Sabiduría viva

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Por Jose Luis Merino

Hace más dos mil años escribió Séneca Cartas morales a Lucilio. Como compendio del mundo, nada escapaba a su reflexión. Nos propone una guía para vivir en armonía con nosotros mismos. Las lecciones del filósofo estoico pueden servir para cualquier tiempo y lugar. Lo futuriza: “La verdad se ofrece a todos, aún no ha sido ocupada; mucha parte de ella se ha dejado a la posteridad”.

La lectura de esta lúcida y conmovedora obra abre en nuestra mente sugerentes caminos, poniendo siempre su sabiduría y experiencia al servicio de la Humanidad. Para ello, Séneca practica un estilo de lo que después, en el Siglo de Oro Español, se llamó barroco. En este libro el barroco es una constante. Todas sus líneas están impregnadas de un barroquismo a ultranza, por mucho que el propio autor señale que con su estilo sólo pretende escribir llana y espontáneamente como quien habla mientras camina.

La utilización de su estilo viene no tanto de una forma de expresión, como de una vía de conocimiento de la realidad.

Cuando habla de frugalidad y lujo, para derivar hacia otros pensamientos, el autor siente la necesidad de sincerarse: “Veo que esta materia no se acabaría nunca si yo no soy quien la termine”.

El ritmo pausado del libro, es contrario a la prisa, la cual viene a ser – en términos de lectura–, un atentado contra la inteligencia. En sus palabras finales, exhorta a quitarse miedo ante las enfermedades y, más aún, ante la mismísima muerte.

Amén.

[Espantúpido es una palabra maletín a la manera del alicioso Lewis Carroll. Viene de la fusión de espantoso y estúpido]

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