Siguiendo la pista del mal

Repaso entrelazado de las ideas explicativas, filosóficas y también literarias, sobre el tema

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La preocupación por el mal, y su par contrario, el bien ha preocupado a los humanos desde la noche de los tiempos: desde el bíblico, veterotestamentario, árbol del bien y del mal prohibido a Eva y Adán, o la rebelión de los ángeles, o antes todavía el poema babilónico de la creación, el poema de Gilgamesh, o la caja de Pandora de los griegos ( por cierto, siempre las mujeres desencadenando el caos)…la presencia del mal ha recorrido la historia y sus testimonios. La pregunta ante desastres naturales o provocados, terremotos o genocidios, hizo tambalearse la fe a más de uno ante la impotencia o pasividad de dios, que permitía las desgracias y los llantos de los niños…Pueda darse la razón a Stendhal cuando afirmaba que «la única excusa de Dios es su inexistencia» ( o, la posibilidad de otra excusa, la versión gnóstica del desastre de la Creación fallida debida a la obra de un impostor); como no podía ser de otro modo, la preocupación de la que hablo ha cobrado una fuerte presencia en las cavilaciones de los filósofos, no sólo obviamente en los incluidos en el santoral , o similares, sino en quienes ante desgracias de distinto signo mostraron su disconformidad y clamaron al cielo: Baruch Spinoza, Voltaire, Denis Diderot, Enmanuel Kant, Han Jonas, Paul Ricoeur, Francesco Alberoni, Hannah Arendt, Sigmund Freud, George Steiner, Bernard Schirer, …el mal radical, la banalidad del mal, el malestar de la cultura, la barbarie como rostro de él, o…la fragilidad del bien, son distintas caras que ha ido presentando el análisis del fenómeno desde distintas ópticas y enfoques: religioso, histórico, filosófico, psicoanalítico, estético, etc.

La editorial Tusquets, acaba de reeditar una obra de sumo interés de cara al tema nombrado: « El Mal o El drama de la libertad», un verdadero acierto ya que la edición de 2000 estaba agotada. El autor, Rüdiger Safranski ( Rottweil, 1945), es un pensador hiperactivo: profesor de universidad, dinamizador de revistas de pensamiento, autor de biografías necesarias ( limitando la mirada al campo filosófico: ahí están la dedicadas a Schopenhauer, a Nietzsche o a Heidegger), de un sabroso acercamiento al Romanticismo* y animando / moderando un programa de la televisión germana de altas cotas de audiencia, Philosophischen Quartett , junto a otro pensador de campanillas: Peter Sloterdijk.

Entre las virtudes del alemán no es desdeñable su escritura diáfana que hace que lo oscuro devenga claro, y la cosa queda, una vez más, confirmada en la travesía que nos propone en diecisiete pasos que componen su obra, en la que se entreveran lo filosófico y lo literario, sin obviar lo teológico. Lo dicho obviamente no exime del inevitable esfuerzo que supone avanzar por tales andurriales, en especial si como es el caso los temas esenciales de la existencia humana se entreveran ( conciencia, libertad, decisión, creencias…) ; sea como sea, tal lectura bien merecerá la pena.

En la base del mal se halla la libertad humana y la capacidad de elegir, ya que estamos condenados a ella que decía el otro; la opción elegida hará de nuestros actos dignos de aplauso o de rechazo, sumidos en el caos-mundo y muchas veces contagiado por él; distintas valoraciones que serán contabilizadas en la conciencia. Eso sí, siempre que no se busquen orígenes externos como los dioses, y su pasividad y silencio ante los males que abundan entre los hombres. El posicionamiento del alemán es que la nada y Dios vienen a ser lo mismo, y partiendo de tal consideración, avanza por la historia para ir exponiendo las distintas posturas que ante los males , desastres, naturales o provocados, han florecido desde los tiempos narrados por la Biblia o por Hesíodo, con sus figuras y símbolos; explicaciones que intentaban buscar los orígenes, las causas y los posibles culpables. En un amplio conjunto de pensadores visitados los hay que son de la opinión de que se ha de avanzar con dos pies: en el caso de san Agustín la fe y la razón, mientras que en otros filósofos posteriores los apoyos serían los materiales que deberían ir acompañados, por una visión espiritual, metafísica o explicativa.

