Salvador Barbeito: Un sacerdote español asesinado un día como hoy, por la dictadura argentina

Por Lois Pérez Leira y Monica Lázaro Jodar

Salvador Barbeito Doval nació el 1 de septiembre de 1946 en Portonovo (Pontevedra). Fueron sus padres Salvador Barbeito Martínez y Rosario Doval Solis. El jefe de familia, trabajaba de marinero mientras que su mujer atendía el hogar y la huerta familiar. Primero les nace su hijo Salvador y después María.

En aquellos tiempos Portonovo era una villa tradicional marinera, la mayoria de sus habitantes convinaban las labores del mar con las de la tierra. La vida era dura y sin futuro. Los que salian a la mar por lo menos tenian casi a diario el fruto de la pesca, pero por aquellos años el hambre y la escases de productos, hacian estragos en la mayoria de los hogares galllegos.  En 1949 cuando  Salvador cumple los tres años, la familia decide emigrar hacia la Argentina.

Como tantos otros emigrantes galegos se instalan a vivir en el Municipio de Lanús, un barrio obrero cercano a la zona industrial de Avellaneda y a muy pocos minutos de la Capital Federal. Con el transcurrir de los años y cuando la situación económica comenzó a mejorar los Barbeito se mudan a la capital.

El padre de Salvador siguió con su vocación por el mar, trabajando en la marina mercante, en una empresa estatal llamada Empresa Lineas Maritimas Argentinas (ELMA). En aquella empresa muchos eran los trabajadores de origen galego. Los maritimos como le llamaban, estaban consideramos como un gremio muy combativo y en este sentido los gallegos de origen anarquista y comunista le habian dado aquellas caracteristicas combativas. 

Desde pequeño definió su vocación religiosa. Aun en sus juegos infantiles denunciaba su preferencia por la vida sacerdotal. A los 12 años ingreso en el Seminario Menor. 

“Ya en la primaria demostraba que quería ser sacerdote – cuenta su hermana María -, mi mamá y mi papá pensaban que era mejor que terminara el secundario y después se decidiera. Trataban de convencerlo. Le explicaban que no tenían dinero para pagar los estudios en un seminario. Él no se asustó. Habló con el padre de la iglesia de Santa Lucía, adonde íbamos, y se consiguió una beca.”

Según nos cuenta el periodista Eduardo Kimel en su libro “La masacre de San Patricio”, se recibió de profesor de sicología y filosofía. Trabajo en el Colegio San Marón haciendo una suplencia.

«Como no le reconocieron una materia, cursada anteriormente, – señala su hermana – se sintió incomodo y no siguió el seminario con los palotinos. Era como una prueba; si le gustaba, se quedaba. Así lo hizo.”

Barbeito conjugaba su vocación religiosa con otra aspiración, la educación de la juventud. A los 27 años los maronitas le ofrecieron la rectoría del Colegio Secundario San Marón. En ese ambiente, en el que no faltaban hijos de diplomáticos y militares, Salvador tuvo oportunidad de trabajar en lo que más quería.

“Salvador fue muy querido por los estudiantes. – relata Kimel – Él mismo reconocía que tenia un carisma especial con los chicos. Era un rector atípico, que se preocupaba por todo. Si operaban a un chico estaba allí para acompañarlo. Cuando un chico estaba en problemas solía invitarlo a San Patricio a tomar el té y charlar con tranquilidad…Ideológicamente, Salvador no ocultaba su identificación con el peronismo, aunque nunca tuvo una actividad militante. Respetuoso de la libertad y de las ideas de los demás, jamás midió a las personas por su pensamiento partidario”.

El grupo juvenil que dirigía era el más popular. Pablo Gori lo distingue de los demás que se reunían en la parroquia: “ Me acuerdo de la diferencia que había entre mi grupo, el de la Acción Católica, y el de Salvador, llamado el Ateneo de la juventud. El Ateneo era más libre, no se guiaban por esquemas ni doctrinas fijas, eran más comprensivos y afectivos. Eran alegres. Uno pasaba por donde estaban reunidos y se escuchaba música, cantaban. Además, había chicas y chicos juntos, un grupo mixto, algo que nosotros nos llevó cinco años lograr”.

