Salud de la mujer y represión patriarcal

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«La violencia, la opresión sobre las mujeres ha sido la más duradera, la más extendida en el tiempo, por lo que creemos necesario detenernos en los procesos históricos que lo han originado. Entender cómo empezó el patriarcado, al menos en sus aspectos más esenciales, cómo continuó y sus causas, nos ayudarán a revertir esta situación a través del conocimiento y la acción. El sistema patriarcal supuso, y aún supone, una situación de opresión y sufrimiento de las mujeres,…..que requiere un esfuerzo de superar objetiva y subjetivamente toda una praxis que ha pesado sobre las cabezas de mujeres -y de hombres- durante milenios»1.

INTRODUCCIÓN

El contenido de este escrito, y de la charla presentación que lo ha motivado, se centra en un apartado del texto tan candente y, por desgracia, de suma actualidad como la opresión de las mujeres por parte de las sociedades heteropatriarcales. Nos gustaría que la charla suponga un encuentro donde compartir y reflexionar entre todas las personas que sintamos una especial inquietud y ganas de trabajar sobre este tema. Una cuestión vital para las mujeres y con innegables consecuencias para su salud, a nivel individual y como grupo. De ahí el lema: “Si nos tocan a una, nos tocan a todas”, tiene todo el significado de solidaridad y resistencia ante el sufrimiento e injusticia vivida por las mujeres.

Qué duda cabe que nuestras sociedades machistas se caracterizan en primer lugar por la situación de poder masculino -que se ejerce consciente o inconscientemente- sobre la población femenina. Y en el otro lado la lucha que en sus múltiples variantes ejercitan y deben desarrollar las mujeres para liberarse de su yugo. Al igual que la lucha de la clase trabajadora por su liberación o la de un pueblo oprimido contra el estado que lo oprime, son las mujeres las que toman consciencia de su situación y las que primero resisten desde tiempos inmemoriales. Igualmente ocurre con las luchas de las clases populares, que son predominantemente protagonistas de su proceso de liberación. Como también son los pueblos y sus gobiernos (ayudado por gobiernos amigos) los que tienen legitimidad para luchar contra el terror y dominación que pretenden imponer las potencias occidentales, como está ocurriendo en Siria o Yemen.

Frente al mito de que las mujeres son machistas y reproductoras de la ideología dominante, que tiene su parte de verdad, esa medio-verdad está ocultando, -y justificando-, lo fundamental, los beneficios desiguales de los hombres, su responsabilidad en perpetuar una dinámica de privilegio y poder. Lo que no quita que existan hombres, como también existen personas pertenecientes a clases sociales privilegiadas, que son conscientes y, tanto en su vida personal como social, participan en las luchas de liberación de las mujeres. Pero el protagonismo y la iniciativa es, y debe ser, de las mujeres, de otra forma estaríamos reproduciendo los roles de dominación que son los que tratamos de erradicar.

Nos gustaría, también, resaltar la importancia de relacionar la lucha contra el machismo y las opresiones de clases, de etnia o de orientación sexual ya que, como veremos a lo largo del texto, sus causas se enlazan y por ello sus intervenciones terminarían uniéndose más temprano que tarde. Igual que una sociedad socialista que esté superando la opresión de una clase sobre otra no tiene ningún sentido sin un proceso paralelo de empoderamiento de la mujer ocupando un lugar preponderante en la nueva sociedad, vemos imposible una sociedad donde se respete a la mujer y se siga invadiendo pueblos, oprimiendo a las clases más humildes y despreciando sus manifestaciones culturales más profundas.

Por otro lado, consideramos imprescindible aunar la lucha individual, grupal y comunal y en todos los frentes en donde nos encontremos. Es una totalidad que tiene que tener una coherencia mínima, ser, por ejemplo, una mujer militante y defensora de los pueblos y de la naturaleza es ser una mujer activa y empoderada frente a su pareja, padre o hijos varones. Y en el centro de trabajo o de ocio, en todos los ámbitos de la sociedad donde vivimos. De resistencia en las duras condiciones actuales, y para lograrla nos debemos apoyar en otras compañeras, madres o hijas. Porque defendemos la igualdad como personas en todas los aspectos de la vida personal y social. Y en esa defensa debemos organizarnos en la medida de nuestras posibilidades y circunstancias sociales.

Abordaremos las condiciones objetivas, y por tanto también subjetivas, que nos demuestran la profunda desigualdad que en nuestras sociedades sigue existiendo entre hombres y mujeres. La tremenda dominación heteropatriarcal muestra que, en esta sociedad capitalista, lo que “se dice” no se “hace”. Los avances que hemos logrado no son nada suficientes, pero sin olvidar que los logros son productos de luchas y sacrificios. La visibilidad, el derecho al voto, la conquista de posiciones sociales, las conquistas obreras y campesinas, el poder y capacidad de resistencia de un sector cada vez mayor de mujeres que son ejemplo de entereza y coherencia, de lucha; aunque sus vidas sean mucho más complicadas. Luchas no exentas de dolor por la incomprensión de la sociedad machista y de todo el aparato estatal que los apoyan. Situación que ocurre incluso dentro de las distintas militancias de izquierda. Siendo conscientes que es un tema amplio y profundo, históricamente determinado, por lo que empezaremos por el principio.

LA CREACIÓN DEL PATRIARCADO

Nadie puede negar que el patriarcado es un proceso histórico: Esto es, tiene un comienzo y, por tanto, puede tener un fin. Hay consenso en que dicho proceso se inició con la división sexual del trabajo en los antiguos grupos humanos cazadores-recolectores, esencial para su supervivencia: La reproducción -el nacimiento de niños y niñas y sus primeros cuidados- permitía que el grupo no se extinguiera2. Esta primera división sexual del trabajo se produjo en situación de cierta igualdad, pero conforme las sociedades se fueron desarrollando y acumulando producción se fue gestando y acentuando la división social, la aparición de clases sociales y las luchas por los territorios más ricos. En este proceso, la sexualidad de las mujeres, es decir, sus capacidades sexuales y reproductivas, se convirtió en una mercancía.

