Se consolida el domino chavista en Venezuela

Se consolida el domino chavista en Venezuela



Las recientes elecciones presidenciales en Venezuela dibujan un escenario de consolidación del gobierno frente a la oposición reaccionaria.


Hugo Rafael Chávez Frías consigue su mejor resultado en unas elecciones presidenciales: 62,89% frente al 36,85% de su principal rival, Manuel Rosales. El valor relativamente bajo de la abstención (25,12%) le da además legitimidad al resultado, al contrario de lo que sucedió en las legislativas de diciembre de 2005.


En aquellas elecciones, en las que se votaba la composición del parlamento, el 75% de la población se abstuvo- ese fue el titular de la prensa opositora- e incluso parte de los fieles al gobierno temían la existencia de un cierto desgaste.


La excusa oficial fue que el electorado se abstuvo porque, al haberse retirado la oposición, consideraba que no se jugaba nada. Extraña explicación para un proceso que se define como participativo y que presume del amplio grado de madurez política que en pocos años ha alcanzado la población.


Lo cierto es que en Venezuela, como otras muchas repúblicas capitalistas, sigue teniendo mucho más arrastre el personalismo de las presidenciales que las elecciones legislativas, Cámara en la que supuestamente reside la soberanía nacional, pero es aquí más condenable por tratarse de un régimen que se dice avanzado. Ya sabemos que el parlamento venezolano dista mucho de ser un soviet o una asamblea popular o… (no voy a discutir por el nombre) pero teóricamente debería ser algo más que un simple Congreso burgués.


La victoria del 3 de diciembre es un paraguas contra esta situación. Ciertamente, el chavismo ya no es el movimiento alubional electoralista que nació en 1998 pero sigue arrastrando su carencia de contenido ideológico. Su imposición en la sociedad será posible en la medida en que sea capaz de extender un régimen clientelista entre la ciudadanía.


Se abre en el presente la posibilidad de que se realice la anunciada creación de un partido oficialista unificado que estaría dominado por las organizaciones más derechistas del régimen al ser las de mayor peso: MVR, PPT y Podemos. En primer lugar, se confirmará así el dominio del MVR, el partido al cual Chávez pertenece (sin duda el caudillismo del electorado haría mayoritaria a cualquier organización a la que perteneciera el gran líder).


Las grupos que mantienen un discurso más izquierdista, aunque no cuestionan el proceso ni son una oposición interna, verían ahogada su pequeña voz crítica; son aquéllos que desde el 98 hablaban de socialismo frente a las burlas y críticas de buena parte del aparato que las tachaba de antiguas. Hasta que el caudillo habló de “construir el socialismo del siglo XXI” y entonces toda la burocracia del régimen se subió a la propuesta…


Triunfará así la boliburguesía[1], que podrá dedicarse a coleccionar joyas, Ferraris y mansiones a la vez que se pone la camisa roja cuando haya que acudir a una marcha. Y en cuanto a los políticos de los antiguos partidos que con astucia se reconvirtieron en chavistas, podrán seguir mangoneando sin tener demasiados problemas.


Se seguirán firmando contratos con multinacionales y en absoluto se hablará de la expropiación de los medios de producción por parte de los trabajadores que, por si alguien lo ha olvidado, eso y no otra cosa es el socialismo.


En Venezuela se da un régimen nacionalista que se enfrenta al imperialismo estadounidense pero no al sistema capitalista, tan solo pretende crear una burguesía autóctona que no esté totalmente sometida a los designios de Washington (lo justo para hacer negocios). No es difícil que tal sistema pase por avanzado, en América Latina encontramos un ejemplo precedente de esta situación:


Salvando todas las distancias y sin forzar demasiado la comparación, podemos pensar en el PRI mexicano: una organización con lenguaje obrerista, “radical”, con insistencia en que haya procesos electorales, que ofrecía como revolucionario programas de ayuda (como ahora las misiones) pero que también servían para que no se cuestionase el sistema, con una clase política intocable y por encima del bien y del mal y con una reacción derechista que tachaba al gobierno de rojo y que era incapaz de entender que fue su mejor garante para mantener el status quo y encauzar la protesta social. De cara al exterior se daba una buena imagen para la izquierda: se condenaba al franquismo y se daba asilo al gobierno republicano en el exilio, tenía relaciones con Cuba y con el bloque soviético, etc. ¡Durante décadas una persona era tachada de provocadora si acusaba al país azteca de régimen oligárquico capitalista!


¿Será cierto que la historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como parodia?



Raúl Calvo Trenado

9 de diciembre de 2006




[1] Boliburgués (bolivariano + burgués), nombre que reciben los “nuevos ricos” de Venezuela. Esta nueva clase social compuesta por los nuevos mandamases y el entorno del chavismo se nutre fundamentalmente de la ganancia del petróleo. La corrupción no le es ajena

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS