Si divididos, vencidos

Si no dividen , no vencen

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En el día de hoy, y a falta de un modo de entendernos que no practicamos en la medida que sería precisa,  los pueblos vamos dando tumbos como pollos sin cabeza en medio de portentosas tormentas que, sin embargo, se podrían evitar para  tener paz, salud y seguridad entre otras muchas  bondades. Sin embargo, las tormentas persisten, lo que indica que no son fáciles de evitar. Por un lado las provoca el Planeta en su intento de regenerarse; y por otro, ahí estamos nosotros para seguir atizando el fuego.  Así que  tenemos enfrente un par de elementos  muy poderosos que nos obstaculizan en ese camino, y el que nos atañe inmediatamente por sus efectos sobre el conjunto llamado “humanidad” no es otro que  la ausencia del sentimiento de unidad, del sentimiento de pertenencia a la totalidad que cada uno pueda percibir; la falta de una  conciencia del “nosotros”, nacida de un soberano exceso de “yoísmo”;  de ahí que “ humanidad” y “conflicto” sean términos que se den la mano con harta facilidad.

¿Donde comienza el nubarrón de la tormenta?

Nos asombramos de los enfrentamientos que se dan en todas partes, y tendemos a considerar que no tienen nada que ver con uno mismo. Claro está que quien vive en España, o en Suecia está muy lejos de formar parte de la soldadesca si hay un conflicto armado en Siria, como pasa hoy mismo. Y en nuestro afán por intentar comprender el origen de un conflicto de semejante tamaño, deberíamos pensar si la palabra “conflicto” nos atañe. Si, por ejemplo, – y hay muchos así- odiamos a alguien, o envidiamos lo que posee. Eso nos separa del Otro, nos quita la paz, y nos prepara el terreno para una discusión u otra forma de enfrentamiento. ¿No es esta la  base necesaria de la pedagogía de guerra de los gobiernos… Pues, ¿acaso un gobierno puede atizar una guerra si no existe la materia prima emocional en sus ciudadanos  que permita conducirles  a coger un arma contra alguien que no conoce de nada? Así que la materia prima está presente en los ciudadanos, y solo hay que saber explotarla, como muy bien hacen los expertos en manipulación emocional y  guerra sicológica aprovechando que es  mucha  la gente que vive en conflicto y serán los primeros en desear la guerra.

Y es que en  cada uno hay batallas latentes, batallas  entre el pensar, el sentir y el hacer, que a menudo no hay modo de que se pongan de acuerdo. Y el conflicto que esto genera  en nosotros mismos fácilmente se convierte en la vida cotidiana en conflicto en el medio familiar, el lugar de trabajo, los amigos, y en generador de rencores, y toda clase de basuras mentales  de la discordia.

Exportamos nuestras guerras internas.

Cada conflicto que uno alberga es un factor de extrañamiento hacia  el “otro”; un factor de división. Y como un río invisible que  hace  su recorrido, salpica  persona a persona en las relaciones interpersonales y  acaba por aflorar en gobiernos, instituciones públicas, organizaciones políticas y sociales, y hasta en la misma Iglesia. Esto explica por qué  en esos ámbitos que debieran dar ejemplo de unidad de acción, de cooperación, de trabajo en pro de un mejor funcionamiento colectivo, no se ve aquello que la gente desea: justicia, igualdad, paz, seguridad, comprensión, altruismo, tolerancia y todas esas cosas que quisiéramos tener en nuestras vidas para que las tormentas humanas acabasen de una vez.

La piedra en el estanque

La desunión que nace en el egocentrismo es como la piedra lanzada sobre las aguas tranquilas de un estanque. La piedra en el estanque íntimo son los pensamientos y emociones negativas de odio, desprecio, envidia  y semejantes  dirigidos contra “el otro”, cualquiera que este sea. Y aunque las causas de la desunión se muestran variadas en apariencia, todas beben de la misma fuente: del egocentrismo y sus varias formas  de desamor, origen de todo conflicto.  Pero  semejante actitud nunca nos sale gratis. A nivel personal produce sufrimiento. A nivel social también, como efecto rebote del uso que el  Sistema hace de esa división entre personas, organizaciones y pueblos del mundo para tenernos separados y enfrentados. Y ¿ no es eso algo familiar?

De sobra sabemos que el Sistema necesita utilizarnos y  que miremos por las ventanas que le interesa procurando  que quienes miran   tengan visiones divididas, como están los dirigentes del Sistema. Ya saben aquello de “separa, ata y domina” de la tradición política demoniaca. La política y  la economía son sus ventanas  preferidas. Mirar a su  través, como se pretende hagamos a diario, es factor seguro de   desunión y enfrentamientos entre personas y entre las ya desunidas clases sociales, desuniones  que el propio Sistema profundiza y pretende eternizar creando discordia sobre discordia. Separa, ata y domina, sin embargo, tiene un antídoto: Une y sé.

Las tormentas se pueden aplacar.

Existen otras  ventanas para mirar el mundo como poesía, filosofía, educación integral u holística, literatura, consciencia, meditación, psicología transpersonal, medicinas alternativas, experiencias espirituales, Dios ( no el de las Iglesias y teólogos) el Más allá, los derechos del mundo animal (incluido el derecho a la vida y a no ser consumidos), y otras ventanas semejantes. Pero ¿a cuánta gente convocan?… ¿Cuántos miran a su través para descubrir sus contenidos y mejorar su mundo interior y su vida toda? ¿No  parecen asuntos superados, o de otro planeta? Se quiere que así parezca. ¿Por qué? porque son elementos de ampliación de la consciencia, y con ella, de unión y liberación. Si estos dos elementos fueran prevalentes en la consciencia humana, sería impensable un mundo como este. Su presencia en la vida cotidiana, su extensión  y su calidad  definen a una verdadera civilización. Esto nos obliga a preguntarnos  en qué clase de mundo vivimos que considera asuntos menores  todos los que se refieren a la unidad y a la liberación de la consciencia de la tiranía del ego y de la tiranía de sus servidores en los poderes del mundo. ¿Estamos viviendo en una verdadera civilización, o estamos condenados a vivir en la Tecnobarbarie, amenazados con previsibles catástrofes de todo tipo que suman a las que ya tenemos?  Es tan evidente la respuesta como la solución para salir de ella. Y eso es tarea individual, sin la cual no es posible otra civilización.

En busca de la unidad.

Positivemos nuestro modo de pensar, sentir y hacer. Pongámoslos de acuerdo entre sí en nuestro interior y seamos cooperativos, amigables, sinceros, claros y honestos. Seamos valientes y abramos nuestra mirada hacia lo que estimule nuestro progreso espiritual y mental. Aprendamos a ser cooperativos  y convivenciales desde el altruismo. De lo contrario siempre andaremos divididos. Ya saben: carne de explotación, carne de dominación,  o carne de cañón. Si divididos, vencidos.

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