La investigadora Gerda Lerner destaca las contribuciones de Federico Engels y del marxismo en general sobre este tema pero critica las corrientes marxistas que insisten en subordinar las relaciones de sexo a las relaciones de clase3. El desarrollo de la agricultura durante el neolítico impulsó el “intercambio de mujeres” entre tribus, no solo para evitar las guerras a través de alianzas matrimoniales, sino también porque las sociedades con más mujeres podían producir más población, más fuerza productiva. La autora destaca como hechos más probables en los orígenes del patriarcado el aumento de la guerra entre tribus durante periodos de escasez económica que propiciara el ascenso al poder de los hombres con éxitos militares. La tribu que tuviera más chicas que chicos incrementaría más rápidamente su población, asegurando su supervivencia, lo que lleva a suponer que la primera apropiación de propiedad privada fue la del trabajo reproductor de las mujeres4. Más allá de que fue primero si la propiedad privada y la formación de clases sociales o la dominación de la mujeres, el hecho es que la acumulación o excedente de producción, la sofisticación de las guerras y sus botines, incluido la conquista de mujeres por parte de las élites militares masculinas, fueron elementos esenciales en el origen del patriarcado.

Con la formación de los primeros estados, las sociedades ya eran más complejas y presentaban una división sexual del trabajo que no solo se basaba en las diferencias biológicas, sino también en las jerárquicas y en el poder de algunos hombres sobre otros hombres y sobre todas las mujeres. Los testimonios históricos, nos señala Gerda, hacen pensar que el proceso de esclavización se desarrolló con las prisioneras de guerra. A cada pueblo le llevó su tiempo percatarse de que se podía reducir a la esclavitud a los seres humanos y controlarlos por otros medios distintos a la fuerza bruta. En el caso de las mujeres uno de esos medios fue la violación de las prisioneras con el fin de “dominarlas” a ellas y “castrar” a sus hombres (en los casos que fueran aniquilados totalmente en la conquista). De hecho, la práctica de violar a las mujeres es un rasgo característico de las guerras y las conquistas desde el 2º milenio antes de nuestra era (ANE) hasta el presente. Pero veamos lo que dice Gerda Lerner sobre la esclavitud femenina:

Pienso que la esclavitud sexual de las mujeres cautivas fue en realidad el primer paso hacia el desarrollo y la elaboración de instituciones patriarcales, tales como el matrimonio patriarcal, y su ideología concomitante de depositar el “honor” femenino en la castidad….Al subordinar a las mujeres de su propio grupo y más tarde a las cautivas, los hombres aprendieron el poder simbólico del control sexual sobre los otros hombres y elaboraron el lenguaje simbólico con el que expresar dominio y crear una clase de personas psicológicamente esclavizadas” 5.

La esclavitud que se desarrolló con los botines de guerra representó una mezcla de racismo y sexismo a la vez, y consolidó la formación de clases sociales. Es por eso que la clase no es una construcción aparte del género, sino que más bien la clase se expresa en función del género. Es una relación no lineal en donde la clase dominante era por definición masculina y en las distintas clases sociales la dominación masculina estaba asegurada por los distintos poderes de la época. Y al igual que las religiones con sus simbologías han apoyado y potenciado a las clases dominantes de los diferentes modos de producción hasta la actualidad, la opresión de la mujer fue igualmente justificada con toda una serie de ideas religiosas y creencias que permitió que la superioridad y poder masculino se viera como “natural”6.

Pero, ¿cómo se transformó el sistema patriarcal en la formación de nuestro sistema socio-político actual?

LOS ORÍGENES DEL CAPITALISMO Y LA CAZA DE BRUJAS

Para ayudarnos a entender como la formación del capitalismo supuso un recrudecimiento de la represión patriarcal, resulta imprescindible el minucioso estudio de Silvia Federici: “El Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”. En este libro se argumenta como la “caza de brujas” que torturó y asesinó a miles de mujeres en la Europa de los siglos XVI y XVII, fue una de las medidas cruciales para intensificar la opresión contra las mujeres en el surgimiento del capitalismo, y que las confinó aún más en el trabajo reproductivo7. Previamente, la crisis demográfica provocada por la peste negra y las hambrunas diezmaron a la población, un 30-40% de la población europea, y cambió profundamente la vida social y política de la Europa de los siglos XIV y XV. Fue un periodo donde las jerarquías sociales y su disciplina se debilitaron; la gente no se preocupaba por trabajar para el señor feudal ni acatar las regulaciones sociales y sexuales. Al diezmarse la mano de obra, su coste creció y se fortaleció la determinación de la gente por liberarse de las ataduras del dominio feudal. Fueron siglos de enfrentamientos y poder tanto del campesinado como de los empleados de la ciudad, incluidas las mujeres8.

Esta situación provocó la respuesta de las clases dominantes, los inquisidores ampliaron sus acusaciones a mediados del siglo XIV y a principios del siglo XV, la “bruja” se convirtió en el objetivo de la persecución contra la llamada herejía, personas de las clases rurales y urbanas bajas que propugnaban la igualdad. A finales del siglo XV se produce una autentica contrarrevolución que actuó en todos los aspectos de la vida social y política y que afectó especialmente a las mujeres. En algunos Estados, como el francés, se dejó de considerar delito la violación si las víctimas eran de clase baja. Se creó un ambiente intensamente misógino y la población se iba insensibilizando frente a la violencia contra las mujeres. Se institucionalizó la prostitución e incluso la Iglesia lo vio como una actividad legítima, que pasó a ser administrado por el Estado como forma de frenar las prácticas sexuales orgiásticas y un remedio para la sodomía, así como también un medio para proteger la vida familiar9.

