Publicado en: 24 enero, 2019

Sagrado Corazón de Jesús en vos confío, …más bien: confían

Por Iñaki Urdanibia

Razones de tipo ético, estético, histórico y político, no faltan para quitar el figurón que corona la ciudad.

Por Iñaki Urdanibia

Últimamente, promovidos por el respeto a la memoria histórica, y las leyes al respecto, van cayendo algunos nombres y símbolos de exaltación franquista; algunos de estos derribos, o intentos, se han realizado por cuenta propia de los responsables de la demolición o el intento de, así hace no mucho cayó una cruz, la de Olarizu en Araba ( el alcalde de Vitoria/ Gasteiz, del PNV, Urtaran, tergiversa las cosas diciendo que nada tiene que ver dicha cruz con los caídos), hace unos días siguió el mismo camino, o más radical, la cruz de la población costera de Ondarroa ( el alcalde dice que ya tenían previsto derribarlo y poner en su lugar un monumento a todos los fallecidos en el mar de la localidad, cosa que van a hacer )…ante tales caídas, servidor reza a sus dioses que no existen ( por tomar, algo cambiada, la expresión del poeta René Char que escribía: Obedezcan ustedes a sus cerdos que existen. Yo me someto a mis dioses que no existen.) a ver si cunde el ejemplo y el que vigila inquisitorial la ciudad desde lo alto, pase a mejor vida o , tal vez, a otra ubicación más modesta y desapercibida…no sé.

Hace ya unos años recuerdo una canción de un grupo punk, de Hernani, bastante tosco por cierto que entonaban, es un decir: punk rebelión, punk rebelión , alguien va a volar el sagrado corazón…Hace más años todavía, un padre marianista, progre y donostiarra él, defendía el traslado del monumento sacro – que representa a quien colocó España en el centro del mapa del mundo mundial y paraba las balas que se disparaban contra los requetés- trasladarlo, decía, a otro lugar más adecuado y ladeado, vamos que no interfiriera en la geografía urbana: él sugería que la punta de Mendizorrotz – hoy, por cierto, plagada de antenas de todo tipo, de modo que en tal lugar su presencia añadiría una antena con el Cielo- podía ser el destino de la mole con el finde que se respetase el castillo sobre el que se había alzado la gigantesca estatua de la que hablo…no sé. El caso es que nadie cumplió la profecía, o deseo, demoledora de los jóvenes hernaniarras, ni tampoco la iniciativa del padre Alberto ( no hace falta señalar que en aquellos tiempos la única memoria histórica que tenía exclusiva vigencia era la relacionada con los cruzados, caídos por Dios y por España).

La verdad es que nadie , sea de la tendencia que sea el alcalde donostiarra, ha osado tratar el tema, ni siquiera sacrlo a relucir, es más, ante algunas cartas enviadas a los tres últimos ediles de la Bella Easo ( Odón Elorza, Juan Karlos Izagirre y Eneko Goia), la respuesta de éstos ha sido la callada; me consta que hasta en su momento alguien escribió al flamante delegado del gobierno, don Ramón Jauregui Atondo para reclamarle que se quitara el monumento ( ¡ con perdón por el modo de calificarlo!), y el receptor de la misiva se hizo el loco, sacudiéndose la responsabilidad y desviándola hacia el ayuntamiento de la ciudad, pues tal era la institución indicada para tomar decisiones al respecto; amén de lo dicho, seguramente la devoción de don Ramón se dirigía más hacia san Luis Gonzaga, patrón de su barrio.

Dejando de lado las cuestiones históricas, que para están los Sadas de turno, no parece descabellado sostener que tal estatua gigantona que corona el monte Urgull, teniendo en cuenta las fechas de su construcción, erección y su puesta a punto definitivas ( entre 1939 y 1950; cierto que existía un proyecto que venía de antes)algo tenga que ver con la victoria de los franquistas ( como en París el Sacre Coeur, es la muestra inequívoca del aplastamiento de los communards, siendo su erección una confirmación de quien es el que manda, frente a una banda de forajidos ateos…), al igual que la cruz – hoy tan de moda- del Valle de los Caídos y otros signos de devoción elogiosa de las figuras celestiales que, indudablemente , estuvieron y están del lado del nacionalcatolicismo y su cruenta victoria e imposiciones, moles que lucen ( es un decir) en diferentes lugares: Tudela, Bilbao, Santander, Sevilla, Zaragoza, y…yo qué sé.

