Ring Lardner Jr o la dignidad de la causa

Lardner tenía una fuerte ideología de izquierdas, que demostró ayudando a recaudar fondos para el bando republicano durante la guerra del pueblo español contra el ejé4rcito fascista, donde un hermano suyo, James, combatió en primera fila en las Brigadas Internacionales. Se piensa que quizás el último voluntario norteamericano muerto en la guerra, tras caer prisionero en la Sierra de Pandols, que cantaba Teresa Rebull, en septiembre de 1938, durante la desigual batalla del Ebro.

Ring Lardner Jr (Chicago, 1915-2000), era hijo del famoso escritor y humorista del mismo nombre, estudió en la Phillips Academy (Andover), y en Princenton,   tras lo cual se convirtió en un reputado redactor para el New York Daily Mirror, una experiencia que le sirvió para, una vez instalado en Hollywood, escribir La mujeres del año (uno de los mayores éxitos de la pareja formada por Spencer Tracy y Katherine Hepburn), película que le valió el Oscar al mejor guión original en 1942. En esta época, Ring ya era conocido por su defensa de la República española traicionada, y por su ardua militancia antifascista. También escribió otros guiones tan apreciados como el de Laura (1942), la célebre obra maestra de Otto Preminger con unos impagables Gene Tierney y Clifton Webb.

Tras la II Guerra Mundial, la derecha del Partido Republicano consiguió el control del congreso, y se dispuso echar para atrás toda la época izquierdista de Hollywood, indiciada en 1931 como respuesta a la “Gran Depresión”. A tal efecto, crearon una   Comisión llamada de Actividades Antiaméricanas (HUAC), y colocaron al rente a un auténtico fascista llamado Joseph McCarthy, que no habría sido nada de no estar al servicio de  de la “democracia” de los grandes negocios. Esta comisión comenzó una investigación en Hollywood, estableciendo la sospecha de que existían infiltrados comunitas entre sus trabajadores. En septiembre de 1947, el HUAC entrevistó a 41 personas que trabajaban en Hollywood y que se prestaron a testificar voluntariamente, por lo que fueron conocidos como friendly witnesses («testigos amigos»). Durante estas entrevistas, numerosas personas fueron acusadas de defender ideologías izquierdistas, entre ellos Ring Lardner Jr, uno de los que tenía todos los números. Lard­ner afirmó por entonces: «Nuestras ideas políticas no eran menos americanas que las de nuestros inquisidores».

El escritor,  al igual que su amigo Dalton Trumbo, fue de los primeros en enfrentarse al maccarthismo. El precio que tuvo que pagar fue la cárcel pregunta: «Es usted o ha sido jamás miembro del partido comunista». Ring Lardner siguió la estela marcada años atrás por Bulgákov cuando interrogado por los sicarios del GPU en la Lubianka moscovita que le instaban a delatar a otros intelectuales, el autor de El maestro y Margarita les respondió: «Me nie­go por principios éticos». No fue menos contundente al contestar la pregunta formulada por el presidente del comité J. Parnell Thomas: «Podría responder a su pregunta señor, pero si lo hiciera me odiaría cada mañana». Una réplica que ha quedado acuñada como símbolo de gallarda inte­gridad. Pero resulta grotesco y diverti­do al tiempo que tres años después el guionista se encontrara de nuevo con quien le envió a la cárcel, precisamente en la Prisión Federal de Danbury, Con llegó a ser el último superviviente con los años- no le parecía tan heroica: «Sólo ha­bía una actitud posible salvo que estu­viéramos dispuestos a comportarnos co­mo unos perfectos hijos de puta». 

Ring se había presentado ante el HUAC (30-10-1947), pero al igual que hicieron Alvah Bessie (brigadista en España), Herbert Biberman (director de La sal de la tierra), Albert Matz, Adrian Scott, Dalton Trumbo, Lester Cole, Edward Dmytryck (que acabó traicionando), Samuel Omitz y John Howartd Lawson (los llamados «Diez de Hollywood»)… Lardner fue sentenciado a 12 meses de prisión en la Penitenciaría de Danbury. Marginado de los estudios de Hollywood, Lardner trabajó durante años como novelista, y no fue hasta mucho tiempo  que, ya en 1965,   incluyeron su nombre como guionista en los créditos de la película The Cincinnati Kid (El rey del juego), una película con un guión formidable pero fallida por la  incapacidad de su director, Nortman Jewison. Luego, Ring ganó el Oscar por su trabajo en MASH (1970), una sátira antimilitarista, y escribió The Greatest (El más grande, USA, 1977), dedicado a Cassius Clay, el boxeador “black panther”  

De todo esto y de más nos habla este libro, repleto de mordacidad y sar­casmo vitriólico, que trata de disimular su amargura y su desencanto ante la traición,  con un humor un punto amargo. Durante años, este demócrata radical que fue comunista a su manera,   vivió como un apestado.  

Luego, con la prueba del honor, su nombre figura entre los primeros  que se enfrenta­ron y resistieron al maccarthismo antes incluso de que sicario del Gran Dinero  fuera nombrado sena­dor ocupara su escaño de enloquecido represor en aquel circo siniestro de la re­acción desatada. Ring Lardner y Dalton Trumbo, a quien el autor describe como «un tipo fascinante cuya amistad valora­ba yo como un auténtico privilegio», fue­ron probablemente los miembros más famosos de aquel colectivo que sufrie­ron prisión por negarse a contestar la mesa era cumplía nueve meses de reclusión «por incluir a trabajadores inexistentes en la nómina de la administración y apropiar­se luego de salarios», cuenta Lardner con cierta sorna y sin una pizca de ren­cor. Un sentimiento que no tendrá lugar tampoco ni con el compañero y amigo que le reclutó para el Partido, y que tiem­po después, presionado por la HUAC, lle­garía a delatarle.

A la hora de la verdad, hubo gente se desvivió por ellos, unos pocos para expresar su apoyo, y la mayoría pa­ra evitar su presencia, ironiza. Lo cierto es que los sindicatos profesionales que habían ayudado a organizar se negaron a respaldarlos y aprobaron nuevas nor­mas que facilitaban la imposición de la lista negra. Años duros y trabajos de ba­jo salario con nombres falsos pero, pese a todo, el escritor afirma que la resisten­cia en su momento frente a la HUAC lle­vada a cabo por los Diez -de los que llegó 

Lardner cuenta que le mandó a su amigo Paul Jarrico un burlón pagaré que decía «te de­bo una profesión», en agradecimiento por haberle recomendado para el pro­yecto La mujer del año cuando la MGM lo compró. Jarrico se lo devolvió diez años más tarde al enterarse que iba a ser encarcelado con una nota: «Deuda cancelada». Si bien Ring Lard­ner, Jr. saldó su deuda con la vida con amplio balance a su favor, habrá mu­chos que siempre se sentirán deudores por el disfrute de su creatividad. Y si quedara alguna duda, ahí están estas brillantes memorias de un hombre ho­nesto que eligió no odiarse nunca cada mañana. Y es que hay mucha gente, aquí lo sabemos muy bien, personajes como Narcís Serra por citar un ejemplo entre mil, que fue antifranquista y que se llamó ”socialista”, que para poder mirarse al espejo cada mañana, tienen que dejar la conciencia en el despacho. 

 

 

(*) Traducción de José Moreno Torres, Editorial BARATARÍA 248 PÁGINAS  

 

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