«Revolución Ciudadana»: La Crisis de Inautenticidad de la «nueva» Burguesía

Los tiros al aire que dan los seudorevolucionarios que lideran el proceso autodenominado «revolución ciudadana», son el síntoma más visible que permite desentrañar su arraigo de clase, que, en última instancia, es lo único en lo que son transparentes.
Y la citada transparencia, aunque resulte contradictorio, nace del limbo, nace de su condición errante entre sus ansias de ser parte de la auténtica burguesía, y del recuerdo de pertenecer a una clase media, que al igual que el proletariado ha sido excluida del «selecto grupo de la oligarquía», y nace de una matríz más grande que separa lo indígena de lo mestizo; es sobre estas dualidades en la que el «nuevo» burgués se encuentra atrapado sin saber de que lado está.
Esta condición es propia de las clases medias, pues para las clases altas no hay duda de lo que quieren ser, una réplica del modelo anglosajón, o europeo; por otro lado las clases populares que reconocen su condición y actúan de acuerdo a sus nececidades materiales sin la intención de «subir» en la pirámide social luchan por sus derechos naturales. Mientras la clase media no sabe hacia donde tirar: o ponen todos sus esfuerzos para ser parte de la burguesía, o se juntan a las clases populares para construir un espacio compartido de justicia social.
Esta situación hace que la clase media, desheredada de cualquier signo que la identifique, se constituya en la negación, primero de los valores de las clases altas, a las que ven como un espacio ansiado pero contrario a sus intereses, y después a las clases populares a las que ven como el espacio del que huir, o en última instancia al que hay que rescatar como retribución a su culpa desgarrada de su complicidad.
En este dilema, las clases medias han optado por la alternativa del ocultamiento, ocultan su naturaleza, para este propósito crean signos, símbolos, lenguajes, discursos, ideologías que hacen el trabajo de esconder la decisión tomada, que es la de constiturse como la nueva burguesía, nacida a la sombra de su partera y a espaldas del pueblo al que finalmente han traicionado.
Es este el escenario preparado para llegar a los espacios públicos, en los que hacen uso de sus inventos, inventantan tantos tópicos, homenajes, postulan como sus representantes históricos a figuras identificadas con las clases populares, hacen homenajes, reuniones para no decir nada.
Es esta la inautenticidad en la que se funda «su revolución» que por ley de la gravedad es inauténtica, nacida del limbo de su desarraigo de clase y que apunta a negar a las clases populares a postular la verdadera revolución, en la que ellos, por su indecisión, terminan sirviendo a la burguesía a la que rinden sus loas, aunque digan combatirla, por que al final es de la que sueñan ser parte.
Es por esto que esta «revolución ciudadana» no es más que otro tiro al aire de las clases medias perdidas entre dos mundos, perdidas en su limbo, sin herencia cultural.

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