Sembrar el enfrentamiento, una estrategia de los taurinos

Marilén Barceló, Vicepresidenta de la FETC (Federación de Entidades Taurinas de Cataluña) sabe muy bien lo que significa una corrida, es hija de un Matador –el calificativo no puede ser más acertado- y ha heredado de su padre una característica muy peculiar: disfrutar con el sufrimiento de un toro y regocijarse con su muerte. Por eso, porque lo lleva en la sangre, en el cerebro, en el corazón, porque en su mente esa tortura se transforma en un espectáculo digno y necesario, en un valor cultural que tiene que perdurar para ser transmitido a futuras generaciones, es una figura que goza de gran consideración dentro del ámbito taurino, tan necesitado como está de defensores ahora que a duras penas puede disimular la falta de afición entre los ciudadanos y tapar el rechazo mayoritario de la Sociedad a ese crimen anunciado en carteles y difundido, cada vez menos, por la televisión.

Marilén Barceló considera que el martirio al que se somete a un ser vivo es casi una asignatura que habría de impartirse en las escuelas. Por eso, porque es valedora a ultranza de esta tradición que suma hierro, sangre, acero y dolor, ha recibido el galardón «Oreja de mármol», concedido a aquellos que destacan en su labor de defensa y promoción de la Fiesta en Cataluña. Se sentirá muy orgullosa exhibiéndolo en la biblioteca de su salón pero yo, le otorgaría otros dos premios para que los luciese en la estantería de su corazón : «Sensibilidad de granito» y «Antropocentrismo de oro». Esta mujer, cuyo verbo intrigante es tan necesario en el Mundo del Toro como las morbosas manchas de sangre en el traje de José Tomás, acaba de participar en un Acto celebrado en la Casa de Barcelona en Madrid, organizado por representantes de diferentes sectores de la tauromaquia y al que estaban invitados los medios de comunicación, porque la reunión de estos compañeros de tendido tenía un fin propagandístico y quería dar una sensación de vitalidad cara a los medios, en un intento de mostrar a la opinión pública la plena vigencia de una tradición cuya realidad es que agoniza sin remedio, que en cuestión de aficionados, ayudas económicas e interés empresarial, está mermando porque cada vez menos personas disfrutan con la crueldad y por lo tanto, cuesta más encontrar inversores para lo que está dejando de ser un negocio lucrativo.

Los medios de comunicación fueron avisados para ofrecerles un montaje que esconde un ocaso. Al igual que grandes imperios han hecho gala de un poderío inmenso y esplendoroso pero ficticio al final de sus días, el mundo taurino se hunde entre ruidosas alharacas, para bien de los animales, para enriquecimiento moral de los hombres y sobre todo, para poder enterrar definitivamente una muestra moribunda pero aún vigente de la indignidad y crueldad humana. Y en ese teatrillo la Sra. Barceló pronunció ante los asistentes al Acto una frase que resume la hipocresía y el cinismo de los que se empeñan en convencernos de lo imprescindible y virtuoso de las corridas de toros: «el torero es un portavoz de valores y la fiesta taurina es un ejemplo de tolerancia respecto a valores principales en una Cataluña democrática». Las alusiones a Cataluña son, por supuesto, al hilo de la Iniciativa Legislativa Popular admitida a trámite por el Parlamento Catalán y que probablemente desemboque en la prohibición de estos festejos en esa Comunidad. Los adoradores de la banderilla están aterrados, porque la sensatez y la cordura pueden ser valores que se propaguen rápidamente entre la Población del País, de tal modo que si se empieza erradicando esa tortura legalizada en Cataluña, el sentido común dicta que no puede tardar en hacerse extensivo tal hecho al resto de la geografía española. ¿Y qué estratagema utilizan estos maestros de la confusión para tratar de detener lo que muy a su pesar, ya es imparable?: alimentar odios y enfrentamientos, porque quieren hacer ver que los impulsores de este proyecto no lo llevan a cabo por su repulsa al sufrimiento de los animales, sino por su aversión a España. La siguiente frase, perteneciente a un texto redactado por la Vicepresidente de la FTEC, da buena muestra de ello: «Las personas que iniciaron esta campaña forman parte de grupos independentistas que buscan urgentemente llamar la atención y fomentar el antitaurinismo como aliado contra lo español y esconden esta idea bajo el sufrimiento de los toros». Pero resulta curioso comprobar como por una parte intenta hacernos ver que los catalanes detractores de la tauromaquia interpretan el toreo como una tradición española y por otra, buscando argumentos para la continuidad de la Fiesta en esa Comunidad nos explica que: «La Fiesta de los Toros es una realidad presente en Cataluña…se considera a Don Juan I de Aragón como el primer aficionado taurino catalano-aragonés…se tiene referencia de los primeros festejos taurinos en Cataluña en 1387″. ¿En qué quedamos?, ¿es una costumbre española y por eso los catalanes la rechazan o tiene amplia tradición en Cataluña y no la quieren porque son unos ignorantes y desconocen ese dato histórico?.

