiempo después, como queda dicho, cuando emprendería la tarea de narrar en primera persona la constitución de su yo, la conversión en mujer escritora e intelectual, subrayando la liquidación que conducía a una fundación de sí ( « yo he contado esa liquidación en las Memorias de una joven formal ») y lo va a hacer considerándose la única, una hors série, en contraposición a otras ( madre, hermana , profesoras y amigas) y no privándose de mostrar un orgullo por los éxitos obtenidos en un mundo de hombres, y esta singularidad individual sirve a la vez de archivo de las características de un tiempo y de la educación de una clase muy en especial de las mujeres.

Un pequeño repaso inicial del libro nos hace trazar un somero esquema: 1) El acento es puesto en la infancia, y supone una puesta en solfa de las jerarquías establecidas. El determinismo convertido en promesa, la fatalidad en destino; gracias a su hermana ella adquiere cierta autonomía ( a costa de…reflejando, aprovechándose en cierta medida de algún tipo de jerarquía, al ser ella la mayor). 2) La vocación literaria aparece como respuesta a la sed de absoluto. No hay bien que por mal no venga y así la decadencia familiar hace que su padre afirme que sus hijas habrán de trabajar en vez de limitarse al rol atribuido generalmente a las mujeres, el matrimonio, a lo que se ha de sumar la valoración que el padre tenía con respecto a Simone ( tiene un cerebro de hombre, es un hombre ). 3) Se exploran las consecuencias prácticas de su desclasamiento: lo que supone que asistamos a una honda amargura de la madre y a las contradicciones del padre con respecto al futuro profesional de Simone. Excepto Zaza, las demás amigas se alejan; Simone sigue los ejemplos de Garric y Jacques ( el espacio dedicado al “noviazgo incierto” con éste sirve de ejemplo de amor contingente que va a servir para ensalzar el necesario, Sartre como doble, como condición para su propio desarrollo), y 4) afirmación de sí y liberación definitiva: agregación y encuentro con Sartre, lejos del orden doméstico encarnado por Zaza.

Es destacable que ninguna de las mujeres con las que se codea le sirven de modelo femenino ( ni su madre que va siendo relegada en beneficio de su padre, ni Zaza, ni Stépha…que van sustituyendo la relación con sus primas de Meyrignac), a lo más podría decirse que ella las toma o toma su dirección en contrapunto de ellas. No está de más tener en cuenta que la liberación va más por el lado de la familia y el medio que por el lado de la liberación propiamente femenina. No obstante, planea por todo el texto la condición femenina que ella no ha abandonado para triunfar, como prueba inequívoca de que la diferencia fisiológica no determina el devenir del ser. Como decía, el retrato que ofrece de sí misma es en contrapunto de otras chicas formales, con la diferencia que ellas no se salen de la fila ( su madre, su hermana, Zaza, Marguerite de Théricourt, Clotilde Gendron, y otras designadas con un anónimo “ les jeunes filles”; y en lo que hace a las adultas: las señoritas , maestras de Désir, también mademoiselle Lambert del Institut Sainte-Marie…todas ellas pertenecen a la burguesía católica y reciben o imparten la educación de se medio. Un par de personajes se salen de tal encasillamiento : Stépha Avdicovitch y Simone Weil) . El retrato de todas ellas sigue el mismo esquema: en primer lugar, se detiene en el aspecto físico, para luego ahondar en la familia de ellas y en el catolicismo que es el humus en el que han nacido y se han desarrollado todas ellas. La mayoría de ellas son aficionadas a los estudios y a la lectura, y como tal son jóvenes prometedoras, mas las imposiciones familiares que encaminan sus vidas hacia el matrimonio, las castra convirtiéndolas en jóvenes tristes ( víctimas de la violencia simbólica – de la que hablase Pierre Bourdieu- a la que se ven sometidas). Se lee en El segundo sexo: « ahora, lo que define de una manera singular la situación de la mujer, es que, poseyendo como todo ser humano, una libertad autónoma, se descubre y elige su camino en un mundo en el que los hombres le imponen tomarse como lo Otro[…] El drama de la mujer, es ese conflicto entre la reivindicación fundamental de todo sujeto que se plantea siempre como lo esencial y la exigencia de una situación que la constituye como no- esencial».

Advierte, no obstante, Simone de Beauvoir que contra lo que se haya podido pensarse ella no pretendía, de ninguna de las maneras, dar lecciones a las jóvenes sino saldar una deuda que tenía contraída consigo misma.

