Sacco y Vanzetti: aspectos para considerar

PRIMERO. La actuación de los comunistas. El caso Sacco y Vanzetti se convirtió, en grado aun mayor que el affaire Joe Hill o, en una causa célebre que inspiró a los izquierdistas de tendencias en pugna para unir sus fuerzas. El “caso” de Sacco y Vanzetti marcó la última ocasión en que la Internacional Comunista en general, y el USAPC se sintieron obligados a acudir en auxilio de unos anarquistas condenados por la reacción, y lo hicieron desplegando toda su capacidad de movilización, lo que explica la existencia de grandes movilizaciones en países donde el anarquismo carecía de peso como en Francia. Ulteriormente este tipo de actuación solidaria fue excepcional, y en ello no tuvo poco que ver la extrema sectarización del estalinismo que recibió los años treinta enmarcando como “fascistas” a las otras corrientes socialistas: socialfascista, anarcofascista, etc. En el curso de la guerra civil española, en las famosas declaraciones de Antonov Ovseenko (un rehén que Stalin utilizaba mediante un péndulo que colgaba sobre su familia), se amalgama a los anarquistas con los trotskistas, o sea lo más denigrante para las autoridades soviéticas enfrascadas en los “procesos de Moscú”.

Richard Porton anota que algo tuvieron que ver las críticas abiertas a los bolcheviques y a la URSS por parte de Emma Goldman y Alexander Berkman, aunque estas datan de principios de los años veinte. Además a muchos libertarios como Carlos Tresca –uno de los portavoces de la movilización en Estados Unidos-, siguió manteniendo una actitud abierta con otras corrientes de izquierdas…El mismo Porton señala que “la confusión de anarquismo y comunismo en la mente popular alcanzó su apogeo después de la revolución bolchevique. La opinión del Secretario de Estado Christopher Lasch resumió la asombrada reacción inicial frente a la revolución por parte del gobierno, la prensa y el público de los Estados Unidos, con la seca observación de que se supuso que `en el fondo los bolcheviques, como todos los extremistas desde Robespierre, se oponían al orden»; por lo que “el bolchevismo era la peor forma de anarquismo” ejemplifica este tipo de ofuscación” (p. 81).

Hollywood. A pesar de la considerable presencia de intelectuales y escritores en las protestas contra la patraña de juicio contra Sacco y Vanzetti, Hollywood apenas si asomo la nariz en el hecho. Entre las contadas excepciones se encuentra la mediocre «Winterset» (USA, 1935), adaptación de la obra teatral de Maxwell Anderson (guionista de títulos como Sin novedad en el frente y Falso culpable), que fue efectuado con aprobado por Alfred Santell, con brillantes interpretaciones de Burgues Meredith y Margo. Menos incisiva resulta «The animal male» (USA, 1942), realizada por Elliot Nugent, un cineasta habitual en la filmografía de Bob Hope y que tuvo en su reparto a Henry fonda, Olivia de Havilland y Jack Carson. Estrenada aquí en la TVE, el argumento se atreve a utilizar una carta de Vanzetti como una cuestión importante, aunque nada en la película lo acaba siendo. Hay un discurso final a cargo de Fonda que viene a ser una buena demostración del blando liberalismo de película. En su defensa de la libertad de expresión se vindica el nombre de Vanzetti, junto a Quincey y Poe. A partir de los cual se añade que esto no significa defender “el opio, el alcoholismo, el comunismo o el anarquismo”. Fueron varios los escritores que abordaron la historia. Los casos más conocidos quizás sean el de Upton Sinclair, con Boston, el de John Dos Passos, con El gran dinero, Howard Fast, con La pasión de Sacco y Vanzetti, así como Katherine Anne-Porter que escribió Never Ending Wrong, unas memorias personales del juicio y la ejecución de los dos anarquistas italianos…

