Sexismo, racismo y especísmo, causas y conexiones

La dinámica de tres mil años de Historia de la Humanidad ha estado condicionada por las desigualdades entre animales humanos y entre animales humanos y animales no humanos. Estas injusticias han sido la causa de miles de guerras, una constante en las relaciones humanas. Las razones por las cuales existen desigualdades entre seres son económicas, pero a menudo, se ha pretendido encontrar una explicación natural para poder justificar las injusticias cometidas por los seres humanos. Estas explicaciones se han transmitido a través de las creencias religiosas o a través de la pseudo ciencia, construyendo un cuerpo explicativo del supuesto orden natural de las cosas.

Actualmente, los animales humanos se encuentran divididos en función de sus recursos económicos, lo que conocemos por clases sociales.

A lo largo de la Historia han existido, y siguen existiendo por desgracia, tres fuentes fundamentales (aunque no únicas) de exclusión y discriminación: el racismo, que discrimina a los seres en función de su raza, el sexismo que discrimina a los seres en función de su sexo, y el especismo, que a pesar de ser el menos conocido, es el más extendido y el menos combatido. Especismo, es un derivado del vocablo latino species-ei, y se refiere al desprecio y falta de respeto que padecen todas las especies bajo el dominio del homo que se autollama sabio dos veces.

A pesar de la existencia de estas tres discriminaciones, no hay ninguna razón biológica que determine que una raza sea más inteligente que las otras. Igualmente, hombres y mujeres tienen el mismo rendimiento intelectual y los seres humanos son una especie animal más, fruto de la evolución de otras especies ya extintas.

La causa del racismo no es la variedad de razas, la causa del sexismo no es la existencia de dos sexos ni la causa del especismo es la existencia de miles de especies animales diferentes. Estas tres lacras comparten la misma razón de ser, hay racismo, hay sexismo y hay especismo, por motivos ECONí“MICOS.

Veamos una breve introducción a cada una de estas lacras:
Racismo

Históricamente, el racismo se ha expresado de forma extrema con la total negación de derechos hasta el punto de utilizar como esclavos o como comida a los seres con otro color de piel.

La esclavitud institucionalizada fue un hecho normal en el Mundo Occidental hasta principios del siglo XX. Veamos diferentes casos de aplicación del racismo pasados y presentes:

Los europeos (y sus descendientes en otros continentes) siempre han sentido una superioridad natural respecto a las otras etnias, creyendo que la civilización europea era superior a todas las otras sociedades del Mundo. Esta supuesta superioridad europea se ha justificado especialmente desde el punto de vista religioso, es decir: la Cristiandad era la única fe verdadera, todas las otras religiones eran herejí­as o creencias de grupos de ignorantes idolatras, que merecí­an ser civilizados por la verdadera civilización.

Con la formación de las primeras sociedades complejas y los posteriores Estados, encontramos ejemplos de aplicación del racismo o sentimiento de superioridad natural hacia otros pueblos y no solamente por parte de los europeos. Por ejemplo, en los tiempos del Imperio Romano los ciudadanos de Roma tení­an privilegios que no tení­an el resto de ciudadanos de las provincias del Imperio. Los pueblos que lucharon contra Roma pero que perdieron la guerra, quedaban relegados a la categorí­a de esclavos, los cuales sostení­an el sistema económico de la maquinaria imperial. í‰stos eran usados como mano de obra para todo tipo de trabajos pero también en la industria del entretenimiento, ya que su maltrato y muerte se podí­a convertir en un espectáculo en el Coliseo. En el caso romano los esclavos no eran utilizados como comida, por que era más rentable convertirlos en mano de obra gratuita.

La aplicación del racismo hasta el punto de utilizar a las gentes de otros pueblos como ví­ctimas de los sacrificios religiosos y como alimento, se daba en algunas civilizaciones mesoamericanas, la más importante de las cuales fue en el Imperio Azteca. De hecho, el canibalismo fue una práctica abundante en las sociedades prehistóricas, en la Pení­nsula Ibérica tenemos pruebas arqueológicas de ello en el conocidí­simo yacimiento de Atapuerca (Burgos). Con la aparición del Estado y el desarrollo de instituciones, el canibalismo se erradicó, pero no por motivos compasivos, sino por motivos pragmáticos, ya que usar a los enemigos o a otros pueblos como esclavos era más rentable.