Además, los tres primeros siglos del capitalismo, del siglo XVI al XVIII, la burguesía emergente creció imponiendo la esclavitud y nuevas formas de trabajo forzado (en Inglaterra la esclavitud no se abolió hasta el siglo XVIII). En el Nuevo Mundo, multitud de personas dieron su vida sacando plata y mercurio de las minas, en Europa oriental se originó una segunda servidumbre, en la occidental se dieron los cercamientos10 y la caza de “brujas” (que demonizó cualquier forma de control de la natalidad y de la sexualidad no procreativa). Se extiende el control del Estado a cualquier aspecto de la reproducción: Sexualidad, procreación y sobre la vida familiar: políticas pro-natalistas para aumentar la población (se necesitaban personas para la producción y las guerras) y comienzo del registro demográfico11; fomento y protección del matrimonio y la familia para el cuidado de los menores; división del proletariado feudal -lucha de los hombres contra las mujeres-; educación alienada y sometida al trabajo que comienza en la casa. Aspectos esenciales de la acumulación primitiva que necesita el capitalismo incipiente. Todo ello junto a una recia disciplina social que atacaba la cultura popular de aquella época, la sociabilidad y sexualidad colectiva, deportes, danzas, festejos y ritos grupales.

Los juicios a las “brujas” por “crímenes” reproductivos fue una consecuencia de las altas tasas de mortalidad infantil de los siglos XVI y XVII, debido a la pobreza y desnutrición; y la preocupación por el tamaño de la población y la creación de fuerza de trabajo de la nueva clase capitalista, la naciente burguesía. Un intento de poner el cuerpo de la mujer al servicio de la reproducción y acumulación de fuerza del trabajo en la época mercantilista12. Vemos, como en diferentes contextos históricos y políticos, las mujeres han sido frecuentemente forzadas a procrear en contra de su voluntad además de verse sometidas a políticas natalistas y presiones oscurantistas, religiosas, que han coartado su posibilidad de decidir sobre su propio cuerpo y sexualidad. También para el desarrollo del capitalismo fue fundamental la construcción de un nuevo orden patriarcal, que hacía que las mujeres fueran sirvientas de la fuerza de trabajo masculina13.

Posteriormente, el avance del capitalismo adoptó nuevas formas e intereses siempre con el objeto del máximo beneficio económico. Así, al comienzo del siglo XIX, la burguesía industrial no dudó en utilizar masivamente la mano de obra femenina e infantil, muy barata, para aumentar la producción que necesitaba las nuevas industrias. Ahora no se dudaba en cuestionar (al menos parcialmente) la autoridad paterna y marital, para convertir a las mujeres en «trabajadoras libres» de vender su fuerza de trabajo sin la autorización de sus maridos.

Tras este breve recorrido histórico de dos hitos importantes en la conformación del sistema heteropatriarcal actual, al menos en el ámbito occidental, podemos esbozar como las condiciones objetivas y subjetivas han sido -y son- esenciales para mantener dicha opresión. Condiciones ambas, que se unen más claramente cuando la clase en el poder utiliza el terror, la violencia abierta o soterrada sobre las mujeres, para doblegarlas cuando las medidas anteriores no resultan suficientes. Violencia que se muestra en toda su crudeza con los feminicidios, violaciones y trata de mujeres.

CONDICIONES OBJETIVAS: LA DESIGUALDAD ECONÓMICA Y SOCIAL

Los estudios son consistentes al respecto, las mujeres tienen mayor tasa de desempleo14 y menor tasa de población activa, respecto a los hombres. Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que, en el Estado español, ellas ganan casi un 23% menos de media al año por igual trabajo, desigualdad que se da en mayor medida en el sector privado y que se acrecienta fundamentalmente porque los hombres reciben más complementos salariales y horas extraordinarias que las mujeres. Esta brecha salarial aumenta con la edad de las mujeres, su grado de responsabilidad y mayor formación académica15. También los datos de Eurostat, con una metodología algo diferente al INE, sigue constatando esa brecha salarial que aún es mayor en países como Estonia, Austria, República Checa, Alemania y Eslovaquia16.

El inicio de la crisis (del año 2008) agudiza la precariedad económica y social que afectó antes y en mayor medida a la población femenina. Esto ha provocado el aumento de la brecha salarial en los últimos años junto con el incremento de las desigualdades sociales, la población pobre aumenta, y son más pobres, y la población rica disminuye, y es mucho más rica. Además, las mujeres siguen teniendo, como en el pasado, una mayor proporción de trabajo eventual y a tiempo parcial. Los empleos son de menor cualificación, menos remunerados, lo que hace que su situación económica y social es de mayor vulnerabilidad y dependencia. Estos datos se repiten en el mismo sentido en otros lugares del mundo.

En Andalucía en el año 2015 la tasa de actividad fue solo del 66% en hombres, y aun menor, 52%, en las mujeres. Sobre estas cifras tan bajas de personas andaluzas que se inscriben en las oficinas del INEM (Instituto Nacional de Empleo) con la esperanza de encontrar trabajo remunerado, ya que el resto ni siquiera lo intentan, las mujeres se llevan la peor parte. De esa población activa, la tasa de desempleo es del 29% en hombres y del 34% en mujeres17. Cifras escandalosas si tenemos en cuenta que, además, los subsidios por desempleo son, pese al tópico, de los más bajos del Estado español. La población andaluza, especialmente femenina, vive una tremenda situación de pobreza y precariedad económica y social, con todas las consecuencias que para su salud y bienestar tiene.