El panorama trazado es tan amplio que resulta francamente dificultoso, si no imposible, resumirlo, ya que acompañando al avance histórico, el autor expone las posturas de las luminarias del pensamiento y escudriña en ellas para ir desmenuzando / aclarando las cuestiones que se entrecruzan y he mentado con anterioridad. Así desde Sócrates, y siguiendo con Max Weber y su visión acerca de la secularización de la modernidad, y también con Einstein que alertaba sobre los peligros de la ciencia, vamos siguiendo la pista de Schelling y la apuesta de una necesidad de trascendencia ( mas que se ha de buscar en el interior propio, del conocimiento de sí que da lugar al avlor del amor), en la tensión entre el yo y el mundo, o de Schopenhauer y el dominio de la voluntad y la solución propuesta como un cierto desentenderse de él, privilegiando el pensar sobre el actuar, ya que como afirmaba el otro son los activistas y no los nihilistas quienes han provocado los mayores males en el mundo. La lista es amplia y los caminos intrincados, que van enlazando los pensamientos de Hobbes sobre el Estado, con la sombra del cainismo que conduce al enfrentamiento y a la muerte. A Kant y su proyecto de paz perpetua le acompañan como contrapeso los presupuestos belicistas de Max Scheler y más tarde por la división entre enemigos y enemigos de Carl Schmitt. Rousseau y son bon sauvage y los peligros que le conducen a transformarse en un ser maleado. Y, el optimismo ilustrado, Sade como opuesto al ideario kantiano, dotando a la naturaleza el privilegio y dominio que también en los humanos se situa por encima de cualquier instancia moral. El vuelo literario por las visiones negativas de Flaubert, de Baudelaire, de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, y la vena existencialista de Sartre y su náusea y el absurdo de Albert Camus… a los que les siguen Tolstói, Kafka y Bataille. El instinto de muerte freudiano , el nihilismo y la voluntad de poder nietzscheanos son también visitados. Y…en eso llegó el ascenso de Hitler y su empresa criminal al por mayor…sin obviar el análisis del Gran Inquisidor dostoievskiano, y algunas pinceladas finales que traen a colación a Job, en lucha entre la fe y la negación de sí mismo, y las tensiones entre el ateísmo de Epicuro, la teodicea de Leibniz, y algunos personajes goetheanos con los que concluye la obra. No está ausente en el recorrido la estética, y precisamente son de destacar las reflexiones sobre el arte y su relación con el mal, desde las prohibiciones platónicas a la monumentalidad de los totalitarismos. Una peregrinación por el mundo caótico y los intentos de solucionar este desorden.

Cualquiera que haya seguido el listado, que deja de lado no pocos de los nombrados en las páginas de la obra, podrá imaginar que la travesía es de órdago ; la bibliografía final ( Obras que han influido en este libro) con las referencias a prácticamente setenta autores, algunos con varias obras señaladas, da cuenta de los vericuetos del pensamiento que recorre la pluma de Safranski.

Podría señalarse que los humanos tras la muerte de Dios, son los responsables además de de dicha muerte de sus actos, lo que no lleva al autor a reclamar alguna forma de creencia religiosa sino a situar a la empresa de los humanos en un plano de inmanencia, armados de la libertad como instrumento privilegiado, lejos de pecados originales agustinianos, la pérdida el aura religiosa señalada por Weber hace pensar en que da por válida aquella afirmación de un personaje de Dostoievski de que todo está permitido, lo que desemboca en, a falta de los valores predicados por la religión, la justicia se desvanece.

La empresa pone el acento en el hombre como ser no fijado que tiende a su realización plena, en lo que hace a su humanidad, siendo dueño él de sí mismo y de su destino, sin causantes ajenos de la magnitud de sus tragedias; y a través de las vitas realizadas se va constatando el vaivén de postulados en los que unos recurren a lo religioso, otros a lo político, encarnado por el Estado, u otros al perfeccionamiento individual; toda una gama de posturas que se van complementando en sus sentidos divergentes en un repaso que no se limita a una mirada histórica, y cronológica, sino a la utilidad que las ideas que se han ido exponiendo pueda servir de cara a la toma de decisiones de los sujetos modernos, de esos extraños seres , animales racionales, que son capaces de lo mejor y de lo peor, en sus pretensiones de erigirse en dios…en este planeta que ha sido escenario de una sucesión de catástrofes, desastres y otras muestras de la imperfección, y que se han tratado paliar con diferentes agarraderos como la religión, al arte, la medicina, la ley, las instituciones, que no pocas veces han funcionado y funcionan como el pharmakon griego: cura y/o mata.

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* Recupero un artículo publicado sobre algunas de sus obras « menores» ( y que se me perdone el modo de señalar):

¿Cuánto Safranski…?

+ Rüdiger Safranski

¿Cuánta globalización podemos soportar?/ Tusquets, 2004.

+ Rüdiger Safranski

¿ Cuánta verdad necesita el hombre?/ Lengua de Trapo, 2004.