Sra. Barceló, para ser Vd. licenciada en Psicología muestra muy poca coherencia en sus manifestaciones, aunque por otra parte no puede ser de otro modo, ya que se ha metido a defender lo indefendible y necesariamente, cuando se camina entre el absurdo y la mentira, uno acaba por tropezar con la racionalidad de la gente y en ese instante, resulta imposible seguir con la mascarada. A partir de tal circunstancia tanto Vd., como el Sr. Luis de Grandes, D. Eduardo Martín Peñato o Juan Segura Palomares, entre otros, se transforman en actores desesperados de una farsa que pretenden maquillar de creíble, pero es inútil, porque ningún espectador va a dejarse engañar e incluso entre aquellos que un día compartieron su guión, se van produciendo bajas para tal causa porque la razón y la sensibilidad son la consecuencia lógica de la evolución del hombre, o de la mayoría al menos, todavía quedan unos cuantos como Ustedes justificando la crueldad y la violencia sobre seres vivos como un hecho provechoso, cultural y pedagógico. Lo dicho, la tortura como materia en los Colegios, al menos eso se interpreta de sus palabras cuando afirma que: «La fiesta de los toros es cultura en sí misma».

Y ya que tiene Vd., Sra. Barceló, la osadía de asegurar que las corridas de toros son «un ejemplo de tolerancia», no estaría de más que aprendiese de Voltaire, cuyo grado de ilustración parece que era bastante más amplio de lo que es el suyo casi tres siglos después a tenor de lo escrito por el autor francés: «La tolerancia se presenta como principio para la convivencia… y el gran principio, el principio universal de uno y otro, está en toda la tierra: No hagas lo que no quieras que te hagan». Reflexione en esta última y frase y dígame, ¿quiere Vd., Señora Marilén, que le hundan una pica en la espalda o que le atraviesen los pulmones con una espada?, ¿le apetece que la arrastren agonizante por la arena y le corten una oreja?. Por muy Vicepresidente que sea de una Federación Taurina, por mucho doctorado en Psicología que posea, no puede pedir tolerancia y defender la violencia. Compréndalo, ser tolerante no es ser indiferente; yo puedo admitir y respetar en otros todo aquello que no me guste o no comparta, porque ni mis valores son los únicos ni mis ideas la medida de lo que está bien o está mal; yo puedo y debo aceptar opiniones diferentes a las mías porque sino, no estaría en mi derecho de exigir que se tuviera en consideración aquello que yo doy por bueno, válido o apetecible; pero más allá de ese ejercicio de respeto necesario y fundamental, está lo que lejos de ser tolerancia se convierte en apatía o complicidad, ambas posturas censurables si se mantienen ante hechos que vulneran, como es el caso, la integridad de un ser más débil y desprotegido. Yo no puedo ser tolerante con su afición a herir y martirizar a un animal hasta su muerte porque le divierte, al igual que dudo que Vd. lo sea con los violadores. Y teniendo en cuenta que el Derecho de pernada, cometido sobre doncellas a punto de casarse estaba reconocido y aceptado en la Edad Media, no se extrañe de mi comparación, porque lo que ahora a todos nos parece abominable en su momento estuvo vigente y gozó de la defensa de los que de un modo otro se beneficiaban de ello.

No, Sra. Barceló, en Cataluña no se van a prohibir las corridas de toros porque «suenen» a españolas, ¿o es que también es signo de centralismo el sacrificio de perros y por eso en la Generalitat se ha elaborado una ley para acabar con su inmolación?. ¿Sabía Vd. que la Comunidad en la que más Asociaciones antitaurinas existen es en Andalucía?. Sus argumentos hacen aguas como su entretenimiento sangre y, por mucho que sienta perjudicados su concepto de diversión o su cuenta corriente, el futuro no muy lejano de las corridas es el de figurar en los libros como un vestigio de comportamientos egoístas y brutales. No tiene que ver con independentismos o con ese enfrentamiento que Vd. y los suyos tratan de alimentar, sino que se trata de prohibir el abuso violento y sangriento sobre los animales, sean catalanes, gallegos o extremeños, porque el rechazo a la crueldad no es patrimonio de una región, es una obligación de toda la Sociedad que hay que regular, proteger y transmitir.

Julio Ortega Fraile

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