Sandor Marai (1900-1989)

Escritor húngaro nacido en Kassa, un pueblo que sucesivamente fue Hungría, Checoslovaquia y ahora Eslovaquia. De joven trabajó como periodista y no tardó en llegar a la Academia Húngara de las Letras. De esa época son sus primeras obras, Bebe, o el primer amor, Rebeldes, Gente extraña, Ctsura, La verdadera y Confesiones de un burgués. En los años veinte pasó un periodo de exilio voluntario en Alemania y Francia, durante el régimen de Horthy y en 1948 sus obras fueron prohibidas en Hungría y emigró a Estados Unidos. En Sándor Marai vive la voz de los grandes novelistas, de Flaubert, Stendhal, Dostoievsky, Henry James y Balzac, un ensimismamiento que ha sido concebido para ser comunicado a la persona indicada en el momento preciso, y en cuyo rito se obra la catarsis final, la que redime o condena, la que destierra el silencio turbador. Los personajes logran comprenderlo todo y son capaces de explicar sus emociones con destreza, como si el pensarse les otorgara el dominio, al menos sobre el pasado, de sus destinos. Marai dejó plasmado este estilo en sus cuatro novelas más importantes, Divorcio en Buda (1936), La herencia de Eszter (1939), El último encuentro (1942) y La amante de Bolzano (1942). Se suicidó en San Diego (California) en 1989.

 

La amante de Bolzano (fragmento)
» Esa abundancia desmedida, ese fluir salvaje, ese todo o nada del que hablaba el viejo loco con experimentado desprecio habrán sido quizá lo mejor… Tal vez todo lo demás -la cautela, la sabiduría, la cordura, la inteligencia- no valga ni un comino porque no está enardecido por la loca pasión de la juventud, ese extraño deseo que pretende salvar el mundo y al mismo tiempo consumirse a sí mismo, que quiere agarrar con las dos manos todo lo que el mundo le ofrece y que a la vez arroja a puñados todo lo que la vida le regala… Así que es mejor que empieces a hablar de manera más sosegada. El de hoy es un carnaval diferente, un contrato diferente, una cita amorosa diferente. Es el final de la juventud. Ahora empieza la edad madura del hombre, uno de sus momentos más sabios, como si fueran las cuatro de la tarde de un día de mediados de octubre. «

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