Richard Widmark, una página de la historia del cine

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp El cine o sea Hollywood al decir de Godard,&nbsp tuvo su canto de cine en los años que siguieron la Segunda Guerra Mundial. Justamente cuando Richard Widmark, que había nacido cuando estalló la Primera, se hizo célebre ya en su primera película…&nbsp &nbsp &nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Cuando se dice que el cine ya es lo que era, cabe referirse, en primer lugar, a la primacía de la pantalla pequeña sobre la gran sala oscura, y en segundo lugar, al fin de los grandes estudios, de aquel cine que permitía que actores como Bette Davis o Richard Widmark pudieran en un año tantas películas buenas como Harrison Ford o Angeline Jollie en una década…Cito a Widmark junto con la Davis, porque también sobre él se podría dicho aquello de “de bueno es bueno, pero de malo es mejor…”

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp No existen muchos comienzos como el de Richard. Papá que no pudo apenas disfrutar del invento de los Lumiéres, de joven porque no tenía para la entrada, de casado porque no le quedaba también, tenía empero sus ídolos que no eran otros que Edward G. Robinson y James Cagney, incluyó a Widmark en su nómina con dos películas, El beso de la muerte, y La calle sin nombre. Cuando no se acordaba del nombre, decía, “Sí, ese rubio que hacía de gangster y que reía como las hienas”. Esa impresión no era –ni mucho menos- particular, afectó a toda una generación, y se prolongó con el disfrute de los más afortunados que tuvimos lo suficiente para la entrada, y tiempo para entrar en el mundo del cine. Un mundo que en tiempos tan sórdidos como los del franquismo, nos situaba en otra dimensión.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Ignoró si Richard Widmark (Sunrise, Minnesota, 1914-Roxbury, Connecticut, 2008), fue o no, buena persona. Parece que sí, y en su filmografía figuran muy pocos títulos moralmente detestables, pero estas cosas nunca se saben, ya sabemos que John Wayne tenía una parte de fascista impresentable, y recuerdo haber leído una entrevista a James Stewart en la que lo que decía no se parecía para nada a lo que le había hecho decir Frank Capra en películas como Vive como quieras…Nos guste o no, esa es otra cuestión, queda al margen del hecho de que Richard Widmark rodó más de 70 filmes, que interpretó a algunos de los villanos más estremecedores de la historia del cine y realizó interpretaciones inolvidables en buena parte de ellas. &nbsp Por ejemplo,&nbsp fue el fiscal&nbsp que metía los dedos en los crímenes nazis en una película que aquí fue rebautizada&nbsp como Vencedores o vencidos, cuando su título real era Los juicios de Nuremberg, una de las mejores de Stanley Kramer, y que pasó la censura franquista con numerosos cortes. Habría sido un escándalo que le hubiesen prohibido con el reparto y el prestigio que tenía,&nbsp por lo que llegó hasta los cines de barriada para convertirse en un “cult movies” para una generación de antifascistas que –como en mi caso- no teníamos ni ideas de lo que era el nazismo.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Como tantos de los actores de su generación, se formó en la radio y en las tablas del teatro antes de asomarse a las pantallas de cine. El trabajo de su padre, viajante de comercio, propició que creciese a lo largo del Medio Oeste estadounidense, y tras graduarse en Princeton, obtuvo una beca en el Lake Forest College de Illinois para dedicarse a la interpretación, de la que ya no se separaría jamás desde que en 1938 haría su presentación en la radio neoyorquina y participaría en diversos seriales como Stella Dallas (de la que King Vidor haría una magnífica adaptación con Bárbara Stamwyck como protagonista…Pasó de Broadway al &nbsp cine, y debutó por la puerta grande encarnando al personaje del desalmado asesino Tommy Udo en El beso de la muerte (1947), un “noir” de Henry Hathaway con doble fondo ya que al final, el &nbsp gángster que tira a la anciana inválida (Mildreck Dunnock) por las escaleras, tiene un código de honor más integro que el delator Víctor Mature.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Mature quedó sepultado por la fuerza arrolladora del debutante Richard Widmark que se quedó con el público y que repitió su papel con su mirada afilada, su acusada sorna y la gélida risa en La calle sin nombre (1948), un policíaco al servicio de la ley. Aquel mismo año interpretó al malvado de El parador del camino, de Jean Negulesco en sus buenos tiempos, y al lado de Ida Lupino. Un año después iniciará si serial de grandes interpretaciones en un western con tintes de cine negro, &nbsp Cielo amarillo, uno de los mejores de de William A. Wellman, y en donde se medía con Gregory Peck y con Anne Baxter. En 1949 Widmark presionó a la Fox para que le permitiese encarnar a otro tipo de personajes y protagonizó el drama aventurero El demonio del mar, una de las obras más redonda de Henry Hathaway, toda una reflexión sobre el significado de la cultura y de la experiencia, y en el que Widmark se las ve con altura con un pletórico Lionel Barrymore.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp En un solo año (1950), Richard Widmark trabajará en cuatro películas que cuentan con un lugar en la historia del cine: en el drama bélico Situación desesperada, de Lewis Milestone que hizo sus principales aportaciones a la pantalla en este tipo de película; Un rayo de luz, de Joseph l. Mankiewicz, uno de los primeros y más rotundos alegatos antirracista del mejor cine liberal norteamericano, y en donde Widmark encarna un personaje odioso, y según ha contado su compañero, el debutante Sidney Poitier, Richard le pedía disculpa por lo que se veía obligado a hacer delante de las cámaras;&nbsp Pánico en las calles, el mejor Elia Kazan de la primera época, con una pareja mítica de delincuentes, Jack Palance y Zero Mostel; y Noche en la ciudad, el mejor Jules Dassin, ya con un pie en el exilio, obras maestras o casi, siempre revalorizadas, y todas en un solo año.