Salud mental, pandemia y los ministerios de la soledad

La pandemia del Covid-19 está erosionando la salud mental de millones de personas. Confinamientos, angustias financieras, distanciamiento físico y social, temor al contagio, preocupación por familiares y amigos, incertidumbre; la lista de obstáculos cotidianos no es corta. Notas de investigación periodísticas, estudios académicos y opiniones de expertos presentan un panorama no muy diáfano.

En octubre, la OMS ha publicado un informe donde señala que la crisis por el Covid 19 ha perturbado o paralizado los servicios de salud mental críticos en el 93% de los países del mundo. El organismo subrayó igualmente que la emergencia sanitaria ha aumentado la necesidad de estos servicios. Estos servicios se han reducido o directamente se suspendieron en un periodo de gran impacto sobre la salud mental, tanto para las personas que ya tenían problemas como para otras que comenzaron a sufrirlos.

En este sentido, Mary Cénat, profesora de psicología clínica en la Universidad de Ottawa y que a liderado un grupo de expertos que llevó a cabo una importante investigación presentada a finales de diciembre de 2020, sobre el Covid-19 recientemente publicada en la revista científica Psychiatry Research, señala que los expertos han hallado que la prevalencia del insomnio fue del 24%, la del trastorno por estrés postraumático alcanzó el 22%, la de la depresión se situó en 16% y la de la ansiedad llegó al 15%. La investigación subraya que el trastorno por estrés postraumático, la ansiedad y la depresión fueron, respectivamente, cinco, cuatro y tres veces más frecuentes en comparación con lo que habitualmente reporta la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El análisis reflejó que los problemas para conciliar el sueño eran dos veces más pronunciados entre trabajadores de la Salud. En esta línea, el estudio sostiene que el insomnio puede desencadenar otros problemas, tales como depresión e ideas suicidas. De esta forma, Jude Mary Cénat y su equipo advierten del riesgo para la salud mental de los trabajadores de la sanidad conforme estos individuos estén menos expuestos a la pandemia. “Es necesario acompañar a estos trabajadores. Llevar a cabo un seguimiento, crear una red de apoyo, detectar quiénes requerirán de ayuda”, advierte Cénat.

Argentina: Salud mental y políticas públicas

La pandemia de COVID-19 ya provocó más de 112 millones de contagios en todo el mundo y más de 2,5 millones de muertos (cifras al 21 de febrero y 31 de febrero de 2021 respectivamente). En Argentina, las personas contagiadas suman más de 2.112.000 y las víctimas fatales son 52.077, cifras confirmadas al 31 de febrero.

Pero, además de todo este dolor causado por la cantidad de fallecidas y fallecidos y de personas contagiadas, las medidas de cuidado tomadas por el Gobierno nacional y los distintos gobiernos del mundo, a causa de la pandemia (cuarentena, Aislamiento, prohibición de actividades), han generado -y continúan generando- grandes impactos en la salud mental de las personas, no sólo en aquellas que presentaban patologías previas.

Y es que el aislamiento, las restricciones, angustias financieras, distanciamiento físico y social, temor al contagio, preocupación por familiares y amigos, incertidumbre, que influyen en las actividades cotidianas de las personas y en sus relaciones personales y afectivas, generan ansiedad, trastornos del sueño, depresión, agorafobia, trastornos afectivos y estrés, entre otras aflicciones.

«El impacto mental de la cuarentena es amplio, sustancial y es importante destacar que, según distintas investigaciones, estos efectos podrían ser prolongados en el tiempo. Esto no significa que la cuarentena no haya debido implementarse. Esto no significa que el aislamiento social preventivo pensado para el bien común no tenga efectos colaterales, y es por esto que debe abordarse con sumo cuidado la problemática compleja de la salud mental.

Mientras el aislamiento está ocasionando un gran impacto en la población, al coronavirus se lo sigue encarando como si solo fuera un tema exclusivamente orgánico, físico, relacionado solo con lo médico. No hay una política que se aplique tanto de Nación como de las provincias y municipios para hacerse cargo de lo que todos a nuestro alrededor verificamos: la angustia, la ansiedad, depresiones, intentos de suicidio.