Si nos centramos en el grupo de más edad, volvemos a encontrar que las mujeres, que viven solas en una alta proporción, tienen menos recursos económicos. Las pensiones de jubilación -de mayor cuantía económica- se abonan mayoritariamente a los hombres y las de viudedad (de mucho menor aporte económico) es abrumadoramente mayor en las mujeres. Y no sólo este hecho establece las diferencias entre los ingresos que perciben unas y otros. Existe un efecto de género, en el sentido de que aún dentro del mismo tipo de prestación se manifiestan diferencias notables en las ingresos económicas entre mujeres y hombres18.

Esta situación estructural de desigualdad socio-económica tiene su correspondencia con la menor participación en la vida pública, social y política; y que su protagonismo y poder en todas las esferas de la vida sea, obviamente, menor. Las mujeres siguen siendo las que mayoritariamente se ocupan del trabajo del hogar y son las principales cuidadoras. Por supuesto que hay hombres que realizan estas tareas pero el largo proceso histórico donde solo ellas “servían” para este tipo de trabajo y “no servían” para otros considerados de poder y prestigio social se ha perpetuado durante siglos.

Esta tremenda imagen de desigualdad que emerge claramente en pleno siglo XXI es sumamente útil al sistema capitalista. Porque las tareas domésticas en el ámbito familiar siguen siendo esenciales para la reproducción de la fuerza de trabajo, trabajos que nunca les ha interesado transformar completamente en profesiones remuneradas y/o en productos que se venden en el mercado. Se mantiene y potencia que los hombres y las mujeres interioricen, entre otras, que hay una predisposición natural de las mujeres para hacer estas tareas. Lo que justifica políticas que desplazan la responsabilidad del bienestar social del Estado e instituciones colectivas, a la «intimidad» de la familia. Cuando se necesita mano de obra, buscan a las mujeres y les pagan menos que a los hombres, lo que también provoca la disminución de todos los salarios y el Estado realiza aquellos servicios que permitan a las mujeres liberarse de algunas de sus responsabilidades. Y cuando no se necesita mano de obra, se “reenvía” a las mujeres a sus casas, donde se encuentra su “verdadero” espacio19.

No existe aún ningún país en el mundo, incluso entre los llamados avanzados, en el que -como ya hemos comentado- el salario de las mujeres sea igual al salario de los hombres. Prácticamente todos los sondeos prueban que la mayoría de las trabajadoras son demandantes de un trabajo a tiempo completo (pese a que ellas tienen una mayor proporción de trabajos eventuales y a tiempo parcial). La reducción creciente de servicios como las guarderías, o la privatización de otros como las residencias para las personas ancianas, multiplican los obstáculos que encuentra la mujer que trabaja. Al relegarlas a las tareas domésticas, permitirá a los capitalistas justificar la sobreexplotación salarial de las mujeres con el argumento de que su trabajo será menos productivo que el de los hombres (Absentismo por embarazo, lactancia, cuidado de menores y personas enfermas, entre otras). Es la cuestión del salario complementario que explica la actual y constante brecha salarial. Así disponen de mano de obra más barata y más flexible en función de las fluctuaciones del mercado.

Las mujeres en el Estado español cubren estas enormes insuficiencias que deberían ser responsabilidad del Estado y sus administraciones, origen del incremento de las enfermedades por estrés en las mujeres o el enorme descenso de la natalidad, de las más bajas del mundo. La mujer dentro de la familia debe cuidar a los menores y jóvenes, a sus parejas y a los ancianos, y el 53% tiene que compaginar estas tareas con su trabajo en el mercado laboral. Una enorme carga de responsabilidad, y de pérdida de salud, provocada por la casi nula ayuda estatal. Hechos que contrastan con el discurso oficial de nuestros gobernantes “muy pro familiar”, muy represor sobre el derecho a decidir de las mujeres sobre su cuerpo, pero los servicios de ayuda a la familia brillan por su ausencia20.

Con la deslocalización de las industrias en el norte de África, en América Latina o en Asia, la patronal ha reclutado a jóvenes mujeres en el mercado de trabajo. Estas jóvenes obreras sobreexplotadas han podido obtener algo de independencia financiera con respecto a los hombres de la familia y aumentar sus exigencias de nuevas libertades. Sin embargo, es el mismo capitalismo el que mantiene la institución familiar tradicional que tiene un papel fundamental en la reproducción de las divisiones (y de la jerarquía) entre las diferentes clases sociales y entre los géneros a los que se les asigna funciones económicas y sociales diferentes. Es por esto que dentro del sistema capitalista no se podrá conseguir la liberación de las mujeres, de todas las mujeres. Lo que hace indispensable que las luchas feministas contra la opresión patriarcal y la lucha de los asalariados y asalariadas contra la explotación capitalista tiene que converger a pesar de las dificultades21.

UNA IDEOLOGÍA AL SERVICIO DEL SISTEMA HETEROPATRIARCAL

Siempre resulta más evidente la existencia de una desigualdad socio-económica de las mujeres a través de la cifras que se ofrecen y que muestra su mayor pobreza y precariedad laboral, mayor dedicación a los cuidados y al trabajo doméstico, o cuando emergen los casos de maltrato, abusos y feminicidios que las estadísticas oficiales no pueden obviar. Pero esta situación objetiva de opresión y relego al ámbito más primario de la vida social ha necesitado de toda una ideología que ha defendido, y defiende, los roles propios de mujeres y hombres. Roles donde la imagen de la mujer debe ser de subordinación al hombre, de buena “ama de casa” y de objeto sexual. De sumisión, debilidad y dependencia, lo opuesto de la imagen de fuerza y poder que se sigue adjudicando a los hombres.

