¡Sí se puede, sí se puede!

 han llevado hasta allí su larga y dura lucha contra de los hachazos dados por el gobierno del PP al vigente Plan del Carbón y de desarrollo integral y sostenible de las comarcas mineras.

Lo hemos hecho, sobre todo, por razones de solidaridad. De una solidaridad de clase y entre los pueblos que siempre es de ida y vuelta, de dar y recibir, ya que, si no, se queda hueca y marchita. Más en concreto, fuimos también porque la lucha contra los recortes de este gobierno de la patronal y los banqueros, es una pelea que, al margen de las dinámicas propias de cada uno de sus componentes, tiene una indudable base común: el rechazo de los de abajo –mineros, profesorado, juventud, pensionistas,…- a pagar una crisis creada por la avaricia, la corrupción y los despropósitos de los de arriba.

Al final de la marcha nocturna del martes, cuando el “Santa Bárbara bendita…” final despidió con sus camisas rotas y rojas aquella larga marcha de consignas y banderas, las caras de los mineros marchistas expresaban con sus cansancios, alegrías y llantos todos los colores del arco iris de la dignidad humana. No era para menos. La solidaridad mostrada previamente por las varias decenas de miles de madrileños y madrileñas que les habían acompañado durante cuatro largas horas será difícilmente superable.

En la manifestación del día siguiente, miles de banderas de Asturias, Aragón, Andalucía, Castilla, León, rojas, republicanas.., vistieron el paso de decenas de miles de personas venidos principalmente en autobús desde todas las comunidades y regiones mineras. Ninguna bandera de España por ningún lado. Es evidente que cuando la gente pelea y quiere afirmar su identidad no encuentra en la enseña de los Borbones y la Tabacalera nada que le pueda servir. Sus símbolos son otros. La bandera española solamente estaba presente en las furgonas y uniformes policiales.

Al final, como al final de tantos finales, la policía protagonizó una brutal carga completamente injustificada y premeditadamente amañada a fin de, aprovechando cualquier motivo, desatar una razzia de golpes, pelotazos y detenciones que tuviera un doble objetivo: reprimir una vez más la rebelión minera (van más de doscientas detenciones en sus zonas que aún no se sabe en qué pueden terminar) y la solidaridad del pueblo madrileño y, por otro lado, tratar de relacionar la contestación social con la violencia a fin de poder criminalizar mejor la disidencia y justificar los nuevos recortes represivos anunciados por el Gobierno con su reforma del Código Penal.

Muchas fueron a lo largo de las dos marchas, las ocurrentes y combativas consignas gritadas por mineros, acompañantes y gentes solidarias. “Sois el orgullo de la clase obrera”, coreaban las gentes madrileñas. “La próxima visita será con dinamita”, respondían cientos de gargantas asturianas. De todas ellas, yo me quedo con una: “¡SI SE PUEDE, SI SE PUEDE!

http://www.amaiur.info/2012/07/17/si-se-puede-si-se-puede/

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