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Durante los años cincuenta, Widmark trabajó al menos en una veintena de títulos de primera, comenzando por Cuatro páginas de la vida (1952), un homenaje a O´Henry con un guión escrito por John Steinbeck; le sigue el thriller Niebla en el alma que supuso un paso adelante para Marilyn Monroe, y después de la militarista y olvidable Hombres de infantería, de Richard Brooks, trabajará en la apabullante Manos peligrosas (1953), una tentativa de renovación del género por Samuel Fuller que se apunta a la histeria anticomunista de una manera muy singular, al final el “salvapatria” es un auténtico bellaco encarnado por Widmark. Le dará la réplica a Spencer Tracy en Lanza rota, de Edward Dmytryck (1954), cineasta con el que protagonizará en 1959 uno de los western más turbios e intenso de la historia del género: El hombre de las pistolas de oro…Menos interesante resulta Álvarez Kelly, del mismo Dymtryck, lo que no quiere decir que no sea una gran película., y en la que Widmark compite con otros dos grandes cínicos: William Holden y Janice Rule.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Género en el aportará en la misma década, &nbsp La ley del talión, uno de los más duros y brillantes de Delmer Daves, donde Widmark representa a un mestizo. De la mano de otro gran especialista, John Sturges, trabajará en otros dos títulos más que notables, El septo fugitivo, y en Desafío en la ciudad muerta, a la que no le viene grande la consideración de obra maestra. Antes lo había hecho con Henry Hathaway en el muy extraño El jardín del diablo,&nbsp al lado de Gary Cooper y Susan Hayward, no menos inolvidable, sobre todo por el tratamiento del paisaje. En El Álamo, repitió un “cliché”, aunque se puede decir que su interpretación es, junto con la música de Dimitri Tiomkin, lo mejor de esta proclama colonialista.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp En 1961 destacan dos auténticas cumbres, comenzando con &nbsp Dos cabalgan juntos, un impagable western de John Ford sobre la doble cara de la colonización y con un fuerte alegato proindio en el que formaba pareja con un James Stewart más sardónico que nunca, y por supuesto, la citada El juicio de Nuremberg, donde interpretó al fiscal Tad Lawson, implacable acusador de los reos nazis que respondían por sus atrocidades, y si no ganó entonces ningún Oscar es porque la historia de una constante injusticia. Esta película debería ser de visión obligatoria en&nbsp las escuelas, y también en las escuelas de interpretación. Aparte de Widmark, Spencer Tracy y Burt Lancaster, actores tan sensibles y maltratados por la vida como Montgomery Clift y Judy Garland, concentraron en unos breves momentos, todo el horror del nazismo como expresión de la locura del gran capital. Ulteriormente, la carrera de Richard Widmark decayó como lo hizo toda la industria.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp De este tiempo que sigue quedaran algunos grandes trabajos su papel en otra obra maestra de John Ford, El gran combate (en realidad, Otoño cheyenne), que si bien, cinematográficamente pudo ser superada por otras suyas, ésta representa, en la misma línea de El juicio de Nuremberg, una de las más noble contribuciones que el cine ha hecho a la cusa de los nativos norteamericanos, quizás la más fehaciente de las denuncias que el cine haría desde que a principios de los años cincuenta, el western inició una revisión de sus postulados racistas con filmes como La puerta del diablo, de Anthony Mann, Flecha rota, de Delmer Daves, Apache, de Robert Aldrich. Con Aldrich y Burt Lancaster, Widmark trabajó en otra gran película, Alerta: mísiles, de la que aquí apenas sí conocemos el “trailer”, ya que este durísimo alegato contra&nbsp el armamento nuclear fue drásticamente reducido hasta hacerlo casi incomprensible. En esta lista se podrían añadir algunos westerns como La conquista del Oeste, aunque aquí su papel es un tanto apagado, La ciudad sin ley, comenzado por Donald Siegel pero acabado por Robert Totter, y habría que revisar Cuando mueren las leyendas.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Creo que la culminación final de la carrera de Widmark se dará con el &nbsp policíaco Brigada homicida (1968), del que en 1973 se realizaría una versión televisiva en la que Widmark reencarnaba al personaje del detective Madigan, toda una denuncia soterrada del empleo de policía, de la jerarquías en el cuerpo, y de la infelicidad de unos hombres que se la juegan a sabiendas que son meras marionetas. Alfredo Bryce Echenique escribió un magnífico artículo sobre ella, recordando que en el curso del mayo francés unos estudiantes apedrearon el cinema que la daba, cuando en realidad se trataba de una película subversiva. Lo que viene después ya no dará mucho de sí, trabajos en películas que no le merecen, también la TV, de la que aquí apenas si nos ha llegado Tom Horn, con David Carradine, y luego un declive digno como lo pudieron tener otros grandes de su época como Gregory Peck, Kirk Douglas, Robert Mitchum (con los que trabajó en Camino de Oregón, un ambicioso western de Andrew MacLaglen, con muchos medios, pero inferior a los que pudieron hacer artesanos de serie B como George Sherman o Lesley Selander), y luego…Bueno, luego nos quedan las grabaciones.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Y en algo tendremos que haber mejorado, hoy nos podemos construir un ciclo de los buenos con muy pocos medios.

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