El canibalismo azteca ha traí­do numerosos dolores de cabeza a cientos de antropólogos que no encontraban una explicación lógica a la institucionalización de esta práctica en una civilización que desarrolló un gran refinamiento en las artes, la ciencia y el culto al cuerpo. En 1977, el antropólogo Michael Harner presentó una teorí­a revolucionaria sobre el canibalismo azteca1. A pesar de recibir muchas crí­ticas, ésta es la única que ha presentado un cuerpo explicativo lógico y sin contradicciones, una interpretación valiente y sincera que por sus semejanzas al trato que hoy damos a los animales ha causado pavor. Según Harner, el canibalismo azteca se debe a circunstancias medioambientales, a causa de un crecimiento demográfico desfrenado en una tierra que ofrecí­a escasos recursos. Hacia el 9000 a.C., en las tierras altas del actual Estado Mexicano, la mayor parte de la mega fauna pleistocena se extinguió debido a los cambios climáticos, con lo cual, los hombres y mujeres del Neolí­tico Mesoamericano no tuvieron la oportunidad de domesticar especies de animales de gran tamaño para el consumo humano. Este hecho constituye una gran diferencia con el Viejo Mundo. Estas sociedades no tení­an la oportunidad de comer carne roja de otros grandes mamí­feros y disponí­an de recursos vegetales muy limitados. Por ello, con el desarrollo de la civilización se continuó consumiendo carne humana pero de forma institucionalizada. A falta de animales y otros recursos, seres humanos comí­an a otros seres humanos con toda normalidad. Lógicamente, para la etnia dominante -los mexica, habitantes de la capital imperial Tenochtitlán- cualquier humano no era comestible. Los humanos comestibles eran prisioneros de guerra de otras etnias y procedentes de las ciudades sometidas al Imperio Azteca, las cuales tení­an que pagar sus tributos humanos, es decir: ví­ctimas para los sacrificios religiosos que después se convertirí­an en comida para humanos.

A medida que el Imperio Azteca se expandí­a y devení­a más poderoso los aztecas se volví­an más caní­bales, porqué podí­an capturar a más gente y conseguir más prisioneros de guerra.

La teorí­a de Harner defiende que el agotamiento extraordinario de los recursos animales determinó el comportamiento del Estado Azteca, ya que prohibir el consumo de carne humana habrí­a comportado carestí­as y mantener a los prisioneros de guerra vivos para esclavizarlos hubiese empeorado más la situación causando sobrepoblación y en consecuencia, más escasez de alimentos. Para el Imperio Azteca ofrecer como comida a los prisioneros de guerra era la manera de compensar la lealtad al trono de los guerreros que luchaban para engrandecer el Imperio.

La justificación moral de la institucionalización del canibalismo se encontraba en la filosofí­a religiosa de los aztecas. Según ésta, los dioses se alimentaban de corazones humanos y los humanos tení­an la obligación de mantener a los dioses con tales ofrendas, si no se cumplí­a esta obligación el Sol se apagarí­a para siempre y la vida desaparecerí­a. Por lo tanto, habí­a que sacrificar humanos para extraer sus corazones. Era una necesidad vital. Los sacrificios se realizaban como rituales en los templos dedicados a las deidades, los cuales estaban situados a lo alto de las pirámides que los sostení­an. Allí­, los prisioneros eran atados y sufrí­an una muerte terrible, se les abrí­a el pecho con un cuchillo de obsidiana y se les arrancaba el corazón en vida. Este ritual inspiró una de las escenas más famosas del cine, en Indiana Jones en busca del Arca Perdida. Una vez los sacerdotes habí­an extraí­do los corazones, estos se colocaban en un altar antropomorfo (Chac Molt) y eran quemados. Los cuerpos, en cambio, se lanzaban hacia abajo para ser recogidos y cocinados. Los sacrificios eran diarios por lo tanto, el consumo de carne humana también y sus principales consumidores eran las clases más acomodadas.

