Rosa ya no mola – elecciones en estado de excepción

Rosa Díez, otrora foco de atención de los medios y de los más variados piropos de columnistas y otros políticos, ya no tiene quien le escriba ni le preste dinero. Con su decisión de formar un nuevo partido político -Unión, Progreso y Democracia- (UPD) ha pasado a ser una «outsider». Ya no vitorean su valor. Ahora la silencian. Ha dejado de ser útil para quienes la encumbraron.

Cuando Rosa Díez anunció que dejaba el PSOE fue portada de «Abc», «El Mundo» y «La Razón». Sin embargo, en lo que va de campaña apenas si ha podido asomar la cabeza a sus páginas. Los disidentes del PSOE fueron de interés para la prensa de la derecha mientras servían para desgastar la estrategia y la estabilidad del Gobierno español, sobre todo en la llamada «política antiterrorista». Ahora son un estorbo, porque el discurso básico de Unión Progreso y Democracia se parece demasiado al del Partido Popular y cada voto es imprescindible.

La política tiene estas cosas. Rosa Díez debería saberlo. En las últimas décadas no faltan ejemplos de organismos o personas que han sido utilizadas mientras respondían a las estrategias imperantes y después las han arrojado como kleenex. En el llamado «movimiento cívico», de donde provienen muchos de los integrantes de UPD, se dio un claro ejemplo de ello. Durante años la imagen de la «resistencia civil» contra ETA fue Gesto por la Paz, con su discurso contrario a la violencia «venga de donde venga». Pero hubo un momento en el que este mensaje se le quedó pequeño a los estrategas del Estado. Había que pasar de un movimiento contra ETA a un movimiento contra el conjunto del nacionalismo vasco. Y ahí es cuando comenzaron a aflorar como champiñones los ¡Basta Ya!, Foro Ermua, Fundación Libertad y demás colectivos subvencionados, difíciles de distinguir entre sí para el común de los mortales, y que fueron además ganando uno tras otro premios que ellos mismos se iban intercambiando. En esa estrategia jugó un papel activo la propia Rosa Díez, por lo que no puede sorprenderse de lo que ahora está ocurriendo.

La idea de que Rosa Díez creara un nuevo partido no gustó nada desde el principio ni al PP ni a sus altavoces mediáticos, aunque frente a ella adoptaron estrategias diferentes pero complementarias. Una de las ideas-fuerza fue la de que estas personas no aportaban nada que no estuviera diciendo ya el PP, por lo que su determinación debía haber sido la de sumarse a los esfuerzos por llevar a Rajoy a La Moncloa. Cuando en mayo del pasado año se comenzó a conocer que se estaba montando una operación de creación de un nuevo partido en torno a ¡Basta Ya!, «Abc» publicó un editorial en el que dejaba caer que «sería más coherente con la encrucijada actual que el discurso político de ¡Basta Ya! actuara como un factor de orientación social y de formación de una masa crítica que se comporte como un revulsivo transformador» y que canalice el voto hacia el PP. Dirigentes de este partido, como María San Gil y Carmelo Barrio se pronunciaron en ese mismo sentido. Y también algunos antiguos compañeros de viaje de Rosa Díez, como Gotzone Mora y Mikel Azurmendi, señalaban que era más útil subirse al carro de Mariano Rajoy que hacerse uno nuevo. El Foro Ermua advirtió contra la «dispersión del voto constitucionalista».

La otra estrategia fue la que puso en marcha «El Mundo» desde el momento mismo del anuncio de la creación de una nueva sigla, presentándolo como «un partido de izquierda que mira de reojo a la derecha». Se trataba de crear una etiqueta que se convirtiera en un muro insalvable para la mayoría del electorado del PP.

Ambas estrategias han acabado confluyendo en una única: ignorarlos. Rosa Díez, una de las mujeres más mediáticas y que mejor valorada sale en las encuestas, ha dejado de existir para los grandes medios españoles desde que comenzó la campaña. Tras la aparición fugaz cuando fue boicoteada en la Universidad Complutense, en «Abc» y «La Razón» no ha vuelto a salir. Ni ella, ni su partido. De hecho, en ambos periódicos, sólo se ofrece información de PP y PSOE, como si el resto no existiera. En «El Mundo» algún columnista le ha hecho un semblante personal y el partido ocupó el martes, con el anuncio de que Mario Vagas Llosa apoya a UPD, el hueco que cada día destina a los partidos que no son ni PP ni PSOE. «El País» tampoco ha informado de la campaña de UPD, pero el escritor y candidato al Senado por Madrid de este partido, Alvaro Pombo, firma a diario la columna «El candidato excéntrico».

UPD ha denunciado que al «apagón mediático» se le ha sumado el «boicot bancario». Según Rosa Díez, ningún banco les ha concedido los prestamos necesarios para su financiación, por lo que anunciaron que recurrirían a prestamos personales de sus afiliados y simpatizantes, que el partido se compromete a devolverles. Lo que no es fácil es saber cómo. Aunque Díez ha dicho públicamente que confía en convertir a la nueva sigla en un «fenómeno electoral» y ha definido como «un resultado discreto» obtener tres o cuatro escaños, cuando las encuestas le dan un máximo de uno o ninguno. Y sin escaños, no hay subvenciones. Y sin subvenciones, no hay futuro.

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