Y esta socialización nos llega a todas las personas a través de múltiples medios de comunicación, y con tal fuerza, que se ancla, se arraiga en nuestra mente, consciente e inconscientemente. Ahí estriba su dificultad, se repite con insistencia que la educación es fundamental para conseguir la igualdad real, pero ¿quién educa a los educandos? Es claro que todos los canales de lucha y pedagogía para el cambio son esenciales, no lo negamos, pero se debe acompañar de acciones, hechos, políticas y leyes que realmente actúen contra unas condiciones subjetivas (y por supuesto objetivas), contra la presión ideológica al servicio de las clases dominantes, que son las que mantiene y perpetúa, de forma abierta o soterrada, la opresión heteropatriarcal que va de la mano de la opresión de clase.

Una muestra palpable de este relego a la nada de las mujeres a lo largo de la historia es la eliminación, la ausencia de una historia de mujeres; ellas no existían si no era a expensas o como elemento secundario y adjunto al de los hombres, constituyendo toda una falacia androcéntrica que ha perpetuado construcciones mentales misóginas tanto en los hombres como en las mujeres. Y que también ha servido para interpretar de forma machista el proceso de hominización, donde al hombre se le da un papel activo y fundamental, mientras que a la mujer se le adscribe a un papel pasivo y en su función de cuidadora encerrada en el supuesto y estrecho círculo familiar22. El impresionante libro de Carolina Martínez Pulido “El papel de la mujer en la evolución humana”23, desmonta esa gran mentira del hombre activo y cazador, y que fue la caza el hecho fundamental en el proceso de hominización al aportar las proteínas animales que daría un impulso al desarrollo del cerebro.

En dicho texto, Carolina Martínez Pulido destaca las contribuciones inestimables de investigadoras que desde diversas disciplinas demuestran todo lo contrario, la importancia que tuvo la mujer en la alimentación vegetal y de pequeños animales, el carroñeo y la necesidad de una larga crianza para el desarrollo del cerebro, por lo que tuvieron que ser decisivas en la alimentación, mejora de la comunicación oral y en la creación de utensilios para el transporte de los pequeños. Igualmente se desmonta otro mito, el de la monoandria femenina, frente a la poliandria masculina, con pruebas contundentes sobre una mujer recolectora y activa en la elección de su pareja o parejas y la flexibilidad de los roles sexuales.

En todas las etapas históricas, los análisis se han visto impregnados de un marcado sesgo androcéntrico que retroalimentan esas condiciones subjetivas que se tienen en la actualidad. De esta forma la mujer ha soportado ser adscrita al rol secundario, sexista y cuidador, en épocas antiguas donde aún no existía opresión patriarcal. O simplemente ha sido reducida a la nada en los diferentes momentos históricos posteriores. Y lo que nunca se ha visto a lo largo de los siglos y, aunque ahora se vea un poco, es sumamente difícil de visibilizar, porque la propia invisibilidad de las mujeres a lo largo de la historia no se reconoce como tal. Como se ha comentado, en los orígenes del capitalismo se construye una ideología que confinó aún más a las mujeres en el “cubo de la historia” para utilizarla como reproducción de mano de obra barata para las nuevas industrias.

En nuestra historia más cercana y en un ámbito más individual nos encontramos mujeres que han vivido una infancia y adolescencia bajo la cultura familiar de madres muy poderosas. Y esa circunstancia pese a la sociedad fascista del franquismo que les tocó vivir y sus escuelas retrógradas, católicas y romanas, las convirtieron en mujeres empoderadas y rebeldes frente a los hombres y el sistema heteropatriarcal en general. Pero el caso no son los casos ya que lo habitual era vivir el machismo también en las casas. Porque el contexto familiar “bebe” del social y político, con toda su propaganda misógina y de imágenes sexistas que se refuerzan continuamente. Las mujeres hemos “abierto los ojos” en circunstancias y contextos muy diversos, como diversas son las manifestaciones de esta opresión. Desde las más personales y familiares, viendo a sus progenitores acobardados y unidos para mantener la comodidad burguesa y una imagen hipócrita de unión. Después las mujeres se lanzan al mundo, sus estudios (en el mejor de los casos), su vida laboral y vuelven a comprobar que su familia heteropatriarcal también está en la universidad, en el centro de trabajo, en la vida de ocio, incluso en organizaciones o movimientos de izquierda. En todos los resquicios de nuestra sociedad.

Esta potente ideología que penetra por todos los vericuetos de la vida social proyecta, por ejemplo, una imagen sexista de la mujer que tiene como uno de sus exponentes el “ideal” de belleza femenina construido desde hace décadas por las clases dominantes (hombres, blancos y ricos) de los países occidentales. Cuando por la pantalla de la televisión salen esas mujeres de una delgadez extrema, nada saludables, y maquilladas para dar una imagen de languidez y como de tristeza ausente, de pasividad, no podemos por menos de recordar los casos dramáticos de anorexia nerviosa y bulimia, que como profesionales sanitarias hemos conocido. Pero todo esto no es producto del azar, esta imagen sexista de fragilidad, sumisión y debilidad ha sido literalmente construida por todo un “aparato” ideológico en el poder que le sirve para perpetuar la opresión sobre las mujeres.