Las creencias religiosas aztecas reflejaban su pragmatismo económico y sus necesidades de supervivencia. Las exigencias en sacrificios humanos dictadas por los dioses, reflejaban la voluntad expansionista de los aztecas. Desde una perspectiva económica, habí­a mucho que ganar institucionalizando la antropofagia.

Pero las aplicaciones sorprendentes del racismo no acaban aquí­. En nuestra Historia reciente tenemos múltiples ejemplos.

Desde finales de la Alta Edad Media hasta finales del siglo XIX, los europeos han utilizado a los pueblos de otros continentes para ser su mano de obra gratuita, es decir: esclavos. Cuando Colón y los Pinzones llegaron a América, los amerindios fueron esclavizados a través de los sistemas de la encomienda y la mita, la gran cantidad de oro y de plata que los recién llegados encontraron en el Nuevo Mundo les hizo perder todo tipo de escrúpulos en su trato a los indí­genas. La altí­sima tasa de mortalidad eliminó por completo los indí­genas de todas las islas del Mar de las Antillas. La alta presencia de personas de origen africano en paí­ses como Cuba, Jamaica, Haití­, República Dominicana o Brasil y Portugal se debe a la siniestra historia de la trata de esclavos, traí­dos de ífrica por exterminio de autóctonos y por otros intereses económicos.

Los esclavos eran capturados en el centro de ífrica, una vez marcados eran embarcados con destino a América. Las condiciones de traslado no eran precisamente buenas, con lo cual muchos de ellos morí­an durante el transporte. Una vez llegados a tierra firme, los supervivientes eran vendidos a familias propietarias de grandes tierras. Se estima que unos cincuenta millones de personas fueron ví­ctimas de la trata de esclavos.

Aún siendo un funesto negocio, los empresarios dedicados a esta actividad mostraban un gran refinamiento y podí­an exhibir las mayores riquezas. Cuando retornaban a sus paí­ses de origen, eran recibidos como ilustres señores. En Cataluña se les conocí­a como los indianos, las hermosas casas que se hicieron construir son excelentes ejemplos de arquitectura modernista y el algodón que se usaba como primera materia en las colonias industriales textiles catalanas hasta principios del siglo XIX, procedí­a de las plantaciones del sur de los EE UU, cuya totalidad de los trabajadores eran esclavos.

Los usos de los esclavos africanos podí­an ser muy variados: desde los trabajos más duros y peligrosos hasta el aprovechamiento sexual de las mujeres y un largo etcétera. Todos ellos y ellas sin ningún derecho y con sometimiento a todo tipo de abusos. Durante el siglo XIX, en los periódicos de las islas del mar de las Antillas podí­amos encontrar anuncios de todo tipo referidos a la trata de esclavos. Anuncios de vendedores, demandas de determinados perfiles de esclavos para determinados trabajos e incluso denuncias y búsquedas de esclavos fugados. Algunos ejemplos pueden ser tan sorprendentes como la búsqueda de una mujer negra que hubiese dado a luz recientemente, para que una madre burguesa pudiera disponer de una nodriza, sin preocuparse de que el pecho le pudiera quedar feo o caí­do.

Estos ejemplos son claras aplicaciones económicas del racismo, para mantener un sistema desigual en el cual unos trabajen y otros se apoderen por la fuerza de la riqueza generada por su trabajo.

Las creencias de los esclavizados, no se alejan de la mentalidad azteca; veamos este fragmento: "En la orilla los esclavos eran vendidos a los europeos, marcados y transportados en grandes botes al barco. Para cuando el barco habí­a completado su carga y se hací­a a la mar, mucho de los cautivos habí­an pasado ya varias semanas a bordo, encerrados por la noche en las bodegas y llevados a cubierta durante el dí­a para las comidas y que para practicarán regularmente y a la fuerza el baile y otros ejercicios. Muchos de ellos estaban convencidos de que, cuando el barco llegara a la otra punta de las aguas, los blancos se los comerí­an. Algunos estaban esperando una oportunidad para escapar de la tripulación antes de que fuera demasiado tarde. Otros se negaban a comer, creyendo que, si se dejaban morir de hambre, sus almas regresarí­an a la costa africana." 2