Varias son las cuestiones que se han de tener en cuenta en este escarpado terreno: por una parte, la fervorosa devoción que por acá se tiene a tan ilustre figura divina; recuerdo mis años de niño cuando mi señora madre se empeñaba en que cada vez que se viese tal mole había de decirse con recogimiento: Sagrado corazón de Jesús en vos confío…es que se ve de todas partes, decía, y no añadía no sé muy bien porqué – teniendo en cuenta su piadosa visión de las cosas- que él nos ve aunque nos escondamos en el rincón más recóndito; este ejemplo personal no es un hábito que se circunscriba a mi familia, sino que indudablemente en Donostia hay auténtico fervor, y hasta algunas asociación de fervorosos fieles, que adoran a tal huésped de honor, que ya tiene carta de naturaleza como un ciudadano más o con más precisión, más carta de naturaleza ya que es dios bendito y como tal tiene mas derechos y poderes que los simples mortales. A lo dicho ha de sumarse que por estos lares la devoción cristiana no es cosa de cuatro meapilas, sino que la cosa está bastante extendida ( por gente nada franquista, por cierto), y para ello baste recordar el lema del partido que siempre, o casi siempre, gana: Jaungoikoa eta Lege zarrak ( pues eso, que Dios y Leyes viejas). Vamos que si los alcaldes, y demás, no entran en el asunto me da por pensar – y no es astucia ni sagacidad por mi parte- que es porque es un problema muy sensible para no pocos ciudadanos y puede levantar molestas ampollas, dejando de lado las propias creencias de los máximos representantes de la ciudad. Es más, me da por pensar que si hubiese algún movimiento al respecto, digo de quitarlo del privilegiado lugar, las muestras de descontento no tardarían en irrumpir; nada digo si se diese una voladura o similar…los actos de desagravio, procesiones y demás vainas florecerían como los hongos, con masivo apoyo, por tierra, mar y aire, de forofos locales, legionarios de dios, del santo prepucio o…vaya usted a saber. Ni memoria histórica, ni leches…dios es dios -que además de estar en todas partes, luce en diferentes advocaciones- y a dios no le toca ni dios y si no que se lo pregunten al grupo de abogados cristianos (?) que han llevado al juzgado el tema de Ondarroa…¡ derribar una cruz!

Hay otro asunto que cualquiera que conozca esta ciudad, y alrededores, dará como propia de la idiosincrasia local: : cierto ombliguismo que algunos próceres acompañan con un descarado papanatismo – no independiente de los aires de : a más hormigón, más comisión– y así: si los de Bilbo tienen metro, nosotros también a pesar de que tenemos una ciudad de juguete ( cuidado que me refiero única y exclusivamente al tamaño) y suficientemente comunicada; si en donde sea tienen un superpuerto, aquí no vamos a ser menos, lo mismo se puede aplicar a aeropuertos y otras grandes infraestructuras…En el caso que nos ocupa: las comparaciones, no me invento nada, surgen con respecto a Río de Janeiro o…vaya usted a saber: si allí tienen nosotros también , no vamos a ser menos…

Concluiré señalando algún argumento (?) utilizado por algún descentrado plumífero del inevitable DV que comentaba en respuesta a un tenaz oriotarra que reclamaba, una y otra vez, la demolición del santo ( bueno…la representación de dios) que ese señor olvidaba que la mole se asienta sobre un monumento de valor histórico, el castillo de la Mota ( https://www.rutasconhistoria.es/loc/castillo-de-la-mota-del-monte-urgull )…pues precisamente por eso, entre otras cosas, alma de cántaro: por respeto a tal castillo, qué sí que tiene valor para la historia de la ciudad, evitando así el ninguneo al que le tiene sometido la mole instalada encima; se cumpliría al eliminarlo el respeto al patrimonio histórico de la ciudad, se cumpliría con la ley de Memoria Histórica y ya de paso se evitaría el desmadre estético que tal mole supone – pues mira que es horroroso y tosco el bicho- , …hay suficientes motivos para que tal figurón desapareciese y se restituyese la centralidad del mentado castillo.

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