Un par de declaraciones suyas ofrecen una indudable pista acerca de su propósito:« novelas, relatos, confesiones, las jóvenes de hoy cuentan su vida de buena gana. Mis contemporáneas no eran tan osadas . Yo he querido trazar el retrato de una de entre ellas, aquella a la que he conocido mejor, yo misma. Mis veinte primeros años se han desarrollado entre Notre-Dames-des-Champs y Saint-Germain-des-Prés sin que me sucediese nada excepcional; es por lo que mi infancia y mi adolescencia me parece que expresan de una manera típica una época, un medio. Sin embargo, mientras que mis semejantes abrazaban unánimemente un carrera: el matrimonio, las circunstancias y mis gustos me llevaron a entregarme a mis estudios con el fin de ganarme la vida […]. En mi historia se mezclan las de mis dos amigos más íntimos, un muchacho y una chica, que no tuvieron como yo la suerte de poder escapar a su condición y que ambos fracasaron trágicamente al acomodarse […] Mientras que mis semejantes abrazaba unánimemente una misma carrera, el matrimonio, las circunstancias y mis gustos me condujeron a dedicarme a mis estudios con el fin de ganarme la vida. El paso de una vida burguesa a una vida intelectual provoca habitualmente conflictos que han sido descritos a menudo; han tomado en mi caso una forma bastante singular por el hecho de que yo era una mujer»» , esto se podía leer en la nota que hizo incluir en la primera edición del libro ( prière d´insérer) [ Se ha de tener en cuenta el artículo indefinido del título que da a entender que se habla de un caso pero que puede ser ampliable a lo colectivo]. La otra declaración o aclaración a la que me refería es la que se pudo leer en 1958 en France Observateur, al presentar su obra : « describo mi infancia y mi adolescencia parisina[…], mi medio social, la burguesía de extrema derecha con sus contradicciones, mis impulsos, mis crisis intelectuales, morales, religiosas, reconstruyendo un conjunto a la vez lineal y sintético, en un desarrollo continuo que me ha hecho lo que soy, que ha determinado mi vocación de escritora».

Así, en estas Memorias se relata cómo deviene mujer ella, como escapa de la fábrica de chicas comme il faut, cómo inventa su porvenir ( de intelectual y escritora)- nombrando las lecturas y autores ( Allport, Georges Eliot, Alain-Fournier…) que marcaron ciertas pautas en su avance- a la vez que su obra puede encuadrarse dentro del género de las novelas de formación o de las autobiografías existencialistas.

Desde esta primera entrega de su autobiografía la escritora da prueba de una puntillosidad enorme en lo que hace a la memoria, al recuerdo de los años pasados, que, todo hay que decirlo, respondía a la inagotable elaboración de notas que conservaba en cuadernos que luego le servían para dar detallada cuenta de los avatares de su vida. No hace falta decirlo, pero bueno, los tomos de sus memorias son un verdadero repaso de los años esenciales del siglo veinte, por una testigo y protagonista que siempre estuvo en la cresta de la ola, con la cercanía de los hechos y con los riesgos que ello pudiera suponer.

No está de más mencionar cómo desde 1926 la escritora comenzó a escribir, a la edad de dieciocho años, las anotaciones que posteriormente fueron publicadas bajo el título de Cahiers de jeunesse ( Gallimard, 2008), en ellos puede verse el nacimiento del personaje que luego cobraría importante relevancia, en los momentos en los que está comenzando a construir su propio yo, « es todo mi yo mismo del que escribo», el libro del que nos ocupamos, no obstante, remonta a años anteriores: nada menos que a cuando la niña contaba con tres años y desde ahí avanza hasta los veinte que es cuando conoció a Jean-Paul Sartre [ para conocer las relaciones con éste ha de recurrirse al segundo volumen autobiográfico: La fuerza de la edad.]

No es la suya la propia mirada condescendiente que irrumpen en los textos de memorias, diarios o autobiográficos, en los que habitualmente quien los escribe tiende a embellecer el pasado y a limar aquellos aspectos o hechos que resultan más problemáticos o impresentables, ya que su acercamiento está realizado desde la más absoluta de las sinceridades y hasta podría decirse que hasta con cierta dureza con respecto a sí misma: así sus consideraciones acerca de su desaliño y falta de gusto en el vestir lo que hacía que tuviese un aspecto de dejada, o la tendencia ahorradora, al límite, que respiraba en el domicilio familiar y que se le contagió hasta el punto de que sus profesoras mostraran su preocupación a sus padres . Da a conocer sus rabietas constantes y fogosas, por los límites de la violencia. Al principio, sí que salta a la vista que la joven era formal, y nada subversiva ni rebelde, plegándose al catolicismo propio de su casa, conformismo que no duró mucho tiempo ya que las incoherencias que ella comprobaba que se daban con respecto a la religión por parte de los creyentes y sus comportamientos que no seguían para nada las indicaciones morales de la religión; van quedando explicitadas la rígida educación del medio familiar y escolar que la asfixiaban, pues el destino que marcaba esa educación era o bien el matrimonio de conveniencia ( arreglado por los padres) o la soltería forzada, que podía traducirse en la inclusión en algún claustro monjil . Esta ruptura fue paralela a la que se fue dando con respecto a su padre, al pasar de una admiración desmedida hacia él, ejemplo de un complejo de Edipo o, mejor de Electra realmente desarrollado, del que con el paso del tiempo fue tomando conciencia de que no todo era tan maravilloso como se lo había pintado.