En paralelo, el tema de los consumos problemáticos se ha profundizado, el estar en soledad o aislamiento es propicio para el consumo de drogas, de alcohol. Y esto desde una perspectiva de políticas públicas del Estado no está siendo considerado. La misma concepción que se está dando respecto al problema del coronavirus en cuanto a tirar la responsabilidad sobre la individualidad, el problema es qué hace cada uno, cuando lo que hay que verificar es que una política sanitaria integral que considere a la salud mental como corresponde, no está siendo aplicada.

No se han estructurado dispositivos desde una perspectiva de salud mental comunitaria. Es decir, “equipos que puedan hacerse cargo y ante el llamado y la emergencia de demanda poder dar respuesta: Sobre todo en los sectores más precarizados es muy preocupante y ya se está viendo que también en sectores medios, con la desocupación, la pérdida de las fuentes laborales, el cierre de negocios y fábricas. El impacto en la salud mental no está siendo considerado”, aseguró el psicoanalista Ángel Barraco en una entrevista realizada por el colega Mario Hernandez para RedEco.

El psicoanalista también abordó el impacto que la pandemia ha traído en los niños y niñas, e incluso adolescentes que han perdido lo que era su vida cotidiana: “Si a nosotros nos produce angustia o ansiedad y todo este espectro de padecimientos como adultos, en los niños y niñas es más preocupante porque sabemos que hay síntomas y no pasan por la expresión de la palabra. Habría que darles una atención para que desde sus posibilidades puedan dar cuenta de cómo están viviendo esto desde una perspectiva de temer, de la incertidumbre, que si cuenta para los adultos obviamente para los niños también. Lo que pasa es que tiene otro tipo de significación que es más detectable desde la perspectiva de la intervención profesional. Pero no deja de ser impactante el hecho de la pérdida de la escolaridad y el encierro. Es un problema muy grande para los padres; pero, como lo viven y lo sufren los chicos es otra perspectiva”, reflexionó.

Pero, a pesar de las expectativas respecto a que las autoridades reaccionen sobre estas problemáticas, existe una quietud pasmosa por parte de las autoridades gubernamentales y por ende de los equipos inter y trans disciplinarios. Lamentablemente, y de momento, esto está amparado por muchos referentes de la salud mental muy conocidos que por alinearse partidariamente están permitiendo que esto se silencie y esa es una cuestión ética que se debería rever y que como problema no puede entrar en la consideración de la «grieta». Porque es una cuestión o es otra que confronta, y en el medio hay muchíaimas de estas situaciones que sufren los adultos, niños y niñas. Solo se espera que haya algún tipo de reacción en algún momento. Es lamentable la inacción en este sentido.

El Gobierno español y su desidia

Argentina no es el único que ha aparcado la cuestión de la salud mental. En España, tanto la pandemia como las medidas restrictivas y las consecuencias socioeconómicas que la acompañan, han comenzado a pasar factura desde hace meses a la salud mental de la población”. Ya hay quien definen esta situación crítica de la salud mental como «la cuarta ola». Y esta cuarta ola no puede llegar en peor momento, porque durante la etapa del confinamiento, el 93% de los países ha paralizado o visto afectados sus servicios de salud mental, que ya de por sí sufren un déficit crónico de financiación.

Los principales datos de la más que preocupante situación de la salud mental de la población española. 

Los pensamientos suicidas han aumentado entre un 8 y un 10%, especialmente en personas jóvenes”. Ante el empeoramiento de la salud mental de los españoles, cuestión que el Gobierno de coalición se hace totalmente el desentendido y mira hacia otro lado, “la OMS ya ha recomendado ñasignar recursos a la atención de la salud mental en el marco de sus planes de respuesta y recuperación”.

Diversos estudios e investigaciones en profundidad advierten que “el 46% de la población española manifestó un aumento del malestar psicológico durante el confinamiento”, y que “el porcentaje de consumo de psicofármacos de la población ha aumentado, llegando, en el caso de las mujeres, al 15,4%”.

En la misma línea, un estudio realizado entre personas con discapacidad conclueye en que “el 50% señaló que su estado de ánimo ha empeorado desde que empezó el estado de alarma”. Otros estudios señalan la importancia de tener en cuenta la perspectiva de género en el impacto que el COVID-19 está teniendo en la salud mental de la población.