La justificación de las atrocidades derivadas del racismo se buscó en la pseudo ciencia y la religión cristiana, aunque algunos religiosos siempre se manifestaron en contra de la esclavitud. En el supuesto orden natural de las cosas, los negros no eran civilizados, no tení­an alma y eran seres naturales nacidos para trabajar para los blancos, aunque sólo para determinados blancos: los acomodados. Las diferencias en los rasgos fí­sicos se interpretaron de forma tendenciosa para explotarlos sin ningún cargo de conciencia. Hoy dí­a, la ciencia ha llegado a un alto nivel de conocimiento que permite descartar del todo los prejuicios raciales.

El dí­a 13 de Septiembre del año 2000, The New York Times publicaba en uno de sus artí­culos: €œLa genética descalifica el concepto de raza, los cientí­ficos creen que los rasgos fí­sicos externos corresponden a sólo el 0€™01% de los genes. Calibrar la inteligencia, las aptitudes o el carácter por el color de la piel es algo que para amplios grupos de expertos se aleja de la realidad cientí­fica (€¦) €œHay sólo una sola raza, la humana€(€¦) los rasgos diferenciales externos son procesos de adaptación al medio que se explican por un número pequeñí­simo de genes.€ 3

Actualmente, el mundo sigue dominado por la cultura occidental, es decir, por los paí­ses de tradición judaico-cristiana: los blancos. Por lo tanto, las explicaciones y las interpretaciones que se nos han transmitido de la Historia se hacen desde una óptica occidental y especialmente eurocéntrica. En los paí­ses más desarrollados las personas que cubren los puestos de trabajo menos remunerados, más fatigosos o con más riesgos laborales, no suelen ser nativos, sino personas procedente de otros paí­ses. Continúa la lí­nea de discriminación por motivos económicos. La causa del racismo.
Sexismo

El sexismo es la relación desigual que existe entre hombres y mujeres, siendo ellas las ví­ctimas del sistema patriarcal. En este apartado me centraré exclusivamente en los paí­ses de tradición cristiana o los llamados paí­ses occidentales, porque son los únicos que han tenido propiamente una revolución femenina, aunque todaví­a quede mucho camino para recorrer.

En las sociedades occidentales, aunque con diferentes grados según cada paí­s, las mujeres han conseguido derechos importantí­simos. De hecho, el reconocimiento de la mujer como ser humano es muy reciente históricamente hablando, ya que la aplicación del sexismo hacia las mujeres negó siempre parte de su humanidad en función de su sexo. La Historia de la evolución de la humanidad es una gran experiencia desigual entre hombres y mujeres, en la que las mujeres han sufrido una exclusión ejercida desde dos pilares fundamentales: la gynopia y la misoginia. La primera consiste en la invisibilidad de las mujeres, en ignorar todas sus actividades y excluir su presencia del ámbito público. Por ejemplo, cuando se habla de primer sufragio universal, se deberí­a especificar que se trataba del sufragio universal masculino. La misoginia, por su parte, consiste en despreciar e incluso fomentar el odio hacia las mujeres, culpándoles de los males y los errores de los hombres. Los ejemplos de misoginia son constantes en la Biblia, la cual es un ejemplo entre miles.

De este modo, el sexismo ha conllevado que la visión transmitida de la Historia no sea solamente eurocéntrica, sino también androcéntrica (es decir, centrada en el hombre).

El mundo actual sigue siendo una gran sociedad patriarcal, dominada por varones. Según la acertada definición de Victoria Sau, €œel patriarcado consiste en una toma de poder histórica por parte de los hombres sobre las mujeres, cuyo agente ocasional fue de orden biológico, si bien elevado éste a la categorí­a de polí­tica y económica. Dicha toma de poder pasa forzosamente por el sometimiento de las mujeres a la maternidad, la represión de la sexualidad femenina y la apropiación de la fuerza de trabajo total del grupo dominado, del cual su primer pero no único producto son los hijos€¦€4

Las prehistoriadoras y arqueólogas han desarrollado a lo largo de las tres últimas décadas del siglo XX, la llamada Her-story o Historia de las Mujeres, en la cual se rompe con la visión antropocéntrica del discurso historiográfico. La mayor incógnita que plantea la Her-story es el momento de nacimiento de la sociedad patriarcal.