SEGUNDO. Canciones. Uno de los componentes más memorable de la película es la Balada de Sacco y Vanzetti cantada en diversos momentos de su desarrollo por Joan Báez, una de las cantantes inconformista más famosas de todos los tiempos, cuya voz logra arrancarnos unos grados de emoción que el film raramente consigue. Cabría decir que antes y mejor que el cine, los cantantes populares de los Estados Unidos habían reivindicado desde siempre las figuras de Sacco y Vanzetti, desde que Woody Guthrie (al que podríamos definir como un “comunista sin partido”) realizó una serie de canciones (hasta once, al menos) dedicada a contar toda la trayectoria de estos sucesos, y fueron recogidas en el disco Baladas de Sacco y Vanzetti». Tal como hemos indicado, a la hora de la muerte, Sacco y Vanzetti, son dos seres humanos que se enfrentan a la calumnia y la muerte con gran integridad porque también son dos revolucionarios, obreros conscientes capaces de escribir cosas como la carta de Sacco a su hijo y que moldeará Peter Seeger para una inolvidable canción:

«Si nada ocurre. seremos electrocutados esta noche, después de las doce.
Es por ello que estoy aquí contigo, con todo amor, y con mi corazón abierto.
Como lo estaba ayer,
No llores, Dante, porque muchas, demasiadas lágrimas han corrido ya.
Tu madre las ha derramado durante siete años/ Y eso no ha servido para nada.
Así pues, hijo, en lugar de llorar, sé fuerte, sé duro.
Para tener la fuerza de consolar a tu madre/ Y Cuando tu quieras consolar la desesperación del su corazón.
Llévala a pasear a un lugar apacible en el campo.
Ofrécela flores/ sentaos a la sombra de los árboles, cerca de la música de los arroyos.
En la paz de la campiña, ella encontrará la paz/ Como tú, sin duda,
Pero, hijo mío, acuérdate, no pienses solamente en tu propia felicidad.
Detente, sólo un instante
Para ayudar a los humildes que te rodean.
Los más débiles, los que piden ayuda, los perseguidos, las víctimas.
Esos son tus amigos, los tuyos y los míos.
Son camaradas que luchan, y que a veces caen en ellas.
Del mismo modo que tu padre, tu padre y Bart han caído.
Han caído ayer en la lucha, por conquistar la alegría.
Y la libertad de todos.
En el combate por una vida mejor, tu encontrarás. Todo el amor del mundo.
Y en este combate, tú también serás amado’.

 