Tenemos el caso de la industria de Hollywood que desde principios del siglo XX hacía adelgazar a sus actrices hasta 20 kilos, a pesar de que llegaban con un peso absolutamente normal y saludable, además de blanquearlas la piel, y maquillarlas como muñecas. Esta situación se ha mantenido en el tiempo y ha construido unos cánones de supuesta belleza en un medio, el cine, de gran influencia en la mayoría de la población masculina y femenina. Ejemplos hay muchísimos, hace pocos días escuchamos en las noticias que una trabajadora de una empresa privada en Gran Bretaña es despedida por no llevar zapatos de tacón (de entre 5 y 10 centímetros de alto), la empresa se defiende diciendo que era exigencia del contrato24. A continuación salen nuevas noticias de la multitud de empresas que exigen a las mujeres llevar tacones, ir maquilladas y vestidas “muy femeninas”.

Pese a todo, han existido avances en la igualdad y empoderamiento de las mujeres, en su visibilización social y política. Avances que se han producido por una conjunción de luchas y resistencias feministas individuales y colectivas. Aunque los cambios y procesos históricos no son lineales ni progresivos, de menos a más, como incluso destacados marxistas tendían a plantear. Los avances se mantienen en unos aspectos (el derecho al voto, a una educación pública, leyes de igualdad), pero en otros se puede retroceder (la violencia machista sutil y perversa, la imagen sexista, la ley del aborto). Las conquistas de las mujeres en la República y el Frente Popular, las segó de un hachazo el alzamiento fascista. Y en esos avances y retrocesos, las enseñanzas del pasado y las nuevas condiciones en nuestro medio son elementos a considerar en cada circunstancia concreta en una lucha que tiene muchos frentes, especialmente el de la ideología construida por las clases dirigentes. Ideología machista que impregna la cultura social y política, la cultura de los centros escolares y medios de comunicación y la familiar. Mejorar y cambiar la desigualdad económica y laboral, siendo muy necesaria, no es suficiente, hay que cambiar la mentalidad, la psicología, y vivir de acuerdo a ésta. Todo un reto bajo la tremenda presión que se ejerce sobre la población femenina.

Estas condiciones objetivas y subjetivas que brevemente hemos expuestos tienen su unión más estrecha, su corolario, en la violencia que se ejerce sobre las mujeres: La violencia machista25. Violencia que ha sido continúa en la historia y que representa el núcleo de la dominación heteropatriarcal para conseguir el control del excedente social colectivo por medio de sus capacidades productivas y reproductivas: Vida, conocimiento, placer y fuerza de trabajo.

LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Solo desde estos procesos históricos y condiciones de opresión que hemos tratado de esbozar, se puede entender la violencia machista que sufrimos. Desde la más sutil y psicológica hasta la más brutal que llega a matarla, a ella y a los suyos. La agresión contra la mujer es un continuo donde es difícil separar los procesos que la originan tanto personales, sociales o políticos. Porque muchos de los condicionantes, desigualdades y dominaciones que se han comentado anteriormente es violencia contra las mujeres y graves problemas para su salud física, psíquica y social.

La punta del iceberg de estas violencias es la agresión física y el asesinato. Las noticias sobre mujeres asesinadas son continuas, las asesinadas de todas las edades. Frente a una terrible situación que tiene profundas causas históricas de dominación, la lucha y resistencia de las mujeres las hacen tomar medidas duras para separarse de su pareja. Pero cuando se encuentran con esa situación límite, también se ven desprotegidas por un poder político que realmente es la causa de lo que está pasando. La autodefensa y protección de su entorno más cercano y de confianza son esenciales, la ayuda de asociaciones y organizaciones locales, a partir del cual poder salir y visibilizar su drama. Reclamar individual y colectivamente herramientas jurídicas, económicas y sociales que sean efectivas en la práctica, porque hoy por hoy son un fracaso. Mientras tanto los análisis de lo que ocurre son simplistas y derrotistas, manipulados para mostrar una situación abstracta y culpabilizadora (o de victimización) de las propias mujeres.

Cuando se escriben estas líneas acaban de asesinar a dos mujeres, madre e hija, por el compañero sentimental de la madre que no permitió que la primera se separara de él. Pues bien, un representante político que dice va a tomar medidas (nuevamente abstractas y sin especificar) dado el número de feminicidios que llevamos a estas alturas del año, resalta en su alocución que de todas las muertes solo hubo un caso de denuncia. La denuncia, siendo en parte necesaria, vuelve a convertirse en la varita mágica de la solución de un tema tan tremendo y tan difícil de resolver de forma aislada cuando la mujer se encuentra en esa trampa mortal. Mientras tanto, hijas e hijos de madres asesinadas por sus padres pueden visitar al asesino de su madre en la cárcel o no se les deja ser acogidos por familiares cercanos de la madre con todos sus derechos de orfandad.

Solo en los últimos 7 años, son ya 800 las mujeres asesinadas en el Estado español y cada 8 horas se produce una denuncia por violación. Porque la violencia sexual es otra forma terrible de violencia. El problema de la trata de mujeres, de la prostitución forzada, es una muestra de este verdadero cáncer que se extiende por todo el territorio en los miles de club que salpican nuestra geografía, con descaro, sin ningún tipo de pudor. ¿Por qué se permite esta situación?, las mafias de la droga y del sexo campan a sus anchas en el “desarrollado” mundo occidental, porque suponen suculentos beneficios junto al del armamento. Los paquetes de soborno a políticos corruptos incluye sexo y “diversión” a raudales. Como decía hace poco una periodista, existe tal demanda de prostitución por parte de los hombres en el Estado español, que se hace necesario traer a chicas engañadas para ser esclavas sexuales y equilibrar la oferta de “carne”, la cosificación tremenda de las mujeres. Ya sabíamos que vivimos en la sociedad de la libertad de la oferta y la demanda, de la libertad individual de la sacrosanta propiedad privada. Pero los condicionantes sociales no deben ocultar los individuales, ¿qué está pasando con las masculinidades? ¿Qué está pasando con las relaciones sexo-afectivas?