Estos cambios de postura y la rápida evolución de sus pensamientos van en paralelo, y también se pude afirmar que son provocados, por sus numerosas lecturas: primero las permitidas por sus padres a las que fue sumando una serie de lecturas prohibidas, al mismo tiempo que ya escribe pequeñas historias, considerando que la escritura era de las actividades más bellas que pudiesen realizarse, en los que incluye como protagonistas a algunas de las personas con las que se relacionaba . Las lecturas le interpelan y le hacen plantearse preguntas, dudas y poner en duda las ideas anteriormente aceptadas; brillante en sus estudios, obteniendo la segunda plaza para cursar los estudios de filosofía tras otra Simone, Weil, que fue quien obtuvo la primera plaza, resultado premonitorio de lo que luego sucedería en las pruebas de oposición a agregadurías en la que quedó segunda tras su compañero Sartre.. Ya se puede atisbar su propósito de construirse una personalidad y dar un sentido y dirección a su vida; ella que se consideraba la persona más tendente a la felicidad. Soñaba con un futuro en el que el éxito le sonreiría y en el que ella sería siempre dueña de sí misma sin someterse a nadie; y en su soledad, y habiendo dejado de creer en Dios y en la vida tras la muerte, comienza a pensar en que la inmortalidad le llegará por medio de la literatura, al grabar su huella en cantidad de lectores. Todo esto, deja ver que, lo vive con altibajos que le llevan del sentimiento del absurdo del mundo al entusiasmo ante él, y solamente ya en la cercanía de los viente años es cuando se marca como objetivo acabar con tales sentimientos contradictorios y cambiantes.

Sorprende el detallismo con que la escritora rememora las escena vividas en su casa: las visitas de los amigos de sus padres, las reuniones en las que se tomaba el té en el salón , las flores que lucían en los marcos de las ventanas, las descripciones de los amigos, con pelos y señales, los paisajes de la granja de los abuelos…luego vendrá la enumeración de sus primeras lecturas, sus primeras vacaciones, la playa, el sol y el mar…conocemos a sus amigos y sus ramalazos de entrega a los demás, tras la sombra de Garric, al igual que su estrecha y cómplice relación con un primo suyo, Jacques . En suma asistimos a la constitución de una identidad propia, y vemos los primeros pasos de la mujer cuya pasión por la libertad fue la guía de su existencia.

El homenaje que dedica en luminosas páginas a su amiga cuya desaparición supuso un duro golpe, es digno de ser destacado, y en él se deja ver que ésta era la compañera perfecta con la que soportar la carga de la existencia. Precisamente es con la muerte de Zaza ( Élisabeth Lacoin), quien no pudo consumar su ruptura con su medio familiar al no darle tiempo, con la que finaliza el libro, con la escritora sumida en cierto sentido de culpabilidad ( « juntas habíamos luchado contra el destino fangoso que nos acechaba, y durante mucho tiempo he pensado que había pagado mi libertad con su muerte») y dando vida a su amiga a través de las palabras…

Ya en este primer volumen autobiográfico, magníficamente escrito, salta a la vista la pasión por la libertad que va a ser la columna vertebral de la vida toda de esa escritora, del mismo modo que deja ver el amor que tenía hacía sí misma, y la clara conciencia de una se hace, o debe hacerse, a sí misma. Y si en su momento y en años posteriores también se subrayaba la prosa brillante pero demodée, ahora, sin embargo, su valoración ha crecido al poder considerársele como un caso, avant la lettre, de la hoy conocida como auto-ficción. La vida propia, convertida por medio de la escritura, en obra de arte: « mi vida sería una hermosa historia que se volvería verdadera a medida que yo me la fuese contando»…y con este libro comenzó la tarea, dejando por escrito el ejemplo de una vida ejemplar en lo que hace a incidir en la independencia de las mujeres, de la construcción de su propia vida sin depender de ningún dueño ni maestro..