TERCERO. Crítica de Richard Porton en “Cine y anarquismo” (Legisa, Barcelona, 2001). “La película de Montaldo no puede ignorar el anarquismo de sus protagonistas, pero una tendencia a virar del Thriller político a una tibia exaltación humanista (…), brinda pocos indicios acerca del fervor anarcocomunista de Sacco y Vanzetti. La película es sobre todo una versión simplificada del argumento minuciosamente documentado de Herbert Ehrmann, según el cual el robo y asesinato de un pagador en South Braintree, Massachussets, de los que se culpó a los anarquistas italianos, fueron en realidad obra de una organización criminal conocida como la banda de Morelli. Al lidiar en forma bastante torpe con las tensiones de clase peculiares de Boston que enfrentaron a Frederick Katzmann, un fiscal vengativo, educado en Harvard, con inmigrantes italianos empobrecidos, Montaldo evita los matices del anarquismo de estos. Sacco and Vanzetti es víctima de un esfuerzo mal concebido para hallar paralelos entre el antirradicalismo desenfrenado que asoló a los Estados Unidos en la década de 1920, y ejemplos análogos de la conducta italiana contemporánea. Por ejemplo, hay una clara inspiración retórica en la decisión que adopta Montaldo de detallar la muerte del camarada de Sacco y Vanzetti, Andrea Salsedo, en una de las primeras secuencias. La muerte de Salsedo, un defensor de la acción directa anarquista, cuya detención por la policía sólo puede entenderse dentro del contexto de la venganza gubernamental contra el extremismo inmigrante, fue anunciada como un suicidio, a pesar de que los anarquistas consideraron la historia oficial con escepticismo. Si bien caben pocas dudas acerca de que en realidad Salcedo se suicidó, Montaldo está tratando indudablemente de ligar su muerte con el “suicidio” en verdad turbio de Giuseppe Minelli, un militante anarquista italiano cuya muerte en 1969 inspiró la obra teatral de Dario Fo, “Muerte accidental de un anarquista”.
El concienzudo intento de emular los thrillers de Francesco Rosi y Costa-Gavras que realiza Sacco and Vanzetti fracasa a veces, pero Montaldo hace todo lo que puede para situar a sus héroes dentro de un marco histórico exacto. Un montaje inicial que subraya la virulencia de las incursiones antirrojas de Palmer (nombre que corresponde al notoriamente reaccionario Fiscal General) deja en claro la tendencia, todavía vibrante en la década de 1920, a juntar en una amenaza subversiva monolítica a los anarquistas, los socialistas y los comunistas. Pero así como el propio Palmer no podía hacer una distinción entre fracciones ideológicas; la película soslaya las creencias anarquistas específicas de Sacco y Vanzetti (Pau Avrich, en un estudio innovador, se refiere a la deuda de estos con la obra Luigi Galleani), para centrarse en la pirotecnia narrativa del juicio. Sacco y Vanzetti aparecen como corderos anarquistas casi angelicales, llevados a su pesar al matadero. En la secuencia tal vez fundamental de la película, Katzmann, enfrentando directamente a Sacco y Vanzetti, echa chispas al decir que ellos «no pueden entender los ideales estadounidenses» porque «ni siquiera son capa de hablar en nuestro idioma». La diatriba de Katzmann lleva a Sacco a reiterar su fe en el anarquismo ya Vanzetti a declarar que “quiere vivir, pero en un mundo mejor”. Esta confesión bastante inofensiva parece copiada de una carta Vanzetti escribió a Elizabeth Evans, en la cual expresa de manera elocuente pesar de su dominio limitado del inglés) su propia creencia de que el «anarquismo busca su libertad en la libertad de todos, su felicidad en la felicidad de todos, bienestar en el bienestar universal». La película capta el altruismo de Vanzetti un poco limitado a lugares comunes, pero no logra captar su ardiente creencia (y la de Sacco) en la propaganda mediante la acción.

Esta falta de vigor se hace más pronunciada aún a medida que avanza la película. El desacuerdo entre los dos anarquistas y Katzmann es seguido por secuencias de manifestantes que exigen la libertad de “Bart y Nick”. Montaldo, al igual que un aluvión de escritores con simpatías liberales, marxistas y hasta anarquistas, se preocupa ante todo por la presunta inocencia de Bart y Nick, a pesar del inevitable reconocimiento de su anarquismo. La necesidad que tiene la película de reivindicar a sus héroes termina por diluir las convicciones políticas de estos (no obstante la compensación que ofrece Gian Maria Volonté con su conmovedora interpretación de Vanzetti). Curiosamente, antes de la publicación del amplio estudio de Avrich, el periodista conservador Francis Russell fue uno de los pocos escritores que, si bien desde una perspectiva hostil, transmitieron la verdadera índole del anarquismo revolucionario de Sacco y Vanzetti. Russell, utilizando información seleccionada de historiadores simpatizantes del anarquismo, como Avrich y Nunzio Pernicone, detalla con brevedad el gradual progreso de los inmigrantes desde obreros apolíticos a discípulos de Galleani, un desvergonzado defensor de la violencia revolucionaria. La evidente devoción de Sacco y Vanzetti a la creencia galleanista de que “los actos individuales de rebelión…inefables, inexorables, como el aire y como el destino” o son necesarios para cristalizar el fermento revolucionario, lleva a Russell a vilipendiar a esos radicales, considerándolos víctimas de una vacilante «llama de paranoia»: adherentes a un irracional “culto del anarquismo” (79-80).

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