Sahara Occidental: Takbar Haddi 20° día en huelga de hambre en Canarias / Videos y más

Takbar Haddi hoy comienza su 20° día en huelga de hambre, tras ser atendida anoche por los sanitarios (ambulancia) se le diagnóstico hipoglucemia -60- y tensión baja 9-6. Se le invito a acudir al hospital, a lo que se negó. Entonces durante toda la noche se tuvo un cuidado especial, por posible empeoramiento, pero Takbar paso una buena noche y pudo descansar bien.

Esta foto nos llega desde el Sahara Occidental ocupado.Takbar 19#JusticiaParaHaidala

Takbar, madre ejemplar, con tu lucha hasta el final.

Un saludo solidario desde el sur del mundo, con una canción de Rolando Alarcón, interpretada por Isabel y Ángel Parra: “Yo defiendo mi tierra”

https://youtu.be/DiFD53IfMOI

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Gurba, la condena: el documental sobre el exilio del pueblo saharaui

Por el 02 de junio de 2015  http://www.mundiario.com/
Miguel Angel Tobías junto a minas desenterradas. / Gurba, La Condena
Miguel Angel Tobías junto a minas desenterradas. / Gurba, La Condena

Miguel Angel Tobías produce y dirige Gurba, la condena, película documental sobre el drama de los refugiados saharauis, el exilio más largo de la era actual, destaca este autor.

Con Sueños de Haití, Miguel Angel Tobías inició una serie de proyectos donde se comprometía a cada año llevar a cabo un proyecto audio visual que fuera social, solidario y benéfico, en este caso nos trae Gurba, la condena, una película documental que nuevamente sirva para despertar conciencias, para que conozcamos la injusticia y en sufrimiento al que está sometido el pueblo saharaui. Un conflicto que mediáticamente está olvidado pero que tras 40 años sigue ahí, donde 220.000 personas han sido obligadas a vivir en el exilio, en un campamento de refugiados. Gurba, palabra árabe sin traducción específica, expresa los sentimientos cuando un ser humano es obligado a vivir fuera de su tierra, es una mezcla de tristeza, melancolía, …rabia.

La película documental trata un conflicto que debido a que está enquistado en el tiempo está fuera del foco mediático actual, el campo de refugiados mas antiguo de la historia moderna, con mas de 40 años de existencia, donde está recluido el pueblo saharaui, en un desierto de piedra con 50º de temperatura durante el día, con el agua racionada a 11l/día por persona, con la mitad de la población en estado de desnutrición y con los graves problemas psíquicos derivados del tener que vivir en un exilio forzoso.

El largometraje hace una denuncia universal a la primera vulneración de los Derechos Humanos que tiene un exiliado, que es precisamente el serlo, actualmente hay 52 millones de refugiados en el mundo y la comunidad internacional no hace todo lo que debería para que esto no ocurra, en el caso del pueblo saharaui es Francia quien impide que se velen por los derechos de este pueblo.

La razón del veto por parte de Francia es como siempre en estos casos, por cuestiones políticas, geoestratégicas e intereses económicos, uno de los motivos que reflejan esto es que el 85% del fosfato que se extrae del mundo se hace en los territorios ocupados por Marruecos y lo hacen empresas francesas.

En este documental se muestra el daño psicológico y también como es la vida en este campo de refugiados, además se verá como desactivan minas antipersonas que aún permanecen sembradas en una zona de Sáhara que está plagada de ellas, enterradas o semienterradas con la posibilidad mientras estén ahí de seguir haciendo daño, mutilando y matando.

Miguel Angel Tobías que produce y dirige esta película documental, ha vivido unos meses en el Sáhara durante el rodaje, conociendo en primera persona el conflicto y dándole la suficiente autoridad para saber contarlo y saber de lo que habla.

La película tiene un objetivo benéfico, ademas de verse gratis en los cines se pone al servicio de cualquier ONG u organización en España o en cualquier parte del mundo que esté trabajando en favor de los Derechos Humanos, para hacerse estrenos benéficos con objetivo de recaudar fondos para cualquier causa social.

“Hay conflictos territoriales que pueden ofrecer algunas dudas, pero en este no, todas las resoluciones de Naciones Unidas determina que Marruecos debe devolver su tierra al pueblo Saharaui y el no estar haciéndolo es una grave violación de los Derechos Humanos”. Miguel Angel Tobías

GURBA, LA CONDENA Tráiler

https://youtu.be/T9BFHn7cEYY

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Un Sahara para los saharauis

Esta colectividad de los desiertos está acostumbrada al fastidio; el que le provoca la arena y las invasiones extranjeras.