Las tendencias historiográficas de la Escuela Marxista centran la economí­a como factor determinante de la evolución de las sociedades y la lucha de clases sociales como principal conflicto. Pero la gran pregunta es por qué las desigualdades entre clases sociales y entre hombres y mujeres. Esta cuestión tan compleja se encuentra la Prehistoria Neolí­tica, ya que durante este perí­odo tan importante, en algún momento surgieron las diferencias entre seres humanos.

La etapa prehistórica previa al Neolí­tico es el Paleolí­tico. El Paleolí­tico es la primera etapa y la más extensa de la Humanidad. En aquel entonces, los seres humanos viví­an como una animal más. No habí­an desarrollado todaví­a ningún sistema de producción, ni instituciones, ni asentamientos estables. Probablemente, no habí­a diferencias sociales-económicas entre hombres y hombres, ni entre hombres y mujeres. Este tipo de sociedades son conocidas como cazadores-recolectores. En aquél entonces tampoco existí­a la familia nuclear, habí­a promiscuidad sexual y una paternidad difusa. Pero a partir del Neolí­tico, los seres humanos desarrollaron sus capacidades y ambiciones para dominar la naturaleza. Empiezan así­ los modos de producción planificada en los cuales se domestican algunas especies vegetales (agricultura) y algunas especies de animales (ganaderí­a). A consecuencia de este proceso tan importante surgió el concepto de la propiedad privada, es decir: el derecho a apoderarse de la tierra que uno trabajaba y de los animales que uno habí­a domesticado y alimentado.

La existencia de la propiedad privada generó conflictos violentos entre seres humanos, los cuales terminaron generando una sociedad con diferencias económico-sociales. El nacimiento de la propiedad privada supuso especialmente una gran derrota para las mujeres. Con esta afirmación tan intrigante me refiero a la teorí­a desarrollada por uno de los teóricos revolucionarios más importantes del siglo XIX, cuya obra El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), pasó un poco desapercibida estando a la sombra de Karl Marx, el mejor amigo del autor. Me refiero a Frederich Engels, el cual siempre fue contundente en afirmar que la mujer estaba oprimida por el hombre y que la revolución del proletariado deberí­a suponer también la liberación femenina.

En esta obra, Engels pretende demostrar el origen de la propiedad privada, de las diferencias sociales y de la institución del Estado, pero además el origen del dominio que los hombres ejercen sobre las mujeres. Según Engels, el hecho de poseer animales y bienes materiales como propiedades, creó la conciencia del concepto de propiedad privada y en consecuencia creó conciencia de herencia, lo cual hizo pensar a los hombres que debí­an asegurarse de transmitir sus propiedades a sus verdaderos hijos. Para ello, era necesario evitar la promiscuidad sexual de las mujeres: cada hombre poseerí­a su mujer o sus mujeres para poder expandir sus genes y transmitir la herencia a sus verdaderos herederos. La mujer fue convertida en el instrumento de reproducción del hombre, en su otra propiedad privada, por lo tanto, en su esclava y en su servidora, ya que el hombre se apoderó de la riqueza producida por su trabajo y, obviamente, de los hijos. Según Engels, el derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo.

Todaví­a hoy -aunque existe la posibilidad de modificarlo- los hijos siguen teniendo como primer apellido el paterno. En las sociedades anglosajonas, supuestamente las más avanzadas, los hijos sólo reciben como único apellido el paterno, sin dar mención a la familia materna, y algunas mujeres al casarse se cambian su apellido por el de su esposo.

La terrible tradición africana de la ablación del clí­toris NO es solamente el máximo exponente de la opresión de la sexualidad femenina, sino que conlleva el control total de la mujer como instrumento de reproducción privado. En muchas sociedades todaví­a se repudia a las mujeres estériles, ya que ellas mismas como mujeres no tienen valor si no pueden dar hijos al marido.