« ¿Cuánta verdad puede soportar un hombre-se pregunta Nietzsche en su Ecce homo– a cuánta verdad puede atreverse? Ésta se ha convertido para mí en la auténtica unidad de medida, cada vez más…Cualquier resultado, cualquier paso hacia adelante en el conocimiento es una consecuencia del valor, de la dureza con uno mismo, de la exigencia con uno mismo…?». Retomado la pregunta niezscheana , retomada a su vez en los títulos de las dos obras del filósofo alemán contemporáneo que se presentan, podríamos preguntar de cuánto Safranski seremos capaces de disfrutar, cuánto Safranski leeremos todavía, cuánto Safranski nos ayudará a pensar…lo cual supondrá-a más Safranski- más menear las meninges en su actividad reflexiva, más caminar por sendas no habituales a la hora de enfocar los problemas que acucian a los humanos, más hacernos avanzar en la clarificación de asuntos oscuros y polémicos de nuestro hoy, por caminos poco transitados o, hasta, ignotos en su totalidad. Ya nos regaló el autor alemán con sus excelentes biografías de Schopenhauer, Nietzsche y Heidegger, o con su sagaz rastreo del Mal,…y el resultado, al menos para el que esto escribe, es una sana(?) envidia acerca de la salud de la filosofía en países como Alemania; añadiré al respecto , si es que hacía falta más, que Safranski actúa como moderador, junto a Peter Sloterdijk (¡otro que tal baila!), en el programa Philosophischen Quartett de la televisión germana. ¡Ahí es nada!

En ambos libros el pensador subraya la importancia del espacio propio, el espacio vital y mental del que estamos necesitados los humanos para que podamos tratar de vivir con un mínimo de humanidad, de autonomía personal…y no como miembros satisfechos de un rebaño que se dedique a las bondades del karaoke que nos marquen los poderes , que en el mundo son y que armados de su ideología globalista tratan de universalizar sus sacrosantos dineros, valores, saberes, y…todo lo que sea menester, pasándose por el forro cualquier particularidad o singularidad que no coincida con sus productos exportables, ¡los mejores! .

El pintor chino

Al igual que en el cuento chino, al que se refiere el filósofo en su ¿Cuánta verdad…?, el pintor acaba engullido por su propio cuadro, en la absoluta empatía artística que establecía el manipulador de los pinceles con el resultado del lienzo…varios han sido los intentos de los humanos por hallar alguna sujeción a su inestabilidad existencial. Por una parte, expone los intentos de tres autores célebres: Rousseau, Kleist y Nietzsche, quienes-cada uno a su manera- trataba de lograr un equilibrio entre su yo y el mundo. Viaje interior por hallar en sí mismo la verdad, la tabla de salvación ante la enormidad del mundo. Esa fusion hundió a esos tres escritores en una gran soledad y en ciertas dificultades con respecto a la cantidad de mundo y de humanos que eran capaces de soportar. Por otra parte, se trató de hallar más allá del más acá visible,, algo que fuese realmente objeto de verdadero conocimiento, esencia(episteme, según Platón) frente a la doxa( u opinión, según el mismo filósofo griego); por ese camino surgía la metafísica occidental , y Safranski rastrea por Sócrates, Agustín de Hipona, Descartes, Kant o Freud, las distintas caras que adopta este ensayo de explicación consoladora que culmina según él, con los planteamientos de Goebbels e Hitler tratando de establecer su tierra -y hasta su sangre- como mundo más real que el aparente mundo real, pleno de mezclas e impurezas.

Claros del bosque

En vez de moverse en el seno de un lenguaje político, periodístico o panfletario, Safranski enfoca el asunto del globalismo por medio de una visión antropológica-filosófica que nos hace seguirle(sin problemas por otra parte, ya que su claridad expositiva es ejemplar) en la visita que él hace a los orígenes de los discursos globalizadores, de la ideología del globalismo, de la contradicción inserta en la propia esencia de la historia humana(Platón, Hegel, Schiller…), entre el yo de cada sujeto y su impulso connatural por vencer, por traspasar las fronteras propias en su empeño competitivo…Con Rousseau, reivindica Safrnski lo particular, lo local, lo propio frente a quienes uniformizan todo con sus pretensiones universalizadoras; pretensiones que tras hermosas palabras no hace más que ocultar desastres sin cuento, como de ello ha dejado cuenta la historia. Tampoco está ausente en la prosa safranskiana el impulso armonizador de Charles Fourier.

Los apretados árboles impiden ver la claridad y la luz desde el interior del bosque, los claros de éstos son los lugares adecuados para la iluminación y para la tarea personal de viendo claro, desarrollar la humanidad en sí mismo y ser capaz, igualmente, de desarrollarla con respecto a los demás… ¡Soberbias lecciones filosóficas que, aún no resultando asumibles al cien por cien, obligan a pensar y a avanzar en el siempre plausible trabajo de clarificar aspectos esenciales de la naturaleza humana, de la libertad y la soberanía del individuo! Safranski hace buena aquella perogrullada, tautológica, lyotardiana de que «la tarea del pensar es pensar», y haciéndolo él con enorme soltura, fuerza a sus lectores a hacerlo inevitablemente también.

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