Es digno de ser destacado el enorme éxito que este libro obtuvo entre las jóvenes, y las tomas de conciencia y la ruptura con las ideas impuestas de la tradición que provocó, al presentar la historia de una liberación en vías al cumplimiento de un destino, tratada con finura a la hora de detenerse en los crujidos y matices de la adolescencia en ruptura con los límites, se puede aventurar que hicieron más en el despertar de la conciencia femenina, feminista, que El segundo sexo, libro que aun habiéndose vendido ( ¿ leído?) cantidad no resulta desde luego fácil de abordar; resulta significativa la publicación, que ya he indicado anteriormente, de sus obras de memorias en la Pléiade y que el libro del que hablo haya sido incluido en el programa de agregación para el año que viene . Ya en 1929, el 30 de mayo, escribía en su diario: « ¿ qué obra hay más bella que este destino que trato de cumplir?».

La obra ha sido pasada por alto en gran medida debido a la hostilidad hacia los posicionamientos políticos de la pareja Sartre&Beauvoir, sin darle la importancia debida como obra inaugural del género: este trabajo de reflexión e imaginación además de un clásico de la rememoración implica la invención de una poética particular que une discurso narrativo y analítico, síntesis de relato y ensayo. Mirada retrospectiva en prosa verídica, implícita, desde las primeras líneas queda manifiesto el pacto autobiográfico que posteriormente haría explícito en La fuerza de la edad: « he contado sin omitir nada mi infancia y mi juventud; pero si lo he hecho sin molestias, y si excesiva indiscreción, poniendo al desnudo mi pasado lejano, no experimento con respecto a mi edad adulta la misma soltura y no dispongo de la misma libertad[…] Dejaría en la sombra cantidad de cosas»…En lo que se centra especialmente es en la verdad de la relación consigo mismaen una conjunción y sucesión de yoes , además de los que denotan el paso del tiempo y de los cambios experimentados por la propia joven ( yoes pasados o enfocados en otro tiempo, que se desdicen se anulan o se discuten…): un yo enunciativo ( a menudo analítico), un yo narrativo.

El relato puede ser considerado como la travesía de una conversión ( ruptura con la fe, búsqueda de la vía intelectual y de escritora), conversión en sentido inverso que le lleva a la apostasía y a la apuesta por el más acá como sustituto del más allá, iluminación a la contra que no podía sino producir dolor en los sectores imbuidos de férreo catolicismo ( así François Mauriac diría que era un «libro doloroso de leer para un cristiano») y que supone un relato de vocación, de escritora, lo que supone sustituir la esperanza de eternidad por dejar su huella en cantidad de lectores, no como muestra de un narcisismo desbocado sino como una apertura de lo particular a lo general: . « Se trata en la autobiografía de partir de la singularidad de mi vida para encontrar una generalidad, la de mi época, la del medio en el que vivo»; autobiografía en la que se entrecruzan varios niveles que señala con tino Éliane Lecarme-Tabone: el de los cuentos de hadas ( una protagonista revestida de todas las virtudes, o casi), el mito platónico del andrógino planteado en El banquete ( el hallazgo de un alma gemela, de un doble que le facilita su propio ser) y ciertos toques míticos: de búsqueda de tal alma, cuestión que ya había sacado a relucir , el de los dioscuros, en su Pyrrhus et Cinéas.

Concluiré, dejando diferentes aspectos en el tintero o en el no-tecleado, señalando que si se mide un libro por la influencia o el lugar que ocupa en la acción de sus lectores, no cabe duda de que por una parte – como ya quedaba indicado en el artículo anterior- no cabe duda de que El segundo sexo ganaría por goleada a los libros de su compañero, de quien las lenguas facilonas dicen que ella no era más que una discípula suya…cuando está claro que en el libro nombrado se ven las influencias de diferentes maestros y no de uno solo ( Hegel, Marx, y la fenomenología existencialista), es más en tal obra la pensadora da muestra de haber leído a Marx, por ejemplo, antes de que lo hiciera Sartre, al igual que se separa del existencialismo sartreano al proponer una antropología y una filosofía de la historia, unidas a algunos toques morales ausentes en la obra de su supuesto maestro; dejaré de lado las hipótesis que dicen que fue Sartre el que se apoderó de ideas de su compañera, mas sí que parece de recibo la postura de Le Doeuf que se encarga de distinguir entre ambas obras destacando la singularidad de la obra beauvoriana, a pesar de que no se priva de indicar cierto seguidismo en algunos aspectos. Volviendo , no obstante, al libro del que hablo, y siguiendo la lógica que señalaba al principio del párrafo tampoco sería descabellado reiterar que las Memorias de una joven formal han hecho más por el feminismo de las jóvenes generaciones que El segundo sexo, ya que el segundo es de lectura compleja y solo apto para gente habituada al discurso filosófico, mientras que el primero es apto para todos los públicos y el registro hace que las lectoras, muy en especial, puedan verse reflejadas en su propia existencia. Puesto a comparar, por otra parte…no cabe duda de que las novelas de Simone de Beauvoir resultan menos indigestas, desde luego, que las de su compañero…dejando de lado el teatro de éste…pero esto ya es otra cuestión.

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