DEPENDENCIA, INDEPENDENCIA E INTERDEPENDENCIA: LAS RELACIONES SEXO-AFECTIVAS.

Nos introducimos, al menos brevemente, en este importantísimo asunto, el de las relaciones sexo-afectivas, esencial en el tema que estamos tratando y que forman una parte fundamental de las relaciones humanas. Es habitual encontrarnos en este tipo de relaciones el gran problema de la dependencia. Pero luchar contra la dependencia no lleva implícito, ni trata de reivindicar, la independencia, en su acepción de ausencia de relaciones humanas y asociada a esa independencia machista, muy insana, propia de hombres que se creen libres de ataduras de todo tipo, incluidas las amorosas. Es por ello que reivindicamos la interdependencia que todas la personas necesitamos (necesidad abierta y saludable), también en las relaciones sexo-afectivas.

Relaciones de interdependencia que se consigue muy parcialmente y con mucha dificultad mientras vivamos en esta sociedad profundamente machista y clasista que promueve el papel del patriarca, el “jefe de familia”, en el entorno familiar; y el de las clases dominantes patriarcales y masculinas en el entorno social y político. Aunque como todos los extremos se tocan, nos encontramos a grandes patriarcas, y jefes dominadores, que se hallan subjetivamente dominados por distintas formas de relaciones sexo-afectivas tóxicas y de maltrato. Mientras el papel de la mujer se representa como sumisa o manipuladora, pero casi siempre dependiente del hombre, con la que la mayoría de las mujeres no nos sentimos identificadas. Y esta situación de dependencia entronca con las relaciones de pareja que siguen siendo el soporte fundamental de nuestro sistema capitalista, la familia nuclear.

Alexandra Kollontai relaciona esta importante cuestión con la crisis sexual que se sufría en su época y recalcaba la necesidad de practicar una auténtica revolución en el ámbito de las relaciones sexuales, basadas en el compañerismo e igualdad de los sexos, en la solidaridad fraternal de la clase trabajadora. Pero antes analiza la crisis sexual agravada por el egoísmo, el sentimiento de posesividad hacia la pareja, o la subordinación de un sexo sobre el otro. En este sentido, Alexandra nos dice lo siguiente:

Entre los múltiples problemas que perturban la inteligencia y el corazón de la humanidad, el problema sexual ocupa indiscutiblemente uno de los primeros puestos…..La humanidad contemporánea atraviesa por una crisis sexual aguda en la forma, una crisis que se prolonga y que, por tanto, es mucho más grave y más difícil de resolver…….El estricto individualismo y el aislamiento de la “familia nuclear” sustituyen el énfasis en el “trabajo colectivo” que fue característico de la estructura económica tanto local como regional de la vida ancestral. Los últimos vestigios de ideas comunales propias, hasta cierto punto, de todas las formas de vida tribal fueron barridos por el principio de “competencia” bajo el capitalismo, por los principios triunfantes del individualismo y de la propiedad privada individualizada, aislada”26.

No compartiendo el análisis etnocéntrico de la autora, ni la sustitución absoluta de la vida comunal con la individualista, ya que la vida comunal sigue estando muy presente en nuestras vidas, aún más en la vida de comunidades no occidentales. Si asumimos plenamente su visión sobre la grave crisis sexual que sigue prolongándose en el tiempo. Interesante también lo que la autora proclama en plena época pre-revolucionaria:

…, es incomprensible e imperdonable que esta cuestión vital, esencialmente violenta y trágica, sea considerada con tanta indiferencia. Entre las múltiples consignas fundamentales que la clase obrera debe tener en cuenta para la lucha de la sociedad futura, tiene que incluirse necesariamente la de establecer relaciones sexuales más sanas y que, por tanto, hagan más feliz a la humanidad….Es inexplicable e injustificable que el vital problema sexual se relegue hipócritamente al casillero de las cuestiones “puramente privadas”27.

Y es tratado con indiferencia, porque los asuntos de las relaciones afectivos-sexuales son despreciados como “femeninos” y secundarios frente a las “grandes” cuestiones “masculinas” de la economía y la política. Nada más lejos de la realidad, son aspectos esenciales para la emancipación humana y la lucha política por una nueva sociedad, libre de la opresión patriarcal. Y las transformaciones necesarias pasan por la conquista de la igualdad económica y social, pero también por una profunda y fundamental evolución de la psicología humana. Porque la crisis sexual, si bien está fuertemente condicionada por las circunstancias socio-económicas, también están determinadas por la psicología individualista que la burguesía se ha cuidado en cultivar28.

Es por ello, que la crisis sexual no puede resolverse sin una profunda transformación de la psicología humana que si bien se producirá completamente en la nueva sociedad, debe empezar a resolverse en el presente, de hecho ya se está produciendo en la actualidad, y en el pasado, lo que nuestra autora llamó la mujer nueva. Seguir trabajando las relaciones libres y de interdependencia mutua, resultado de una amistad y camaradería que vaya acabando con ese atrapamiento psicológico de muchos hombres y mujeres. Eliminando factores relacionados con la ideología burguesa, el egoísmo extremo, la idea del derecho de propiedad de los componentes de la pareja y la desigualdad física y emocional entre los sexos. Para afrontarlos debemos acumular sentimientos de consideración y mayor capacidad de amar, en ese sentido de entrega del que estamos hablando.

Es, por lo tanto, un objetivo tan esencial como la lucha militante por los cambios sociales, y donde las personas más conscientes y organizadas tienen que dar más ejemplo, si cabe. Siendo consciente de la importancia que este tema merece, estaremos creando gérmenes de nuevas orientaciones entre los sexos, estrechamente unidos a los objetivos de clase. La historia demuestra que la ideología y moral -también la sexual- de un grupo social, la clase trabajadora, debe realizarse en el mismo proceso de lucha de este grupo contra las fuerzas sociales adversas29.

