¡Rise up, España¡ Por una huelga general de brazos caídos

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Por Diego Taboada

Huelga general de brazos caídos : no veo otra solución pacífica, aún haciendo serios esfuerzos por resistirme a las no-pacíficas; escribo este texto a medio camino entre la indignación y la templanza.

Datos demoscópicos, estadísticas, especulaciones pre-electorales, ambigüedades lingüísticas calculadas, puñaladas traperas intra-organizativas y guettificación de las izquierdas.. etc. Debo confesar que me causa vergüenza la izquierda social y la izquierda política realmente existente en España. Debo confesar que mi contención ya ha llegado a su límite. Me he cansado de diplomacias.

Ante la imposibilidad de autosuficiencia económica con los salarios medios existentes, la precarización continuada y desaparición del empleo autónomo, las condiciones contractuales de parcialidad, inseguridad e insuficiencia salarial para hacer frente al costo de los gastos básicos, necesarios y radicales de las micro-economías domésticas, no queda otro remedio que volver de nuevo a la calle.

Recientemente he escrito un texto apelando a la sensatez y a la seriedad para una refundación real de Izquierda Unida que ya hace mucho tiempo viene reclamándose dentro y fuera de la organización. He sido preciso y claro sobre los horizontes ideológico-políticos y programáticos de la misma. Pero no basta sólo con esto; a mi modo de ver, toda la estructura de representación sindical en España debe refundarse desde el mismo espíritu. Anhelo un partido comunista que sea tanto la proyección orgánica y dinámica de los movimientos sociales como la proyección orgánica y dinámica de un sindicalismo revolucionario y de clase. Y lo anhelo, por una sencilla razón : porque es necesario, porque debe aspirar a ser hegemónico dentro y fuera de las estructuras estatales de representación y porque debe aplicar pedagogía política alternativa en la vida cotidiana descolonizando todos y cada uno de los recovecos que el populismo de mercado ha ido ocupando progresivamente durante décadas de hegemonía neoliberal.

Hablemos claro : la política sindical y educativa realmente existente en España es una absoluta porquería burocratizada y tecnocrática desgajada totalmente de los intereses del mundo del trabajo que ha sido fagocitada por los tiempos y las prioridades de la política electoral mass media. La responsabilidad no debe recaer sino en la desideologización tecnocrática que la ha ido colonizando y en la falta de tensión ética y vocación de los propios profesionales de la representación sindical y la docencia.

En todo este tiempo en el que Podemos ha monopolizado el foco de atención discursivo y mediático apenas sí he oído la palabra trabajo 10 veces. Apenas sí he podido ver y escuchar debates concretos con economistas y abogados laboralistas que analicen la realidad cotidiana del trabajo en España con precisión y honestidad. Vivimos absortos en un globo de significantes sin significado y de opiniones sin realidades en el que la mesura y la propuesta apenas emerge. Causa vergüenza ajena el contraste entre la seriedad de la situación y la ironía progre que supura la porquería mental de la oferta cultural de los medios audio-visuales españoles.

Puesto que el valor personal y social del trabajo y la instrucción parece no contar en absoluto en un país radicalmente hecho polvo y sin horizonte ni modelo definido a medio-corto plazo, no nos quedará más remedio que empezar a crear estructuras de representación sindical fuera de las ya existentes y cristalizadas en la transición Española. Puede o no agradar recordar lo siguiente, a saber : que la política de izquierdas se empieza dando forma discursiva, armas interpretativas y, sobre todo y ante todo, organización y resolutividad, a los sectores sociales más sufrientes. Puede resultar ofensivo y de mal gusto para puritanos lo que voy a escribir como metáfora moral, pero, hablando claro, ante la opción realista de practicar asistencialismo para Yonkies, putas marginales a contragusto o vagos y maleantes de toda laye, hay que trabajar también desde la opción romántica que los interpreta como seres capaces de autonomía ética y pensamiento independiente.