Las mujeres tienen un mayor riesgo de que su salud mental empeore en el contexto de la pandemia debido a factores de riesgo como desigualdades en el ámbito profesional, carga de responsabilidades familiares y de cuidado, y violencia contra las mujeres”. 

En este contexto y frente a la inacción absoluta del Gobierno español, el presidente de SALUD MENTAL ESPAÑA, Nel González Zapico exigió que se incluya a las personas con trastorno mental entre los grupos prioritarios para recibir la vacunación frente al COVID-19. Un reciente estudio apunta a que la esquizofrenia es un factor de alto riesgo de muerte por coronavirus, un factor de riesgo solo superado por la edad.

Así mismo solicitó un aumento urgente de los recursos públicos destinados a la atención a la salud mental en España, ya que la actual pandemia está teniendo importantes efectos sanitarios, sociales, económicos, laborales y personales que están afectando de forma muy importante a la salud mental de la población.

González, acompañó sus reclamos con propuestas para poder evaluar el impacto del confinamiento en las personas con problemas de salud mental, para buscar soluciones y crear planes de actuación; tomar medidas de apoyo psicológico personalizado, adaptado a los nuevos entornos, situaciones, gestión de miedos y duelos, y para promover la salud mental de las personas con sufrimiento psíquico; y por último, crear paquetes de medidas que garanticen la sostenibilidad del sector para que se pueda continuar con una actividad que ahora es más necesaria que nunca.

Lo indignante del caso es que, tanto las exigencias, los reclamos como las propuestas, González se las ha tenido que hacer a la reina Letizia ya que desde el Gobierno no se han dignado a concederle audiencia. La desidia por la salud mental aterra.

La cuarta ola

Pero Sánchez no se ha librado de escuchar en su propia cara la gravedad la situación que hoy se vive en España y que el Gobierno la ningunea. Y es que en referencia a la salud mental de todas y todos lxs españolxs, el líder de Más País, Iñigo Errejón, ha querido trascender el debate sobre la gestión de la pandemia de coronavirus con algo que «la vacuna no va a curar». Más allá de la «fatiga emocional» mencionada por Pedro Sánchez, Errejón ha hablado de una sociedad «traumatizada».

«La pandemia, el confinamiento y la crisis han causado un dolor psicológico enorme que se ceba particularmente con los más humildes. El 65% de la población está con síntomas de ansiedad o cuadros depresivos, el suicidio es la primera causa no natural doblando ya a los accidentes de tráfico. En España, el sistema de emergencias médicas ha registrado este año un 130% más de consultas sobre depresión, malestar emocional, ansiedad y se ha disparado el consumo de medicamentos al respecto», ha señalado a un presidente desconcertado y desinformado, o más bien despreocupado.

Errejón ha preguntaso enfáticamente a Sánchez si sabe cuántas personas están solas, cuántas personas están tristes, cuánta gente necesita pastillas para la ansiedad. «La cuarta ola va a ser la de la salud mental. Y el Estado tiene que adelantarse y tiene que hacerse cargo multiplicando los psicólogos en el sistema público porque la salud emocional no puede depender del dinero que tenga tu familia», ha expresado el líder de Más País provocando un silencio atronador.

El Ministerio de la Soledad

La soledad masificada y la tasa decreciente de natalidad llevaron el mes pasado al Primer Ministro japonés Yoshihide Suga a nombrar un Ministro de la Soledad (un invento en verdad inglés de 2018). El diagnóstico es preocupante. La tasa de suicidios es de las más altas del mundo. El problema extra es que en 2020 se suicidaron 750 personas más que en 2019 (el pico fue en 2005 con 34.427 suicidas).

Unas 30.000 personas al año mueren solas en su casa. A veces, nadie las reclama, salvo vecinos que perciben algo. Y según el psiquiatra Saito Tamaki, en Japón habría 2 millones de hikikomoris, jóvenes deprimidos que se dan de baja encerrándose en su cuarto, mantenidos por sus padres y conectados al mundo digitalmente. Esos ermitaños posmodernos –según Tamaki– pasarían un promedio de 13 años encerrados. Y de no mediar una intervención estatal, podrían en el futuro alcanzar la cifra de 10 millones. Por otro lado, un factor escolar: la altísima presión en el estudio, la competencia y el bullying generan en el menos “apto” o el distinto la estrategia del caracol y una profunda depresión.