La concepción masculina de mujer como propiedad privada, como objeto de consumo y como recurso está estrechamente atada con la domesticación de animales. Todos son concebidos como bienes materiales de la sociedad patriarcal. De hecho, hasta que no se domesticaron animales no se podí­a consumir carne de forma abundante, juntamente con los lácteos, que no se han consumido durante la mayor parte de la existencia de la humanidad. El estudio arqueológico de los desechos de los grupos paleolí­ticos y los análisis carpológicos han demostrado que más del 90% del alimento de los grupos llamados cazadores recolectores era de origen vegetal. De esta manera, estos deberí­an llamarse recolectores cazadores, ya que la caza era ocasional y no diaria. Pero la visión androcéntrica de la Arqueologí­a y la Historia lo determinó así­, ya que la caza (especialmente la mayor) es una actividad considerada 100% masculina.

Actualmente, los ejemplos de sexismo siguen siendo muchos, y juntamente con las ví­ctimas del racismo, las mujeres continúan teniendo los trabajos peor remunerados. Hace algunos años, se consideraba a la mujer como incapacitada para estudiar en la universidad y desarrollar estudios técnicos. La primera mujer española que acudió a una facultad, Concepción Arenal, lo tuvo que hacer vestida de hombre, ya que su presencia era considerada ofensiva en tal lugar. Pese a la consideración no apta para desarrollar las capacidades intelectuales, durante la Revolución Industrial no se dudó ni un segundo que las mujeres eran capaces de trabajar en las fábricas. Esta supuesta conquista del derecho al trabajo de la mujer hay que matizarla, ya que suponí­a solamente el derecho al trabajo remunerado (porque&nbsp las mujeres siempre han trabajado), aunque con un salario inferior al del hombre, para evitar la total autonomí­a económica de la mujer.

Los trabajos asociados supuestamente a la feminidad, no han dejado de ser la mano de obra y los recursos de las bases del sistema patriarcal. Por ejemplo, la maestra y la bibliotecaria son la mano de obra del catedrático universitario, las enfermeras son la mano de obra del gran doctor€¦Hoy dí­a, las diferencias económicas entre razas continúan palpables, y aunque no sean tan visibles también lo son entre sexos. Las mujeres todaví­a suelen cobrar menos que los hombres y las viudas son el principal grupo social que padece pobreza y exclusión social.

La relación entre racismo y sexismo y la cohesión en la lucha para combatir ambas lacras, ha dejado un excelente ejemplo histórico. A finales del siglo XIX, en los Estados Unidos, la lucha por el abolicionismo de la esclavitud encontró sus analogí­as con la lucha de las mujeres sufragistas. En términos polí­ticos, el abolicionismo desarrolló una percepción polí­tica de la opresión femenina, lo cual contribuyó a que el feminismo se convirtiera en un movimiento polí­tico. Antes de la participación femenina en los movimientos antiesclavistas, las mujeres ya tení­an conciencia de su situación polí­tica, económica y social, pero la analogí­a con el esclavo les ayudó a desarrollar un discurso especí­fico sobre ellas. De esta manera, las feministas norteamericanas empezaron a movilizarse por sus derechos y por la abolición de la esclavitud.

A través de este repaso histórico sobre el racismo y el seximo, veamos los paralelismos que comporten con el especismo que se aplica a los animales en el mundo actual.
Especismo

El especismo es la base de todo el sistema de explotaciones, por que el sistema no puede sostenerse sin la explotación animal. La explotación animal es la más amplia, la más grave, y sin duda la más cruel.

