Salón Erótico de Barcelona: se venden principios

Por Fran Pérez Fernández

Se suele decir que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Habría que plantearse si no es igual de peligroso el ciego al que le hacen creer que ya ve, con claros intereses lucrativos. ¿Vamos a seguir cerrando los ojos a la explotación de las mujeres?

Por Fran Pérez Fernández

2018 no ha sido una excepción. El Salón Erótico de Barcelona ha mantenido la misma línea publicitaria tan exitosa de años anteriores en el vídeo de campaña que anuncia su evento para el próximo mes de octubre. Es posible que te suene tras la polémica lograda en 2016, cuando dirigentes como Pablo Iglesias e Íñigo Errejón difundieron el spot que presentaba Amarna Miller, que fue objeto de polémica y debate público. ¿El truco? Han sabido aprovechar un discurso cada vez más extendido que considera empoderante el ejercicio del “trabajo” sexual y que tanto ha calado entre aquellos liberales que rechazan las posiciones políticas más conservadoras y retrógradas. Lo que empleando una jerga más común conocemos como “progres”.

Es una estrategia muy sagaz y finamente calculada. La llegada de la sociedad de consumo no es un cambio meramente de patrones consumidores ni de estructura económica. Ha traído consigo una evolución en las creencias religiosas, las relaciones de socialización, el modelo de familia y la concepción de la mujer, entre otras múltiples consecuencias. Sin embargo, no solo quedan resquicios o reminiscencias de todo lo que acompañaba el modelo social previo, sino que todavía cuenta con un apoyo social más o menos amplio especialmente entre las generaciones de mayor edad, todavía existe una cierta confrontación de ideas en un proceso en que las anteriores van dando paso a las nuevas, que ya son hegemónicas a todos los niveles. Y a todos los niveles incluye lo relativo a la concepción de la prostitución y la pornografía, cuya nueva forma de defensa se establece en base a la supuesta libertad para decidir de la mujer, frente a un pasado que censuraba cualquier debate al respecto de la explotación sexual.

La cuestión entonces es simple. ¿Cuál es el público al que se dirige el anuncio? ¿El conservador, el de la familia tradicional? Está claro que no. Por eso, y en el contexto de apogeo del feminismo (o de apropiación del feminismo, vendiendo como feminista cualquier producto que no diste lo más mínimo del modo en que siempre han funcionado las cosas), un spot que se enfrente a las posiciones más conservadoras presentando la postura hegemónica como transgresora para complacer a los liberales “posmodernos” era un éxito asegurado, sin necesidad de poner en cuestión el sistema prostitucional lo más mínimo, ni mucho menos el sistema capitalista. Y tanto que lo fue.

Esta vez, sin embargo, han ido todavía más lejos, y han logrado no solo que se hablase, y mucho, del vídeo de campaña, sino conseguir un apoyo social y mediático muy amplio con un rechazo y unas críticas desfavorables prácticamente nulas, a pesar de que las contradicciones del anuncio chirrían a leguas. “En una sociedad sin educación sexual el porno es tu libro de instrucciones […] y mientras siga así seguiremos fabricando violadores en manada”, sentencia en alusión al incremento de violaciones grupales durante este año, y particularmente al caso de La Manada.

El monólogo de la mujer que presenta el anuncio (o de quien se lo haya escrito) define la mercantilización del sexo y del cuerpo de la mujer como causa del patriarcado y de la cultura de la violación. Hasta ahí bien. Si no fuera porque lo que pretenden venderte es precisamente un evento que mercantiliza el sexo y el cuerpo de la mujer. Y es ciertamente alarmante que tanta gente no vea nada de contradictorio en ello.

El vídeo concluye: “en una sociedad sin educación sexual era obligatorio que el porno cambiara”, mientras un cartel reza “ahora mandamos nosotras”, en un alegato de defensa de la pornografía “ética” o “feminista”, como si pudiera haber mayor oxímoron que ese: el feminismo en una situación intrínsecamente desigual en que se compra el acceso al cuerpo de otra persona, es decir, el consentimiento sexual, para satisfacer y servir sexualmente al que paga. Lo han conseguido, han logrado darle un giro final para negar las relaciones de poder que hasta el momento parecían tener tan claras, para hacer creer que es posible una compra de sexo y mercantilización de la mujer en que ella no sea explotada. El anuncio viene a decir: la compra – venta del consentimiento sexual nos ha traído a esto y es horrible pero, por cierto, si quieres ponerte cachondo me desnudo para ti por dinero.