Este factor va íntimamente relacionado con la patología laboral: los familiares reciben la indemnización. En 2017, la familia de 236 muertos ganaron juicios por karoshi: “muerte por exceso de trabajo”. Son personas sin problemas de salud que mueren de paro cardíaco o accidente cerebral ligados a estrés y cansancio, habiendo trabajado en el último mes más de cien horas extras. Pueden ser enfermeras jóvenes con días sin dormir, choferes de bus que conducen tres mil horas al año o esos guerreros tristes que cambiaron la espada por el maletín: el salaryman, un oficinista que sale de trabajar muy temprano hasta la noche y suele quedarse a dormir en hotel cápsula para ganar horas de sueño.

Karoshisatsu significa “suicidio por stress y depresión derivados del trabajo”. Esta vorágine explotadora comenzó luego de la Segunda Guerra Mundial con su modelo de capitalismo tecnoconfuciano, una adaptación en clave local de la racionalidad instrumental de Occidente, ligada a la templanza contemplativa del budismo zen.

¿Qué hipótesis podría explicar estos síntomas sociales y el Ministerio de la Soledad? Gran parte de esos problemas son de índole universal, pero en Japón se potencian por singularidades culturales. Recién desde 1945 los matrimonios dejaron de ser arreglados por la familia y la heteronormatividad es rígida hasta hoy: a los sexos –muy separados desde el kinder– les cuesta bastante la comunicación.

El hipercapitalismo concentró aún más a la población en megalópolis como Tokio, la mayor mancha urbana de la tierra. Esto desestructuró a una sociedad en la que se fueron atenuando los rituales budistas y shintoístas en la cotidianeidad. La vida comunitaria tradicional –marcada por el rigor físico en las labores del arroz donde existían la contención familiar y vecinal– son ya la prehistoria en el Japón donde un estudio de Lifull Co. –consultora inmobiliaria– arrojó que en 2018, de ese tercio de la población que vive sóla, el 75% nunca o rara vez se comunica con vecinos.

Antes de la pandemia, la socialización de esas personas estaba muy limitada al silencioso ambiente laboral. Incluso después del trabajo, una posible salida era con compañeros y jefe (la jerarquía se mantiene en el relax y suele ser obligación asistir a bares). Además, existe una sofisticada industria del ocio para solitarios de ambos sexos que pagan por un poco de atención cronometrada (no se trata de prostitución sino alquiler de afecto. El Covid-19 y el teletrabajo han agravado todo, una posible causa del aumento en los suicidios, que afectó más a las mujeres. Si los solitarios no tienen contacto con el vecindario ni en el trabajo, la soledad ya es total.

Al ministro Tetsush iSakamoto, el presidente le asignó la insólita tarea de llevar a los japoneses más seguido a la cama: debe elevar la tasa de natalidad. Ya pronto habrá gran falta de mano de obra y los gobiernos -así como parte de la población- son reacios a la inmigración para mantener la pureza cultural y racial que creen tener. El sistema jubilatorio corre riesgo de quebrar. Y cada vez falta más gente para cuidar ancianos: sus hijos viven lejos y trabajan mucho o simplemente no tienen hijos y escasean enfermeros. Por eso el desarrollo de una robótica gerontológica es política de Estado, tanto con autómatas enfermeros básicos que ya se comercializan, como robots a modo de mascota: se han vendido 100.000 foquitas Paro -terapéutica- y perritos robot Aibo de Sony para el hogar.