En 1976 tenia resuelto acelerar su carrera sacerdotal. En la Argentina gobernaba Isabel Perón y las bandas de la ultra derecha asolaban todo el país. Salvador formaba parte de la comunidad católica de la Iglesia de San Patricio, perteneciente a la Orden de los Palotinos. Una congregación nacida en Italia, dedicada a asistir a los emigrantes. Durante aquellos años de Terrorismo de Estado, muchos fueron los curas perseguidos incluso asesinados, como el caso del conocido religioso tercermundista Carlos Mújica.

Rodolfo Capalozza uno de sus amigos más íntimos dentro de la comunidad palotina señaló: “ Salvador era una persona con un profundo espíritu de búsqueda. Su anhelo más profundo era ser fiel a Cristo. Era muy activo, necesitaba construir permanentemente. Tenía una gran capacidad de trabajo. Yo lo sentía ganado por su vocación hacia la docencia y sobre todo con los adolescentes, porque sabía escucharlos, comprenderlos, acompañarlos.”

El 24 de marzo de 1976 los militares encabezados por el general Videla dan el sangriento golpe de estado. A partir de aquella fecha la Argentina se convertía en un baño de sangre.

Salvador a pesar de la preocupación por lo que estaba sucediendo, no deja de hacer las cosas programadas. Ese año tenía que terminar la carrera sacerdotal y a fines de diciembre tenía previsto irse con su grupo juvenil de campamento a Bariloche, en el sur argentino.

El 2 de julio una bomba estalla en la Superintendencia de Seguridad Federal, causando varios muertos, entre las filas policiales. Los grupos opositores más enfrentados con la dictadura, intentaban desesperadamente realizar actos de sabotaje y de acción directa.

Los militares no se hicieron esperar y organizaron la venganza. Había que darles una respuesta contundente, donde la sociedad Argentina supiera que la mano dura era para todos, incluso para los religiosos. Con estas ideas programaron la gran matanza.

El 3 de julio de 1976, Salvador se reúne con Rodolfo Capalozza para ir preparando el campamento de verano. Barbeito vivía en una casa de la iglesia San Patricio ubicada en el elegante barrio de Belgrano R, compartida por  curas y seminaristas.

Esa noche Salvador junto a Rodolfo resuelven viajar hasta el centro para ver junto a otros compañeros una película. Ese sábado fueron al cine Metropolitan donde pasaban la película Veredicto, con la actuación de Jean Gabín y Sofía Loren.

Aquella noche sería la última, a las pocas horas de acostarse, un Grupo de Tareas fuertemente armado penetro en la vivienda de San Patricio y fueron asesinando uno a uno a los cinco religiosos que dormían en aquella casa. Junto a Salvador Barbeito fueron fusilados los padres Alfredo Leaden, Alfredo Kelly, Pedro Duffau y el seminarista Emilio Barletti.

Salvador fue encontrado muerto tendido en el suelo. Sobre su cuerpo los militares dejaron el famoso afiche con el dibujo de Mafalda donde aparece……

Salvador Barbeito tenía 29 años, soñaba con un mundo distinto, con un mundo auténticamente cristiano. Por ello lo asesinaron.

El Premio Novel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel en él prologo del Libro » La Masacre de  San Patricio» señala:  “Los Hermanos Palotinos, mártires por la fe en Cristo, están entre nosotros y son semillas de vida y nos convocan a caminar junto al pueblo. Por esto decimos: padres Alfredo Leaden, Alfredo Kelly, Pedro Duffau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, miembros de la Comunidad Religiosa Palotina, ! Presentes!”

Datos Bibliográficos:

Biografía escrita conjuntamente con Mónica Lázaro Jodar, para el Libro Galegos Victimas del Genocidio Argentino.

Entrevista con Ana Barbeito

Kimel Eduardo, La masacre de San Patricio.

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