El ejercicio de hipocresía del Salón Erótico de Barcelona es todavía mayor si tenemos en cuenta a las empresas a las que han concedido patrocinio y que por tanto se han lucrado con ello. Apricots, una cadena de prostíbulos, fue la empresa patrocinadora de 2016,  y fue denunciada por UGT por convocar una selección de voluntarios para trabajar en el evento a cambio de un pase gratis, una explotación de la que quien se lleva el beneficio al completo es la propia empresa. Apricots retiró dicha convocatoria después del escándalo (hay que tener en cuenta que fue el año del anuncio de Amarna Miller).

Realizando una búsqueda en Google, el primer resultado que me dirigía a su página web titulaba el sitio como “chicas de compañía muy putas”. ¿Muy putas? ¿Se puede ser muy electricista, muy matemática, muy psicóloga, muy estibadora? La propia empresa no trata a la prostitución como un oficio, sino como una degradación y cosificación sexual de la mujer. “Escorts y chicas de compañía. Elige tu chica favorita, llama y si te he visto, no me acuerdo”, se lee en su página de inicio. “Prostitución ética”, un poco más abajo.

También al final de la página leo que ofrecen cursos de prostitución, pero solo para chicas. Consulté su catálogo de prostitutas. De prostitutas, porque hombres no venden, solo mujeres. Pero oye, que son muy feministas, es un trabajo tan empoderante, tan maravilloso y tan poco degradante que no hay un solo hombre en todo el catálogo. En la sociedad patriarcal la mujer siempre fue relegada al rol de la seducción, de servir de objeto sexual. De 41 mujeres que venden, tan solo 2 son españolas.

Se suele decir que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Habría que plantearse si no es igual de peligroso el ciego al que le hacen creer que ya ve, con claros intereses lucrativos. ¿Vamos a seguir cerrando los ojos a la explotación de las mujeres? ¿De verdad vamos a seguir negando la relación entre la prostitución y la desigualdad y exclusión social?

Los lectores podrían considerar anecdótica toda polémica relacionada con Apricots, pero lo cierto es que el evento condecora a los mismos que el Salón Erótico de Barcelona dice rechazar en su anuncio. En cada edición, y desde 2013, nominan a una serie de trabajadores sexuales o vinculados a la pornografía, escenas, empresas y empresarios para la entrega de los conocidos como Premios Ninfa.

En aquella primera edición concedieron el premio al “Reconocimiento a toda una carrera” a Torbe, que ya había sido condenado en 2008 a un año de prisión por corrupción de menores por grabar un vídeo conscientemente con una adolescente de 16 años, a la que hicieron firmar un documento en inglés conforme tenía 18, y también pesaba sobre él una condena en firme de 2012 de la Audiencia Nacional a otro año de prisión, confirmada por el Tribunal Supremo en febrero de 2013, por estafa telefónica en “La Hora Chanante”, un concurso televisivo de Canal 7: los espectadores llamaban a un número, desde donde para recibir el premio se les exigía llamar a un segundo teléfono, propiedad de Torbe, con tarificación adicional, y a su vez esta llamada se dirigía a un tercero. En la siguiente edición la página web de Torbe, Putalocura.com, sería nominada por la categoría “Mejor web española elegida por el público” y obtendría un nuevo Premio Ninfa.

Cada año, son nominadas y premiadas grandes productoras de pornografía convencional como Brazzers, premiada en 2014, o Cumlouder, en 2015, así como actores y actrices de porno convencional, que este año competirán en las categorías actor, actor gay, actriz y… sería esperable “actriz lesbiana”, pero resulta que el prisma desde el que el Salón Erótico de Barcelona concibe la pornografía es tan profundamente patriarcal y misógino que considera el lesbianismo como una parte del porno hetero, concretamente para el consumo de hombres hetero, ella siempre tiene que estar dispuesta a comerse una polla, su deseo no tiene en cuenta, es un objeto sexual, y por tanto no hay categoría “actriz lesbiana”. Lo que sí hay es categoría “MILF”. Y yo me pregunto, ¿en qué se diferencia esto del “porno más machista” que dicen rechazar?

Versión original (en gallego): https://www.elsaltodiario.com/cine-porno/salon-erotico-barcelona-vendense-principios

COLABORA CON KAOS