Sahara Occidental: El impacto de Covid-19 en la población refugiada, la seguridad alimentaria bajo amenaza por los efectos de la crisis sanitaria

Los efectos de la crisis de la Covid-19 ha cambiado los parámetros de los movimientos humanos. En estos momentos, el 93% de la población mundial vive en países con algún tipo de restricción sobre la movilidad de las personas, lo que es una anomalía en términos históricos. Pero la expansión de la pandemia no sólo ha impactado en el movimiento de las personas, sino también en las poblaciones en movimiento.

Actualmente, la pandemia afecta a casi todos los países y no está presente en otros, entre los cuales figura la República Saharaui, RASD. Asimismo, un grupo de médicos saharauis fabrican, en la medida de lo posible, geles desinfectantes para repartir a la población, los bomberos continuaron desinfectando a las regiones y las fuerzas de seguridad controlando los accesos. Otro grupo está fabricando mascarillas y guantes para las fuerzas del orden.

La inacción de los países donantes en dar respuesta a la existencia de los asentamientos de más de 170.000 personas refugiadas en el sur de Argelia no es nueva, y la emergencia sanitaria viene a sumarse a una serie de decisiones fallidas (cuando no ausentes) que cronifican las duras condiciones que se dan en estos espacios desde mediados de los años setenta.

Lo que está sucediendo en los campamentos de refugiados saharauis puede extenderse a otros campos de personas refugiadas de todo el mundo. Ésta es ahora la preocupación de muchas organizaciones que trabajan en la protección de estas personas.

Por su parte, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) está también preparándose ante la eventual implosión del virus en los campos de refugiados, aunque ya ha advertido de las dificultades económicas en las que se encuentran para preparar, prevenir y responder a las necesidades de salud pública de las personas refugiadas ante el coronavirus.

En estos momentos, en general hay casi 26 millones de refugiados fuera de sus países de origen (sin olvidar los 41,3 millones de personas desplazadas internamente), aunque la cifra de quienes viven en campos son en torno a 2,4 millones de personas, con los refugiados saharauis como los más antiguos.

Escasez de agua potable y alimentos

En casi todos los campamentos sufren la escasez de agua y alimentos, los refugiados depende de la ayuda exterior en gran medida. Smara, el distrito más poblado de los campamentos de refugiados saharauis, es el más afectado por la falta de agua potable y la falta de los alimentos básicos. Las autoridades locales no escatiman ningún esfuerzo, pero la crisis es mucho más superior que sus posibilidades.

El Aaiún, el más próximo a la ciudad de Tinduf, no tiene agua ni electricidad a diferente a los otros campos de refugiados. Este distrito es el peor que está sufriendo los efectos del confinamiento y la crisis de la Covid-19.

La Unión Europea -es uno de los principales donantes humanitarios a nivel mundial- está a la vanguardia de identificar e intervenir en esas crisis que han escabullido de la atención internacional. Estas llamadas «crisis olvidadas» han persistido, pero a pesar de las importantes necesidades humanitarias, reciben una ayuda internacional insuficiente.

Situación precaria, falta de alimentos y medicina

Los saharauis entienden de espera. Esperaron unos meses, después unos años y así superaron las más de cuatro décadas bajo la sombra de una jaima construida en medio de uno de los desiertos más inhóspitos del mundo.

El Sáhara Occidental es una colonia de España, cuando los militares españoles abandonaron el territorio el por entonces rey de Marruecos, Hassan II, ordenó la conocida como Marcha Verde a través de la cual miles de colonos marroquíes invadieron el territorio. Cuarenta y cuatro años después nada ha cambiado.

Entre tanto, la Pandemia global de Covid-19 que está azotando a todo el mundo no sirvió para aliviar a los refugiados saharauis de la difícil situación en la que viven y para que se olviden durante unos días de las condiciones duras del desierto.

«Las condiciones de vida son duras en estos días. La mayoría de nuestra población ya no tiene el precario trabajo que tenía, sin agua potable, y dependemos totalmente de la ayuda internacional externa para subsistir pero no llega», cuenta un ciudadano del campamento de El Aaiún.