Concepción Cruz Rojo

Cádiz, 13 de marzo de 2017

Texto escrito para la charla-debate del próximo 16 de marzo en la librería-cafetería:

La Clandestina

1 Cruz-Rojo, C; Gil de San Vicente, I. Derechos humanos como arma de destrucción masiva. Boltxe 2015. p. 385

2 El desarrollo cada vez mayor del cerebro colectivo del homo sapiens determinó que la infancia y todo el proceso de aprendizaje fuera mayor en los infantes humanos, esto junto al mayor número de partos determinó la necesidad de la división sexual del trabajo.

3 Lerner, G. El origen del patriarcado, Editorial Crítica, Barcelona, 1990, p. 46.

4 Lerner, G. El origen del patriarcado, Editorial Crítica, Barcelona, 1990, p. 83.

5 Lerner, G., El origen del patriarcado, Editorial Crítica, Barcelona, 1990, p. 128.

6 Son muchos los análisis históricos y antropológicos que muestran la función de la religión como forma de canalizar los sentimientos y afectos de la gente, pero también como forma de mantener la ideología en el poder, incluida la patriarcal. Gerda Lerner hace un desarrollo exhaustivo de como las diosas y los dioses se fueron transformando en un solo dios todo poderoso y varón en la formación del patriarcado y las clases sociales con su rey-dios y emperadores varones.

7 Federici, S. El Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Editorial Crítica, Barcelona, 2010, p. 26.

8 Federici, S., El Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Editorial Crítica, Barcelona, 2010, pp. 73-74.

9 Federici, S., El Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Editorial Crítica, Barcelona, 2010, pp. 78-80.

10 Los cercamientos o privatización de la tierra, supuso ampliar la extensión de las propiedades de los antiguos o nuevos dueños (nobles o nueva burguesía) y la apropiación de las tierras comunales que eran utilizadas por el pueblo como ayudas alimentarias y de recreación colectiva.

11 Organización de censos, registros de las tasas de mortalidad, natalidad y matrimonios. Lo que en la actualidad constituye el Registro Civil.

12 Federici, S. El Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Editorial Crítica, Barcelona, 2010, pp. 249-250.

13 Federici, S., El Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Editorial Crítica, Barcelona, 2010, pp.140-141.

14 Consideramos más apropiado hablar de desempleo y no de paro para referirnos al empleo remunerado, ya que precisamente son las mujeres las que más trabajan en labores no remuneradas.

15 Instituto Nacional del Estadística (INE). INEbase / Salarios, ingresos, cohesión social. En: http://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=10888

16 La brecha salarial de género en España, la sexta más alta de la Unión Europea. Alejandro Bolaños. 8 de Marzo de 2016. En: http://economia.elpais.com/economia/2016/03/07/actualidad/1457378340_855685.html

17 Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. Encuesta de Población Activa. Año 2015. En: http://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/iea/consultasActividad.jsp?CodOper=25&sub=63165

18 Gómez Bueno, Carmuca; Bretin Hélène. Sexualidad y envejecimiento. Consejería de Salud, Sevilla, 2011. p.26. En: http://www.juntadeandalucia.es/salud/export/sites/csalud/galerias/documentos/p_4_p_3_prevencion/sexualidad_envejecimiento.pdf

19 Denise Comanne. Cómo el patriarcado y el capitalismo refuerzan en forma conjunta la opresión de las mujeres. Mayo de 2010. En: http://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/comanne_patriarcado.pdf

20 Navarro V. Como el poder de género, además del poder de clase, explica también el subdesarrollo social de España (Parte 2). Nueva tribuna 1 de marzo de 2017. En: http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/poder-genero-ademas-poder-clase-explica-tambien-subdesarrollo-social-espana-parte-2/20170301131438137259.html

21 Denise Comanne. Cómo el patriarcado y el capitalismo refuerzan en forma conjunta la opresión de las mujeres. Mayo de 2010. En: http://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/comanne_patriarcado.pdf

22 Es habitual construir sociedades del pasado aún muy desconocidas, con una mentalidad que es la que predomina en la época donde se investigan los sucesos históricos, como es la heteropatriarcal en el caso que nos ocupa. Y, por tanto, habitual ver en los museos a los humanos de la historia antigua donde el hombre está de pie y en posición activa y de fortaleza y la mujer sentada, metida en la cueva y cuidando a sus vástagos.

23 Martínez Pulido, C. (2003) El papel de la mujer en la evolución humana. Biblioteca Nueva, Madrid.

24 Despiden a una trabajadora británica por no llevar tacones. Preguntó si a los hombres se les exigía también ese tipo de zapato y la despidieron. Noticias cuatro. 12 de marzo de 2017. En: http://www.cuatro.com/noticias/sociedad/tacones_altos-empresa-sexismo-Reino_Unido_0_2178225196.html

25 Preferimos el término violencia machista porque muestra de forma más clara que la violencia que ejercen los hombres contra las mujeres, es debido a toda una ideología justificadora de la opresión heteropatriarcal que solemos nombrar como machismo.

26 Kollontai, A. Los fundamentos sociales de la cuestión femenina y otros escritos. En Lucha, 2011. Introducción. pp. 22, 23.

27 Kollontai, A. Los fundamentos sociales de la cuestión femenina y otros escritos. En Lucha, 2011. Introducción. p. 25

28 Kolontai, A. Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada y otros textos sobre el amor. Librería mujeres horas y Horas la editorial. Madrid. 2014. p. 124

29 Kolontai, A. Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada y otros textos sobre el amor. Librería mujeres horas y Horas la editorial. Madrid. 2014. pp. 134, 135

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