Los animales NO son tratados como seres con capacidad para sentir frustación y dolor. Sus derechos son pisoteados con el consentimiento y apoyo de la Ley, tal como pasaba tiempo atrás con las ví­ctimas del racismo y el sexismo. El ser humano siente que tiene el derecho natural a utilizar a los animales como sus propios recursos. Esta afirmación se justifica con motivos religiosos, y que según la mitologí­a cristiana -sólo por poner un ejemplo- Dios creó a los animales para dotar de recursos al rey de la creación, el ser humano. Esta afirmación carece totalmente de bases cientí­ficas. No hay especies que por naturaleza deban someterse a otras, cada especie es independiente. Tal como afirmó Charles Darwin en su obra más conocida, El origen de las especies, el ser humano es un animal más, fruto de la evolución de otras especies ya extintas. Este descubrimiento supuso un hachazo al ego humano, ya que durante el siglo XIX, el ser humano no estaba dispuesto a aceptar su origen y su naturaleza animal. Actualmente, la ciencia no para de hallar más y más similitudes entre el ser humano y los demás animales.

El hecho de que los animales no hablen o no razonen como los animales humanos, no significa que no sean inteligentes. De hecho, este aspecto no es para nada relevante desde un punto de vista moral y ético, ya que lo único moralmente relevante es la capacidad para sufrir, que los animales poseen exactamente igual que los seres humanos. Por desgracia, la moralidad no cuenta en el mundo actual ni ha contado en el pasado. A diferencia del sexismo y el racismo, el especismo no ha disminuido, ha aumentado de forma extraordinaria. A partir de la segunda mitad del siglo XX, empezaron a desarrollarse los métodos de crí­a industriales, para generar una producción con un mí­nimo de costes económicos para los seres humanos pero con grandes costos fí­sicos y psicológicos para los animales.

Veamos ejemplos comparativos que ponen en común los tres términos tratados:

Es común experimentar con animales para todo tipo de finalidades y no siempre terapéuticas como algunas personas piensan. Los nazis experimentaron con judí­os y otros prisioneros de campos de concentración porque se creí­an superiores a ellos.

Los cuerpos de los animales son sometidos a tratamientos hormonales y a una alimentación antinatural para ser convertidos en comida. Los aztecas hací­an lo mismo, aprovechaban los cuerpos de sus prisioneros de guerra para comida, aunque en realidad no actuaban de forma tan bárbara e irracional tal como se actúa con los animales en las granjas industriales.

Los animales son utilizados para entretener al ser humano, incluso su tortura y muerte puede ser una diversión para el pueblo. Los romanos hací­an lo mismo con los condenados a muerte, los prisioneros de guerra, los esclavos, los desertores del ejército, etc€¦ sus muertes eran el espectáculo predilecto.

Las pieles de los animales son usadas para vestir. Los aztecas e incluso los nazis desarrollaron este mismo sistema de aprovechamiento de los restos de sus prisioneros. Los nazis, incluso, rapaban las cabezas al cero, para convertir el pelo en tejidos.

Deseo que la próxima revolución moral tenga consideración hacia los animales. El ser humano ha conseguido un grado de desarrollo que le permite vivir 100% sin utilizar ningún tipo de recurso animal. De hecho, dejar de comer carne y de tratar pieles para fabricar productos de cuero, supondrí­a acabar con dos de las más contaminantes industrias. El veganismo, el estilo de vida más respetuoso y más sostenible ecológicamente hablando, está irrumpiendo en el mundo actual, con seguidores que demuestran que esta ví­a es posible.

La soja, las legumbres, los cereales integrales€¦ proporcionan las proteí­nas necesarias al organismo, se puede obtener vitamina B12 a partir de cultivos bacteriológicos, se pueden hacer quesos, helados, pasteles, cremas y hamburguesas exquisitas con los derivados de la soja. Se pueden fabricar calzados con materiales de origen vegetal y por supuesto también tejidos, incluso para proteger la piel de los climas más frí­os. Existen métodos alternativos a la experimentación con animales, como las prácticas a través de muñecos de látex, programas informáticos o los test en probetas y cultivos celulares. Para entretener a la sociedad no hace falta maltratar animales, existen mil entretenimientos culturalmente más formativos que matar animales por placer.

Al fin y al cabo, la tortura y la muerte animal son del todo innecesarias, de hecho son nocivas para el medio ambiente. Pero lo que mantiene toda esta lacra especieí­sta, son intereses económicos, los mismos que siguen manteniendo las lacras racistas y sexistas.

Helena Escoda Casas
Licenciada en Historia por la UAB
Activista de Libera!

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