Sicopatología de un presidente mafioso


El médico parisino Philippe Pinel fue uno de los que ayudó a posicionar la psiquiatría como una ciencia respetable a partir de 1970 introduciéndole una perspectiva psicológica y comenzando a hacer estudios clínicos objetivos acerca de las enfermedades mentales. Estas últimas son trastornos o&nbsp síndromes psíquicos y conductuales (mente y conducta) que generalmente son causa de angustia y deterioro en significativas áreas del funcionamiento psíquico, perturbando la armonía emocional, la producción intelectual y la adaptación social.

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Una clasificación muy general de las enfermedades mentales se hace teniendo en cuenta su gravedad y base orgánica, distinguiendo los trastornos psicóticos de los neuróticos.

Algunos acuciosos analistas de la realidad nacional colombiana, tratando de encontrar explicaciones a los vaivenes políticos del gobierno que preside Álvaro Uribe Vélez; y habiendo agotados los recursos de la ciencia política; suelen formular la hipótesis de que el personaje citado sufre de un alto grado de neurosis incontrolable que contagia a sus compinches de Estado.

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Particularmente me parece que la causa de su trastorno (del presidente) tiene una base más psicótica que neurótica.&nbsp

De manera general, una enfermedad psicótica implica un estado en el que el paciente ha perdido el contacto con la realidad, mientras que lo neurótico se refiere a un estado de malestar y ansiedad, pero donde no se pierde el contacto con la realidad. Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, llegó ha plantear en extremo que todos somos “buenos neuróticos”, en tanto que los casos de psicosis son contados.

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Y es que las desconexiones presidenciales con la realidad son un hecho recurrente. Las evidencias nos muestran un Uribe que aseveró y sigue sosteniendo que en Colombia no existe conflicto social y armado, cuando la historia reciente del país y la realidad actual está signada por este fenómeno social. Cuando ha habido en los últimos 10 años más de 3 millones de desplazados.&nbsp Cuando hay una fuerte confrontación militar en casi todo el territorio nacional entre dos fuerzas bélicas claramente armadas, entrenadas, capacitadas y jerarquizadas: las&nbsp FF.MM oficiales que defienden el régimen de terror que impera en Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias que brotaron y siguen encontrando su fuente de vida en las masas populares.
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En otras oportunidades se le vio al trastornado Uribe advertir que con él se recuperó la institucionalidad del país, que son transparentes las elecciones en Colombia, que la democracia florece, que está apunto de ganar la guerra que prometió ganar en su primer periodo de gobierno…pero el paciente se estrella con una realidad que muestra unas instituciones en crisis, un congreso con el 30% de sus parlamentarios presos o vinculados con el escándalo de la narcoparapolí tica, una Policía Nacional y un DAS infiltrados hasta los tuétanos por el narcotráfico y el fascismo paramilitar, unas elecciones – incluso las venideras – selladas por el fraude, la represión y el fantasma de la motosierra y de los señores 40, Castaño, Giraldo, Baez…etc. Y una seguridad autocrática, que buscaba exterminar la resistencia popular y el movimiento insurgente, repleta de falsos positivos que rayan en lo vulgar y que en el caso de los más recientes insultan la inteligencia del pueblo colombiano.&nbsp &nbsp

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El más reciente ejemplo de su desconexión con la realidad colombiana la observamos en su discurso ante la o­nU: ¡En Colombia ya no existe el paramilitarísmo! Así lo aseveró frente a decenas de jefes de estado y diplomáticos de todo el mundo.&nbsp Eso da cuenta de la gravedad de su enfermedad. No hay paramilitarísmo pero en más de 400 municipios se denuncia la presión al electorado (en vísperas de las elecciones del 28 de octubre) por parte de los paras y de las mal llamadas bandas emergentes – reencauche y neonimia del terror paramilitar.
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Pero el caso patológico de Uribe se relaciona además con trastornos de la personalidad; en su caso particular se resalta por ejemplo el de tipo paranoide. Este trastorno se caracteriza por que su síntoma principal son las ideas delirantes (creencia falsa, firmemente asentada, y resistente por ello a la crítica). Algunas de esas ideas delirantes son de naturaleza persecutoria (la persona se considera víctima de una conspiración) – esto pudiese explicar sus acciones contra las Cortes – o las de grandeza (el sujeto se cree de ascendencia noble, principesca, santa, genial e incluso divina) – ¿que tal las ideas de su reelección indefinida?… En cualquier caso, la personalidad paranoide es defensiva, rígida, desconfiada y egocéntrica, por lo que tiende a aislarse y puede llegar a ser violentamente antisocial. Este trastorno normalmente suele iniciarse en la mitad o al final de la vida, destruyendo las relaciones sociales, sobre todo las de pareja – ¿será de preguntarle a Lina Moreno cómo va la cosa en ese sentido?

El mórbido Uribe tiene además trastorno de personalidad antisocial, esta se caracterizan por violar los derechos de los demás y no respetar las normas sociales. A esto seguramente se habrá debido su obstinación por el rescate a sangre y fuego de los retenidos en poder de la insurgencia, las zonas de rehabilitació n que ahogaban a los habitantes con la restricción a sus suministros de alimentos y medicinas, sus rabietas públicas, sus actos de señalamiento y macartización a quienes le detractan, su desafuero en el debate con el profesor Moncayo…&nbsp


Advierto además ciertos rasgos en él de personalidad esquizoide (su aislamiento creciente – se queda solo con su relación de obediencia a los Estados Unidos); histriónica (que se caracterizan por la teatralidad de su comportamiento y de su expresión – verbo y gracia de sus discursos altisonantes y sus desboques) personalidad narcisista (demanda la admiración y la atención constante de los demás); por citar las más reconocibles en él.


Los trastornos de la personalidad duran toda la vida; y como hemos visto, determinados rasgos de la personalidad del enfermo son tan rígidos e inadaptados que pueden llegar a causar problemas laborales y sociales, daños a uno mismo y probablemente a los demás.


Es preciso que José Obdulio Gaviria (primo del extinto Pablo Escobar), Francisco Santos, o el propio Ministro de Protección Social, Diego Palacio Betancourt, presten un poco de la solidaridad que no tienen, a este caso grave de enfermedad mental que padece el presidente Uribe. No se le puede confiar los destinos de lo que queda de una nación a una persona tan trastornada y mucho menos si está pringada con los vicios de la mafia narcotraficante del país.&nbsp Para ello no son suficiente las góticas de valeriana…¡ No!, es necesario la renuncia inmediata del presidente para que pueda procurarse tratamiento en una de las instituciones especializadas para tal fin, que por cierto debe tener el INPEC.


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