«Aquí en este campamento dos tercios de las mujeres sufren de anemia, y un tercio de los niños sufre de desnutrición crónica. Anteriormente, los refugiados saharauis trataban de auto-ayudarse mutuamente, pero la situación actual azotada por la Covid-19 ha cambiado: los jóvenes ya no tienn trabajo en las wilayas vecinas», añade.

Los primeros refugiados saharauis llegaron aquí a mediados de los años 70. Huían de los bombardeos por parte de la aviación marroquí que tuvieron lugar en el Sáhara Occidental tras la retirada de España y la invasión del territorio saharaui por parte de Marruecos. Aunque los cinco campamentos que se instalaron tenían carácter temporal, muchos de los saharauis han pasado los últimos 43 años alojados aquí esperando un acuerdo político que facilite su regreso a su tierra.

Además de los efectos negativos derivados del desplazamiento forzoso y el exilio, los refugiados saharauis deben hacer frente a las condiciones adversas que imperan en la región de la Hamada argelina, cuyo terreno desértico parece una metáfora adecuada para describir sus perspectivas de futuro. Ya son casi dos generaciones de saharauis las que han nacido y crecido en Tinduf y que, con el correr de los años, deben redoblar sus esfuerzos para tener tanto ellos como sus familiares una vida digna. Sin embargo, pese a que muchos reciben formación fuera de allí, casi todos terminan en un punto de no retorno.

De momento no se registra ningún caso de Coronavirus

Las autoridades saharauis han decidido a mediados de marzo introducir un régimen de alerta máxima debido a la amenaza de propagación del Covid-19.

El Gobierno Saharaui ha ordenado el confinamiento total de la población residente en los campamentos de refugiados saharauis, los territorios liberados del Sáhara Occidental y las regiones militares para evitar la propagación del brote de Coronavirus que afecta al mundo causando miles de muertes e infectados en todas partes del planeta.

Esto supuso que los 170.000 ciudadanos de los cinco campamentos (Dajla, Smara, Bojador, Auserd y El Aaiún), además de la Unidad Administrativa de Chahid Alhafed, tienen totalmente las salidas restringidas desde el pasado domingo hasta un nuevo aviso. Solo podrán salir previo control de la policía saharaui. El Ejército saharaui se encarga del cierre perimétrico de esas zonas.

El acceso a efectivos de servicios esenciales también está garantizado. “Tenemos esta situación [el brote de coronavirus] controlada pero la decisión que acabamos de tomar nos ha de permitir este control”, explicó una fuente de la Comisión Nacional para el Seguimiento de la Covid-19 que pidió mantener su identidad en el anonimato.

Desabastecimiento en los Hospitales de los campamentos de refugiados saharauis

La situación actual en los hospitales de los campamentos de refugiados saharauis es de total desabastecimiento. No solo faltan medicamentos de primera necesidad sino también material básico como son gasas, suero fisiológico e incluso equipos de suero.

La población saharaui refugiada desde el año 1975, en los últimos años, vio reducida la ayuda humanitaria que reciben por parte de las grandes entidades internacionales.

Cabe destacar la demanda del personal sanitario público , un problema patente desde hace años.

Los sanitarios piden un mayor reconocimiento. Apoyo a su labor, acompañado de un aumento del sueldo y disponer del material necesario para realizar su labor diaria.

Como consecuencia de estas condiciones algunos de estos sanitarios optaron por abrir clínicas privadas, buscando una financiación autónoma. Esto ha llevado a que se abran más centros privados incluyendo las farmacias. Donde desgraciadamente algunos trabajadores se ven obligados a veces a doblar turno, de forma casi voluntaria en el sector público y también en el sector privado para poder tener un sueldo que cubra sus necesidades.

Tomando como muestra un hospital regional de referencia en el cual damos asistencia sanitaria a todas las personas que acuden, pudimos observar que la ciudadanía está cansada de la situación actual, sobre todo coinciden en un punto común, la queja sobre cómo es posible que las farmacias públicas están vacías y las privadas estén más dotadas.

Lo que nos lleva a resaltar que la nueva ministra de sanidad Saharaui está ante un auténtico reto, para rehabilitar un sistema público debilitado ante un aumento de los servicios privados. En los cuales no hay ningún tipo de control sobre los servicios que se ofrecen aumentando el riesgo de cometer negligencias.

Fuente: ECSaharaui

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