Pepo Garay – Especial para Turismo http://www.losandes.com.ar/0

En el desierto del Sahara, los saharauis se cubren el cuerpo entero con una túnica. Nada fuera de lo común teniendo en cuenta su raigambre musulmana. Lo llamativo es que tanto hombres como mujeres también se tapan casi toda la cabeza y el rostro, ayudados por un turbante especial, o zam, que deja apenas una franja abierta a la altura de los ojos

¿Lo harán para protegerse del sol, el viento y la arena que, indomables, van a darle a la cara? “No, si va a ser que estamos practicando para el cursillo de ninjas”, responde con sarcasmo un miembro de la comunidad, sumamente malhumorado de tantas basuritas que le visitan la pupila.

Lo cierto es que esta emblemática colectividad, que llegó al desierto más grande del mundo a principios de la era cristiana, no solo debe lidiar con las polvaredas constantes, la falta de agua y una señal de wi-fi espantosa: desde que España decidió invadir los territorios del noroeste africano a fines del siglo XIX, paz es lo que añoran.

Porque ni bien se fueron los ibéricos (en 1976), aterrizaron los marroquíes, y de guerras, broncas y tensiones han vivido desde entonces. “Salimos de Guatemala para meternos en Guatepeor”, explica un local al escasamente iluminado viajero, quien se pregunta que tiene que ver Centroamérica con el asunto.

El espíritu nómade saharaui hace que las familias más tradicionales vivan en permanente movimiento. En sus viajes entre gigantescos médanos, los peregrinos acarrean sus pocas pertenencias a lomos de los camellos, acompañados por un ejército de cabras. La mezcla de animales a veces genera conflictos: “Hey, camello, que bajón andar con esa joroba eh”, le dice una cabra muy mal llevada al dromedario “¿Y vos, que tenés la misma cara que Di María?”, retruca el aludido, mordaz.

Después de mucho patear la arena, los integrantes de la caravana se detienen y plantan sus famosas haimas (carpas de gran tamaño). Durará semanas, meses y hasta años el camping. La tranquilidad es la de saber que no va a llegar nadie a instalar la casilla rodante al frente y ponerse a escuchar la colección completa de Los Cantores del Alba.

Allí, bien pertrechados con lo esencial, los saharauis disfrutan comiendo el cuscús y el tagine de pollo  u otras carnes (guiso que incluye, papas y aceitunas preparado en recipiente de barro cocido que llevan el mismo nombre), y elaborando artesanías hechas a base de piel, madera y distintos tipos de metales, que luego intercambian por alimentos en los mercados de los pueblos. Cuando hace falta también venden algunas cabras, que abandonan el rebaño murmurando improperios. Al lado, los camellos se parten de la risa.

República inconclusa

Buena parte del suelo habitado por los saharauis conforma la República Árabe Saharaui Democrática. Una nación reconocida como tal por varios países, pero no por los que tienen la sartén por el mango, así que esos huevos no se van a cocinar. O al menos así lo asegura Marruecos, estado que ocupa ilegalmente la mayor porción del Sahara, incluso de cara al contundente rechazo de la ONU.

Se indignan las potencias terráqueas ante la invasión, y al escuchar la impunidad de este último mensaje, los pobres iraquíes, serbios, ugandeses, ucranianos, palestinos, tibetanos, paquistaníes, filipinos y sabrá dios cuántos pueblos más del mundo, no saben si reír, llorar o esperar que los secuestre un ovni.

Antes del asalto marroquí, ya se dijo, fueron los españoles quienes conquistaron estas latitudes. Venían a buscar el fosfato, los grandes cardúmenes de peces de la costa y algún volante con llegada para el Deportivo La Coruña. De herencia dejaron el castellano, hoy hablado por la mayoría de los locales junto con el hassanía, su lengua vernácula. Del inglés todavía no aprendieron mucho. Esperen a que encuentren petróleo no más.

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Voluntad política para ayudar a Tarbak Haddi – Una madre saharaui en huelga de hambre: “Quiero justicia, justicia, justicia, justicia….” (video) – EL CASO HAIDALA: Takbar cuenta el asesinato perpetrado por el régimen marroquí a su hijo Mohamed Lamin Haidala (video)

https://youtu.be/Kdsj4kcxwjc

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Voluntad política para ayudar a Tarbak Haddi

TXEMA SANTANA (@TXEMITA)

Las Palmas de Gran Canaria 31/05/2015 http://www.guinguinbali.com/

Tarbak Haddi es una mujer saharaui, madre, de 41 años que, este lunes, cumple 18 días en huelga de hambre. A principios de febrero, su hijo murió, después de varios días de agonía, por una infección en una herida que le habían causado colonos marroquíes en una reyerta en las calles de El Aaiún, donde nunca pasa nada. Donde el silencio impera. Allá donde no hay corresponsales. En la capital que late al son de la última colonia africana, el Sahara Occidental. En las calles en las que policías, militares, paramilitares y agresivos colonos marroquíes castigan diariamente a la población saharaui y no siempre de forma física. En el lugar en el que la Misión de Naciones Unidas no vela por los derechos humanos, sino que trabaja por garantizar una paz que, es obvio y con media hora en El Aaiún vale para saberlo, no existe.

Naciones Unidas, de la mano de Francia, ha creado una redefinición de paz en la que se aceptan palizas, maltratos, humillación, inexistencia de la libertad de expresión, violación constante de los derechos humanos, la imposibilidad de trabajar con libertad los periodistas o los prisioneros políticos, entre otras cosas. Una paz en la que, a pesar de los múltiples informes que conminan a la Comunidad Internacional a tomar cartas en el asunto, sigue financiando Marruecos con su Rey Mohamed VI, rey de los negocios y la avaricia, a la cabeza. Una paz que exporta policías y espías, por ejemplo hasta Canarias, para perseguir y atosigar a los partidarios, militantes o simpatizantes del Frente Polisario. Una paz que deja muertos. Una paz que imposibilita la vida en libertad no es paz. Y ellos, los facilitadores de esta situación, lo saben y lo consienten.

En medio de esa paz, murió Mohamed Lamine Haidala, el hijo de Tarbak Haddi. Una pelea le condujo al hospital y, de ahí, a la comisaría. De la comisaría, 48 horas después, al hospital de Agadir donde, presuntamente, murió por una herida en el cuello que se había infectado ¿Alguien sabe lo que pasó en el interior de la cárcel?¿Alguien que conozca el desprecio con el que tratan los policías marroquíes a los jóvenes saharauis puede imaginar un trato basado en los derechos humanos? Las cárceles de Marruecos han sido, en decenas de ocasiones, salas de tortura para los saharauis y esto lo consagra la hemeroteca, los informes independientes y el relato agónico de los que sobreviven.

Tabkar Haddi

Tarbak Haddi languidece cuando comienza la tercera semana sin comer, tan solo hidratándose y con dos ingresos ya en el hospital, ambos por hipoglucemia. Fueron varios los activistas saharauis que desaconsejaron a Haddi una acción tan radical, pero ella está determinada a morir si no se le conceden dos exigencias que no deberían suponer problema alguno: ver el cuerpo de su hijo muerto y una autopsia que no esté hecha “por los verdugos”, como dice ella. Nadie sabe dónde está el cuerpo de Mohamed Lamin Haidala.

Los representantes públicos canarios y españoles deberían tratar de ayudar a Tarbak Haddi, ciudadana residente en Canarias, y facilitar una solución que permita a Tarbak poder seguir viva, además de quitarse la loza que parece pesarle: no saber qué le causó la muerte a su hijo. El consulado de Marruecos, por ahora, rehúye, pero ningún representante público se ha acercado a Tarbak para prestarle ayuda, para mantener una conversación, por cínica que sea, y recabar información que pueda ayudar a solucionar su pena, que le arrastra a la muerte.

Gobierno de Canarias, Gobierno de España o su delegación en Canarias, deben tratar de hablar con los diplomáticos marroquíes para evitar un final trágico. Es una cuestión de voluntad política y de humanidad. La vida de Tarbak está en riesgo, pero también lo está la credibilidad de un pueblo que ve languidecer, por su huelga de hambre, a una ciudadana saharaui en sus calles gritando, como siempre hace ella, cuatro veces: “Justicia, justicia, justicia, justicia”.

Una madre saharaui en huelga de hambre: “Quiero justicia, justicia, justicia, justicia….”

https://youtu.be/Dnt6giAGt3s

Takbar cuenta el asesinato perpetrado por el régimen marroquí a su hijo Mohamed Lamin Haidala

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