Desde ayer, desde hoy y desde mañana se han creado herramientas de análisis e interpretación que Podemos ha querido esconder en el armario para agradar a una sociedad civil desideologizada y a un establishment mediático reacio a permitir determinadas fórmulas discursivas. Digámoslo alto y claro : el rancio, casposo y puritano anti-comunismo de siempre en España no ha sido curado en absoluto. Se sigue camuflando bajo formas retóricas y poses muy diversas, desde la ironía progre social-liberal, hasta el cinismo carca neocon, hasta – tragicómica es la humana conditio – el auto-odio de comunistas de toda la vida que reaccionan contra su antiguo objeto de deseo con todo el furor del neoconverso.

Las viejas formas culturales e ideológicas de anti-comunismo se pavonean con más garbo que nunca. Hablar de él es hablar de ese ingrediente afectivo que mueve a la antropología profunda del fascismo de corbata y puerta giratoria, hoy hegemónico, como lo es seguir recordando, también, al viejo fascismo de uniforme y marcha castrense.

Ha cambiado la iconografía, sí, pero no la célula madre del odio escondida bajo la retórica anti-comunista : las fuerzas de seguridad siguen invadiendo tanto el espacio público como el personal en aras de la protección de los llamados derechos y libertades liberales, el cinismo amoral imprime todo el discurso cultural hegemónico en los medios, la violencia y la ansiedad socializadas se han cronificado. Ante esta irreversibilidad y caos estructural del modelo neoliberal de desarrollo es evidente que los límites político-morales de las estructuras de estado deberían frenar las consecuencias de la expansión de una economía asesina, brutalmente militarizada y nuclearizada, que detrae más y más recursos para la alimentación y escolarización básica de miles de millones de niños y mujeres carentes de ella.

A pesar de todo, me resulta difícil, sino imposible, visualizar alternativas que vayan más allá de enfrentarse de modo pusilánime a los dictados de los bancos centrales que funcionan como jeringuillas de liquidez para los grandes clanes económicos de esta economía pirata y asesina, así como a los consejos de administración que funcionan como resolutivos asesores fiscales y laborales de sus propios gobiernos-títere a la hora de privatizar beneficios socializando perdidas.

¿ Es que no queremos darnos cuenta de la extrema seriedad de lo que está sucediendo ?. ¿ Es que no estamos cayendo en la cuenta de lo peligrosa que es nuestra paciencia para nuestra propia supervivencia ?. Digámoslo claramente : están destrozando por completo las ya de por sí frágiles, muy frágiles bases materiales que garantizaban un mínimo de autonomía y autosuficiencia a las comunidades para poder autodeterminar su propia relación con el medio, su capacidad creativa, su proyecto de vida y su volición ética. No podemos permitirlo de ningún modo; tenemos que ser capaces de conseguir que una sociología crítica y reflexiva sobre las verdaderas condiciones socio-laborales de existencia de las comunidades vaya interiorizándose poco a poco en la cultura general y visual de las mismas.

Sin nuestro trabajo no hay medicinas, ni libros, ni películas, ni profesores, ni hospitales, ni escuelas, ni enfermeros, ni equipos de radiología, ni investigación médica… etc; no hay siquiera todo aquello que el costoso ocio parasitario y consumo suntuoso de las grandes castas de intocables del capitalismo globalizado anhelan con ciego fervor, y sin lo cual no podrían vivir.

¡ Despertemos ¡ : tenemos que ser conscientes del poder real que tendríamos sobre el modus vivendi, las filias y las fobias de los intocables si interiorizásemos, poco a poco, subterráneamente, aquello que André Gorz denominó El humanismo del trabajo. Tenemos que creer y confiar en el poder de nuestro trabajo material y simbólico para civilizar a una modernidad capitalista sádica, decadente, insotenible y moribunda.

Ellos, los intocables, nos necesitan a nosotros en mucha mayor medida que nosotros a ellos; paralicemos, así pues, nuestra actividad intelectiva y manual. Organicemos una huelga general de brazos y cabezas caídas para recuperar el control sobre nuestras vidas y ser sujetos agentes y protagonistas de un nuevo contrato social con énfasis medular en la humanización y el control sobre nuestro trabajo.

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