No será fácil estimular a quienes la periodista Maki Fukasawa llamó la “generación herbívora”, una idea popular entre parte de una juventud hedonista y narcisista, más inclinada a amarse a sí misma y obsesionada con la estética del cuerpo. Un alto porcentaje de ellos evita complicarse la vida con relaciones amorosas -incluso pasajeras-ya que demanda mucha energía: tienden a una sexualidad sin roce con el otro, canalizada cómodamente hacia lo virtual y sin el riesgo de la herida

La soledad de la salud mental en el Reino Unido

Nueve millones de británicos se sienten solos con frecuencia o siempre. Hasta el 75 % de los ancianos viven sin nadie que les acompañe y 200.000 pueden pasar hasta un mes sin tener una sola conversación con un amigo o familiar. Este fue el diagnóstico de una comisión gubernamental que le ha tenido que dar la razón a la OMS cuando, en el 2017, alertó de que el Reino Unido era el país europeo con un mayor índice de personas que se sienten solas. Dadas las dimensiones del problema, en enero del 2018, la primera ministra Theresa May creó el Ministerio de la Soledad.

A esta realidad hay que sumarle las consecuencias o efectos colaterales de la pandemia del coronavirus. Entre ellas: la salud mental. De la que, a medida que la pandemia sigue presente en nuestras vidas, los expertos hablan cada vez con más hincapié. Es que los efectos psicológicos, sociales y neurocientíficos del Covid-19 están siendo explorados en las diferentes partes del mundo por expertos e intentan que los distintos Gobiernos tomen la verdadera dimensión de esta grave problemática. En este sentido, la Academia de Ciencias Médicas del Reino Unido analiza esta situación. Si bien lo hacen en Reino Unido, este ejemplo puede ser extrapolable a otros países.

Para estos expertos, una de las prioridades más inmediatas es recopilar datos de alta calidad sobre los efectos sobre la salud mental en la pandemia del Covid-19, sobre todo, en grupos vulnerables. “Existe una necesidad urgente de investigación para abordar cómo se pueden mitigar las consecuencias para la salud mental de los grupos vulnerables en condiciones de pandemia”, aseguran.

La encuesta general de población que estos autores han realizado en Reino Unido revela preocupaciones generalizadas sobre el efecto del aislamiento social. Su repercusión sobre el bienestar; aumento de la ansiedad, depresión, estrés y otros sentimientos negativos han sido valorados. Además, han analizado la preocupación por las implicaciones prácticas de la respuesta a la pandemia, incluidas las dificultades económicas.

De hecho, una de las principales preocupaciones es el agravamiento de problemas de salud mental preexistentes en las personas. Relacionado con esto, la dificultad para acceder a los servicios de salud mental en estas circunstancias, así como el efecto del Covid-19 en la salud mental de los miembros de la familia, especialmente niños y personas mayores.

Muchas de las consecuencias anticipadas de la cuarentena y las medidas de distanciamiento social y físico asociadas son en sí mismas factores de riesgo clave para los problemas de salud mental. Estos incluyen suicidio y autolesiones, abuso de alcohol y sustancias, juegos de azar, abuso doméstico e infantil y riesgos psicosociales (como desconexión social, falta de significado o anomia, acoso cibernético, sentirse agobiado, estrés económico, duelo, pérdida, etc. desempleo, falta de vivienda y ruptura de relaciones).

Es probable que una consecuencia adversa importante de la pandemia de Covid-19 sea el aumento del aislamiento social y la soledad, que están fuertemente asociados con ansiedad, depresión, autolesiones e intentos de suicidio a lo largo de la vida.

El seguimiento de la soledad y la intervención temprana son prioridades importantes. De manera crucial, reducir los sentimientos sostenidos de soledad y promover la pertenencia son mecanismos candidatos para protegerse contra el suicidio, la autolesión y los problemas emocionales. “El aislamiento social y la soledad son distintos y pueden representar diferentes vías de riesgo”.

Para informar la gestión de Covid-19, es vital comprender el efecto socioeconómico de las políticas utilizadas para gestionar la pandemia, que inevitablemente tendrá graves efectos sobre la salud mental al aumentar el desempleo, la inseguridad económica y la pobreza.

De este modo, los autores vuelven a hacer hincapié en la participación de pacientes, así como de la investigación cualitativa rápida con diversas personas y comunidades para ayudar a identificar formas en que este efecto negativo podría aliviarse. “Debe considerarse el equilibrio adecuado entre el control de infecciones y la mitigación de estos efectos socioeconómicos negativos”.

Fuentes: RedEco/Who/Cadena Ser/Gaceta Médica/Publico/Página12/Julián Varsavsky/

enlace

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS