Sentir el pensamiento y pensar el sentimiento

Pacific Rubiales y la Selección colombiana de fútbol

Las pasiones que se despertaron y a veces desbordaron con el Mundial de fútbol en Brasil no fueron solo deportivas, también lo fueron políticas. Cualquier examen de un suceso por más superficial que sea exige separar elementos para entender mejor de qué se trata, sus relaciones, sus contradicciones. El arte de matizar, de ver las cosas en el arco iris de la diversidad y no en el blanco y negro simple y aburrido.

Aquí tenemos a nuestra selección de fútbol, la de Colombia pero también la de Pékerman, la que nos puso a soñar con que ahora si alcanzaríamos la victoria total: campeones mundiales. No lo alcanzamos, pero lo celebramos y lo gozamos como si hubiera sido así. Tal vez porque hay tan pocas cosas que celebrar en este país tan desafortunado, llevamos tanto tiempo tan divididos, que sentirnos unidos por una causa hace que cualquier festejo se multiplique.

Este es el lado lindo del asunto, el lado oscuro es la empresa Pacific Rubiales que pagó más de $6.000 millones de pesos para ser uno de los patrocinadores de la selección Colombiana de fútbol; claro gastan muchísimo más en publicidad -$30 mil millones. Mientras esta empresa minero energética es generosa con la selección es criminal con sus trabajadores, obreros colombianos, con los indígenas y campesinos habitantes de las regiones donde explotan nuestras riquezas, con el medio ambiente, con la nación, con todos los colombianos.

¿Son el genial James Rodriguez, o el gambeteador Cuadrado, o el heroico arquero Ospina responsables de esta situación?  ¡NO! Aquí hay un estado entregado a los intereses económicos de las transnacionales, un gobierno que atrae al capital extranjero para que explote a los trabajadores tercerizados gracias a un Código Laboral que viola la Constitución y todos los derechos humanos. Los trabajadores de la Pacific Rubiales laboran en condiciones de esclavitud: no tienen estabilidad laboral, en cualquier momento y sin causa los echan como perros a la calle, viven en instalaciones hacinados como los presos en las cárceles, camarotes pegados unos con otros, camas que usan varios trabajadores por turno, sin las condiciones mínimas de sanidad, les ponen agua de vez en cuando, no saben qué es descanso o recreación. Los salarios son el 9% de lo que gana un obrero petrolero en EE.UU.

Hay mortandad entre la población infantil indígena por hambre, porque no tienen agua; la Rubiales consume el agua de los habitantes de la región. No hay agua para la siembra de productos agrícolas. Los ríos y quebradas se han secado, los animales y los ecosistemas han desaparecido.

Frente a las protestas de trabajadores y pobladores de la región el gobierno ha respondido con violencia, es la norma en Colombia y para asegurar las ganancias al capital transnacional va a montar dentro del campo el Batallón Número 7 ó Batallón Energético, una unidad táctica cuyo puesto de mando será instalado en el complejo petrolero, incluidos los alojamientos de los militares. Es decir, convirtiendo a la fuerza armada en Ejército de ocupación. Por eso es que necesitan tanta plata en publicidad, tanta que lave la cara del crimen.

Aquí queremos felicitar a los futbolistas colombianos, afortunadamente poseedores de otros valores muy distintos a los del alto gobierno y a los de sus patrocinadores. Los aguerridos jugadores de la selección no tienen nada que ver con la obsecuencia de Santos y sus ministros. La Selección Colombia es esperanza y alegría, es tenacidad, es trabajo duro y constante. Es cierto que el deporte en general y el fútbol en particular deben tener una trascendencia política, como cualquier actividad humana, pero hay que construirla.

Eso se llama conciencia de clase, cuando llegamos a la conclusión de quiénes y por qué nos explotan, por qué somos pobres mientras otros son enormemente ricos a costa de nuestra riqueza, nuestro pensamiento se hace sentimiento y acción libertaria. Y también pensamos en el sentimiento que nos despierta un campeonato deportivo, un balón, una camiseta, un himno, a quiénes realmente representan esos símbolos, son nuestros y basta ya de manoseo.

Un día seremos campeones mundiales de fútbol, como también un día tendremos nación para los trabajadores y trabajadoras, para el pueblo colombiano, porque lo hemos luchado y lo vamos a seguir peleando hasta lograrlo.

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